domingo, 8 de febrero de 2009

“Desnudo al mundo he venido,
De él me voy mondo y lirondo
De manera que en el fondo
Ni he ganado ni he perdido".
Epitafio escrito por “El Indio” Juan de Dios Uribe para colocar en su propia tumba.



CONTENIDO

LIBERTAD PARA TODOS LOS COLOMBIANOS,
EL SECUESTRO TIENE QUE ACABARSE COMO HERRAMIENTA DE LUCHA POLÍTICA


• El vivo vive del pobre, Deiby Atehortúa.
• La opción es nuevo orden mundial o caos, Henry Kissinger.
• Pago por ver, Ramón Elejalde.
• Demasiado poderosos para quebrar, demasiado poderosos para encarcelar, Amy Goodman.
• La gasolina y las trampas del gobierno, Juan Manuel López Caballero.
• La nacionalización de la banca, Mauricio Cabrera Galvis.
• Uribe no va más, Octavio Quintero.
• ¿Seguridad democrática y/o ciudadana?, Jorge Mejía Martínez.
• Otra época oscura, César González Muñoz.



EL VIVO VIVE DEL POBRE

Deiby Atehortúa.
Desde septiembre de 2008, nos llegan denuncias sobre SUPUESTAS TEMPORALES de trabajo, que ofrece empleos en prestigiosas empresas como Servientrega, Familia, Nacional del Chocolates, Noel, entre otras., logran que se postulen a esas vacantes publicando en medios que sirven de intermediación entre empleadores y quienes buscan empleo, como la página web de COMPUTRABAJO, es así como nos dimos a la tarea de verificar estas informaciones y en ésta misma página web encontramos una empresa que publicaba varias vacantes llamada MUNDO EMPLEO, esta ubicada en Medellín, en el edificio BANCO POPULAR del centro de la ciudad en la Calle 50 con Carrera 50, en la oficina 801.

Al postularme fui llamado a una supuesta entrevista en esa dirección, pero al llegar allá me encontré que era algún tipo de inducción al final de la cual solo se hacia ua nueva cita a una oficina de abogados ubicada en el edificio de la CORPORACIÓN UNIREMINGTON, una institución universitaria ubicada también en el centro de la ciudad, en el mismo parque Berrío de Medellín.

Allí se nos explica que se trataba de una empresa intermediaria que le prestaba servicios a muchas empresas reconocidas y que para poder ingresar a su base de datos se debía pagar 20.000 pesos según ellos que valía una capacitación sin la cual no se podía hacer parte de MUNDO EMPLEO. Al final de esta otra reunión se debía pagar el valor de la capacitación y se entregaba la fecha de la capacitación.

La capacitación efectivamente se realizó, en el mismo edificio de UNIREMINGTON, luego del cual empezaría a llamar a su casa para asistir a infinidad de entrevistas que tenían YA disponibles.

Pues es así como se pagó, pero jamás llegaron las llamadas, ni las entrevistas, ni los empleos en la Reconocidas empresas, de eso hace ya 4 meses.



La opción es nuevo orden mundial o caos

Obama tiene una oportunidad histórica de generar estructuras políticas y económicas verdaderamente globales.
Henry Kissinger, EX SECRETARIO DE ESTADO DE LOS EE.UU., Clarín, Buenos Aires, febrero 1 de 2009.
La nueva administración estadounidense acaba de asumir sus funciones en medio de una grave crisis, tanto financiera como internacional. Puede parecer poco razonable, pero no lo es, afirmar que, precisamente, la naturaleza inestable del sistema internacional genera una oportunidad única para la diplomacia creativa.

Esta oportunidad supone una aparente contradicción. En un nivel, hay que reconocer que el colapso financiero representa un golpe contundente a la posición de los Estados Unidos. Si bien los criterios políticos estadounidenses con frecuencia han resultado controvertidos, la receta estadounidense para un orden financiero mundial no ha sido en líneas generales cuestionada. En este momento, la desilusión con la gestión realizada por por el anterior gobierno de Estados Unidos en ese sentido es generalizada.

Al mismo tiempo, la magnitud de la debacle hace que al resto del mundo le resulte imposible seguir refugiándose durante más tiempo detrás del predominio estadounidense o de las deficiencias estadounidenses.

Cada país deberá reevaluar su propia contribución a la crisis imperante. Cada uno tratará de independizarse, en el mayor grado posible, de las condiciones que produjeron el colapso; al mismo tiempo, cada uno se verá obligado a enfrentar la realidad de que sus dilemas solamente pueden ser resueltos mediante la acción común. Aun los países más ricos tendrán que afrontar recursos más escasos. Cada uno deberá redefinir sus prioridades nacionales.

Surgirá un orden internacional si sale a la luz un sistema de prioridades compatibles. Se fragmentará desastrosamente si las distintas prioridades no pueden ser conciliadas.

El punto más bajo del sistema financiero internacional existente coincide con crisis políticas simultáneas en todo el globo. Nunca se habían producido tantas transformaciones al mismo tiempo en tantas partes diferentes del mundo ni habían resultado tan globalmente accesibles mediante una comunicación instantánea. La alternativa a un nuevo orden internacional es el caos.

Las crisis financiera y política están, a decir verdad, estrechamente ligadas en parte porque durante el período de exuberancia económica se había abierto en el mundo una brecha entre la organización económica y la política. El mundo económico se ha globalizado. Sus instituciones tienen alcance global y han funcionado sobre la base de máximas que daban por sentado un mercado global que se autoregulaba.

El colapso financiero reveló el espejismo. Puso en evidencia la ausencia de instituciones globales para amortiguar el shock y revertir la tendencia. Inevitablemente, cuando los pueblos afectados recurrieron a sus instituciones políticas nacionales, éstas eran principalmente motorizadas por la política interna, no por consideraciones del orden mundial.

Cada país importante ha intentado resolver sus problemas inmediatos esencialmente por su cuenta y diferir la acción común para un punto ulterior, menos condicionado por la crisis. Han aparecido los así llamados planes de rescate por etapas a nivel nacional, en general reemplazando el crédito doméstico que, por empezar, produjo la debacle, por crédito estatal aparentemente infinito, sin lograr hasta ahora otra cosa que originar un pánico incipiente. El orden internacional no surgirá en el campo político ni en el económico hasta que no aparezcan reglas generales que sirvan de orientación a los países.

En definitiva, para que los sistemas político y económico puedan armonizarse, una de dos: o se crea un sistema regulatorio político internacional con el mismo alcance que el del mundo económico; o se achican las unidades económicas a un tamaño manejable por las estructuras políticas existentes, lo cual probablemente lleve a un nuevo mercado, quizá de unidades regionales. Un tipo de acuerdo global como Bretton Woods es, de lejos, la salida preferible.

El rol de Estados Unidos en esta empresa será decisivo. Paradójicamente, la influencia estadounidense será grande en proporción a la modestia de nuestra conducta; debemos modificar la arrogancia moral que ha caracterizado demasiadas actitudes estadounidenses, sobre todo desde la caída de la Unión Soviética. Ese acontecimiento seminal y el período posterior de crecimiento global casi sin interrupción indujeron a muchos a equiparar el orden mundial con la aceptación de los designios estadounidenses, entre otros, nuestras preferencias domésticas.

El resultado fue cierto unilateralismo intrínseco -la queja habitual de los críticos europeos- o de lo contrario un tipo insistente de consulta mediante la cual se invitaba a los países a probar su aptitud para ingresar en el sistema internacional ajustándose a las prescripciones estadounidenses.

Desde la asunción del presidente John F. Kennedy medio siglo atrás, ninguna administración había asumido con semejante acumulación de expectativas. No tiene precedentes que todos los actores principales de la escena mundial estén admitiendo su deseo de emprender en colaboración con los Estados Unidos las transformaciones que la crisis mundial les ha impuesto.

El impacto extraordinario del presidente Barack Obama en la imaginación de la humanidad es un elemento importante para configurar el nuevo orden mundial. Pero define una oportunidad, no una política.

El desafío último es configurar la preocupación común de la mayoría de los países y de todos los más importantes en relación a la crisis económica, conjuntamente con un miedo común hacia el terrorismo jihadista, en una estrategia común reafirmada por la conciencia de que los problemas nuevos, como la proliferación nuclear, la energía y el cambio climático no permiten una solución nacional o regional.


Copyright Clarín y Tribune Media Services, 2009. Traducción de Cristina Sardoy.



Pago por ver


Ramón Elejalde Arbeláez, relejalde@gmail.com

A raíz de un derrumbe en la vía a Las Palmas, que casi le cuesta la vida a un ciclista, el doctor Luis Alfredo Ramos Botero se vino lanza en ristre contra su antecesor en la Gobernación y contra le ingeniería antioqueña por el mal estado de la vía. Juan Martín Caicedo, presidente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, por salir en defensa de su gremio, trató de “michicatos” a los gobernantes que ordenaron y dirigieron la construcción de la Conexión Vial Aburrá-Río Cauca (incluyendo el túnel Fernando Gómez Martínez) y la doble calzada a Las Palmas. A uno y a otro hay que hacerles algunas precisiones.
Estas dos importantes obras se contrataron en el año de 1997, era gobernador de Antioquia el doctor Álvaro Uribe y Secretario de Obras Públicas, Andrés Uriel Gallego. El 11 de agosto del año citado, en San Jerónimo, celebrando el día de la Independencia de Antioquia, se firmó el contrato con Topco e Impregilo para la conexión vial con el Occidente y Urabá. Empresas que luego cedieron el contrato a Mincivil y Estyma, y el 27 de diciembre, poco antes de entregar el mandato, los mismos personajes suscribieron el contrato para la construcción del Túnel de Oriente con unas 50 firmas de la ingeniería antioqueña, encabezadas por Mincivil, Estyma, AIA, Integral y El Cóndor, es decir, lo más granadito de nuestras firmas constructoras. Si Ramos Botero fuera consecuente debería ampliar su espejo retrovisor hasta los doctores Uribe y Gallego. Pero también, siendo coherente con sus afirmaciones, no me explico cómo Luis Alfredo Ramos le entrega a Integral la actualización del diseño del Túnel de Oriente si éstos fueron los que diseñaron e hicieron la interventoría de la carretera a Santafé de Antioquia, hoy objeto de su furibunda crítica. Si esa firma, según el Gobernador, fracasó en los diseños y en la interventoría de la conexión vial al Occidente, no veo cómo pueda ahora hacer las cosas bien con el túnel que proyecta el Gobierno Departamental.
En su afán por enlodar a la administración anterior el gobernador Ramos hace afirmaciones injustas y omitió verdades. El derrumbe se vino en el momento en el cual los concesionarios de la obra trabajaban en el talud, estaban removiendo tierra y haciendo unas terrazas en la parte alta, es decir, el talud tenía tierra removida. No fue pues un derrumbe, sino el producto del trabajo sobre el punto crítico. Uno de los ciclistas que pasaron por el lugar en el momento preciso del suceso dice que el concesionario no tenía señales ni prohibición alguna para no pasar (EL MUNDO, enero 29/2009), lo que implica que el accidente se debió a imprudencia de quienes trabajaban en la vía, más que a cualquier otra cosa que quiera mostrar el Gobernador.
La concesión fue entregada a 23 años y este tramo de la vía en el sector de Las Palmas fue contratado en la modalidad conocida como “Llave en mano”, que implica que el concesionario debe hacer los diseños, las cantidades de obra, el presupuesto de la misma y su construcción y una vez terminada la obra en buenas condiciones, entregar las pólizas de estabilidad de la vía por cinco años. Esto quiere decir que los concesionarios fueron los que hicieron el diseño de la obra que ellos mismos construyeron. No puede pues el doctor Juan Martín Caicedo decir que el Departamento fue “michicato” y que es el culpable de las obras construidas en esa forma, porque entonces el concesionario se está engañando a sí mismo al diseñar una obra que no va a servir y cuya estabilidad le va a resultar sumamente costosa.
Pero hay más, el Gobierno de Antioquia ha detectado 54 puntos críticos, ¿cuáles acciones viene acometiendo para corregirlos o para que los corrija la concesión? El Municipio de Medellín le entregó al Departamento la construcción de esta vía en el sector Country Club-Chuscalito, obra que debió entregarse desde el pasado mes de diciembre y, por lo tanto, tiene el plazo vencido. El gobernador debería ponerse él mismo un espejo retrovisor para cuestionarse esta demora, que de seguro será de muchos meses más, con graves perjuicios para la comunidad, empezando porque hoy la vía esta cerrada. Pago por ver al gobernador Ramos Botero haciendo efectivas las pólizas de estabilidad de obra en la doble calzada a Las Palmas como lo anunció esta semana. Pago por ver las órdenes al concesionario, de parte del Departamento, diciéndole que haga la estabilización en la vía, así como el mantenimiento que el Departamentito le ha hecho a Las Palmas en el último año. Si a una vía no se le hace mantenimiento, si no se le ordena la contratista que con sus recursos la estabilice, si no se realizan obras preventivas, es lo más seguro que cuando termine el año los puntos críticos van a ser más de cien.



Demasiado poderosos para quebrar, demasiado poderosos para encarcelar


Amy Goodman, publicado el 28 de enero, 2009

Hace poco, Karl Rove describió a George W. Bush como un apasionado de los libros, afirmando que “Existe un mito, perpetuado por los críticos de Bush, que sostiene que Bush preferiría quemar un libro antes que leerlo.” Muchos libros se escribirán relatando el capítulo de la historia que representó el gobierno de Bush. Pero ¿a qué fuentes se recurrirá para escribirlos?
Bajo el mandato de Bush, la Casa Blanca fue demandada judicialmente por extraviar correos electrónicos y por evadir leyes que protegen los registros públicos. Pocos días antes de que Bush terminara su mandato, un juez federal ordenó que las computadoras de la Casa Blanca fueran inspeccionadas a fondo en busca de correos electrónicos. Según se informó, trescientos millones de mensajes de correo electrónico habrían sido transmitidos a los Archivos Nacionales, pero otros 23 millones de mensajes continuaban “extraviados”. Dick Cheney dejó la vicepresidencia en una silla de ruedas debido a una lesión en la espalda que sufrió moviendo cajas en la mudanza de su oficina. En su intento por confiscar información, Cheney no sólo dejó lisiada a una nación, terminó él mismo lisiado. Cheney también logró obtener un fallo judicial favorable que le permite decidir qué registros puede mantener confidenciales.
George Stephanopoulos le preguntó a Barack Obama sobre la posibilidad de llevar a juicio a funcionarios del gobierno de Bush. A lo cual Obama dijo: “Aún estamos evaluando de qué manera procederemos en todo lo referido a interrogaciones, detenciones y demás, y sin duda que revisaremos prácticas pasadas. No creo que haya nadie que esté por encima de la ley. Pero, por otra parte, también tengo la convicción de que necesitamos mirar hacia delante y no quedarnos con la mirada puesta en el pasado. Creo por sobre todo que, cuando se trata de seguridad nacional, lo que debemos hacer es concentrarnos en que las cosas se hagan bien en el futuro, en vez de preocuparnos por lo qué se hizo mal en el pasado.”
La escritora especialista en temas jurídicos Karen Greenberg señala en la revista Mother Jones que: “La lista de potenciales violaciones jurídicas es, por supuesto, enorme. Según una estimación, el gobierno habría violado 269 leyes, entre normas de derecho nacional e internacional.”
Tortura, intervención de teléfonos y “rendición extraordinaria”: estos son sólo algunos de los delitos serios denunciados. El presidente Obama tiene ahora –más que ninguna otra persona– el poder para investigar.
John Conyers, presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, acaba de citar a declarar a Karl Rove en el marco de una investigación sobre la politización del Departamento de Justicia y el procesamiento del ex gobernador de Alabama Don Siegelman. Consulté al ex gobernador sobre esto. ‘Me da esperanzas. Pero ya hemos visto esto antes, de manera que no alcanza con el compromiso de John Conyers. Sabemos que él está comprometido con la búsqueda de la verdad. Creo que depende de cuán intenso sea el deseo de nuestros ciudadanos de llegar a la verdad, y de si vamos a respaldar a John Conyers y darle el apoyo que necesita, llamando, escribiendo y enviando mensajes de fax a nuestros congresistas para decirles que queremos que se haga justicia. Para ello debemos empezar por llevar a Karl Rove ante el Comité Judicial. Y allí podrá acogerse a la Quinta Enmienda o decir la verdad o mentir, pero tiene que presentarse ante ese comité.’
Hasta ahora Rove ha invocado el privilegio ejecutivo para evadir las citaciones del Congreso. En un comunicado de prensa, Conyers dijo: “Continuaré con esta investigación hasta su conclusión final, ya sea en el Congreso o en el ámbito judicial. El cambio llegó a Washington, y espero que Karl Rove esté listo para ello.”
La Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que en el pasado trabó la realización de audiencias de juicio político, ahora por lo menos está llamando a que se haga una investigación. Pelosi declaró a Fox News: “Creo que tenemos que aprender del pasado y no podemos dejar pasar la politización del Departamento de Justicia, por ejemplo, sin investigarla. … Quiero que la verdad salga a la luz.”
Y ¿por qué no llevarlo un paso más allá?
El representante demócrata por Ohio, Dennis Kucinich, que fue quien encabezó en el Congreso la presentación de cargos para el pedido de juicio político contra Bush y Cheney, llamó a “la formación de una Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación que tendría la facultad de obtener testimonios y reunir documentos oficiales que no sólo revelen al pueblo de Estados Unidos el engaño subyacente que nos ha dividido, sino que en ese proceso de búsqueda de la verdad encauce a nuestra nación por el camino de la reconciliación.”
Millones de personas han cumplido sentencias en cárceles estadounidenses por delitos mucho menores que los que se les atribuye al gobierno de Bush. Parecería que algunos criminales son como aquellos bancos que se consideran demasiado poderosos como para quebrar: son demasiado poderosos como para ir a prisión, demasiado poderosos como para ser enjuiciados. ¿Y si le aplicáramos la teoría jurídica del presidente Obama al ciudadano común? ¿Por qué mirar hacia el pasado? En aras de la unidad, podríamos perdonar delitos tanto grandes como pequeños. Pero muy pocos estarían de acuerdo en dejar libres y sin ningún castigo a asaltantes, violadores o ladrones que roban comercios a mano armada. Entonces ¿por qué dar un trato diferente a quienes podrían ser responsables de torturas, de espionaje ilegal generalizado y de haber involucrado a toda una nación en guerras que han causado incontables muertes?
Esto nos lleva nuevamente al tema de George Bush y los libros. La novela de Ray Bradbury “Fahrenheit 451” es una de las obras escogidas por la campaña de promoción de la lectura “The Big Read”, promovida por el National Endowment for the Arts (Fondo Nacional de las Artes). Este ambicioso programa está “dirigido a rescatar la lectura para volver a colocarla en el centro de la cultura estadounidense.” La idea es que ciudades, localidades y hasta estados enteros elijan un libro y alienten a todos a leerlo. En “Fahrenheit 451” (la temperatura en la cual el papel entra espontáneamente en combustión) los libros están prohibidos por ley. Los bomberos no apagan incendios, sino que los provocan, quemando las casas que contienen libros. Bradbury dijo: “Para destruir una cultura, no es necesario quemar libros. Alcanza con lograr que la gente deje de leerlos.” El gobierno de Bush, tan proclive al secreto, ya no está en el poder y, con Obama, ha sido reemplazado por un gobierno que promete transparencia. Pero la transparencia sólo sirve cuando viene acompañada de la asunción de responsabilidades.
Sin investigaciones públicas exhaustivas, emprendidas con firmeza y que abarquen todo el espectro de delitos que se le atribuyen al gobierno de Bush, no habrá asunción de responsabilidades, y este capítulo de la historia de Estados Unidos quedará inconcluso.
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
Amy Goodman es presentadora de “Democracy Now!”, un noticiero internacional diario de una hora de duración que se emite en más de 550 emisoras de radio y televisión en inglés y en 200 emisoras en español. En 2008 fue distinguida con el “Right Livelihood Award”, también conocido como el “Premio Nobel Alternativo”, otorgado en el Parlamento Sueco en diciembre.

© 2009 Amy Goodman



La gasolina y las trampas del gobierno

Juan Manuel López Caballero.
A pesar de los escándalos, denuncias y reclamos que se han hecho respecto al manejo del precio de la gasolina, no se logra claridad sobre el tema.
La gente no entiende porqué, si el petróleo cae a una tercera parte de lo que valía, no disminuye igualmente lo que debe pagar el consumidor. ¿Si el pretexto para justificar las alzas fue que se debían eliminar los subsidios y que por eso la venta de la gasolina se amarraría al costo del petróleo, y si eso se cumplió disparando el precio cuando el crudo subía, porqué no sucede lo mismo cuando baja?
Es la clase de trampas o ‘manejo’ que gustan a este gobierno:
Del precio de la gasolina una parte corresponde al costo del hidrocarburo pero también buena parte a impuestos.
Al subir la gasolina en proporción al aumento del petróleo, el gobierno por esa vía aumenta paralela pero subrepticiamente esos impuestos.
Lo que llamaban subsidio era que se entregaba a los distribuidores a un precio inferior a lo que estaría en el mercado y en base a ello se fijaba un precio final para el consumidor. Una decisión del gobierno fue eliminar ese subsidio.
Como ese ajuste es escalonado y además hay las alzas internacionales, el costo al cual se suministra al distribuidor se supone que sigue siendo ‘subsidiado’ aunque el precio de la gasolina sube.
Lo que pasa es que ahora, con la baja, desaparece el subsidio y por el contrario el valor de referencia para fijar el precio final queda por encima del valor mercado. Esa diferencia al no estar fundada en el precio real del petróleo es equivalente a la creación –no solo aumento- de un nuevo impuesto, y es, en consecuencia, ilegal.
Mirémoslo en un ejemplo:
Supongamos que antes el valor en el mercado del petróleo fuera equivalente a 2.000 pesos y el de gasolina a 3.000 pesos por galón. El Estado subsidiaba entonces del orden de 500 pesos: Ecopetrol entregaba a 2.500 pesos galón de gasolina al distribuidor, y el precio al público con los impuestos sería 4.000 pesos (de los cuales el Estado recibía 1.500, y al descontar el subsidio –o sea los 500 de diferencia entre el costo internacional y el valor al cual la entrega- quedan 1.000 netos).
Si sube el precio internacional del petróleo a 4.000 (100% de alza), la gasolina sin subsidio subiría al orden de 6.000, y, dentro del sistema decretado aquí, debería subir el precio interno a 8.000; esa fue la tendencia que marcó el gobierno.
El petróleo en el mercado mundial cae casi 60% y la gasolina algo similar –digamos que queda a 2.400-; pero el gobierno reduce solo un 10% (800 pesos); queda como margen 7.200 menos 2.400, o sea ya no 1.000 sino 4.800 pesos netos.
De ese neto el ingreso de los distribuidores debe aumentar en algo (porque deben ganar el mismo porcentaje pero sobre un precio mayor), pero sobre todo el ingreso del Estado (entre el gobierno central y la sobre tasa para los municipios) ya sin el subsidio se multiplica casi 5 veces. Esto –se repite- en forma ilegal –o ‘habilidosa’ como característica de este gobierno.
Esto representa del orden de 3 billones de pesos que le ingresan ‘por la puerta de atrás’, saltándose la ley, sin estar previstos ni incluidos en el presupuesto.
Con esto además se ocultará en algo el desfase y los errores presupuestales provenientes de haber asumido que, por una supuesta gestión previsiva del gobierno, estábamos ‘blindados’ contra los choques externos.


LA NACIONALIZACION DE LA BANCA


MAURICIO CABRERA GALVIS, Cali, Febrero 1 de 2009

Cuando Stiglitz comparó los efectos que sobre el sistema capitalista tendría la caída de Wall Street con el impacto que tuvo para el comunismo la caída del muro de Berlín, muchos pudieron pensar que se trataba de una exageración retórica. Pero la evolución de la crisis financiera mundial ha mostrado que la comparación era acertada.

¿Quién hubiera imaginado hace unos meses que los grandes bancos internacionales, símbolos y paradigmas de la globalización y el capitalismo mundial, pudieran ser nacionalizados y dejaran de ser empresas privadas para convertirse en bancos estatales? Tal vez ni siquiera Lenin soñó con esa posibilidad, pero está a punto de volverse realidad pero no como resultado de una revolución socialista sino como consecuencia de los malos manejos y los excesos de un mercado funcionando a su libre arbitrio y sin la regulación y los controles suficientes por parte del Estado.

En efecto, en Inglaterra el Estado ya nacionalizó dos bancos medianos y es el accionista mayoritario de dos de los más grandes (el Royal Bank of Scotland –RBS- y el Lloyds), con una alta probabilidad de legar a ser el dueño único. Lo mismo tuvo que hacer el gobierno de Holanda con la principal entidad financiera de ese país (ABN-Amro) y hasta en Alemania el gobierno conservador va a tener que recurrir a estas medidas contrarias a su ideología. En Estados Unidos la palabra “nacionalización” es una herejía, pero cada vez son más las voces de quienes opinan que es la única solución para la supervivencia de nada menos que el Citigroup o el Bank of America.

Por supuesto que en ninguno de estos casos se trata de una expropiación, ni de una intervención abusiva del Estado en contra de la propiedad privada. La realidad es que los accionistas privados de estos bancos ya perdieron el capital que habían invertido, es decir que ya fueron expropiados pero por los administradores que incurrieron en gigantescas pérdidas a la vez que se decretaban multimillonarios bonos y salarios.

El valor de mercado del Citigroup es hoy de solo 20 mil millones de dólares, cuando hace un año era de 258 mil millones, es decir que ha perdido un 93% de su valor. Bank of America “solo” ha perdido un 77% al pasar de 240 a 53 mil millones de dólares, mientras que el RBS pasó de 120 a menos de 5 mil millones de dólares para una pérdida del 96%; como el fenómeno es universal, en Alemania el Deutsche Bank perdió 66 mil millones de dólares, es decir el 86% de su valor. A estos precios de mercado, los gobiernos pueden comprar la totalidad de las acciones de los bancos con mucha menos plata que la que están destinando a los planes de rescate que hasta ahora no han funcionado.

Frente a tamañas pérdidas la nacionalización es la única alternativa posible desde el punto de vista ético y político. El Estado debe salir al rescate de los bancos, no de sus accionistas quienes ya perdieron su capital. Las propuestas de comprarle a los bancos los “activos tóxicos” no funciona si la compra se hace a precios de mercado, pues los bancos seguirían con las mismas pérdidas. Y si se hace a un precio más alto sería un subsidio injustificado para los accionistas.

El Estado se ve forzado a intervenir para salvar a estos bancos porque se han vuelto indispensables para el funcionamiento del aparato productivo. Pero la ruptura del sistema capitalista no se da con las nacionalizaciones sino desde mucho antes con la destrucción de la competencia que es un elemento esencial para el funcionamiento del mercado. La lección para el futuro es que no deberían existir entidades que sean “demasiado grandes para quebrarse”, porque para la supervivencia del capitalismo son más peligrosos los monopolios y los oligopolios que la intervención del Estado.



Uribe no va más

OCTAVIO QUINTERO, 02-02-09
La opinión pública que se difunde a través de los medios de comunicación en forma de noticias, editoriales y columnas, orienta a veces y dirige las más, la opinión popular que se conforma a través de aquellas cosas que la gente toma por válidas y, frecuentemente, por verdad revelada.
Esto es premisa universal.
Que se oriente y hasta pretenda dirigirse en cierto sentido la opinión popular, es necesario; que se manipule, es criminal.
Colombia, por ejemplo, es un país de una opinión popular muy manipulada.
El ex presidente López se valió de la duda metódica para apuntalar la candidatura presidencial de alguien que no parecía colombiano, que no hablaba como colombiano y que no pensaba como colombiano y que, finalmente, en la práctica no fue el presidente de Colombia porque el Alzheimer no le permitía tener autonomía cerebral.
¿Si no es Barco, quién?
Y de pronto, como flechados por la ciencia infusa del Espíritu Santo, todos los colombianos comenzaron a preguntarse con López: “Verdad: ¿si no es Barco, quién?
¡Y eligieron a Barco!
Validos de esa argucia política, parece que los colombianos todos volvemos a entrar en la duda metódica: “¿Si no es Uribe quién?
Tan falsa es la postura política que pretende convertir a Uribe en insustituible, que apenas hace seis años, tan sólo un puñado de colombianos conocía a Uribe. Eso sí, colombianos muy bien instalados en los riñones del poder como Fabio Echeverri, Ardila Lulle, Santo Domingo, Sarmiento Angulo, Hernando Santos y, por supuesto, su casta antioqueña con el “Sindicato” empresarial y El Colombiano a la Cabeza.
Y algo también muy determinante y que merece punto aparte: los pavorosos paramilitares que andaban descabezando, literalmente hablando, a todo el que se opusiera a la entronización del nuevo rey de la política colombiana.
Bastaron pocas semanas para que Uribe, madurado en papel periódico como los aguacates, se consolidara como el redentor de ese pecado original que nos dejaba Pastrana al entronizar en la cúspide de las disquisiciones políticas la paz con las Farc.
Como Uribe, a pesar de seguir echando candela como loco a todo lo que se le oponga a esa laxa interpretación que se le ha dado a la “seguridad democrática”, como en la “Perrilla” de Marroquín “no ha podido cazar tampoco al maldito jabalí”, entonces cabe, ahí si con toda su carga de emoción subliminal la pregunta: “¿Si no es Uribe, quién?
Ese es el problema. Cuando nos preguntamos quién podrá suceder a Uribe el subconsciente nos completa la frase diciendo… “que pueda acabar con las Farc”.
Es decir… les pregunto: ¿un Uribe más bestial? Es lo que parece imposible. Como imposible sería también retornar a un gobierno tipo Pastrana.
Hoy en día, consolidada como resulta evidente la democracia mediática que reemplaza a los partidos políticos, no parece posible encontrar un sucesor de Uribe sin ayuda de los grandes medios de comunicación social.
Si en algún momento, esos medios encontraran que el único tipo que parece serio en la política colombiana, como lo asegura Antonio Caballero en su última columna de Semana, es Carlos Gaviria, entonces, el sucesor de Uribe sería Gaviria; o si vieran que los resultados de Piedad Córdoba en su tenaz lucha por la liberación de los secuestrados es el camino a seguir, entonces la sucesora sería la Negra. O tal vez, si los medios empezaran a aleccionarnos sobre la pedagogía de Antanas como la única fórmula para alcanzar la convivencia ciudadana, el hombre sería ese. O si la solución está en tomar todo en broma y matizarlo con chistes flojos, al mejor estilo Samper, ahí tenemos a Lucho; Y si es que necesitamos un “pragmático” de esos que le prenden una vela a Dios y otra al diablo, pues, votemos por Petro.
O tal vez, quien quita, si esos medios reflexionaran sobre la tremenda injusticia que cometieron con Serpa, quizás, entonces, pudieran tenderle una nueva y decisiva oportunidad.
O sea que hay muchos potenciales sucesores de Uribe, incluyendo, por supuesto, a sus axilares y obsecuentes peones que apenas se asoman al panorama electoral como los topos tiernos a la luz del día, por temor a que el “Patrón” les mande a liquidar como, y por ejemplo, es lo que anda haciendo con Vargas Lleras.
En síntesis, sucesores de Uribe es lo que hay, tanto para apuntalar su seguridad democrática como para devolverle al país la seguridad social y equidad económica perdida en estos aciagos años de neoliberalismo. Lo que pasa es que los medios no se han decidido por ninguno.
Pero lo que parece claro, por lo de El Colombiano que informa en primera plana que Uribe no irá a nueva reelección, y por ciertas posiciones calculadas de El Tiempo en sus noticias, en sus editoriales y en sus columnistas; y por sugestivos editoriales de otros medios regionales, y por el auge que ha tomado la comunicación virtual, en la que juiciosamente se enjuicia la obra de este gobierno, y muy especialmente por ese discurso de Obama en el que corta de tajo con (…) “aquellos que se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y la represión de la disidencia”, es que Uribe no va más.
Ya verán… Ya verán…


¿Seguridad Democrática y/o Ciudadana?

Jorge Mejía Martínez, Jorge.mejia@une.net.co
Una persona amiga me pidió que le explicara si era lo mismo la Seguridad Democrática y la Seguridad Ciudadana. A riesgo de complicarme la vida le respondí de la siguiente manera:
La política de Seguridad Democrática del gobierno nacional es una política de recuperación de la autoridad institucional, flagelada por la acción creciente de los grupos armados ilegales dedicados, ante un Estado Impotente, a amedrentar a punta de violencia a la población civil. Homicidios y secuestros disparados, masacres, desapariciones y desplazamientos en medio de una gran dosis de impunidad. El gobierno de Álvaro Uribe interpretó el anhelo popular de derrotar militarmente a la guerrilla. Resultados ciertos; al otro bando, el paramilitarismo, lo convenció de sentarse en una mesa de negociación. Resultados inciertos.
La lucha por la seguridad se concentró en la lucha contra la subversión. La fuerza pública se desplegó en las carreteras y en las zonas rurales; se estimuló la deserción y la delación. La recuperación de la iniciativa militar operativa arrinconó a las FARC y al ELN. Por los contundentes resultados de esta política de seguridad hoy ningún candidato presidencial serio duda en reconocerle su carácter de política de Estado. Explicación de la favorabilidad presidencial promedio del 80 por ciento.
La Seguridad democrática contribuyó a la recuperación de la institucionalidad, después del escarnio nacional por la vergüenza colectiva del Caguan. Importante logro, muy importante, pero hoy insuficiente. La Política de Seguridad democrática –anquilosada en el discurso de los desesperados pregoneros de la reelección- se agotó como vía para garantizar sostenibilidad de la tranquilidad pública, colectiva e individual. Al orden del día Colombia tiene otros problemas en el campo de la lucha por la seguridad y la convivencia, por lo que hoy es el tiempo de la política de la Seguridad Ciudadana. Hay que oxigenar la desgastada agenda pública nacional.
Los pobladores esperan una política integral, que responda a sus angustias cotidianas y que asuma la prevención de la violencia y el delito hurgando en sus raíces. Atacar con coherentes estrategias fenómenos como la violencia intrafamiliar, de género y contra la niñez; facilitar el acceso oportuno a la justicia sin ningún tipo de discriminación; entregar a la autoridad civil competencias para el control de las armas en manos de los particulares; demostrar con el ejemplo desde los más altos niveles de la sociedad, las bondades de la cultura de la legalidad y la solución pacifica de los conflictos; favorecer la inserción laboral de los jóvenes y un mejor uso del tiempo libre.
Otro asunto crucial: rediseñar una nueva política antidrogas en Colombia. Los mismos remedios, para los mismos males, seguirán produciendo los mismos resultados. Muy poco ha avanzado nuestro país en su lucha contra la siembra, la elaboración y el tráfico de coca. Reducir la acción pública contra la coca a las fumigaciones con glifosato de los extensos cultivos y a la erradicación manual y artesanal de los mismos, nos continuará llevando a darle con la cabeza a la pared. Sin sustitución audaz de los cultivos ilegales por cultivos lícitos, será imposible ganar la lucha contra la siembra y la elaboración de la coca. La política antidrogas vigente es cicatera y obtusa. Continuará vigente el caldo de cultivo del narcotráfico, transversal a buena parte de la tragedia que ocurre a diario en el país.
La Seguridad Democrática hizo énfasis, con éxito, en la lucha contra los actores armados ilegales de un conflicto que no se ha querido reconocer. No podrá negarse que deba continuar, pero la Seguridad Ciudadana integral deberá entrar a las casas de los pobladores para suministrar tranquilidad ante los embates de la violencia citadina y cotidiana. Será un avance.


¿Otra Época Oscura?

César González Muñoz
Abrumado por una gran variedad de ruidos locales – o de la parroquia – el rugido de la recesión económica no se oye mucho todavía. De modo que hay que decirlo de nuevo: El estado actual de la economía mundial es sólo comparable con el de finales de los veinte y comienzos de los treinta del siglo pasado. El temor y la desconfianza se amontonan con el creciente desempleo, con las crisis de los mercados financieros, con la caída del valor de los activos, para producir un colapso, ya evidente, de la demanda de los consumidores y de los inversionistas. Y detrás de todo ello viene un ataque de xenofobia, la condena al “forastero”, el odio racial, la victimización de los sin-papeles en los países ricos. Estos son los peores males que ya comienza a causar la mayor recesión global de la historia. Pero aquí el grito no se oye todavía.
Un mal igualmente pernicioso para la humanidad, que atenta contra su organización económica, es el del proteccionismo comercial en las economías más avanzadas. Éste amplifica y retroalimenta la agresión cultural contra los inmigrantes pobres en las naciones opulentas, y puede causar un colapso del comercio internacional. En esas circunstancias, salir de la recesión sería un proceso larguísimo.
Ya se puede observar en el paisaje político la inclinación a levantar barreras comerciales en Estados Unidos y Europa, con la previsible reacción de los asiáticos, ya de por sí amigos de desestimular las importaciones. En esa escena, las naciones ricas se producirán heridas mutuas; y las naciones pobres con algún grado de apertura comercial efectiva se volverán aún más pobres. Para que la sensatez se imponga y la espiral proteccionista se detenga, se necesita una alta dosis de liderazgo cultural y político. Temo que, a pesar de todas las expectativas, este liderazgo no vendrá por el lado del Presidente Obama ni de las mayorías del congreso de Estados Unidos, que ahora están muy entretenidas haciendo fiestas proteccionistas con el gigantesco programa diseñado para reactivar la demanda.
Los planes de estímulo fiscal son ahora noticia cotidiana. Todas las economías avanzadas, y la gran mayoría de las emergentes, exhiben en sus instituciones fiscales grandes programas de gasto público para reanimar la demanda. Igualmente están en boga los programas de reducción de impuestos para, supuestamente, estimular la inversión y el consumo.
Pero ahora resulta que las medidas proteccionistas (“los puestos de trabajo para los nacionales”, la prohibición a las empresas apoyadas por el Estado de que inviertan en el extranjero, la manipulación de las tasas de cambio, la obligación de usar insumos nacionales en las obras públicas y en otros programas de inversión dentro de los planes fiscales, la limitación de las compras públicas en general para favorecer los proveedores nacionales…) son alabadas por muchas fuerzas políticas como decisiones “dolorosas pero indispensables” para que los paquetes de estímulo fiscal tengan impacto efectivo. La recesión es una condición evidente de la economía global. Ésta, para muchos políticos profesionales, es el motivo perfecto para meter micos legislativos de carácter proteccionista con los ojos puestos en los electores. Crecientemente, el nacionalismo comercial se está tomando como una posición heroica. Los economistas liberales, frente a las lecciones de hace ochenta años, hemos sido educados para respaldar la libertad comercial y rechazar el aislacionismo de los ricos. Temo que la miopía causada por la angustia del creciente desempleo y la ira de los electores está arrasando, de nuevo, con la preeminencia de esas verdades teóricas e históricas.