martes, 20 de febrero de 2007

TERCER CONGRESO LIBERALMedellín 28 y 29 de abril de 2007

CONFORMACION DE LISTAS PARA LAS ELECCIONES DEL 25 DE MARZO.
Hasta el miércoles 28 de febrero están abiertas las inscripciones de las listas de los aspirantes a:
- Directorios departamentales
- Directorios municipales.
- Delegados de los sectores social, social de juventudes y abierto al Tercer Congreso del Partido.
- Veedores Seccionales.
- Tribunales Seccionales de Garantías.
- Consejos Municipales de Juventudes
- Asambleas Departamentales de Juventudes
Estas listas deben conformarse con las personas previamente inscritas en los distintos niveles territoriales.
Lugar de inscripción: Oficinas de la Registraduría Nacional del Estado Civil.
Recuerde: 25 de marzo día de las elecciones
Vote con la cédula o la contraseña. Los jóvenes de los 14 a los 17 años pueden votar por las juventudes.
Pregunte en la Registraduría de su localidad por los puestos de votación.
Informes: www.partidoliberal.org.co
, tercercongresoliberal@gmail.com
Directorios departamentales y municipales del Partido Liberal.
Secretaría General del Partido: Bogotá, Avenida Caracas No. 36-01. Teléfonos: 1-2881878, 1-2875127, 1-245 31 66, 5934500 Ext. 120, 123, 149,107. Celulares: 311 286 19 27, 28619 28, 311286 19 34 y 315 369 92 55





Si por el DANE llueve….


César González Muñoz

El DANE tiene, ciertamente, problemas de credibilidad. En esa institución trabajan técnicos competentes, cuya propia ética profesional no debiera permanecer en tela de juicio como ocurre hoy día. Una de las estrategias claves del DANE debiera ser la de lograr que el Presidente de la República tenga mayor consideración personal con las estadísticas públicas, porque la actitud del propio jefe del Estado lo conduce a poner en duda los números que salen del cuarto de máquinas del DANE cuando éstos no son color de rosa.

El Tiempo publicó un atinado editorial el lunes pasado (“La credibilidad del DANE”), donde se advierte que “La solidez de las estadísticas oficiales es crucial para la política económica y para mantener la confianza pública.” Ayer martes, en la página editorial del diario, don Jorge Londoño escribe una columna que le añade motivos a la preocupación del editorialista del lunes. Londoño es el Gerente General de Invamer-Gallup, uno de los principales recogedores de información por la vía de las encuestas y los sondeos de opinión. Anoto que la firma del señor Londoño en su columna no va acompañada de la declaración sobre el oficio que desempeña.

Además de Invamer-Gallup hay en Colombia varias empresas encuestadoras que poseen un alto nivel de sofisticación, de seriedad profesional y de exactitud informativa, cuya propia imagen se ve deteriorada por la incredulidad que generan algunas pesquisas estadísticas privadas. ¿No debiera haber un tribunal independiente, creado por las propias encuestadoras, que vigile los estándares de su actividad? No sé si por candidez, por sentimientos de amistad, o por mis propios prejuicios, pero creo que es exagerado el cinismo de muchos frente a las encuestas privadas, y que siempre es fácil matar al mensajero de malas noticias. En la estadística oficial y en las investigaciones privadas, hay que distinguir el oro de la escoria, más allá de intereses electorales, empresariales o gubernamentales.

No tengo motivo alguno para descreer de la calidad de Invamer-Gallup, cuyo interés primordial debe ser también el de mantener un alto prestigio. Pero sí hay razones para criticar fuertemente la referida columna de ayer de su Gerente General, cuyo trabajo debe incluir una buena lectura de las piezas estadísticas propias y ajenas. Siempre queda la fórmula sacramental: “Este escrito no compromete a la institución para la cual trabajo”.

El silogismo que aplica Londoño usando las cifras del DANE es el siguiente:

Premisa 1: desde 2002 el número de personas “no interesadas en trabajar” (nueva categoría estadística: regularmente se habla de “inactivos”, gente en edad de trabajar que no busca empleo) aumentó desde 11,5 millones hasta 14,8 millones.

Premisa 2: como esa población está “tranquila” en su hogar o dedicada al estudio, ello quiere decir que los hogares están teniendo “mejores ingresos por otras fuentes, menores costos o mejores sistemas de crédito.” Conclusión aristotélica: “El modelo económico está produciendo buenos resultados sociales...”

La primera premisa es cierta. La segunda es falsa. Según el Boletín de Inactividad de la Encuesta Continua de Hogares del DANE, para el primer trimestre de 2006 (último disponible), de los 14 millones de compatriotas inactivos laboralmente, alrededor del 30%, unos 4 millones, se encuentran en esa condición porque se cansaron de buscar empleo, o porque no ven que haya trabajo disponible. Atención: una población superior a la mitad de todos los habitantes de Bogotá sufre de desesperanza, o es presa de la anomia. ¿Es ese un buen resultado social del “modelo económico” del que habla el señor Londoño?

La conclusión de Londoño suena, francamente, a un mantra de alabanza. Sin duda, es bueno mantener el optimismo. Pero no le queda bien a un experto en investigación estadística pretender convertir en una buena noticia el drama de la desocupación refugiada en los hogares pobres.



DETERIORO DEL SECTOR EXTERNO

MAURICIO CABRERA GALVIS, Cali, Febrero 18 de 2007
Las cifras del comercio exterior colombiano en el 2006 que acaba de divulgar el DANE presentan un resultado global aceptable, pero al mirar el detalle aparecen cifras preocupantes que deberían prender señales de alarma entre los responsables de la política económica puesto que ya se empiezan a sentir los efectos de la nociva revaluación del peso y se revelan tendencias de deterioro del sector externo que si no se corrigen podrían conducir a una crisis como la de finales de los noventa.. El hecho positivo es sin duda el comportamiento de las exportaciones que crecieron 15% en el año llegando a un total de 24.400 millones de dólares repartidos casi por partes iguales entre las llamadas exportaciones tradicionales (café, petróleo, carbón y níquel) y las no tradicionales. Sin embargo, varios hechos muestran que las tendencias no son buenas. En primer lugar hay una clara desaceleración del crecimiento, es decir que se está frenando la dinámica de los dos últimos años en los que se registraron crecimientos superiores al 25% anual. Más aún, cuando se observan las cifras mensuales el frenazo es aún mayor, pues en diciembre pasado el crecimiento tan solo fue del 9% con respecto al mismo mes del 2005. En segundo lugar es preocupante que los mayores ingresos por exportaciones se deban al aumento de los precios internacionales, toda vez que el volumen de los productos exportados tan solo creció 8% en el año, y en el caso de las no tradicionales inclusive disminuyó en un 2%. Por supuesto no es malo que aumenten los precios de nuestros productos, pero el problema es que se trata de un factor exógeno muy volátil que en cualquier momento se puede revertir, como ya está pasando con los precios de petróleo. En el otro lado del comercio exterior, las importaciones, también se nota el impacto de la revaluación pues en solo tres años se han duplicado llegando a 24.540 millones de dólares con una tasa de crecimiento del 24% en el 2006. Se destacan las importaciones de bienes de consumo (incluyendo vehículos particulares) y las de materiales de construcción con crecimientos del 33% y 31% respectivamente. El apetito de los colombianos por los productos extranjeros aumenta a medida que la tasa de cambio abarata sus precios. Como las compras en el exterior fueron mayores que las ventas, el país registró un déficit en su balanza comercial de 140 millones de dólares. Es una cuantía pequeña, pero lo significativo es el impresionante cambio de tendencia pues en el 2005 se había registrado un superávit de 1.400 millones de dólares, y que es la primera vez desde 1998 que se presenta un saldo negativo del comercio exterior. Además si se mira la composición sectorial de este balance la situación es alarmante. En efecto, en el sector minero el superávit es creciente en razón a los altos precios de los hidrocarburos, mientras que en el resto de los sectores el exceso de importaciones sobre exportaciones pasó de 6.200 a 8.700 millones de dólares, es decir un deterioro del 40% en solo un año. Una nota final sobre nuestro balanza comercial con EE.UU. En el 2006 el DANE registra un aumento en el superávit comercial con respecto al año anterior, pasando de 2.800 a 3.100 millones de dólares, pero este se explica en su totalidad por el precio del petróleo que incrementó el valor de las exportaciones de combustibles a ese país en 1.170 millones de dólares, mientras que las exportaciones de casi todos los demás sectores disminuyeron, y eso que estaban vigentes las preferencias arancelarias del ATPDEA. Es curioso que para el mismo año 2006, las cifras del Departamento de Comercio de EE.UU. registran un descenso de su déficit comercial con Colombia (que es nuestro superávit) de 3.387 a 2.557 millones de dólares, y por primera vez en mucho tiempo sus exportaciones a Colombia exceden a las importaciones en los meses de Noviembre y Diciembre del año pasado (en 21 y 105 millones de dólares respectivamente). Como no hay duda en que el TLC va a deteriorar nuestra balanza comercial con EE.UU. -hecho que reconocen aún los defensores del Tratado- las perspectivas del sector externo son muy preocupantes.




"Invisibles" da voz a las víctimas de conflictos olvidados


DW-World, febrero 17 de 2007.

La película documental nos acerca a cinco crisis humanitarias olvidadas por gobiernos e instituciones. DW-WORLD conversó con el célebre actor español Javier Bardem, quien es el productor de la cinta.
Por una vez, el Festival de Cine de Berlín se ha olvidado del glamour que lo ha envuelto en estos últimos días y ha ofrecido su cara más comprometida. Ha sido con la presentación de "Invisibles", la película documental producida por el actor español Javier Bardem y realizada de forma coral por cinco directores de prestigio, y exhibida dentro de la sección "Panorama".
La Berlinale ha aparcado por un momento los rostros bellos y los trajes de gala para que, por una vez, los protagonistas de la gran pantalla sean aquellos a los que la injusticia sitúa a diario en el más crudo anonimato. A diferencia de los grandes actores, ellos no interpretan y su guión es fiel a una realidad que, las más de las veces, no tiene final feliz.
Víctimas olvidadas
"Invisibles" nos acerca a las víctimas de cinco crisis olvidadas, a las cuales gobiernos, instituciones y medios de comunicación no quieren ver. Hablamos del Mal del Chagas en Bolivia, la enfermedad del sueño en África Central, los niños soldados de Uganda, la violencia sexual en la República Democrática del Congo y los desplazados por la guerra en Colombia.
Bildunterschrift: Großansicht des Bildes mit der Bildunterschrift: La cinta consta de cinco documentales a cargo de cinco directores de prestigio. Ni siquiera el prestigio de los directores elegidos para el rodaje -los españoles Fernando León de Aranoa, Javier Barroso e Isabel Coixet, el peruano Javier Corcuera y el alemán Wim Wenders- consigue distraer en ningún momento sobre el verdadero objetivo de la cinta: dar voz a los sin voz, los "invisibles", como llaman en Médicos Sin Fronteras (MSF) a las víctimas de estas crisis olvidadas.
Apoyo de Médicos Sin Fronteras
La organización no gubernamental, que cumple veinte años de actividad en España, fue la que propuso a Javier Bardem la posibilidad de realizar la película, además de ofrecer asesoramiento a los equipos de rodaje. En declaraciones a DW-WORLD, el actor y productor español ha destacado que la cinta "respeta la filosofía de MSF, de hablar con los protagonistas, con aquellos que necesitan tener voz".
Para Bardem, además, lo importante de "Invisibles" no es tanto "si a la gente le gusta o no cinematográficamente. Evidentemente, queremos que se vea, pero sobre todo que se escuche, porque lo importante son los testimonios que estás viendo y lo que te explican".
En ese sentido, el productor de "Invisibles" ha destacado la buena acogida dispensada por el público de la Berlinale: "Yo creo que después de la proyección había emoción, la gente se te acercaba y estaba conmovida", nos ha dicho Bardem.
"Llegar a cuanta más gente mejor"
Ahora, después del estreno en el Festival de Berlín, llega el turno de dar la mayor difusión posible al proyecto, porque se trata de "llegar a cuanta más gente posible mejor". De momento, ya hay varias televisiones internacionales interesadas en su proyección.
De hecho, según Bardem, el destino original de "Invisibles" era la pequena pantalla, por lo que la aparición en la Berlinale hay que interpretarla como un paréntesis que en cualquier caso ha servido para dar mayor relieve al proyecto.
Según el actor y productor español, hasta hace tan sólo un mes y medio no estaba prevista la inclusión de la cinta en la sección "Panorama" de la Berlinale, por lo que las últimas semanas han sido una auténtica carrera para tener todo a punto para la presentación. Una carrera que, sin embargo, para Bardem "ha valido la pena".

Emili Vinagre




Alarma Mundial por el Cambio Climático,
la Tierra se Calienta

Jubenal Quispe *, Ecoportal. No.284, febrero 14/2007.

Los costos ecológicos, humanos y económicos son alarmantes. Si en 1998 las pérdidas de vidas humanas, a causa de las catástrofes naturales, bordearon los cincuenta mil, en 1999 dichas pérdidas se duplicaron. Los desastres naturales aniquilan pueblos enteros. Y lo peor de esta situación es que el 90% de las vidas sacrificadas son de las poblaciones del Sur que menos contamina.
En 1896, el físico sueco, Svante Arrhenius (Premio Nobel en 1903), advirtió que la temperatura de la Tierra, para finales del siglo XXI, se elevaría entre 5 a 6 grados centígrados si se duplicaba la emisión del dióxido de carbono (CO2) con relación a las emisiones preindustriales. A nadie le importó dicha advertencia. Es más, en el siglo XX, el petróleo y la desertización se constituyeron en una cultura planetaria. Recién en la década de los 50 del siglo pasado algunos científicos comenzaron a inquietarse porque el cambio climático comenzaba.
La temperatura media de la Tierra, en la década de 1890, era de 14,5°, mientras que en la década de 1990 fue de 15,2°. Hasta el año 2004, 1998 fue el año más caluroso (15,32°) desde que se comenzó a registrar la temperatura media de la Tierra (1866), pero la NASA divulgó en enero del 2006 que el 2005 fue el año más caluroso jamás antes registrado en la historia de la humanidad. El cambio climático es el terrorismo impredecible más letal del planeta en el siglo XXI.
Los campanazos del cambio climáticoEl indicio de que un periodo de cambio climático, inducido por el calentamiento rápido de la atmósfera, ha comenzado, es un hecho innegable. Incluso las mismas petroleras, que han hecho lo imposible para confundir y esconder informaciones científicas evidentes, ya no pueden desmentir el terror climático en el que viven las sociedades “más seguras”.
Sólo para dar algunos datos: En los años 60 del siglo pasado se registraron cerca de 8 huracanes. Durante los años 70 y 80 ocurrieron 14 y 29 huracanes respectivamente. En los años 90, y en lo que va de este decenio, los huracanes revientan hasta en los lugares menos sospechados danzando al compás frenético del cambio climático. Los pronósticos científicos ya quedan pequeños. El año 2005 se tuvo que inventar nombres improvisados para denominar a las inesperadas furias de la naturaleza.
Los costos ecológicos, humanos y económicos son alarmantes. Si en los años 60 del pasado siglo los costos económicos se valuaban en un aproximado de tres mil millones de dólares, el costo económico sólo del huracán Katrina del 2005 ha superado los cien mil millones de dólares. Si en 1998 las pérdidas de vidas humanas, a causa de las catástrofes naturales, bordearon los cincuenta mil, en 1999 dichas pérdidas se duplicaron. Los desastres naturales aniquilan pueblos enteros. Y lo peor de esta situación es que el 90% de las vidas sacrificadas son de las poblaciones del Sur que menos contamina.
En los últimos cien años, los glaciales suizos han disminuido en un 50%. Santuarios como los glaciales del Himalaya, Huayna Potosí, Chacaltaya, entre muchos otros, retroceden a gran velocidad ruborizados por la conducta suicida del ser humano. Ni qué decir de las nevadas de Alaska, Antártida y Groenlandia. Los glaciales retroceden, los mares crecen y las lluvias son más persistentes. Fenómenos desconocidos como el del Niño, muerte de los lagos, migración de plantas, epidemias y muertes por los infernales veranos e inviernos glaciales, son casi los compañeros inevitables de la humanidad.
Las consecuencias del cambio climáticoLas consecuencias del aumento de la temperatura media de la Tierra son variadísimas. Entre las más predecibles están:
Daños a los ecosistemas. El calentamiento rápido del planeta causará la simplificación o el colapso de muchos ecosistemas. Los expertos han calculado que el aumento de 0.5° por decenio de la temperatura planetaria equivaldría a una migración de 56 a 80 kilómetros de plantas tropicales hacia zonas menos cálidas. Las plantas no pueden migrar con tanta rapidez. Con el aumento de la temperatura planetaria muchos bosques desparecerán al no poder adaptarse con tanta rapidez a los nuevos climas. Los ecosistemas desaparecerán de la faz de la Tierra, llevándose consigo la diversidad biológica.
Subida del nivel del mar. A mayor temperatura del planeta los cuerpos de agua se dilatan y los glaciales se derriten aumentando, aún más, el nivel de los mares. Durante el siglo pasado el aumento de 0.7° de la temperatura promedio de la Tierra ha ocasionado el crecimiento en 15 centímetros del nivel del mar, situación que ha generado la salinización y erosión de muchas zonas costeras. Observaciones satelitales muestran que desde la década pasada el nivel del mar está subiendo 3 milímetros cada año. El aumento promedio de 2° de la temperatura planetaria implicaría el crecimiento en 1.5 metros del nivel del mar. Sólo con una subida de un metro del nivel del mar, casi la tercera parte de las tierras de cultivo del mundo y los hogares de cerca de mil millones de personas se verían seriamente amenazados. Países como Kiribati (situado en medio del Océano Pacífico), Egipto, China, Bangladesh, Nigeria y otros países costeros estarían en serios peligros.
Enfermedades e insalubridad. El efecto invernadero genera huracanes, inundaciones, lluvias persistentes, veranos infernales e inviernos glaciales. A cada desastre natural sobrevienen enfermedades, epidemias, pandemias y hambruna. Cuántas muertes y desapariciones ocasionadas por los huracanes e inundaciones. De los sobrevivientes muertos por las epidemias, ya ni nos acordamos. Cuántos ancianos muertos por las altas temperaturas de los últimos inviernos, en especial en el hemisferio norte. Cuántas cosechas agrícolas perdidas. Cuántas ciudades sin servicios básicos. A mayor desequilibrio del clima, mayores son la pobreza y las muertes por inanición.
El cambio climático no sólo ocasiona la migración de las plantas o animales, sino también de enfermedades tropicales como el paludismo, el dengue y la leishmania hacia zonas menos tropicales. Enfermedades como el cólera en el Perú (1991), como la peste -en la India (1994) o el hantavirus en EE.UU (1993) y Bolivia (actualmente) están estrechamente relacionadas con el aumento de la temperatura del planeta y las inundaciones.
Daños a las infraestructuras urbanas. En Moscú, en el verano de 1995, tuvo que dejar de operar el aeropuerto de Sheremiétevo por el reblandecimiento del asfalto de las pistas de despegue. Existen muchas ciudades construidas sobre terrenos arcillosos, estos suelos se agrietarían a medida que la temperatura de la Tierra aumente. Viviendas, ferrocarriles, oleoductos y gaseoductos construidos sobre hielo estarían terriblemente amenazados por el deshielo.
Nadie se salvará de estas consecuencias nefastas, pero quiénes estamos en situación de más riesgo somos los pueblos más empobrecidos. Aunque de las garras inclementes del cambio climático ningún mortal está completamente a salvo. www.ecoportal.net
Extracto. QUISPE Jubenal, Hacia una Eco Teología, Cochabamba, 2006, CLAI, CMI, CEPA, FI, pp. 53-63)
Publicado en Radio Mundo Real http://www.radiomundoreal.fm



Cambio climático: en el nuevo reino de la "megasequía"

Mike Davis *, Ecoportal, febrero/2007.

Los hielos derretidos del Ártico no son la única manifestación de un cambio climático espectacular e inequívoco. Los inviernos secos de los últimos años han alterado todas las llanuras comprendidas entre México y Canadá. Así, por fin, Bush, convencido como está que la tierra es plana, se muestra ahora dispuesto a admitir la situación de emergencia.
Los hielos derretidos del Ártico no son la única manifestación de un cambio climático espectacular e inequívoco. Los inviernos secos de los últimos años han alterado todas las llanuras comprendidas entre México y Canadá. Así, por fin, Bush, convencido como está que la tierra es plana, se muestra ahora dispuesto a admitir la situación de emergencia.

El oso polar sobre un bancal cada vez más angosto es el icono del clima mutante. Entretanto, los animales (y los pobres) mexicanos se desplazan hacia el norte.
El oso polar sobre una bancada de hielo cada vez más angosta se ha convertido en el icono apremiante del calentamiento global y del cambio climático galopante. Por fin, el inquilino de la Casa Blanca, convencido como está que la tierra es plana, admite que los majestuosos osos podrían estar destinados a la extinción, visto que el hielo marino se encoge y el Océano Ártico se transforma en agua azul por vez primera en millones de años. El “gran experimento geofísico” de la humanidad, según llamó hace mucho tiempo el oceanógrafo Roger Revelle a la curva de las emisiones de dióxido de carbono en trepidante aumento, ha hecho descarrilar a la Naturaleza de sus fundamentos olocénicos en las tierras del círculo polar.
Pero el Ártico no es el único teatro de un cambio climático espectacular e inequívoco, ni son los osos polares los únicos heraldos de una nueva época de caos. Piénsese, por ejemplo, en algunos de los parientes lejanos del ursus maritimus: los osos negros que moran tan feliz como siniestramente en las legendarias Chisos Mountains del parque nacional Big Bend, en Texas. Podrían ser ellos los mensajeros de una transformación ambiental en las tierras de las fronteras radicales casi tan grande como la que está sucediendo en Alaska o Groenlandia.
En un día extraordinariamente caluroso de enero de 2002, en la calle Emory Peak, con la mente aún atravesada por las imágenes apocalípticas del septiembre precedente, trabé conocimiento ocasional con un joven oso juguetón e inofensivo en un campamento. Las apariciones de los osos son siempre un poco mágicas, y pensé que el encuentro era la expresión de una condición salvaje todavía holgadamente intacta. En realidad, como aprendí alarmado al día siguiente, el joven oso era, por así decirlo, un mojado [en castellano en el original], la progenie de los migrantes recientes e indocumentados procedentes del otro lado del Río Grande.
Los osos negros eran corrientes en las Chisos cuando éstas eran el refugio semilegendario de los predadores apaches mescaleros y comanches en los siglos XVII y XVIII, pero los rancheros les dieron implacable caza hasta provocar su extinción a comienzos del siglo XX. Luego, casi milagrosamente, a comienzos de los 80 del siglo pasado, los osos reaparecieron tras los madroños en los pinos de Emory Peak. Estupefactos, los biólogos conjeturaron que los osos habían migrado desde Sierra del Carmen hasta Coahuila, nadando por el Río Grande y atravesando 40 millas de desierto infernal hasta llegar a las Chisos, una tierra prometida de ciervos dóciles y refugios abandonados.
Como los jaguares que en los últimos años se han reasentado en las montañas de Arizona o –puestos a ello— el Chupacabra sediento de sangre del folclore norteño avistado en los suburbios de Los Ángeles, los osos negros participan de una épica migración de la fauna, además de las personas, hacia el otro lado. Aun cuando nadie sabe exactamente por qué los osos, los grandes felinos y los legendarios vampiros se están desplazando hacia el norte, una hipótesis plausible es que es que están adaptando su radio de acción y su población a un nuevo reino de la sequía en el norte de México y en el suroeste de los EEUU.
El caso humano es claro: ranchitos abandonados y ciudades fantasma por toda Coahuila, Chihuahua y Sonora [tres estados de México], dan testimonio de aquella sucesión inexorable de años de sequía –iniciada en los años ochenta, pero convertida en catástrofe a fines de los noventa— que ha empujado a centenares de miles de pobres de los campos a los laboratorios clandestinos de Ciudad Juárez y a los barrios de Los Ángeles. En unos cuantos años, la “sequía excepcional” ha afectado a todas las llanuras entre Canadá y México; otros años, rojas conflagraciones en los mapas metereológicos han penetrado como una cuña por toda la costa del Golfo hasta Luisiana, o han atravesado las Montañas Rocosas hasta las regiones interiores del noroeste. Pero los epicentros semipermanentes siguen siendo Texas, Arizona y su estado hermano en México. En 2003, por ejemplo, el Lago Powel redujo su nivel cerca de 80 pies [unos 2,43 metros] en tres años, y las cuencas hídricas fundamentales a lo largo del Río Grande estaban poco menos que exhaustas. Entre tanto, en el suroeste, el invierno 2005-2006 ha sido no de los más secos de que se tiene memoria, y Phoenix estuvo 143 días sin una sola gota de agua de lluvia. Las raras interrupciones de la sequía no han bastado para recargar adecuadamente las faldas acuíferas o para rellenar los embalses, y en 2006 tanto Arizona como Texas han tenido que lamentar las peores pérdidas por sequía, en cosechas y animales, jamás registradas en la historia (cerca de 7 mil millones de dólares).
Tempestad de fuego sobre Los Ángeles
La sequía permanente, como el hielo que se derrite, reorganiza rápidamente los ecosistemas y transforma paisajes enteros. Sin la suficiente humedad para generar savia protectora, millones de acres de pinos como el piñonero y el ponderosa han sido devastados por una invasión de escarabajos de la corteza; esos bosques y chaparrales sin vida, a su vez, han alimentado las tempestades de fuego que incendiaron las conurbaciones de Los Ángeles, San Diego, Las Vegas y Denver, además de destruir una parte de Los Álamos. En Texas han sido también devorados pro el fuego terrenos herbosos –casi 2 millones de acres sólo en 2006—, y en cuanto el estrato superior desaparece, las praderas trocan en desiertos.
Algunos climatólogos no han dudado en definir el proceso en curso como “megasequía”, definiéndola, encima, como “la peor de los últimos 500 años”. Otros son más cautos: aún no están seguros de que la actual aridez del Oeste haya superado los famosos umbrales cruzados en el siglo XX: en los años 30 con el dustbowl en las llanuras del sur, y en los años 50 con una sequía devastadora en el suroeste. Pero tal vez el debate sea irrelevante: la investigación más reciente y competente está descubriendo que el “rojo vespertino en el Oeste” (por citar el inquietante subtítulo del Meridiano de sangre de Cormac McCarthy) no es simplemente una sequía episódica, sino la nueva “normalidad climática” de la región. En un alarmante testimonio prestado el pasado diciembre ante el Nacional Research Council, Richard Seager, un experto geofísico del Lamont Doherty Observatory de la Universidad de Columbia, avisó de que los supercomputadores de los principales estudiosos de los modelos climáticos del planeta están todos arrojando el mismo resultado: “Según los modelos, en los próximos años o decenios, en el suroeste el nuevo clima será un clima parecido a la sequía de los años 50.”
Esa extraordinaria previsión es un subproducto del monumental esfuerzo de cálculo realizado por 19 modelos climáticos separados (incluidas las naves almirante de Boulder, Princeton, Exeter y Hamburgo) para el IV Informe de evaluación del panel intergubernamental sobre el cambio climático (Fourth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change, IPCC). Ni que decir tiene que el IPCC es la corte suprema de la ciencia climática. Fue instituido por las Naciones Unidas y por la Organización metereológica mundial en 1989 para evaluar la investigación sobre el calentamiento global y sus efectos. Probablemente el presidente Bush –aun si ahora acepta, bien que a regañadientes, las alarmas lanzadas por el IPCC, conforme a las cuales el Ártico se está derritiendo rápidamente— no se ha tomado todavía en cuenta la posibilidad de que su rancho en Crawford pueda convertirse un día en una duna de arena.

Los climatólogos que estudian los anillos de los árboles y otros archivos naturales saben desde hace tiempo que el Acuerdo de Río Colorado de 1922, que asignó el agua a los oasis del suroeste en rápida urbanización, se basa en una historia de 21 largos años (1899-1921) de inundaciones. Lejos de ser una media, se trata en realidad de la mayor anomalía pluviométrica en 450 años. Más recientemente, los climatólogos han comprendido el riesgo de que persistentes Las Niñas (episodios fríos en el Atlántico septentrional) interactúen con fases cálidas en el Atlántico septentrional subtropical generando sequía en las llanuras del suroeste que podrían durar décadas.
Pero, como ha puesto de relieve Seager en Washington, las simulaciones del IPCC apuntan a algo muy distinto de los episodios áridos catalogados en el Lamont’s North American Drought Atlas (un compendio permanentemente actualizado de las observaciones de los anillos de los árboles desde el siglo II hasta nuestros días). Inesperadamente, lo que cambia es la base misma del clima, no sólo las perturbaciones del mismo.
Además, esta brusca transición hacia un clima nuevo y más extremo, “distinta de cualquier otra en el último milenio, y probablemente en todo el Oloceno”, no brota de fluctuaciones en las temperaturas oceánicas, sino de la “transformación de los modelos de la circulación atmosférica y del transporte del vapor de agua que surgen como consecuencia del calentamiento atmosférico”. En pocas palabras, las tierras áridas serán más áridas, y las tierras húmedas, más húmedas. Los fenómenos relacionados con Las Niñas, añadió Seager, seguirán influyendo en las precipitaciones en las tierras de frontera, pero, partiendo de fundamentos más áridos, podrían producir las peores pesadillas de Occidente: sequías de proporciones parecidas a las catástrofes medievales que contribuyeron al famoso desplome de las complejas sociedades anasazi [“gente vieja”, en lengua navaja, T.] del Cañón del Chaco y de la Mesa Verde durante el siglo XII. (Para empeorar las noticias de los supercomputadores, la mayor aridez se prevé en una buena parte del Mediterráneo y del Oriente Próximo, en donde una sequía épica es sinónimo históricamente bien conocido de guerra, migración de las poblaciones y etnocidio.)
No hay pánico en los campos de golf
No es sin embargo probable que la sola alarma científica, por mucho que provenga de 19 modelos climáticos unánimes, provoque gran agitación en los suburbios de Phoenix dotados de campos de golf, en donde los estilos de vida lujosos se tragan cada día 400 galones de agua por habitante [cerca de 1.500 litros, T.]. Ni impedirá a los bulldozers moldear la monstruosa periferia residencial de Las Vegas (se proyectan 160.000 nuevas casas) a lo largo de la ruta US 3, hasta Kingman, Arizona. Ni impedirá a Texas doblar su población de aquí a 2040, no obstante el posible agotamiento de la falda acuífera de Oglalla.
Aunque se vienen lanzando últimamente muchas consignas sobre el “crecimiento inteligente” y sobre un uso inteligente del agua, los inversores inmobiliarios del desierto siguen proyectando las conurbaciones residenciales con la misma impronta “obtusa” e ineficiente desde el punto de vista ambiental que ha venido mortificando al sur de California desde hace generaciones. Encima, el as en la manga de la libre empresa del sureste es que la mayoría del agua conservada en los sistemas del Río Colorado y del Río Grande aún está destinada al riego agrícola.
A medio plazo, al menos, la urbanización salvaje del desierto logrará autosostenerse matando el algodón y las plantas medicinales, mientras que los grandes cultivadores seguirán haciendo dinero vendiendo a las periferias residenciales un agua subvencionada con fondos federales.. Un prototipo de esa reestructuración resulta ya visible en California en el Imperial Valley, en donde San Diego está agresivamente adquiriendo derechos acuíferos. La consecuencia es que, si un observador atento sobrevolara la zona, notaría un aumento de las zonas muertas en el mosaico esmeraldino de hierbas medicinales y melones del valle.
Más futurísticamente, está también la opción “saudita”. Steve Erie, un profesor de la Universidad de California en San Diego que ha escrito mucho sobre políticas del agua en el sur de California, me ha dicho que los inversores inmobiliarios del desierto en el sureste y en Baja California confían en poder tener a la creciente población bien abastecida de agua gracias a la desalinización del agua marina. “El nuevo mantra de las agencias gestoras del agua es, huelga decirlo, incentivar la conservación y la regeneración, pero los rapaces inversores están dirigiendo ávidamente la vista al Pacífico y la alquimia de la desalinización, olvidados de las perniciosas consecuencias ambientales.
Sea ello como fuere, subraya Erie, los mercados y los políticos seguirán votando por el tipo de urbanización agresiva y de alto impacto que actualmente cubre de calzadas y canteros partetráfico miles de kilómetros cuadrados de los frágiles desiertos de Mojave, de Sonora y de Chihuaha. Ni que decir tiene que los estados y la ciudad pugnan más agresivamente que nunca por el reparto de las aguas, “pero, de consuno, las ‘máquinas del crecimiento’ tienen el poder de sustraer el agua a los demás usuarios” [alusión a la teoría de las ‘máquinas del crecimiento’ en el desarrollo urbano, T.].
A medida que el agua se irá encareciendo, el peso de la adaptación al nuevo régimen climático e hidrológico recaerá en grupos subalternos como los jornaleros agrícolas (puestos de trabajo amenazados por los trasvases de agua), los pobres urbanizados (que podrían asistir fácilmente a un aumento vertiginoso, de 100 a 200 dólares mensuales, de las tarifas del agua), los campesinos que operan en los terrenos áridos (incluidos muchos norteamericanos nativos), y especialmente, las poblaciones rurales del norte de México.
El fin de la época del agua a bajo precio en el sureste –dato que podría coincidir con el fin de la energía a bajo costo— elevará el nivel, ya alto en la región, de las desigualdades de clase y raciales, y empujará a más migrantes a desafiar a la muerte en peligrosas travesías de los desiertos fronterizos. No se necesita, por lo demás, mucha imaginación para adivinar la consigna futura de los minutemen: “¡Viene a robarnos el agua!”.
La política conservadora en Arizona y en Texas se envenenará y se teñirá étnicamente todavía más, si cabe. Por doquier anda ya el sureste atravesado por un violento nacionalismo que se sirve de chivos expiatorios y de lo que sólo podría definirse como protofascismo: en la sequía venidera, podrían ser las únicas semillas capaces de germinar.
Como ilustra Jared Diamond en su reciente superventas Colapse, los antiguos anasazi no sucumbieron sólo a causa de la sequía, sino más bien por haberse desentendido de la aridez de un territorio superexplotado, habitado por personas poco prontas a hacer sacrificios en su “estilo de vida lujoso”. Al final, prefirieron devorarse entre sí. www.ecoportal.net
* Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducción para www.sinpermiso.info: Casiopea Altisench



Calentamiento planetario.CONFIRMADAS LAS MALAS NOTICIAS. Y SON PEORES


Tomado de Piel de Leopardo, febrero 14 de 2007.

La "Cumbre" del Clima en París señala que la Tierra se calentará este siglo entre 1.8 y 4 grados. El informe fue elaborado por 2.000 científicos. El estudio además de reducir el margen de error en los cálculos predice que el mar subirá hasta 58 centímetros.Es común en los diarios y revistas americanos (de toda América) leer sobre estos efectos en el Hemisferio Norte, y así queda señalado en la primera parte de este informe, pero escasean hasta meros indicios acerca de cómo este fenómeno se presenta en América Central, el Caribe y América del Sur y lo que pudiera significar en nuestros territorios.He aquí un adelanto.LO QUE DICEN LOS CLIMATÓLOGOS DE LA ONUAntonio Madridejos y Manuel Vilaseró*El calentamiento no es una amenaza a la que se enfrenta la Tierra en las próximas décadas, sino una evidencia científica que ya está en marcha y cuyas consecuencias, aun siendo difíciles de precisar, pueden ser catastróficas. Las dudas se han disipado: el hombre, y no las causas naturales, es el gran responsable del desastre y el único que puede mitigarlo. Esta es la principal conclusión a la que han llegado tras seis años de trabajo los miembros del IPCC, el grupo internacional de más de 2.000 expertos en clima a las órdenes de la ONU.
Los resultados de ese trabajo insisten en que, en caso de que no cambien las cosas, la temperatura aumentará de aquí al año 2100 entre 1.8 y 4 grados, con una estimación media de 3, una situación que no se registraba en la Tierra desde hace muchos miles de años. Durante los últimos 100 años, la superficie terrestre se ha calentado 0.72 grados.Mucho más finoPero ¿esto no se sabía ya? No exactamente. El tercer informe del IPCC, publicado en el 2001, era extremadamente cuidadoso con las fórmulas. Al referirse a la responsabilidad humana, al prever el deshielo o a la hora de cuantificar los récords de calor del siglo XX, el informe empleaba expresiones como "es muy probable, con una fiabilidad de entre el 66% y 90%". El cuarto informe va más allá. Menudean los porcentajes en torno al 90%.La razón de ello es que en los pocos años transcurridos desde entonces se ha acumulado infinidad de evidencias y se han perfeccionado los métodos de análisis. Por ejemplo, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), los cinco años posteriores al 2001 han entrado a formar parte de los seis más cálidos desde al menos 1850, que es cuando empiezan en todo el mundo las mediciones sistemáticas con termómetro, y además con una desviación enorme sobre la media. Ciertamente hay excepciones, como algunas zonas de la Antártica, pero en gran parte del planeta se está ya por encima de un grado con respecto al periodo de referencia 1960–1990.Fenómenos sintomáticos como el deshielo de los glaciares de montaña y de la banquisa boreal, ya apreciados en 2001, se han acelerado, según han confirmado numerosos estudios publicados por los mejores grupos de investigación. En el caso del Ártico, la cubierta de hielo permanente se ha reducido un 3% en la última década. Sin embargo, cómo influirá todo ello en el nivel de los océanos es aún motivo de controversia, hasta el punto de que el informe habla de un margen de entre 19 y 58 centímetros de aumento (en 2001 era de 9 a 95). En cualquier caso, un estudio que publica la revista Science sostiene que el nivel está subiendo a razón de 3.3 milímetros por año, frente a los 2 citados por el IPCC en 2001.La mayor recurrencia de los fenómenos extremos, también prevista hace seis años, muestra ejemplos discrepantes, aunque parece ser que aumentan las olas de calor en ciertas zonas (Mediterráneo, buena parte de África, sur de Asia) y las lluvias y las inundaciones en otras (Asia central, Europa oriental. El número de ciclones no se ha incrementado en las últimas dos décadas, pero un reciente estudio norteamericano (EEUU) ha precisado que ahora son más violentos (con independencia del daño generado, un factor muy vinculado a la mala urbanización y la superpoblación).El análisis de los hielos subterráneos de la Antártica –los sondeos cilíndricos llegan ahora a 900.000 años de antigüedad, frente a los 250.000 del 2001– ha confirmado que nunca desde entonces ha habido en la atmósfera una concentración tan elevada de CO2. El estudio de los anillos de los árboles, de documentos conservados en monasterios y de conchas acumuladas en los lechos marinos, entre otros indicios indirectos, se han repetido por todo el mundo hasta concluir que no había habido en los dos últimos milenios un periodo tan cálido como el actual. Ni siquiera durante el llamado Óptimo Climático Medieval (siglos X–XIII), cuando las viñas crecían incluso en Gran Bretaña.Menos discrepanciasSigamos. Los modelos climáticos, complejos sistemas informáticos dedicados al cálculo a largo plazo, se han perfeccionado hasta el punto de que los programas desarrollados en Alemania, Gran Bretaña y EEUU, entre otros países, ofrecen resultados concordantes. También han mejorado las técnicas de modelización para discernir qué porcentaje del aumento de la temperatura es atribuible a causas antrópicas, que es la mayoría, y qué porcentaje corresponde a dinámicas naturales. Este detalle es clave porque en el 2001 aún se discutía si se debía fundamentalmente a la acción del hombre.Otros estudios recientes han demostrado que el papel de los bosques como sumideros (absorbedores de carbono) tiene un límite y que no puede ser la única opción contra el calentamiento. Los bosques maduros, por ejemplo, se encuentran en equilibrio con la atmósfera y no consumen más CO2 del que respiran.En definitiva, todas estas evidencias han permitido limitar el margen de incertidumbre. Si antes se consideraba que el aumento de la temperatura terrestre sería de entre 1.4 y 5.8 grados, ahora se afina a entre 2 y 4.5. Menos de 1.4 se antoja imposible: si de repente se interrumpieran todas las emisiones de CO2, la dinámica atmosférica elevaría la temperatura al menos ocho décimas más, según estudios de la NASA. Para estabilizar los niveles de dióxido de carbono sería necesario emitir un 60% menos que en 1990.-----------------------------------* Periodistas. En el diario español El Periódico el dos de febrero de 2007. En la misma edición se pueden leer algunas de las consecuencias del fenómeno del calentamiento global.EL DESHIELO SE ACELERAEl deshielo de los polos no solo es el efecto más directo del calentamiento global, sino también el más visible. El pasado mes de septiembre, llegó en el Ártico a su máximo nivel. De hecho, allí el incremento de las temperaturas alcanzó cotas incluso superiores a los del resto del planeta. En enero, la isla ártica de Spitsbergen registró unas temperaturas máximas superiores en 12.6 grados a las más altas consignadas hasta entonces. En el resto del mundo, los glaciares están también en un más que visible retroceso. Se calcula que, a finales de siglo XXI, el 90% podrían llegar a desaparecer. El deshielo ofrece también espectaculares imágenes, como la del iceberg desgajado de la Antártida que se acercó a Nueva Zelanda el pasado mes de noviembre.El nivel del mar subeLa expansión térmica del agua debido al aumento de temperatura y el deshielo de los polos y de los glaciares de montaña harán inevitable un aumento del nivel del mar. Quienes mejor pueden atestiguarlo son los atolones del Pacífico, como Tuvalu, cuya cota más alta no supera los cinco metros. Pero la amenaza también se extiende a Bangladés, Holanda, todos los grandes deltas del mundo e incluso España, que podría sufrir graves afectaciones turísticas al perder parte de sus playas. Las autoridades de Tuvalu han elaborado un plan de evacuación para trasladar a Nueva Zelanda a sus 10.200 habitantes. El vecino Kiribati , que es un poco más alto, ya ha empezado a perder sus playas de postal y a ver salinizada su agua potable.Lluvias y huracanesEl aumento de la temperatura se traduce también en una mayor frecuencia de los fenómenos climatológicos extremos. Aunque ningún ciclón ni ninguna lluvia torrencial pueden atribuirse directamente al cambio climático, los científicos que participan en el informe de la ONU que se presenta en París sí vinculan su mayor frecuencia o violencia al calentamiento global.La desolación que dejó a su paso en Nueva Orleans el huracán Katrina, la llegada por vez primera de huracanes a Canarias y las inundaciones que a mediados del pasado mes de enero asolaron la zona desértica del centro de Australia no son por sí solas una señal determinante del deterioro del clima, pero sí síntomas de un planeta que empieza a enfermar.
El Sáhara avanza Los modelos climáticos prevén para las próximas décadas un aumento general de las precipitaciones en el mundo, del orden del 3%, debido a la mayor evaporación y a la aceleración del ciclo del agua. Sin embargo, en el área mediterránea podría suceder al revés puesto que la circulación atmosférica que actualmente cubre los dos trópicos de desiertos (Sáhara, Kalahari, Australia, Arabia) tiende a potenciarse y a avanzar hacia el norte. Paradójicamente, y pese a la creencia, en España aún no se aprecia una reducción de las precipitaciones, pero sí otro fenómeno también vinculado al cambio climático: quizá llueva la misma cantidad, pero en menos días, lo que se traduce en más sequías e inundaciones.La vida se alteraAnimales y plantas ya están viendo trastocado su ciclo vital. La floración de muchas especies se adelanta, los osos reintroducidos en el Pirineo duermen en invierno mucho menos que sus antepasados y las cigüeñas, que eran aves migratorias hasta hace 20 años, se quedan ahora en España y ya no prosiguen su vuelo a África. Les basta con las buenas temperaturas invernales de la Península. Otros, como el cormorán grande, se quedan en Alemania o Francia cuando los lagos allí no se hielan. Pero la situación más angustiante es la que viven los osos polares. El hielo es su hábitat natural y en él encuentra su medio de vida. Más de 10.000 ejemplares están actualmente amenazados de muerte en el Ártico.Del Times de India:Los glaciares del Himalaya han perdido el 21% de su superficie desde 1962(Cable de Agencia EFE)Los glaciares del Himalaya han perdido un 21% de su superficie desde el año 1962, hasta quedar reducidos a un área de 1.628 kilómetros cuadrados, ha asegurado el glaciólogo, Anil Kulkarni, en una entrevista publicada en la prensa india.Según el experto, hay informes del retroceso en la cordillera de 466 glaciares, cuya sostenibilidad está amenazada por "la fragmentación de los más grandes, la desaparición de los más pequeños y el cambio climático". La pérdida de masa glaciar es aún más evidente entre los 127 glaciares menores de un kilómetro cuadrado estudiados en el Himalaya por el experto, que han perdido un 38% de su superficie desde 1962.Expediciones arriesgadas. Para llevar a cabo su estudio, Kulkarni, investigador del Centro de Aplicación Espacial de Ahmedabad, en el estado occidental indio de Gujarat, ha tenido que realizar con su equipo expediciones a más de 4.000 metros de altura en condiciones climáticas extremas.En la entrevista, publicada en el periódico The Times of India, Kulkarni ha descartado sin embargo una posible desaparición de los glaciares del Himalaya en el año 2035, gracias a que están situados a una "gran altitud" y a que "tardan en responder al calentamiento ambiental".El 64% de los glaciares chinos se derretiránPor su parte, el IPCC –el grupo de científicos de la ONU que ha elaborado el informe sobre el cambio climático– ha afirmado que, según los cálculos más pesimistas, el 64% de los glaciares chinos se habrán derretido en el año 2050.
No obstante, el comité también ha explicado que un equipo de científicos chinos enviados al Himalaya han asegurado que el ritmo no es tan rápido como parece.www.elperiodico.com.AMÉRICA LATINA Y EL CARIBEGonzalo Tarrués*La concentración de dióxido de carbono es la más elevada en 20 millones de años. Debido a la cantidad de emisiones, el CO2 es el gas invernadero que más ha contribuido a incrementar el efecto invernadero. El CO2 proviene básicamente de la quema de combustibles fósiles, la producción de cemento y el cambio en el uso de los suelos.Hacia el año 2000, América Latina y el Caribe aportaron el 5.5% del total de CO2 del mundo, (excluyendo el cambio en el uso de los suelos). Se calcula que las emisiones totales en el mundo alcanzaban entonces unas 24.000 millones de toneladas.Las emisiones de CO2 a partir del cambio en el uso de los suelos y forestales en la region, abarcaron el 30% del total. Se atribuye a la destrucción de los bosques pluviales. (Fuente y gráfico: www.vitalgraphics.net).No hay cuaderno de bitácora de esta navegaciónEl planeta semeja un buque cuyos timoneles han puesto proa al naufragio, mientras los oficiales a cargo exigen de la sala de máquinas más y más velocidad hacia el desastre. Los pasajeros de primera clase –el mundo desarrollado– forman comités para discutir el asunto, pero ninguno de ellos en realidad están dispuestos a cambiar el rumbo mientras la provisión de manjares y bebidas no disminuya.
La familia más rica a bordo, por su parte, se niega a que se adopte cualquier medida porque afectará su "modo de vida", e incluso algunos de sus integrantes –como Exxon– han resuelto que los informes recibidos acerca del naufragio son exageraciones o mera especulación y colocan anuncios en todas las cubiertas ofreciendo buen estipendio a quienes los refuten.El método lo han probado: las tabacaleras retrasaron más de 25 años la conciencia sobre el daño que hace el tabaco en forma de cigarrillo, por ejemplo, y recién se resignan a considerar el veneno de la "comida chatarra" y de las bebidas gaseosas que en cierto modo obligan a comer y beber a más de medio mundo: las hamburguesas, las galletitas, los dulces y las colas.Los pasajeros de segunda muestran una triste conducta en general escéptica: tal vez esperan que no haya naufragio o que por merced de alguna de las loterías de a bordo accedan a primera clase; por ahora se contentan con el rol de amanuenses y mensajeros de aquella. A lo sumo piden se disminuya la velocidad, no vaya a suceder que, si suben a las cubiertas doradas, sea ya muy tarde para gozar merecidamente sus privilegios.La marinería y los hacinados en las cabinas de tercera clase no son escuchados: bastante tienen con vivir y de todos modos los botes y chalupas salvavidas no alcanzan para todos. Oficiales y ricachones consideran seriamente aumentar los "raids" disciplinarios y –¿quién sabe?– usar el espacio que así quede sobrante para instalar otro restorán: aquí y allá algunos bebés y niños podrían quedar bien al horno. Algunos creen que bastará eliminar un 30 por ciento de los revoltosos.Glaciares del PerúAjeno a la "batalla del pisco" que mantienen los productores con sus colegas chilenos, Marco Zapata, geólogo de la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos del Instituto Nacional de Recursos Naturales del Perú tiene razones para preocuparse. Si el calentamiento continúa los hermosos, y útiles, glaciares serán nada más que una fotografía que se destiñe con los años.Zapata viene estudiando desde hace más de 30 años los glaciares de la Cordillera Blanca en Ancash en la ciudad andina de Huaraz. Sabe que "los que tenemos en Perú están experimentando un proceso de deglaciación o retroceso muy acelerado".Los datos son cuando menos dramáticos: en 1989 el Perú poseía 18 cordilleras nevadas y 3.044 glaciares cuya superficie era de unos 2.042 kilómetros cuadrados. Para 1997 los glaciares se habían reducido a sólo 1.595 kilómetros cuadrados, con una pérdida del 21,85% de superficie.La desaparición de los glaciares en el Perú –y el mundo– tendría un impacto enorme, pues se verían afectadas las fuentes de energía hidroeléctrica y escasearía el agua para el riego de la agricultura. Los más afectados con las sequías serían los departamentos de Arequipa, Ancash, Cusco, Puno, Junín y Ayacucho. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió recientemente que la salud de la población sería gravemente amenazada por el aumento de la malaria, la desnutrición y las enfermedades transmitidas, básicamente a través del agua.(Fuentes: http://news.bbc.co.ukwww.unmsm.edu.pe).Post data. Todo esto no parece importar mucho en la Argentina y Chile, cuyos gobiernos con entusiasmo permiten la destrucción de las cumbres cordilleranas por empresas mineras foráneas, que ahora incluso actúan simultáneamente –como en el proyecto Pascua Lama– en ambos países. Pese a que en el lado chileno Pascua Lama es motivo de una controversia aun no dirimida, la Barrick Gold acelera la construcción de sus instalaciones en la alta Cordillera y ya selecciona personal. Mamá Oca y asesores varios callan, el valle del Huasco se ensombrece, el país se inmoviliza, como si el Transantiago fuera omnipotente.EL ESCENARIO AMÉRICA LATINAEn el siglo XX, la temperatura de la superficie global aumentó cerca de 0.60 grados centígrados, lo que produjo la disminución de las áreas cubiertas de hielo y nieve. En América Latina y el Caribe los efectos de ese proceso dejaron huellas en la modificación de los patrones de precipitación, el derretimiento de los glaciares y la vulnerabilidad de costas, bosques y selvas.Fernando Flores*Los países posiblemente más vulnerables a los fenómenos hidrometeorológicos son los que tienen costas en la cuenca del Caribe. Otras regiones particularmente vulnerables se encuentran en Suramérica, en especial en el noreste brasileño, en las desérticas costas peruanas y chilenas, y en las zonas áridas de Argentina, así como en la región Andina, las cuales son vulnerables a cambios en los patrones climáticos.Respecto a los bosques y selvas, abundantes en toda la región, el mayor peligro radica en la deforestación. La mayoría se encuentran en Sudamérica, sobre todo en Brasil y el Perú, que concentran el 92 por ciento de los bosques de la zona.Estos países se encuentran entre los diez que concentran las dos terceras partes de los bosques y selvas en el mundo. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) el 88 por ciento de los bosques de la región se encuentra en siete países: Brasil, Perú, México, Bolivia, Colombia, Venezuela y Argentina.

EMIGRACIÓN, CLAVE DEL ÉXITO


Periódico Nuevo Enfoque, febrero 16/2007. Carlos Mígueles ccs@solidarios.org.es

Los 180.000 millones de dólares que envió la población inmigrante desde los países ricos a sus pueblos de origen convierten hoy a las remesas en uno de los factores importantes para el desarrollo de los países del Sur.
Hasta hace poco tiempo, los gobiernos de países de África y América Latina señalaban a la emigración de su gente más capacitada como uno de los frenos al desarrollo de sus pueblos. Hoy, el volumen de dinero que generan esas comunidades en el extranjero supera la Ayuda Oficial al Desarrollo mundial y la inversión extranjera en los países empobrecidos. Los pueblos comienzan a convertirse en protagonistas de su propio progreso. El flujo de las remesas está aumentando España ejemplifica esa nueva tendencia. Durante los diez primeros meses del año pasado, las remesas superaron los 5,000 millones de euros, según datos del Banco de España. Esto representa el 0.4% del PIB español, que supone un aumento del 34% respecto al mismo periodo del año anterior.
Este fenómeno de España no es único, que ocupa el quinto puesto mundial en la cantidad de dinero generado por las remesas. Según el Banco Interamericano para el Desarrollo, el mayor emisor de remesas en 2004 fue la Unión Europea, con casi 45,000 millones de dólares, seguido de los 37,000 millones de dólares de Estados Unidos. Un informe oficial de los ocho países más desarrollados del mundo indica que las remesas tienen un coste de entre el 10 y el 15%. La Secretaría de Estado de Migraciones calcula que la reducción de un punto porcentual en estas comisiones impuestas en España llevaría a estos países 50 millones de euros más cada año. La inmigración como factor de cambio Ante el temor por parte de muchos extranjeros en los países del Norte de que se endurezcan las condiciones para poder acoger paulatinamente a sus amigos y familiares, de acceder a puestos trabajo y de enviar dinero a su país de origen, su esperanza no puede sino crecer después de que uno de los sectores más poderosos de la economía en los países ricos hayan encontrado en los inmigrantes un factor decisivo para compensar la baja natalidad. Algunos bancos pretenden cambiar su imagen para convertirse en motores del desarrollo de los pueblos del Sur cuando, hasta hace poco tiempo, sólo ponían obstáculos a los inmigrantes que intentaban guardar sus ahorros y entrar en una economía cada vez más dependiente de los grandes bancos. Sólo a través del banco se pueden pagar los gastos de la electricidad, de la luz, del gas o del teléfono. Los locutorios aprovecharon la oportunidad para convertirse en la herramienta de comunicación transatlántica y las compañías de telefonía celular facilitaron las tarjetas con saldo para el móvil. Tampoco se pueden soslayar los privilegios fiscales que obtienen estas entidades y las empresas extranjeras en los países que se han ido abriendo al modelo neoliberal. Al llegar a España, los inmigrantes intentaban abrir una cuenta pero el banco se negaba por no estar formalmente domiciliados, por no tener todos los papeles en regla y no tener un contrato de trabajo. Para alquilar una vivienda, les pedían nóminas bancarias y contratos de trabajo, además del pago de dos meses de como fianza. Felizmente, los inmigrantes se unieron en una actitud solidaria con sus compatriotas y desarrollaron un sentido de acogida, aprovechando las nuevas tecnologías de comunicación. Así, la vivienda poco a poco ha dejado de ser un obstáculo, mientras compañías como Western Union y los envíos personales por medio de conocidos hicieron lo que los bancos no estaban dispuestos a hacer. Los efectos de las remesas en la política bancaria Las cifras de los dos últimos años han caído como sangre en el océano para que los bancos huelan el éxito económico de los inmigrantes en Europa y vayan a su caza. El arma del Banco Santander consiste, por ejemplo, en dejar de cobrar comisiones por el envío de remesas de sus clientes. Esto hará que algunos inmigrantes abran cuentas en el banco, tengan una nómina, puedan acceder más fácilmente a la vivienda y asumir una hipoteca, obtengan tarjetas de crédito y de débito. Sin embargo, algunos bancos anunciaron que cobrarán al receptor del otro lado del Atlántico. Los inmigrantes continuarán superando obstáculos. Hoy siguen en dirección contraria unas huellas de siglos atrás para alimentar la esperanza de vivir mejor y de darles a sus familias y a sus comunidades lo que nunca podrán dar las ayudas al desarrollo y las inversiones extranjeras.



FUTURO URBANO


Ana Muñoz, ccs@solidarios.org.es, periódico Nuevo Enfoque

Más de 3,000 millones de personas viven en grandes ciudades. Por primera vez en la historia, el número de personas que habitará en áreas urbanas será mayor que las que viven en zonas rurales, según anuncia el informe El Estado del Mundo 2007 publicado por el Worldwatch Institute. Las ciudades fueron siempre consideradas como focos insalubres y antinaturales para vivir y formar una familia. En 1900, tan sólo un 10% de la población mundial habitaba en ciudades. Poco a poco, las ciudades se convirtieron en lugares para la esperanza, donde se podía encontrar trabajo y mejorar la calidad de vida. Se obtuvieron mejoras en el acceso a las necesidades básicas, al agua potable, a la electricidad… Los urbanitas empezaron a considerarse seres privilegiados. La urbanización y sus consecuencias Sin embargo, la pobreza sigue presente en las grandes ciudades. Un tercio de su población vive hacinada en suburbios donde las necesidades básicas no están aseguradas.
El Worldwatch Institute advierte de que si las prioridades de desarrollo no cambian, habrá más de 1,100 millones de habitantes urbanos que vivan en la pobreza en menos de veinte años. La Comisión Africana ha identificado el problema de la urbanización como el segundo gran desafío del continente, sólo por detrás de la pandemia del sida. Las ciudades tan sólo representan el 0,4% de la superficie del planeta. Y para que sigan siendo el motor económico de desarrollo social y el principal generador de riqueza que son hoy, según Naciones Unidas, hay que mejorar sus infraestructuras, el transporte y la salud de sus habitantes por medio de un desarrollo sostenible. Las ciudades se encuentran amenazadas por lo que ellas mismas han provocado: desigualdad, exclusión y contaminación. En grandes ciudades, como Shanghai, Nueva York o Los Ángeles, conviven la riqueza más descarada con personas que viven en casas de cartón. Más de 18 millones de personas sobreviven en caravanas en Los Ángeles. Es lo que se conoce como el Cuarto Mundo; personas excluidas de una sociedad individualista que se caracteriza por el hiperconsumo de bienes y de recursos naturales. Otras consecuencias Más de ochocientos millones de personas en todo el mundo se encuentran dentro de la red de abastecimiento a las ciudades de productos agrícolas, mientras que más de 800 millones de personas en el mundo se mueren de hambre. Además, las ciudades son grandes consumidoras de energía: electricidad, calefacciones, sistemas de refrigeración y de transporte… Por eso son las áreas más contaminadas y las que generan más contaminación en el mundo. De las 33 ciudades que se prevé que tengan más población en los próximos años, 21 son ciudades costeras que estarán en peligro por la subida del nivel del mar, consecuencia del calentamiento global del planeta. “Un niño que vive en un suburbio de cualquier ciudad de la Tierra se enfrenta a diario con la violencia y las enfermedades, mientras que la educación y la salud son una esperanza lejana”, denuncia el informe citado. La solución pasa porque las administraciones públicas aboguen por la educación, por la mejora de las infraestructuras y por políticas de integración para acabar con la exclusión. Desde 1970 hasta el año 2000, la ayuda al desarrollo destinada a las ciudades ha sido de 60.000 millones, un 4% de la ayuda mundial. La falta de planificación Las ciudades verdes y humanas están pidiendo paso. En Bogotá, Colombia, se ha puesto en marcha un sistema rápido y limpio de transporte que ha reducido la contaminación y ha mejorado la calidad de vida de sus habitantes. En Rizhao, China, los semáforos y las farolas funcionan con energía solar. En Karachi, Pakistán, se está llevando a cabo el Proyecto Orange gracias al cual muchos de sus residentes cuentan con agua potable en sus casas a través de un sistema de canales. La falta de planificación urbana tiene que llegar a su fin. Ciudades con 20 y 40 millones de habitantes son inviables e insanas, una fuente de pobreza y desarraigo. Hay que “soñar” ciudades a la medida de los hombres. Un espacio de convivencia donde haya lugar para la conversación y la buena vecindad y donde sus habitantes sigan un modo de vida sostenible.



El Irak post Saddam: una amenaza creciente para Oriente Medio


Haizam Amirah FernándezARI Nº 21/2007 - 13.02.2007, Real Boletín Elcano No. 89.


Tema: El Irak de Saddam Husein representó una amenaza para la paz y la seguridad de Oriente Medio. Este país, ahora en proceso de descomposición, puede convertirse en una fuente de amenazas nuevas y aun más graves para la región y para el sistema internacional.

Resumen: Oriente Medio pasa por un momento crítico. El cambio de régimen en Irak y la mala planificación de la posguerra están teniendo consecuencias devastadoras para el país. Los enfrentamientos etnorreligiosos y el uso de la violencia para dirimir las luchas por el poder político y económico se producen con alarmante frecuencia en Irak, pero también en los territorios palestinos y en Líbano. La ruptura de los equilibrios de fuerzas, tanto en Irak como a nivel regional, puede producir una desestabilización generalizada en Oriente Medio. EEUU está demostrando sus limitaciones y su incapacidad de controlar la situación. La “nueva” estrategia del presidente Bush no es tal, pues sigue centrada en aspectos militares y de “seguridad dura”, y rehúye abordar los distintos conflictos regionales mediante procesos políticos. Si las tentaciones neoconservadoras de emprender otra guerra preventiva contra Irán se llevan a cabo, se podría producir una regionalización del caos iraquí. Las potencias internacionales y los actores regionales deben actuar con urgencia para evitar ser arrastrados a una situación incierta de consecuencias no todas predecibles.

Análisis: El Irak de Saddam Husein supuso una amenaza para la paz y la seguridad de Oriente Medio. La actitud de los dirigentes iraquíes de la época fue expansionista, agresiva y revisionista, tanto dentro como fuera de sus fronteras. De sus vecinos sólo dos (Jordania y Turquía) se salvaron de sus ataques directos e indirectos. Durante sus 24 años en el poder, Saddam atacó a todos aquellos que se oponían a su régimen: reprimió a las poblaciones iraquíes del norte (kurdos) y del sur (chiíes), pero también a muchos sunníes disidentes, incluso de su propio clan y de su mismo partido; asesinó a clérigos sunníes y chiíes; y atacó a su vecino del este (Irán), a los dos del sur (Kuwait y Arabia Saudí) y al vecino más alejado del oeste (Israel). A pesar de gobernar utilizando el terror contra la población, a lo largo de la década de 1980 Saddam recibió el apoyo de Occidente para contener las ambiciones exportadoras de la Revolución Islámica iraní, aunque en 1991 fue expulsado por la fuerza de Kuwait tras su ocupación. Sus decisiones e impericia política trajeron sufrimiento a su pueblo y ahondaron los sentimientos de frustración entre las poblaciones árabes.

La ocupación del país y el cambio de régimen en 2003 no parecen haber eliminado el peligro que representaba para la región. En lugar de convertirse en un Estado estable, ejemplo de democracia y país aliado de EEUU, como previeron los neoconservadores, Irak es hoy un Estado cuasi fallido, máximo exponente regional de inestabilidad interna, foco del radicalismo etnorreligioso y terreno fértil para el avance de grupos violentos y terroristas. La ruptura de los equilibrios de fuerzas, tanto internos como regionales, no está dando paso a un nuevo orden más estable y constructivo en Oriente Medio. Las potencias internacionales y los actores regionales deben actuar con urgencia para evitar ser arrastrados a una situación incierta de consecuencias no todas predecibles.

Sectarismo y nuevo desorden regional
Desde la ocupación militar de Irak en 2003, el país se está perfilando, directa o indirectamente, como una fuente de nuevas amenazas no sólo para Oriente Medio, sino para el propio sistema internacional. La invasión de Irak produjo división entre las potencias internacionales por la actitud unilateralista y al margen de la legalidad internacional de los promotores de la guerra. Cuatro años más tarde, y ante el fracaso inocultable de la doctrina neoconservadora, Irak se ha convertido en un factor de división aun más grave. En el frente interno, las fracturas étnicas, sectarias y tribales, exacerbadas por el vacío de poder dejado tras la eliminación del régimen baazista, están produciendo una implosión del país. Irak hoy ha dejado de ser un Estado, al menos tal como se conocía desde su independencia. Las instituciones estatales se encuentran gravemente debilitadas como consecuencia de más de una década de sanciones internacionales, de los atropellos cometidos por el régimen dictatorial de Saddam Husein y del colapso causado por las decisiones de las fuerzas de ocupación.

En el frente regional, el cambio de régimen en Bagdad ha alterado seriamente los equilibrios de fuerzas en Oriente Medio. La posición estratégica de todos los actores regionales ha cambiado. Éstos libran en la actualidad una lucha para proteger sus intereses, evitar amenazas potenciales, disuadir a sus enemigos y aumentar su capacidad de influencia en la nueva configuración de fuerzas que se está fraguando. La consecuencia más inmediata de la ruptura de los equilibrios regionales que produjo la ocupación de Irak ha sido el aumento de la influencia de Irán en Oriente Medio, como era de esperar en un escenario que no fuera el óptimo para EEUU. Dado que el principal factor de cohesión interna en Irán es la pertenencia de la práctica totalidad de la población persa a la rama chií del islam, el auge del chiísmo como fuerza etnorreligiosa está generando efectos reactivos en el resto de Oriente Medio, cuya población pertenece mayoritariamente a la rama sunní.

En Irak, los conflictos etnorreligiosos son, ante todo, el reflejo de la competición por el reparto de poder, la distribución de los ingresos del petróleo y la capacidad de influencia en un país cada vez más federal. Muchos ciudadanos y colectivos que, durante décadas, convivieron en paz, ahora viven sumidos en la desconfianza mutua y, en los casos más extremos, en el odio y el deseo de venganza. A los centenares de muertes violentas que se producen cada semana en Irak hay que sumar las campañas de intimidación a gran escala que están teniendo consecuencias propias de una limpieza étnica. Las instituciones iraquíes se están mostrando incapaces de proteger a la población y garantizarle los servicios que necesita. La nueva policía y el Ministerio del Interior se han convertido, en la práctica, en una extensión de las milicias armadas y de una clase política que antepone sus beneficios personales y sectarios a corto plazo a los intereses nacionales más duraderos. Los sunníes acusan al Gobierno de Nuri al-Maliki de ser un instrumento a disposición de las milicias chiíes, concretamente del Ejército de al-Mahdi que lidera el clérigo anti-estadounidense Muqtada al-Sadr, así como de Irán. Las declaraciones hechas por al-Maliki a Il Corriere della Sera el pasado 18 de enero, en las que afirmaba que Bush parece haber “perdido el control de la situación”, reflejan un distanciamiento entre los Gobiernos de Washington y Bagdad.

La escenificación sectaria y vengativa de la ejecución de Saddam Husein vino a confirmar la visión de que el nuevo Irak no se está construyendo sobre las bases de un Estado de Derecho. El momento elegido para la ejecución: el primer día de la Fiesta del Sacrificio, en plena peregrinación a La Meca y horas antes de que se celebrara la boda del hijo del primer ministro, al-Maliki, tampoco indican que su Gobierno se haya marcado la reconciliación nacional como uno de sus principales objetivos. Las provocaciones y arengas sectarias de varios asistentes a la ejecución y la posterior difusión extraoficial de imágenes del ahorcamiento confirmaron para muchos el carácter sectario y sañudo de los nuevos gobernantes iraquíes. Esas circunstancias, junto a la actitud desafiante de Saddam ante la horca, lo han convertido en mártir a los ojos de numerosos habitantes de la región, máxime cuando Israel e Irán coincidieron en mostrar su alegría por la ejecución.

Irak está siendo un laboratorio de un fenómeno de desintegración que podría resultar catastrófico de extenderse al conjunto de la región. Ante la extensión de la violencia y la inseguridad por amplias zonas del país, muchas personas se ven forzadas a buscar refugio y apoyo mediante el recurso a sus identidades más primordiales (étnicas, confesionales, tribales, etc.) como factor de cohesión y solidaridad dentro de su grupo. El aumento de la inseguridad, inestabilidad e impredecibilidad en distintos puntos de Oriente Medio está convirtiendo al factor “identitario” en una de las bases sobre las que podría asentarse el equilibrio de fuerzas en el nuevo Oriente Medio. Como se está demostrando en Irak, el factor “identitario” puede desembocar en el uso de la violencia sectaria extrema, tanto para imponerse a las minorías como para resistir frente a las mayorías. La combinación de ambos usos tiene como resultado que los conflictos acaban adquiriendo unas dinámicas propias, por las que no requieren necesariamente de la intervención exterior para perpetuarse.

No pocos se han referido a la “libanización de Irak” a raíz de las divisiones y enfrentamientos sectarios. A pesar de las comparaciones con la Guerra Civil libanesa (1975-1990), la capacidad exportadora de la desestabilización interna que está viviendo Irak es de una magnitud muy superior debido, entre otros factores, a su valor estratégico y su condición de productor de petróleo, así como las dimensiones internacionales que ha adquirido el conflicto, todo esto en un contexto de un clima regional de alta volatilidad. En el propio Líbano se ha vuelto a encender la mecha del enfrentamiento civil y en los territorios palestinos se libra una lucha armada –fomentada desde el exterior, a pesar de la reciente tregua– entre las facciones que compiten por el control de la maltrecha Autoridad Palestina. Un elemento adicional a tener en cuenta que no existía durante la Guerra Civil libanesa es el movimiento yihadista, cuya amenaza tiene un alcance global y que se ve fortalecido en situaciones de crisis y falta de orden.

Violencia y revisión del statu quo
Ante el avance del poder chií en Oriente Medio, se corre el riesgo de que algunos países sunníes (principalmente Arabia Saudí) apoyen sin reservas a los insurgentes correligionarios en Irak, lo que desembocaría en una nueva guerra por delegación (proxy war), esta vez entre Irán y Arabia Saudí, en suelo iraquí. El hecho de que ese posible conflicto se produzca a partir de líneas divisorias etnorreligiosas debe ser motivo de preocupación para los países que tienen unas importantes minorías chiíes, como es el caso de Kuwait, Arabia Saudí (el 75% de la población de la Provincia Oriental, rica en petróleo) y Bahrein, cuya población es mayoritariamente chií. Las repercusiones también se pueden extender a otras sociedades con diversidad confesional, como Líbano, Siria, Jordania y Egipto. Asimismo, las aspiraciones étnicas surgidas a raíz del aumento del poder kurdo en Irak están alentando el activismo de las poblaciones kurdas de Turquía, Siria e Irán, lo que podría enfrentarlas con los poderes centrales.

La amenaza de las tensiones sectarias que podían surgir a raíz de la invasión de Irak ya había sido advertida por el rey Abdalá II de Jordania, cuando a finales de 2004 alertó sobre la formación de un “creciente chií” en Oriente Medio, que se extendería desde Teherán hasta Beirut. Los discursos incendiarios y populistas del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, y su instrumentalización de la causa palestina han hecho saltar las voces de alarma sobre las ambiciones iraníes de hegemonía regional. El recurso al factor etnorreligioso amenaza con el posible surgimiento de un “petrolistán” chií, cuyo centro sería Irán, y que se extendería por la Provincia Oriental de Arabia Saudí, Bahrein y el sur de Irak.

La Administración estadounidense, enfrentada a dificultades crecientes en Oriente Medio, parece tentada a apoyar a sus aliados locales para que se enfrenten por la fuerza a sus oponentes políticos (al presidente palestino frente al Gobierno de Hamas, al primer ministro libanés frente a Hezbolá y, si se consigue, al primer ministro iraquí frente al Movimiento Sadrista), sin favorecer al mismo tiempo soluciones a los problemas políticos (negociaciones de paz, reformas constitucionales pactadas, etc.). Estos apoyos podrían perpetuar enfrentamientos civiles en los que todas las partes pierden, así como abrir la puerta a otros actores regionales para intervenir a favor de grupos “revisionistas”. Algunos observadores árabes han ido más allá al avisar sobre un posible plan para sustituir el enfrentamiento árabe-israelí por un enfrentamiento árabe-persa o sunní-chií como forma de crear un nuevo equilibrio regional que evite el surgimiento de competidores para Israel.

Sin embargo, sería un error explicar las alianzas regionales en clave únicamente “identitaria”. En los últimos tiempos han surgido alianzas coyunturales entre sectores revisionistas pertenecientes a distintos grupos etnorreligiosos: en Líbano, el general Aoun (cristiano maronita) se ha aliado con Hezbolá (chií) para derribar al Gobierno encabezado por Siniora (sunní). En los territorios palestinos, el Gobierno dirigido por el Movimiento de Resistencia Islámica, Hamas (sunní, surgido de los Hermanos Musulmanes) cuenta con las simpatías del Gobierno iraní de Mahmud Ahmadineyad (chií), al tiempo que los Hermanos Musulmanes de Jordania y Egipto condenan las injerencias desestabilizadoras iraníes en Irak. Mientras tanto, en el frente palestino, tanto Israel como Irán tienen interés en crear un clima que fomente el enfrentamiento civil. Para Israel, los choques entre palestinos los hace aun más débiles y retrasa la reanudación de las negociaciones de paz. Para Irán, su capacidad de influir en los conflictos de Líbano, Irak y Palestina lo eleva a la categoría de fuerza regional con la que hay que contar para negociar soluciones. Si algo queda claro en el complejo escenario medio-oriental es que todos los conflictos están interconectados entre sí y que las explicaciones simplistas de poco sirven para comprender las dinámicas de la región.

El secretario general de la Liga de los Estados Árabes, Amr Moussa, ya advirtió en septiembre de 2002 que la invasión de Irak “abriría las puertas del infierno” en Oriente Medio. Los hechos no demuestran que su pronóstico fuera desatinado. En el reciente Foro Económico Mundial de Davos, Moussa volvió a advertir que, “si fuera a haber una guerra [de EEUU contra Irán], otros genios saldrían de la botella. No se puede imaginar el impacto en los países del Golfo y en el Mediterráneo”. Se corre el riesgo de difundir la violencia sectaria a través de Oriente Medio y que eso fortalezca a los movimientos yihadistas de carácter transnacional, lo que no contribuiría a “drenar los pantanos” que alimentan el radicalismo.

Metástasis del yihadismo
Irak se ha convertido en polo de atracción y campo de batalla para unos yihadistas que desean remodelar Oriente Medio y creen contar con posibilidades de infligir una derrota militar, política y moral a la superpotencia estadounidense. Haber hecho de Irak un elemento central de la llamada guerra global contra el terror de la Casa Blanca, a pesar de la inexistencia de lazos entre el régimen baazista y al-Qaeda, parece haberse convertido en una profecía autocumplida. Según diferentes informes de agencias federales estadounidenses, como el National Intelligence Estimate, la guerra de Irak ha creado un terreno fértil para el reclutamiento y la formación de terroristas yihadistas, al tiempo que les proporciona una oportunidad para perfeccionar sus tácticas, vías de comunicación y discurso ideológico.

La insistencia en el carácter etnorreligioso de los conflictos regionales y la inminente amenaza chií está movilizando a los yihadistas sunníes para ir a luchar a Irak contra la injerencia de los “apóstatas safavíes” procedentes de Irán y en apoyo de la población sunní árabe. Esto puede suponer un respiro para las tropas estadounidenses a corto plazo, pero no hay que olvidar que entre los objetivos de al-Qaeda está derribar al régimen saudí, así como a otros gobernantes árabes aliados de EEUU. Todo lo que sea reforzar el papel de los sectores radicales para que luchen contra enemigos de Occidente puede acabar pasando una factura muy alta. El apoyo occidental y árabe a los Talibán y a al-Qaeda en su lucha contra la ocupación soviética de Afganistán, así como el apoyo israelí a la creación de Hamas en la década de 1980 como contrapeso a la OLP deberían servir de lección sobre la peligrosidad de esas prácticas a largo plazo.

El terrorismo que se está generando en Irak no conoce líneas rojas y está afectando, en mayor o menor medida, a las poblaciones árabes sunníes y chiíes, pero también a las kurdas, turcomanas, asirias, caldeas, etc. El peligro para los países vecinos –e incluso para países más alejados, como los europeos– es que, con el paso del tiempo, algunos combatientes con experiencia adquirida en Irak como miembros de grupos armados y guerrillas urbanas trasladen sus actividades fuera de ese país, como ya ocurriera con los muyahidín árabes que combatieron en Afganistán contra la URSS. Se calcula que hay más de tres millones de desplazados internos y de refugiados iraquíes en el exterior, principalmente en Siria y en Jordania, a causa de la violencia y la limpieza étnica y sectaria sistemática que se practica en el país. Esta situación entraña riesgos para los países vecinos, al exponerlos a posibles problemas de convivencia, inseguridad, crimen y, sobre todo, yihadismo producido por la llegada de algunos refugiados conflictivos.

Neoconservadores y huida hacia adelante
El proyecto neoconservador de convertir a Irak en un ejemplo de democracia pro occidental para todos los países del llamado Gran Oriente Medio y de transformar la región en un entorno menos inhóspito para su aliado israelí ha fracasado. Es difícil imaginar que haya muchos ciudadanos árabes que deseen ser “liberados” de sus sistemas autoritarios siguiendo el modelo iraquí. No se puede decir que Irak sea hoy un país más libre, democrático ni cohesionado que cuando gobernaba Saddam Husein de forma tiránica. Una consecuencia directa del fracaso neoconservador es que las iniciativas estadounidenses de promoción de la democracia han quedado profundamente desacreditadas a los pocos años de su lanzamiento.

Con un balance provisional de decenas de miles de civiles iraquíes muertos, más de 3.000 militares estadounidenses muertos y de 20.000 heridos, y con un coste económico de la guerra ya superior a los 350.000 millones de dólares, la superpotencia está dando muestras de debilidad e impotencia relativa en Irak. Al mismo tiempo, la imagen de EEUU ha sufrido un serio deterioro a nivel internacional, incluso entre sus aliados más cercanos, según indican encuestas como la del Proyecto Pew sobre Actitudes Globales. Otros países con aspiraciones de aumentar su poder, como China y Rusia, contemplan cómo Irak se ha convertido en una trampa para EEUU, cuyas fuerzas, economía, imagen y moral se resienten.

La “nueva estrategia para Irak”, anunciada por el presidente Bush el pasado 10 de enero, consiste esencialmente en aumentar en más de 20.000 efectivos su presencia militar en Irak, principalmente en Bagdad y sus alrededores; reforzar la presencia naval en el Golfo Pérsico; fortalecer al Gobierno de al-Maliki y contar con su hipotético apoyo para enfrentarse a los insurgentes y a las corrientes políticas contrarias a la ocupación; y, por último, confiar en el apoyo de los aliados árabes al Gobierno iraquí. Esta estrategia, menos novedosa de lo que su nombre desea indicar, sigue centrada en aspectos militares y de “seguridad dura”, y rehúye abordar los distintos conflictos regionales mediante procesos políticos, a pesar de que Bush hablara en su discurso de “estabilizar la región”, de “recabar apoyos para Irak” y de “hacer avanzar la libertad en una región turbulenta”. Los elementos centrales de esta estrategia ya han demostrado sus serias limitaciones en el pasado. Incluso en términos militares, el incremento de tropas se produce en un número insuficiente como para dar un giro a la situación. Esta estrategia confirma la unidireccionalidad de la actual Administración estadounidense, que sigue favoreciendo los métodos militares en detrimento de los procesos políticos para producir cambios, contrariamente a lo recomendado en el Informe Baker-Hamilton.

Del mismo modo que la estrategia de la Administración estadounidense para invadir Irak en 2003 se basó en algo inexistente (las armas de destrucción masiva), la estrategia presentada en 2007 se basa en algo que tampoco parece existir en la actualidad: unas fuerzas de seguridad iraquíes apartidistas y al servicio de toda la ciudadanía. A día de hoy en ese país no existe una autoridad central fiable ni unas instituciones estatales que ejerzan el monopolio de la violencia legítima. La infiltración de miembros de milicias y grupos armados, principalmente chiíes, en las fuerzas de seguridad hacen imposible que éstas jueguen un papel constructivo para alcanzar la paz social y la reconciliación nacional. Aunque existiera la voluntad política, será muy difícil purgar los cuerpos policiales de milicianos y elementos sectarios en un futuro cercano.

Un objetivo político que la Administración estadounidense persigue con esta estrategia consistiría en ganar tiempo durante el último cuarto de la presidencia de George W. Bush. Se espera que haya un período de calma aparente, sobre todo en Bagdad, durante el cual disminuya la intensidad de los atentados suicidas, ataques con explosivos y asesinatos. Nada asegura que esta estrategia, esencialmente militar, sea sostenible en el tiempo, ni que los gobernantes iraquíes vayan a colaborar con el entusiasmo que desea Washington ni tampoco que el período esperado de calma no sirva para que los grupos armados recuperen fuerzas.

Un dato llamativo del discurso de Bush es que no se hiciera mención a ninguna iniciativa para solucionar los conflictos entre israelíes y árabes, ni se asociaran dichos conflictos a la situación iraquí ni al auge del terrorismo. A falta de resultados tangibles, la reunión del cuarteto (EEUU, la ONU, Rusia y la UE) celebrada en Washington el 1 de febrero seguramente no represente más que un gesto cosmético de la Administración estadounidense en un momento en que necesita el apoyo de sus aliados árabes dentro de Irak y frente a Irán. Países como Egipto, Jordania y Arabia Saudí se enfrentan a una situación nada envidiable. Factores como el abandono por parte de EEUU de la diplomacia para resolver los conflictos israelo-árabes, su apoyo incondicional a las operaciones militares israelíes en Líbano y Gaza y su vista gorda ante los recortes de libertades en la región han generado percepciones negativas entre las poblaciones árabes y minado la credibilidad de Washington, lo que aumenta el grado de oposición interna al que se enfrentan sus aliados árabes.

¿Qué hacer para frenar el deterioro?
EEUU tiene opciones limitadas para reconducir el conflicto en Irak y evitar el rápido deterioro de la situación regional. Para tener alguna posibilidad de éxito, cualquier política estadounidense para Irak que sea genuinamente nueva debería abordar los desencadenantes políticos de los conflictos internos y regionales, así como las interconexiones existentes entre ellos. Algunas claves para pacificar Irak y mejorar la posición de EEUU en Oriente Medio están recogidas en el mencionado Informe Baker-Hamilton, entre las que figuran: revitalizar el proceso de paz entre árabes e israelíes, negociar con Irán y Siria, rechazar la división de Irak en tres países, promover la reconciliación nacional mediante una negociación política, acordar el reparto de los ingresos del petróleo, proporcionar seguridad y servicios a la ciudadanía, purgar los cuerpos de seguridad de elementos sectarios, atajar la corrupción, alcanzar un acuerdo sobre Kirkuk, reinsertar a los baazistas, otorgar una amplia amnistía y negociar una retirada ordenada de las tropas estadounidenses.

Irán y Siria son, juntos y por separado, parte del problema al que se enfrenta EEUU en Oriente Medio. Precisamente por eso deben ser también parte de la solución y se deben mantener con ellos canales de comunicación. En principio, todos los países vecinos de Irak tienen dos intereses comunes: impedir ser contagiados por el conflicto y evitar los efectos desestabilizadores de una posible partición del país. Más que nunca, resulta ahora necesaria una conferencia internacional, con la participación de las grandes potencias y los seis países vecinos de Irak para buscar puntos de encuentro e intereses compartidos, en la línea del Grupo de Apoyo Internacional propuesto por el Informe Baker-Hamilton. Ante la ausencia de una negociación política, la desconfianza profunda y falta de comunicación, especialmente entre EEUU e Israel por un lado e Irán y Siria por otro, hacen que estos países se estén preparando para el peor escenario posible, aunque de partida no necesariamente sea el más probable. Hasta el momento, las respectivas capacidades de disuasión, tanto convencional como no convencional, han evitado llegar a un enfrentamiento abierto entre estos países. Sin embargo, el “peor escenario posible” puede convertirse en una nueva profecía autocumplida, con consecuencias desastrosas no sólo para los contendientes.

Conclusiones: El Irak de hoy es un país en proceso de descomposición. Casi cuatro años más tarde, el balance de la ocupación de Irak difícilmente puede ser más sombrío. Amplias zonas de Irak están sumidas en el caos y las guerrillas y grupos armados actúan al margen del Estado, o incluso se infiltran en sus instituciones. Los focos de desestabilización se extienden por Oriente Medio de forma preocupante. Los enfrentamientos etnorreligiosos y el uso de la violencia para dirimir las luchas por el poder político y económico se producen con alarmante frecuencia en Irak, pero también en los territorios palestinos y en Líbano. La regionalización del conflicto iraquí ya no es algo inimaginable.

La estrategia para Irak presentada por Bush el pasado 10 de enero sigue centrada en aspectos militares y de “seguridad dura”, y rehúye abordar los distintos conflictos regionales mediante procesos políticos. Sus elementos centrales ya han demostrado sus serias limitaciones en el pasado. Salvo improbables sorpresas, la estrategia de Bush vendrá a confirmar una vez más el fracaso del proyecto neoconservador para remodelar Oriente Medio, lo que contrasta con su éxito para generar inestabilidad dentro y más allá de la región. Un Irak como “Estado fallido” puede ser una amenaza para la paz y la seguridad internacionales mayor de lo que ya lo fue cuando era gobernado por Saddam Husein.

Haizam Amirah Fernández
Investigador principal del Mediterráneo y Mundo Árabe, Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos


Hugo Chávez y el futuro del petróleo venezolano (I): el resurgimiento del nacionalismo energético


Paul IsbellARI Nº 14/2007 - 9.02.2007 Real Boletín Elcano No. 89.

Tema: El auge de los precios del petróleo ha generado ingresos sin precedentes para el Gobierno de Venezuela. Pero no está claro que el resultado final de la política petrolera de Hugo Chávez redunde en beneficio de los venezolanos, por no decir de los consumidores de energía del mundo.

Resumen: El presidente Hugo Chávez ha aprovechado los grandes flujos de “petrodólares” para financiar sus ingentes gastos sociales y subvencionar muchos de sus objetivos geopolíticos en el escenario internacional. Pero su creciente intervensionismo en el sector energético venezolano amenaza el nivel de inversión y producción de petróleo y gas, mientras que su intento de desviar sus exportaciones de petróleo, tradicionalmente destinadas a EEUU, a los crecientes mercados asiáticos no tendrá ningún impacto geopolítico tangible más allá de lo más mediático y superficial. Al fin y al cabo, tampoco está claro que los gastos sociales de Chávez serán capaces de crear una base para un desarrollo económico sostenido.

La primera parte de este análisis se centra en la evolución del sector petrolífero venezolano antes de la llegada de Chávez al poder y al comienzo de su asalto a la dirección de la petrolera estatal, Petróleos de Venezuela (PdVSA).

Análisis

“Creo que (Hugo) Chávez es bueno para Venezuela. Es el presidente que en los últimos 30 años más se ha preocupado por los pobres”.
Luiz Inácio “Lula” da Silva, presidente de Brasil
El País, 3/XI/2006

“Creo que el presidente de Venezuela está, de verdad, destrozando su propio país, económicamente, políticamente…”.
Condoleezza Rice, secretaria de Estado de EEUU
Washington Times, 8/II/2007

Chavez y su petróleo
Aunque la tendencia casi universal es demonizar a Hugo Chávez, algunos (y no solamente dentro de la izquierda) pueden pensar –como Lula– que, a pesar de todo, el ímpetu de Chávez es mejor que cualquier otro que ha gobernado a la castigada Venezuela en por lo menos una generación –si no más–.

Al menos una cosa está clara: antes de Chávez, ningún líder venezolano ha sido capaz de mejorar el nivel medio de vida de los venezolanos desde el primer gran boom petrolífero. Aunque es verdad que hoy el PIB per cápita (medido en términos reales) sigue en el mismo nivel de 1998, cuando Chávez asumió la presidencia, también es verdad que la renta per cápita había permanecido por debajo de sus niveles máximos de los años 70 durante las décadas de los 80 y los 90. De todas formas, después de sufrir una caída notable a raíz de la huelga petrolera de 2002-2003, el PIB per cápita en términos reales ha vuelto a sus niveles anteriores. Lo que es más, desde la elección inicial de Chávez, el nivel de renta de los más pobres ha aumentado un 43%, mientras que el segmento intermedio del país ha experimentado un incremento medio en sus ingresos de casi el 20%.

Este fenómeno se debe no sólo a la evolución del precio del petróleo sino también a la nueva política de Chávez que, a diferencia de sus predecesores, ha utilizado gran parte de los ingresos del petróleo para financiar programas sociales (a través de las llamadas “misiones”). No obstante, la incógnita sigue siendo, primero, si estos ingresos van a sostenerse en el futuro y, segundo (incluso más importante), si los petrodólares pueden tener –por la peculiar manera de Chávez de gastar, gobernar y conducir la política exterior– un impacto positivo y duradero en la vida de los millones de venezolanos atrapados en la pobreza.

Durante el primer mandato de Chávez (1998-2006) los precios del petróleo subieron de un mínimo de cerca de 10 dólares por barril a sus máximos históricos de más de 78 dólares. Al ser el petróleo venezolano una variedad bastante pesada y con un alto contenido de azufre, generalmente se vende con un descuento de varios dólares sobre los crudos de referencia (WTI y Brent). En 1998, cuando el WTI y el Brent se cotizaban entre 10 y 12 dólares por barril, el crudo venezolano costaba 7,20 dólares. De todas formas, el petróleo venezolano ha seguido a los crudos de referencia en sus recientes sendas alcistas. En 2005, cuando Chávez consolidó su poder sobre todas las instituciones públicas, el precio del crudo venezolano superó los 50 dólares y en 2006 llegó durante algunos meses a casi 70 dólares.

Esta evolución en el precio del petróleo explica mucho, si no todo, el éxito político de Chávez y su capacidad de mantenerse en el poder con el apoyo electoral de la mayoría. También ha sido responsable del reciente aumento –permanente o no– de las rentas de los más pobres, y de las altas tasas de crecimiento del PIB en los últimos años. Después de una fuerte recesión en 2002/2003, provocada por el colapso de la producción del petróleo a raíz de la huelga, la economía registró un crecimiento del 18% en 2004 y de más del 9% en 2005 (con un 7,5% estimado para 2006), empujado por el auge del precio del petróleo y sostenido por el aumento del gasto público (que ahora está llegando a casi el 30% del PIB, comparada con un promedio de más o menos el 20% durante la apertura de los 90). De todas formas, hay muchas dudas –no sólo entre críticos y enemigos ideológicos– sobre la eficiencia y eficacia del gasto social que Chávez está emprendiendo, particularmente su capacidad de crear un desarrollo sostenible que pueda eliminar progresivamente la pobreza. También hay escepticismo, incluso entre socialistas y socialdemócratas, respecto a su nacionalismo energético, especialmente después de los rebrotes más recientes desde la reelección de Chávez en diciembre de 2006.

Existe la posibilidad –algo que los simpatizantes de Chávez deben tomar en serio– de que sus políticas, aunque acompañadas de una retórica –incluso de una autenticidad– muy diferente a la de los otros líderes anteriores, sólo consigan perpetuar la tradición venezolana de despilfarro, corrupción y degradación, con la única distinción de canalizar más petrodólares hacia los menos favorecidos, pero sin la menor garantía de generar un legado duradero. Muchos críticos de Chávez repiten una opinión que a estas alturas ha llegado a ser un cliché: Chávez sólo puede sobrevivir políticamente si los precios del petróleo siguen subiendo, o por lo menos si se mantienen altos. De todas formas, una mayor reducción de la pobreza –un requisito político para Chávez, por lo menos en el largo plazo– dependerá no sólo de los precios del petróleo sino también del mantenimiento de los niveles actuales de producción del petróleo, lo que ahora está en peligro por la falta de inversión durante los últimos años y el caos que está minando el potencial del sector petrolífero venezolano.

Por otro lado, los críticos también subrayan las implicaciones para la seguridad energética de EEUU por su dependencia del petróleo venezolano, o los riesgos geopolíticos para Occidente de la política exterior de Chávez, en particular sus planes de desviar las exportaciones de petróleo hacia China, para castigar a EEUU y establecer vínculos estratégicos más fuertes entre Asia y América Latina. Pero el verdadero riesgo estratégico que representa Chávez para el mundo tiene que ver menos con los aspectos más mediáticos y superficiales de su política exterior y mucho más con las implicaciones técnicas y empresariales para el sector petrolífero venezolano de su agresivo nacionalismo energético. El peligro no es que Chávez corte el flujo de petróleo hacia EEUU; el verdadero problema para el mundo (que necesita un aumento de casi el 50% en la producción mundial de petróleo de aquí a 2030) es que el intervensionismo de Chávez –desviando cada vez más los ingresos, tanto privados como públicos, del sector energético hacia sus propios fines– acabe minando la inversión en el petróleo y amenazando sus futuros niveles de producción.

Finalmente, hay por lo menos un aspecto retórico que Chávez sí tiene en común con casi todos los presidentes anteriores desde hace casi un siglo. Él también habla de “sembrar el petróleo”, aunque sigue abierto al debate lo que realmente está sembrando. Con sus ambiciones internacionales y sus batallas geopolíticas, Chávez se arriesga a desatender muchas exigencias nacionales de infraestructuras físicas y del sistema sanitario, sin mencionar el auge del crimen y la corrupción, y la creciente sensación de que la macroeconomía está cada vez más fuera de control (la inflación sigue acercándose al 20% anual y el bolivar sigue mostrando señales de debilidad, a pesar de los ingentes ingresos petroleros). Esta sensación de caos amenaza la industria petrolífera, de momento el único soporte para el sistema político y la única esperanza para frenar el aumento de la pobreza.

El ciclo del “boom” y de la “debacle”: ¿otra vez?
Chavez presenta a Venezuela como uno de los “petro-Estados” más poderosos del planeta. Con sus 80.000 millones de barriles de petróleo convencional (aunque de una variedad relativamente pesada, con un API de entre 15º y 30º), tiene casi el 7% de las reservas convencionales del mundo (la sexta reserva más grande) y una ratio de reservas a producción anual (ratio R/P) de 72,6 años (la tercera mayor del mundo). Además, Venezuela tiene uno de los tesoros más grandes (junto con Canadá) de los llamados “petróleos no-convencionales”. En el subsuelo de la Faja del Orinoco hay otros 270.000 millones de barriles de crudo ultra-pesado (con un API entre 8º y 10º). Con las circunstancias apropiadas (precios suficientemente altos –por los menos por encima de los 40 dólares/bbl– y un nivel de inversiones también significativo), estos crudos ultra-pesados podrían ser explotados, convirtiendo a Venezuela en el poder petrolífero más importante del mundo. El Gobierno de Chávez está en la labor de verificar que gran parte de los ultra-pesados se pueden contabilizar ya dentro de las reservas oficiales. Ha anunciado que, en noviembre de 2007, las reservas probadas de Venezuela se habrán duplicado hasta los 171.000 millones de barriles (las segundas mayores del mundo, detrás de Arabia Saudí, o las terceras si se contabilizan los petróleos no-convencionales de Canadá), y en octubre de 2008 se habrán triplicado a 316.000 millones, convirtiendo sus reservas probadas en las mayores del mundo. (Canadá ha hecho algo similar, anunciando un aumento en sus reservas oficiales, desde menos de 5.000 millones de barriles hasta 180.000 millones, por la inclusión de las “arenas asfálticas” de Alberta).

Aunque Venezuela puede tener grandes (incluso ingentes) reservas, esto no se traduce necesariamente en altos niveles de producción. Actualmente, el país está produciendo entre 2,5 millones y 3 millones de barriles diarios (mbd). El Gobierno venezolano mantiene que el nivel de producción se ha recuperado desde la huelga de 2002-03 hasta situarse en más de 3mbd. Otras fuentes independientes (como el CGES de Londres o la Agencia Internacional de la Energía en París) estiman un nivel actual de producción de no más de 2,5mbd, unos 700.000 barriles diarios por debajo de la cuota oficial de Venezuela (3,23mbd) dentro de la OPEP.

La producción y las exportaciones venezolanas
El hecho de que Venezuela pueda estar produciendo significativamente por debajo de su cuota durante una época de precios altos es preocupante, pues sugiere que por un motivo u otro la industria petrolífera, liderada por PdVSA, no está en condiciones de aumentar su producción. Muchos observadores afirman que la producción está en declive, o al menos estancada por motivos técnicos, con sólo mínimos aumentos factibles (entre 200.000 y 300.000 bd) en los próximos años –y sólo bajo condiciones óptimas–. De momento, esta dificultad no se ha puesto claramente de manifiesto, ya que los ingresos por la exportación de petróleo están incrementándose ante el alza de precios, y pese a estas restricciones en la oferta del crudo venezolano. Aunque los ingresos petrolíferos descendieron de 23.500 millones de dólares en 2000 a menos de 19.000 millones durante los años de las huelgas (2002 y 2003), aumentaron fuertemente de nuevo a 26.600 millones de dólares en 2004 y a 38.400 millones en 2005, con más de 45.000 millones estimados para 2006. Si el precio del WTI y del Brent llegara a los 75 dólares/bbl como promedio anual, los ingresos petrolíferos del Estado venezolano podrían ascender a más de 50.000 millones de dólares.

Aunque es difícil saber con exactitud el nivel de las exportaciones (dada la falta de transparencia en los datos oficiales), se estima que se está exportando entre 2 y 2,5mbd (una producción de entre 2,5 y 3mbd, con un consumo interno de 0,5mbd), haciendo de Venezuela el octavo exportador nacional de petróleo del mundo y el primero en el hemisferio occidental. Estas exportaciones llegaron a representar más del 60% del total de sus exportaciones entre 1993 y 2003, pero hoy equivalen a casi el 85% del total, casi un tercio del PIB venezolano y más de la mitad de todos los ingresos estatales –un nivel muy alto de dependencia del petróleo para una economía nacional–. El Gobierno de Chávez está bien financiado de momento, pero si los precios siguen bajando (de 72 dólares por barril del crudo venezolano en el verano de 2006 a más o menos 50 dólares a principios de 2007), o si la producción nacional empieza a descender por falta de mantenimiento técnico o nuevas inversiones –o las dos cosas–, la presión sobre el sector petrolero, la economía y el Gobierno será notable, si no brutal.

Las épocas pasadas: los dos primeros ciclos
¿Cómo ha llegado Venezuela a esta encrucijada, con un nivel de ingresos petrolíferos históricamente alto pero con una situación de vulnerabilidad respecto al mantenimiento de estos mismos ingresos a medio y largo plazo? En primer lugar, hay que recordar que Venezuela no siempre ha estado en esta situación de precariedad petrolera. Durante los años 60, aunque los precios del petróleo eran relativamente bajos (menos de 2 dólares por barril, o menos de 12 dólares en términos reales de moneda actual), la industria petrolera estaba en pleno auge. El país fue uno de los fundadores de la OPEP y durante la segunda mitad de la década de los 60 fue el mayor exportador de petróleo del mundo. De 1965 a 1974 produjo un promedio anual de 3,5mbd, y su producción en 1970 llegó a ser casi de 4mbd. Aunque el Estado venezolano ya había entrado en la industria, el sector contaba con la presencia de las grandes empresas internacionales (los llamados oil majors) con condiciones relativamente atractivas. El resultado fue un nivel de inversiones en alza y una producción creciente.

Pero con el primer choque del precio del petróleo en 1973-1974 y la politización del mercado petrolífero, con la intrusión del Estado en el sector energético en los países productores (PdVSA se nacionalizó en 1976) y la necesidad de recortar la producción para afrontar la recesión mundial, y con el declive de la demanda global y el aumento de la producción de los países no-OPEP, los niveles de producción venezolanos entraron en una senda bajista durante unos diez años, para tocar fondo a mediados de los 80 a un nivel (1,8mbd) por debajo de la mitad de su pico en 1970. En 1986, la unidad de la OPEP se quebró y el precio del petróleo experimentó su primera caída fuerte (de casi 30 dólares por barril a menos de 15), mientras que el PIB per cápita venezolano en términos reales llegó a uno de sus niveles más bajos en una generación (solo superado por el bache de 2002-2003, los años de la gran huelga petrolífera). Los ingresos petrolíferos estatales en aquel entonces no hubieran alcanzado mucho más de 3.000 millones de dólares, menos del 10% de los actuales (en términos nominales y menos del 30% en términos reales).

Con el colapso de la estrategia de la OPEP para mantener los precios a través de limitaciones en la producción, Venezuela empezó a aumentar su producción, aprovechando la recuperación de la demanda mundial e intentando optimizar sus ingresos petrolíferos. La producción se incrementó paulatinamente, pero a mediados de los 90 Venezuela todavía no producía más de 3mbd. En consonancia con el espíritu privatizador de los años 90 en América Latina, el sector venezolano experimentó un renacimiento, implementando una estrategia parcialmente liberalizadora para aumentar su capacidad de producción en los 10 años siguientes. La “apertura petrolera” implicaba una apertura parcial de la industria de hidrocarburos venezolana a la inversión privada, tanto nacional como extranjera, con el objetivo de atraer la inversión necesaria para aumentar la producción nacional en 2005 a 5mbd y eventualmente a 6mbd.

La “apertura” tenía tres políticas esenciales para mejorar la capacidad de producción y compensar las debilidades financieras y tecnológicas de PdVSA. La primera fue la reactivación de los esfuerzos por aumentar la recuperación del petróleo en los pozos marginales de un 20% a un 40%, aplicando técnicas avanzadas y una mejor gestión. La segunda vertiente fue el desarrollo de los petróleos ultra-pesados de la Faja del Orinoco, legalizando la formación de asociaciones estratégicas entre PdVSA y empresas extranjeras para su explotación. El último componente de la “apertura venezolana” fue el aumento de la exploración privada, que empezó en 1996 con la subasta de licencias para la exploración a 75 empresas de 17 países distintos. También se crearon 32 acuerdos de prestación de servicios (operative service agreements o OSA) por las cuales 22 petroleras extranjeras produjeron petróleo para Venezuela, vendiéndolo a PdVSA a precios de mercado. Con estos cambios en la política energética venezolana, PdVSA había evitado el destino de PEMEX, y llegó a ser un modelo de eficiencia y competencia para todas las empresas petroleras estatales del mundo. Venezuela estaba en camino de conseguir sus objetivos de producción. En 1998 la producción venezolana llegó a los 3,5mbd y parecía a punto de rebasar el máximo de 1970.

El resurgente nacionalismo energético de Chávez
Esta impecable reputación se desvaneció con la elección de Chávez en 1998 y el cambio radical en la filosofía y comportamiento de PdVSA. La petrolera estatal se ha “renacionalizado”, introduciéndose criterios políticos en la gestión, incluyendo la implantación de comisarios políticos en la empresa. Destaca el hecho de que PdVSA haya tenido seis presidentes desde que Chávez tomó las riendas del poder, y en 2004 nombró presidente de la petrolera estatal a Rafael Rodríguez, su ministro de Energía. También ha habido cambios legislativos que han perjudicado al sector y al volumen de producción. El primero fue la introducción de la Ley de Hidrocarburos de 2001, que entró en vigor a principios de 2002 y que superó tanto a la anterior Ley de Hidrocarburos de 1943 como a la Ley de Nacionalización del sector de 1976. Esta nueva legislación imponía que todas las futuras actividades en el sector del petróleo (salvo los proyectos de los super-pesados de la Faja del Orinoco) tendrían que desarrollarse por empresas mixtas (o joint ventures) en las que el Estado tuviera una participación de más del 50% y todos los inversores privados fueran socios minoritarios (eliminando también los OSA, mencionados arriba, para cualquier nueva actividad). Prácticamente se duplicaron las regalías del Estado sobre la producción petrolífera, desde el máximo anterior del 16,6% hasta el 30%. Más tarde, en 2006, un nuevo cambio a la Ley de Hidrocarburos aumentaría los impuestos y regalías incluso más, y obligaría a que PdVSA tuviese una posición mayoritaria en todas las actividades del sector, incluyendo los proyectos para el desarrollo de los petróleos super-pesados (véase la segunda parte de este análisis).

Debido a la politización del petróleo por Chávez, por primera vez en décadas había suficiente dinero disponible para intentar mitigar los problemas sociales. Sin embardo, estas alteraciones negativas en el sentido empresarial, tanto en la gestión de PdVSA como en el ambiente inversor venezolano, tuvieron un impacto depresivo sobre la capacidad productiva a medio plazo. La producción petrolífera cayó en casi 400.000bd en sólo un año, de casi 3,5mbd en 1998 a poco más de 3,1mbd en 1999. Aunque gran parte de esta caída se debió a un nuevo intento de la OPEP de subir el precio con recortes en la producción, el número de perforaciones exploratorias disminuyó después de 1998. Si entre 1996 y 1998 había 109 rigs perforando, su número cayó a 50 en 1999 y, después de una leve y fugaz recuperación a 70 en 2001, se situaba en sólo 35 justo antes de la huelga general. También cayeron las inversiones, tanto privadas como estatales, y nunca se cumplieron los objetivos previstos para PdVSA y el sector. Esta deriva sugirió, por un lado, que las empresas privadas internacionales (las llamadas IOC) ya no estaban tan dispuestas a invertir en exploración y producción en un sector cada vez más nacionalizado e intervenido y, por otro, que la propia PdVSA, aunque más poderosa en el contexto local, por lo menos sobre el papel, era cada vez más disfuncional e incapaz de mantener sus niveles de producción a medio plazo.

La gran huelga petrolera
Como si la situación de la capacidad productiva no fuera lo suficientemente grave, el intento de Chávez de imponer su control sobre la empresa estatal significó un punto de inflexión. El despido de siete altos ejecutivos y la prejubilación de otros 12 provocaron una primera huelga en abril de 2002. Chávez respondió calificando este comportamiento como “sabotaje” rayando con el “terrorismo”. La violencia que engendró la huelga, 17 manifestantes muertos y más de 100 heridos, fue uno de los factores que condujeron al breve golpe de Estado el mismo mes. Después, una vez devuelto al poder, los nombramientos políticos de Chávez para reemplazar a los ejecutivos despedidos y jubilados provocaron la resistencia dentro de la empresa y una protesta que llevaron a una segunda –e incluso más grave– huelga en diciembre de 2002 y enero de 2003.

Esta segunda huelga trajo consigo un parón en la producción, el transporte y el refino del petróleo. El suministro de gas también se cortó y, con eso, la producción de los ultra-pesados. A mediados de diciembre, un nuevo equipo de gestión se instaló en PdVSA. Se declaró el estado de emergencia en el país y el ejército ocupó las instalaciones petroleras. Pese a estos esfuerzos del Gobierno, el nivel de producción durante enero y febrero de 2003 fue de apenas 500.000bd, casi 2,5mbd por debajo de su nivel anterior. Antes de abril, Chávez había despedido a 18.000 empleados de PdVSA, más de la mitad del total, y dividido la empresa en dos unidades geográficas (este y oeste del país). La segunda huelga fue un acontecimiento clave en el desarrollo del sector. Ante el despido de gran parte de su plantilla de geólogos, geofísicos e ingenieros y el desmantelamiento de sus centros de formación e investigación, PdVSA perdió el grueso de su capital humano especializado.

Chávez prohibió a las otras petroleras en Venezuela que contrataran a los ex técnicos de PdVSA, creando así una diáspora de técnicos petrolíferos en casi todo el mundo. Esto obligó al Gobierno a reemplazar esta capacidad técnica y de conocimiento especializado en petróleos pesados y ultra-pesados con técnicos de otras empresas estatales de países con los que Chávez busca algún tipo de asociación estratégica (Petrosaur de Irán, ONOC de la India, Gazprom de Rusia, CNPC de China y Enarsa de Argentina), aunque ninguna de ellas tiene una experiencia significativa en la producción de petróleos ultra-pesados.

Otro resultado de la gran purga de talento en PdVSA ha sido el aumento de los incendios y accidentes en las refinerías y otros complejos de PdVSA (casi 20 sólo este año). Por ejemplo, la refinería más grande del continente, Paraguaná, ha tenido que parar sus operaciones por seis meses debido a un incendio el pasado mes de julio, obligando a Venezuela, el gran poder energético de la zona, a importar gasolina como resultado.

Conclusión: A estas alturas, el Gobierno de Hugo Chávez ha conseguido imponer su control sobre el sector petrolero venezolano y ha sobrevivido las crisis de 2002 y 2003. Ha aprovechado un aumento fuerte en los precios internacionales del petróleo para experimentar niveles de ingresos sin precedentes en la historia de Venezuela. De todas formas, la manera en que Chávez está gastando estos ingresos, su forma de gestionar el sector energético y su peculiar estilo de hacer política exterior están amenazando al propio sector energético venezolano. La segunda parte de este análisis se centrará en esta posible amenaza y sus implicaciones.


Esta segunda parte del análisis se centra en el uso de PdVSA por parte de Chávez para promover sus objetivos sociales, políticos y geopolíticos y las implicaciones de este (ab)uso para el futuro del sector petrolífero venezolano.

“Chávez sigue hablando de la necesidad de ‘sembrar el petróleo’ en inversiones estratégicas para garantizar la seguridad económica para el futuro. Pero desde que Arturo Uslar Pietri, un escritor y político conservador, acuñó este dicho en 1936, todos los presidentes venezolanos han prometido ‘sembrar el petróleo’. A pesar de su retórica revolucionaria, promocionando un vagamente definido ‘socialismo para el siglo XXI’, y en parte por su tendencia a minar las instituciones democráticas del país, parece que la ‘Revolución Bolivariana’ está continuando la historia de caos, inversiones fallidas y legendario despilfarro de ingresos petrolíferos que han empobrecido el pueblo venezolano en décadas recientes”.
Norman Gall, director ejecutivo del Instituto Fernand Braudel de Economía Mundial.
Oil and Democracy in Venezuela, septiembre de 2006.

“El resurgimiento y la reafirmación del nacionalismo en torno a recursos no renovables del subsuelo se manifiestan de múltiples maneras en los principales países productores. Un cambio fundamental en las condiciones del mercado ha renovado su potencial latente. Rendimientos extraordinarias en los últimos años y la embarazosa liquidez de las empresas petroleras han justificado, y hecho factible, importantes incrementos de regalías e impuestos. El deseo de retomar el control de sus recursos ha llevado a muchos gobiernos a incrementar su participación en proyectos extractivos y, en algunos casos, a renacionalizar la industria. Se robustece la fuerza de los propietarios originarios de los recursos conforme éstos cobran conciencia de los enormes retos de producción que plantean activos petroleros maduros. El incremento de los costos de productores marginales relevantes da apoyo económico a las demandas y acciones de los productores. Los países productores deberían actuar prudentemente con objeto de manejar de manera efectiva este cambio de circunstancias y sostener las ventajas alcanzables. La codicia y la falta de responsabilidad política pueden dañar sus propios intereses de largo plazo. A su vez, las empresas petroleras y los países consumidores tienen que reconocer la vulnerabilidad del dominio que han ejercido, mostrar flexibilidad y ofrecer alternativas constructivas. Es un tanto ingenuo responder con alusiones enfáticas a la inviolabilidad contractual. Debo reconocer, sin embargo, mi propio pesimismo en relación al comportamiento de las partes involucradas en negociar y alcanzar un nuevo entendimiento. El flujo de noticias no es alentador”.
Adrián Lajous, ex CEO de PEMEX y actual presidente del Oxford Institute for Energy Studies.
“La oferta petrolera y la seguridad de suministro: una perspectiva latinoamericana”, en el seminario War and Peace in the 21st Century: The Geopolitics of Energy, Barcelona, 20/I/2007.

Análisis

La nueva amenaza: caída de la inversión y de los niveles de producción
El Gobierno de Chávez mantiene que Venezuela ha recuperado los niveles máximos de producción previos a la huelga (de 2002-2003), en torno a 3mbd, pero otras estimaciones independientes sitúan el nivel actual más bien en 2,5mbd. La Agencia Internacional para la Energía (AIE) estima que la producción venezolana cayó un 27%, desde un reciente nivel máximo de 3,3mbd en 1997 a 2,4mbd en julio de 2006, mientras que el Centre for Global Energy Studies (CGES) de Londres estimaba la producción venezolana en agosto de este año en alrededor de 2,5mbd. Otras estimaciones independientes hacen hincapié en el hecho de que la producción de PdVSA (estimada ahora en 1,5mbd) sigue cayendo, pero con una producción por parte de las empresas internacionales (actualmente de 1,1mbd aproximadamente) que ha aumentado ligeramente para compensar las pérdidas de PdVSA. La gran incógnita es si las empresas privadas seguirán invirtiendo en nueva producción en un ambiente empresarial caracterizado cada vez más por su relativa inseguridad jurídica.

La pérdida de gran parte de la capacidad técnica de PdVSA, debido a la huelga y a la respuesta gubernamental, ha resultado en el abandono de muchos pozos marginales y la interrupción del esfuerzo, anteriormente mencionado como parte esencial de la “apertura petrolera”, de aumentar el grado de recuperación de los pozos, muchos de los cuales han sido dañados por la extrema rapidez con que PdVSA intentó aumentar la producción después de la gran huelga sin haber hecho anteriormente la inversión suficiente. Una gran cantidad de los pozos de Venezuela están ya en fase de madurez y necesitan un considerable esfuerzo de mantenimiento (la mayoría registra una ratio de declive del 25% anual). Los que están en la parte occidental del país, que ya llevan ocho décadas de producción, están en declive: más del 90% requieren inyecciones de gas o agua para mantener la presión necesaria para la producción. En la actualidad hay 21.000 pozos de PdVSA cerrados por falta de mantenimiento y reparaciones, mientras que sólo 14.000 continúan en producción. Esta situación de falta de capacidad técnica, junto con un insuficiente nivel de inversión por parte de PdVSA, puede haber resultado en una pérdida permanente de 400.000bd de capacidad productiva y fácilmente podría explicar la discrepancia de más o menos 0,5mbd entre las cifras oficiales del Gobierno venezolano respecto a la producción y las diferentes estimaciones independientes. A estas alturas, PdVSA se enfrenta a un dilema entre costes crecientes por la madurez de sus activos y la necesidad de invertir mucho más que en el pasado para aumentar los ratios de recuperación, y esto en una época en que el Estado está exigiendo una proporción cada vez mayor de sus ingresos.

Incluso los modestos niveles actuales de producción están en peligro a causa de la politización de PdVSA y su uso casi exclusivo como fuente de financiación de todas las políticas de Chávez, tanto domésticas como internacionales. Sin nuevos aumentos en el nivel de inversión, la producción caerá un 20% cada año. Para mantener los niveles actuales, hacen falta por lo menos 2.000 millones de dólares anuales en nuevas inversiones, hechas de forma eficiente y eficaz (algunos estimaciones apuntan a que deberían ser de más de 3.000 millones de dólares). Para aumentar su nivel de producción, Venezuela tendría que gastar 4.000 millones de dólares anuales en nuevas inversiones. Aunque PdVSA ha anunciado su intención de invertir unos 26.000 millones de dólares en exploración y desarrollo entre 2004 y 2008, por sí sola la empresa estatal no está consiguiendo sus objetivos de inversión, debido principalmente a la presión sobre sus ingresos ejercida por el Gobierno para financiar sus crecientes gastos sociales. Algunas fuentes independientes indican que en la actualidad PdVSA inyecta más dinero en gastos sociales que en sus propias inversiones.

No obstante, la dirección actual de PdVSA ya tiene su propio “Plan Siembra Petrolera”, una rearticulación de la anterior “apertura petrolera” (pero basada en principios distintos) que tiene como objetivo aumentar la producción a 5,8mbd en 2012 sobre la base de nuevas inversiones que ascenderán a 56.000 millones de dólares (o casi 6.000 millones de dólares anuales hasta 2012). Esta cantidad, de todas formas, es bastante menor que la que fue necesaria para conseguir un aumento menos significativo en la capacidad de producción durante los años 90, cuando las condiciones para los intereses privados eran mucho mejores que ahora. Pero lo más dudoso de estas metas es el hecho de que se prevé que más del 30% de las nuevas inversiones provengan de las empresas privadas internacionales que aun operan en Venezuela. Estas expectativas del Gobierno son cuando menos cuestionables, ya que la percepción de seguridad jurídica sigue en deterioro.

Estas mismas empresas privadas –que desde la “apertura” han invertido aproximadamente 26.000 millones de dólares– han paralizado casi por completo sus nuevos planes de inversión tras los recientes cambios a la Ley de Hidrocarburos, anunciados por Rafael Ramírez, ministro de Energía y Petróleo (y máximo responsable de PdVSA), en marzo de 2006. Estas modificaciones legislativas han forzado a dichas empresas a aceptar la revocación de sus contratos anteriores para participar en empresas mixtas como socios minoritarios de la Corporación Venezolana del Petróleo (CVP), una filial de PdVSA, en todas las actividades del petróleo convencional. En la mayoría de los casos, la empresa estatal tendrá una participación del 60% y las compañías extranjeras no pueden contabilizar las reservas de estas empresas mixtas. Con la victoria electoral de Chávez en diciembre de 2006, el presidente anunció, por un lado, la nacionalización del sector del gas y, por otro, que el Estado también exigirá participaciones mayoritarias en las asociaciones estratégicas que explotan los petróleos super-pesados de la Faja del Orinoco. Lo que es más, un nuevo aumento en los impuestos sobre la producción de los hidrocarburos (hasta el 50%) y en las regalías del Estado (hasta el 33%) han empeorado incluso más el ambiente inversor. Al fin y al cabo, a partir de ahora el Gobierno venezolano tomará las decisiones clave del sector en su conjunto respecto a los niveles de producción, planes de operación y presupuestos anuales.

Debido al alto precio del petróleo y al hecho de que Venezuela por lo menos les ofrece la posibilidad real –aunque cada vez menos atractiva– de participar en uno de los pocos sectores nacionales que sigue teniendo grandes reservas, las 22 empresas extranjeras que trabajan en el sector venezolano tienen aun incentivos suficientes para quedarse a pesar del reciente deterioro del marco legal. Prueba de esto es que sólo ExxonMobil haya decidido abandonar el escenario. Pero de ahí a esperar que el sector privado vaya a seguir invirtiendo al mismo ritmo que durante los últimos 10 años es muy dudoso. Lo más probable es que si no todo, por lo menos gran parte del esfuerzo inversor necesario para simplemente mantener la producción actual –sin mencionar la posibilidad de incrementos significativos– vaya a caer sobre los hombros de PdVSA, la misma empresa estatal que hace poco perdió casi todos sus recursos humanos técnicos y que –más que una empresa petrolera– es un rehén financiero para los objetivos políticos de Hugo Chávez. En este contexto, esperar 4.000 millones de dólares anuales en nuevas inversiones para aumentar el nivel de producción venezolano es excesivamente optimista; ni siquiera parecen garantizados los 2.000 millones de dólares anuales necesarios para mantener los niveles actuales.

Esta situación, con un sector petrolero venezolano más bien precario y muy vulnerable a cualquier otro cambio negativo en el marco legal, es lo que ofrece el escenario actual, con precios de los crudos de referencia (WTI y Brent) justo por debajo de 60 dólares por barril. Si los precios siguen bajando, como prevén varios analistas, y si la OPEP es incapaz de diseñar y efectuar un plan de recortes nuevo y creíble y de distribuir eficazmente las nuevas cuotas, es muy posible que la producción venezolana caiga por debajo de los 2mbd.

Los juegos geopolíticos de Chávez
Mientras la industria venezolana está en peligro de declive, y su infraestructura física y humana al borde del colapso, Chávez propone grandes inversiones en proyectos internacionales, frecuentemente a través de subsidios venezolanos a otros países (como las ventas subvencionadas de petróleo a Cuba –casi 100.000 barriles diarios– y Jamaica –más de 20.000bd– y otros países caribeños –a través de los Acuerdos San José y Petrocaribe, con otros 72.000 bd– y de gasolina a consumidores en ciertos estados de EEUU). Pero más allá de estos proyectos de colaboración y de subvención, uno de las “petro-políticas” más mediáticas que Chávez está persiguiendo es el proyecto de desviar la mayor parte de sus exportaciones de petróleo –que actualmente van al mercado estadounidense– a China.

China frente a EEUU
Venezuela actualmente exporta casi 1,5mbd de su producción (el 60% del total) a EEUU. Esta cantidad equivale a entre el 10% y el 15% de todas las importaciones de petróleo de EEUU, haciendo a Venezuela uno de sus proveedores más importantes. De hecho, Venezuela siempre ha sido un proveedor estratégico para EEUU, dada su cercanía a los puertos y refinerías del Golfo de México y de la costa del este (el crudo venezolano sólo tarda cinco días en llegar a EEUU, comparado con las cuatro o cinco semanas que tarda en llegar a EEUU el crudo de Oriente Medio). La mayor parte de estas importaciones estadounidenses se efectúan a través de Citgo, una filial de PdVSA que tiene cinco refinerías (y participaciones en tres más) en EEUU, todas especializadas en procesar los crudos pesados y de alto contenido en azufre de Venezuela.

Pero recientemente, durante una gira mundial por muchos países parias o claves en el escenario energético (como, por ejemplo, Irán y Rusia), Chávez realizó su cuarta visita oficial a China, tras la cual reveló más detalles acerca de su estrategia a largo plazo (reflejado en 18 acuerdos firmados con China) de desviar hacia China las exportaciones de petróleo que actualmente se envían a EEUU. Hoy en día las exportaciones venezolanas a China ascienden a menos de 75.000bd, pero el objetivo es aumentarlas a 1,0mbd en cinco años.

Sin embargo, para que este objetivo se cumpla, se tendrán que despejar varias dudas. Primero, el crudo relativamente pesado que constituye la gran mayoría de las exportaciones de Venezuela requiere ser procesado por refinerías especializadas como las que tiene Citgo en EEUU. Toda la capacidad de refino que China ya tiene instalada en su costa del Pacífico está orientada para recibir los crudos ligeros y dulces del Golfo Pérsico. Para que China pueda importar 1mbd de crudo venezolano, pesado y con alto contenido de azufre, tendrá que invertir varios miles de millones de dólares en nuevas refinerías especializadas. No está claro que esto vaya a pasar, por lo menos, en el corto plazo.

Asimismo, la propia Venezuela tendrá que realizar inversiones significativas en un nuevo oleoducto (que probablemente tendrá que pasar por su vecino colombiano, con quien tiene relaciones a veces tensas) para transportar el crudo a la costa del Pacífico de América Central, donde comenzaría su viaje en barco hacia Asia. La alternativa, empleada actualmente, sería mandar el petróleo en barco a través del Canal de Panamá (lo cual, dado el incremento en el volumen, no será factible hasta que se haya ampliado la capacidad del Canal dentro de unos años), o alrededor del Cono Sur (lo que aumentaría demasiado el coste del transporte). Actualmente los costes de transporte para el petróleo venezolano a China alcanzan los 12 dólares por barril, comparado con sólo 2,50 dólares por barril para transportar el crudo a las refinerías de EEUU. No está claro quién irá a absorber este mayor coste: ¿China o Venezuela? El hecho de que Venezuela acaba de solicitar a China 18 barcos petroleros sugiere que PdVSA entregará el crudo directamente a las refinerías chinas, absorbiendo así un coste adicional de casi 10 dólares por barril.

Incluso si este no es el caso, no parece que merezcan la pena todos estos malabarismos geopolíticos. Aunque Venezuela tenga éxito en su empeño de desviar sus ventas de EEUU a China, esto no supondrá ninguna inconveniencia excesiva para EEUU. Dado que el petróleo es un producto “fungible” que se comercia en un mercado global, las exportaciones venezolanas que vayan a China simplemente sustituirían a otras cantidades de petróleo del Oriente Medio que ahora no tendrán que ir a China y que por eso podrán dirigirse a EEUU. Dado que una porción creciente del petróleo que sale de Oriente Medio es cada vez más pesado, será posible refinarlo en las refinerías de petróleo pesado en EEUU. Citgo tendrá la opción de refinarlo, vender sus refinerías o abandonarlas y así renunciar a miles de millones de dólares en valor comercial. Y si EEUU acaba pagando más por su gasolina a corto plazo como resultado –bien por aumentos del coste de transporte, bien por falta de capacidad de refino especializado–, Venezuela acabará pagando más también. Ya que los costes de energía son mucho menos importantes para la economía estadounidense que para la economía venezolana, no parece que sea una estrategia viable utilizar el arma petrolífera contra EEUU, más allá del muy corto plazo o como una herramienta puramente propagandística.

El gas venezolano y el “Gran Gasoducto del Sur”
Si el poder político de manipular el mercado del petróleo es siempre menor de lo que supone el gran público (más allá de provocar cambios temporales en el precio de mercado), el poder político en el terreno del gas sí es importante, particularmente cuando se transporta el gas por gasoducto de un país específico de origen a otro país específico de destino. En este sentido, el Gobierno de Chávez está proponiendo un gran proyecto de integración energética regional que vincularía todos los consumidores e importadores netos de gas en el Cono Sur (Brasil, Argentina, Uruguay e –indirectamente– Paraguay y Chile) con Venezuela, el gran exportador de gas del futuro (y posiblemente, también, con su aliado, el exportador Bolivia). Este proyecto, el “Gran Gasoducto del Sur” no sólo abastecería el Cono Sur con gas, sino que también aumentaría sustancialmente la influencia política de Venezuela en todo el continente, pero particularmente en los grandes países que, simplemente por participar en este proyecto, tendrán por primera vez una gran dependencia de Venezuela para su abastecimiento esencial de gas.

No obstante, no será un proyecto fácil de llevar a cabo. De hecho, la mayoría de los analistas no cree que se realizará nunca. En primer lugar, costará por lo menos 20.000 millones de dólares (o 134 dólares por barril de petróleo equivalente), un cantidad tan grande que para ser financiada por el mercado tendrá que ofrecer la garantía de un suministro estable de gas durante un largo período de tiempo. También tendrá que cruzar más de 8.000 km del continente, desde la costa caribeña de Venezuela hasta Buenos Aires, pasando por miles de ríos y por la selva tropical del Amazonas, en donde la época de lluvias dura más o menos ocho meses. Dado que el proyecto todavía no cuenta con estudios técnicos suficientes, el proyecto estará plagado, en el mejor de los casos, de múltiples dificultades de construcción, sin mencionar el continuo trabajo posterior de mantenimiento. Para colmo, es casi seguro que el proyecto se enfrentará a un sin fin de protestas ecologistas. En el mejor de los casos –si los costes se limitan a las estimaciones provisionales–, el gas sería de todas formas mucho más caro que el que Brasil y Argentina podrían seguir importando de Bolivia (incluso tras las renegociaciones de Evo Morales) o el que podrían importar en el futuro en forma licuada (tras invertir las grandes cantidades necesarias para infraestructuras de gas licuado). Pero Chávez ya ha anunciado, sin más, que Venezuela venderá el gas transportado por este gran gasoducto por un precio subvencionado de 1,00 dólar por Mbtu, muy por debajo del precio de 4,00 dólares por Mbtu (y el actual precio de más de 5,00 dólares) para el gas boliviano en Argentina.

La gran ironía de esta situación está en el hecho de que, actualmente, el sector del gas en Venezuela está relativamente subdesarrollado, especialmente si se compara con el petróleo. Solo produce 28.900 millones de metros cúbicos (bcm) –un mero 1% de la producción mundial–, por detrás de los 45,6 bcm de Argentina y los 29 bcm de Trinidad y Tobado. Sin embargo, Venezuela consume la misma cantidad internamente y tendrá que importar gas de Colombia durante siete años a través del gasoducto “Transguajiro” para abastecer la región occidental del país, donde hay escasez de gas. Existen planes para aumentar la producción de gas en otros 22 bcm antes de 2012, y de construir un gasoducto este-oeste para eventualmente eliminar la necesidad de importar gas desde Colombia, pero no está claro que se vayan a realizar las inversiones necesarias para este fin.

De todas formas, en teoría, por lo menos, Venezuela podría ser el gigante del sector gasífero de América Latina. Tiene las mayores reservas de gas –152,3 billones de pies cúbicos (tcf), es decir, 4,32 billones de metros cúbicos (tcm)– de toda América Latina, cinco veces mayores que las de Bolivia (las segundas de la región) y equivalentes al 2,3% de las reservas mundiales. Pero más del 90% de las reservas venezolanas de gas están en yacimientos petrolíferos y el 70% se emplean en estos mismos pozos para inyectar la presión necesaria para mantener la producción. Con la actual escasez de gas en el país, la producción de petróleo en pozos maduros está cayendo por falta de gas para inyectar, y la producción de petróleos ultra-pesados, que depende en gran medida del uso del gas en su extracción y procesamiento, seguirá limitada. Tampoco hay suficiente gas para suministrar a las plantas petroquímicas. El problema es que nunca se había invertido mucho en la exploración de gas no asociado al petróleo para fines estrictamente comerciales. Si la actual exploración offshore tiene éxito (por parte de Chevron y Statoil), Venezuela tendrá más gas, pero en el mejor de los casos durante mucho tiempo sólo cubrirá el consumo interno.

Tampoco está ayudando a este escenario la política nacionalista cada vez más agresiva de Chávez, que hasta ahora sólo ha afectado al sector petrolífero pero que ya empieza a perjudicar también al sector del gas. Los proyectos de gas offshore hasta ahora habían contemplado la exportación de gas licuado a EEUU, no la exportación vía gasoducto a Sudamérica. Las modificaciones a la Ley de Hidrocarburos de este año han impuesto el control de PdVSA sobre todos los proyectos de exportación y todos los gasoductos del país. La cuestión de cómo afectará, junto con el giro radical en el futuro destino del gas venezolano, el nivel de inversión en la exploración y producción de gas todavía no está clara. Pero es más que improbable que Venezuela tenga cantidades suficientes de gas a tiempo par hacer del “Gran Gasoducto del Sur” un proyecto económicamente viable. Posiblemente, Venezuela podría financiarlo en solitario, pero este esfuerzo financiero se añadiría a todos los demás costes innecesarios que los proyectos políticos de Chávez están imponiendo a la frágil y desequilibrada economía venezolana. Pero, como en el caso de la desviación de exportaciones de EEUU a China, el “Gran Gasoducto del Sur” por lo menos sirve para una importante función retórica y propagandística.

Los petróleos ultra-pesados
Durante los últimos años, Venezuela ha calificado como nuevas reservas probables a unos 270.000 millones de barriles del petróleo ultra-pesado (con un API de menos de 10º). Estas reservas probables forman parte de un total de reservas posibles de unos 700.000 millones de barriles de petróleo ultra-pesado que se encuentran en el subsuelo de las sabanas al norte del Río Orinoco, en la llamada Faja del Orinoco. Es muy probable que, antes de 2008, PdVSA declarará unos 240.000 millones de barriles de estos petróleos ultra-pesados como un nuevo componente de las reservas probadas de Venezuela, lo que, sumando los actuales 80.000 millones de barriles, llevará las reservas probadas totales de Venezuela a casi 320.000 millones de barriles, las mayores del planeta.

Pero dados los altísimos costes de extracción, procesamiento, transporte y refinado, los precios internacionales del petróleo tendrán que estar por encima de los 40 dólares por barril durante décadas para justificar las grandes inversiones necesarias y para mantener niveles de producción significativos. Los casi 270.000 millones de barriles (casi un tercio del total posible) que se consideran recuperables con la tecnología actual podrían soportar una producción de 10mbd durante 70 años. Con avances en la tecnología, la tasa de recuperación última sería incluso mayor. Por tanto, esta es otra faceta clave de la importancia de los actuales altos precios para Venezuela.

En la actualidad hay cuatro empresas (“asociaciones estratégicas”) que producen sólo unos 600.000 bd con técnicas avanzadas de recuperación, fruto de una inversión de 1.000 millones de dólares por parte de PdVSA y otras empresas extranjeras (como Conoco-Phillips, Chevron, Exxon-Mobil, Total y Statoil) durante los años 90. Con todos sus otros desafíos actuales, PdVSA no ha empezado a invertir seriamente en los crudos ultra-pesados de la Faja, pero sí ha contratado a las grandes empresas estatales de los países que Chávez considera estratégicos y posibles aliados geopolíticos a largo plazo para medir y confirmar unos aumentos futuros en las reservas probadas de la Faja. Éstas incluyen a Petrobras de Brasil, Petrosaur de Irán, ONOC de la India, Gazprom de Rusia, CNPC de China y Enarsa de Argentina, aunque ninguna tiene experiencia previa en petróleos ultra-pesados.

Conclusión: Según Chávez, Venezuela pronto será el más poderoso productor de petróleo y contará con las mayores reservas del mundo –infladas por la inclusión de los petróleos ultra-pesados–. Para que esta visión se convierta en realidad, sería necesaria, entre otras cosas, un aumento significativo y mantenido a largo plazo de los niveles de inversión en el sector de hidrocarburos. También sería necesario contar con la capacidad técnica de las empresas privadas internacionales (IOC), ya que la purga de PdVSA en 2002 y 2003 ha dejado la empresa estatal con muy poca capacidad técnica y científica (y gran parte de la que le queda está comprometida en los proyectos de Chávez en el exterior, como la ayuda que está prestando PdVSA a Bolivia).

Para bien o para mal, parece que el comportamiento del Gobierno de Chávez, que sigue gastando sin control, no va a permitir un aumento significativo en las inversiones de PdVSA. Según Norman Gall, PdVSA ha transferido tanto dinero al Gobierno en los últimos años que, a pesar de los elevados precios, la empresa estatal tiene un déficit de 5,3 billones de dólares en su flujo de caja para 2006 (no sorprende, pues, que PdVSA tenga planes de emitir más de 5.000 millones de bonos corporativos en los mercados privados). Mientras tanto, el Gobierno de Chávez ha anunciado planes para gastar 38.000 millones de dólares solo en julio de este año (más de dos tercios de los ingresos de PdVSA para todo el año) y más de dos veces sus ingresos anuales durante la primera mitad de 2006.

Según fuentes del sector, debido a la caída en la producción en muchas zonas maduras y en pozos que se cierren por falta de mantenimiento, Venezuela tendrá que añadir 400.000bd en nueva capacidad de producción cada año –y durante muchos años– simplemente para estabilizar su producción a los niveles actuales. Pero el presupuesto actual de PdVSA propone gastos en programas sociales de 8.200 millones de dólares, un 67% más que en inversión en exploración y producción. Y no ha habido ningún descubrimiento significativo en el sector petrolífero venezolano durante los últimos años.

Aunque Chávez no es el diablo que describen en tonos apocalípticos tanto los estrategas norteamericanos como los ejecutivos del sector petrolífero internacional, tampoco muestra señales de actuar con la prudencia y astucia mencionada por Adrián Lajous (en la cita al principio de este análisis) como esencial para que los países productores aprovechen el nuevo contexto del mercado petrolífero internacional y el aumento de influencia que este cambio les proporciona. Sin un cambio significativo en el rumbo de PdVSA y en la política petrolera del Gobierno venezolano, la apuesta prudente por parte de un observador externo sería la de esperar una caída –más rápida o más lenta– en los niveles de producción del país.

Este eventual resultado de la evolución actual del sector sería mucho más grave para el mundo que cualquier hipotética desviación del petróleo venezolano hacia China o cualquier hipotética imposición geopolítica en América Latina por parte de Chávez a través del soñado “Gran Gasoducto del Sur”. Más reducciones en la producción venezolana podrían contribuir significativamente a la inestabilidad del mercado petrolífero mundial, donde hay muy poca capacidad ociosa y donde también hay una carencia de inversión suficiente para aumentar la producción mundial de forma adecuada para satisfacer la demanda proyectada en los años futuros.

Paul Isbell
Investigador principal de Economía Internacional, Real Instituto Elcano



LA FIEBRE PRIVATIZADORA


Amylkar D. Acosta M[1]

Aunque el saldo que le queda en inventario al Estado colombiano es supremamente reducido, tanto el presupuesto como el Plan de inversiones del gobierno siguen apoyándose en los recursos que se generan a través de sus planes privatizadores. Esta política ha estado inspirada en la concepción reaganiana de “rodar hacia atrás el Estado”, rediciéndolo a su mínima expresión. Se empezó por privatizar el sistema telefónico y luego se extendería a todas las demás actividades que antes eran privativas del Estado y se terminó por privatizar hasta la guerra a través de los outsoursing. La década de los 80 y de los 90 estuvo marcada por la reaganomics y el Thatcherismo, los cuales sirvieron de base al fracasado Consenso de Washington, que tuvo en las privatizaciones uno de sus dogmas.
Congruente con el malhadado Consenso de Washington, las privatizaciones no podían faltar en el recetario del FMI, su punta de lanza. Colombia no ha sido la excepción y desde que se firmó el primer Acuerdo con el Fondo se dejó establecido que “el programa de privatización de Colombia, que se ha estado adelantando desde principios de la década de los 90, tendrá un impulso durante el primer año del programa, pues se espera vender varias empresas grandes… el Gobierno se valdrá de las ganancias de la privatización para ayudar a financiar el programa en el 2000 y en menor grado en el 2001”. Es más la venta de las empresas del Estado no ha estado encaminada a reducir el déficit del gobierno central, que sigue vivito y coleando, sino sólo para financiarlo.
Cabe, también, resaltar la ambivalencia de la doctrina neoliberal, que suele atribuir al déficit fiscal los más funestos efectos sobre la inversión privada, dado que ello conduce a un mayor endeudamiento por parte del Estado, lo que a su vez, se traduce en una retracción del crédito a la empresa privada. Es el efecto, que se ha dado en llamar crowding out. Mientras tanto, pasa por desapercibido el hecho de que la privatización de las empresas públicas termina produciendo ese mismo efecto, pues los recursos que comprometen los particulares en adquirirlas, se dejan de invertir en la creación de empresas nuevas. Como lo afirma el ex contralor Carlos Ossa, “no ha sido buena la experiencia de las privatizaciones. Se ha vendido para destruir el patrimonio público, para tapar el hueco fiscal, no para soportar más la infraestructura física o social del país”. Dicho de otra manera, lo que se ha producido en el país a consecuencia de las privatizaciones es una descapitalización colosal del Estado, porque activos productivos como Telecom, Ecogas han terminado en manos de particulares y el producido de la venta ha terminado cebando la bomba del galopante gasto público.
Es más, al privatizar activos del Estado que, como la Refinería de Cartagena y Erogas, le generaban importantes ingresos sanos a la Nación, los cuales tendrán que suplirse con más impuestos o más endeudamiento, porque no se puede pretender comer carne y seguir tomando leche de la misma vaca o, como lo dicen los ingleses, no se puede al mismo tiempo tener un pastel y comérselo! No se puede perder de vista que lo que se percibe por concepto de las enajenaciones se trata de ingresos no recurrentes, con los cuales se pretende financiar gastos permanentes, lo cual se convierte en una fuente de desequilibrio fiscal. Ahora que ya hemos salido a vender las llamadas acertadamente "las joyas de la corona", cabe preguntarse cómo va a hacer el gobierno hacia el futuro, cuando termine de rematar el saldo que queda de las empresas del Estado en realización, para seguir tapando el hueco fiscal, porque esta dejará de ser una las fuentes de su financiamiento.

Bogotá, febrero 16 de 2007
www.amylkaracosta.com



Energía, El as bajo la manga


Artículo publicado en el último número de la revista Dinero de Colombia.

El carbón enfrenta un futuro extraordinario ante el crecimiento de la demanda mundial de energía. Los jugadores en Colombia están listos para aprovechar el momento. Vea también el especial multimedia sobre cómo se obtiene el carbón.
En 1980, cuando León Teicher era vicepresidente de mercadeo y ventas de Carbocol, el carbón era la cenicienta de los minerales en Colombia. El país producía 5 millones de toneladas en 1.500 minas y apenas exportaba 300.000 toneladas. Se acababa de declarar la comercialidad del megaproyecto del Cerrejón, en la Guajira, el primer complejo carbonero del país, y el tamaño de la inversión, US$3.300 millones a partes iguales entre la Nación por intermedio de Carbocol y ExxonMobil por intermedio de Intercor, era el centro de agitados debates políticos. "Los compradores mundiales no imaginaban que había carbón en Colombia ni que un proyecto de esta magnitud impactaría el mercado internacional. Teníamos que hacer un esfuerzo enorme para que la gente en el mundo reconociera a Colombia como un posible proveedor", explica Teicher. Cómo cambian las cosas. Para entender la diferencia con la época actual, Teicher hace una comparación: "sería como haber tratado de vender un teléfono celular en 1986 y compararlo con venderlo hoy", explica. "La presencia de Colombia en el mercado internacional en la actualidad es muy importante y Cerrejón es uno de los grandes jugadores en el mercado mundial. El año pasado, participamos con el 12% de las ventas del mercado del Atlántico", afirma. Pasados 27 años desde su primera experiencia con el carbón, Teicher está de nuevo en el sector como presidente de Cerrejón y este producto, la cenicienta de los años 80, es la joya de la corona de las exportaciones colombianas. El país exportó el año pasado 60 millones de toneladas, el carbón es el segundo producto de exportación del país (le quitó el puesto al café) y es el tercer generador de divisas después del petróleo y las remesas. En él están puestas las expectativas del gobierno para compensar el esperado detrimento de las divisas del petróleo. Desde el año 2000, la cotización del carbón en los mercados internacionales se ha movido en rangos de US$50-US$60 por tonelada (en contraste, en los años 80 se transaba entre US$20 y US$30 por tonelada). La rentabilidad del negocio mejoró y esto ha motivado a los inversionistas extranjeros a desarrollar planes de inversión con la mira puesta en los mercados internacionales. "Los ojos del mundo carbonero están en Colombia. Las grandes empresas y también otras de menor tamaño están mirando el mercado colombiano. En todos los foros mundiales se muestra a Colombia como una potencia exportadora de carbón", explica Augusto Jiménez, presidente de Drummond. No todo el panorama está despejado. Si bien el uso del carbón es creciente en el mundo, debido a los altos precios del petróleo, al mismo tiempo que aumenta su uso, también hay una creciente polémica por sus implicaciones ambientales, debido al alto contenido de CO2 que produce el carbón. En Estados Unidos, se anticipa que la nueva mayoría demócrata en el Congreso impondrá pronto cambios sustanciales en la legislación ambiental de ese país, los cuales tendrán consecuencias importantes para el mercado del carbón. De la misma manera, las consideraciones ambientales en Colombia son un factor crítico para el desarrollo de la industria. El carbón colombiano tiene que prepararse para estos cambios en el entorno, si quiere hacer realidad todo su potencial de generación de divisas. Tierra de gigantes En el carbón, todo es enorme. El visitante que llega por aire solo siente gradualmente la extraordinaria magnitud de la explotación de carbón. Al sobrevolar la zona carbonífera del Cesar, primero el azul del cielo y el verde de los cultivos se combinan con el color plateado de las minas, pero poco a poco el haz plateado domina el paisaje. En el Cesar se divisa la gran mina de Drummond, rodeada por pequeñas islas como La Francia, de Coalcorp, y la Jagua de Glencore, así como otras minas pequeñas. La mina de la Guajira es incluso más grande. Desde un avión no es posible divisar sus límites; se necesita una foto satelital para ver sus fronteras al mismo tiempo. Una vez en tierra, la inmensidad del trabajo minero se revela en las grandes avenidas de tierra apisonada, de más de 20 metros de ancho, donde las camionetas de doble cabina parecen escarabajos al lado de los gigantescos camiones que recorren el área. A pesar de la gran cantidad de gente que trabaja en estas minas, el visitante difícilmente encuentra en el recorrido una persona de carne y hueso. Desde una camioneta es muy difícil divisar a los conductores de camiones, palas y buldózeres. Tan solo las llantas de estos vehículos alcanzan los 3,40 metros de altura y no hay contacto visual con ellos. Gonzalo Darío Zabaleta, quien opera uno de estos gigantescos camiones para Drummond, que tiene 8 metros de ancho y 12,9 metros de largo, con capacidad para cargar 200 toneladas, dice que "a este equipo lo llamamos la oficina. Tiene buen aire acondicionado. Son camiones suaves, de 6 cambios hacia adelante, hidráulicos. Hay que tener cuidado con el ancho, y el mayor riesgo es reversando", explica. El visitante sigue avanzando y pronto las proporciones que había logrado acomodar en su cabeza vuelven a ser superadas. Al llegar a los miradores de las minas, los enormes camiones que se veían en la carretera lucen diminutos, ya que los huecos que se abren para sacar carbón superan los 164 metros de profundidad bajo el nivel del mar. Es difícil asimilar las proporciones de estas gigantescas excavaciones. Tal vez se entienden mejor cuando alguien explica que, cada seis meses, Cerrejón mueve tanto material como el que se movió en la construcción del Canal de Panamá. Dependiendo de la tecnología y del tipo de suelo, por cada tonelada de carbón es necesario extraer entre 6,5 y 15 toneladas de suelo estéril. "Este balde mueve 90 m3 en 45 segundos", explica Hugues Ortega, quien supervisa el manejo de la dragalínea más grande que hay en América Latina y que es propiedad de Drummond. El tamaño de estas explotaciones se refleja en la magnitud de las inversiones. El 32% de la inversión extranjera directa en Colombia a septiembre de 2006 correspondió a la industria minera y casi la totalidad de esta suma va a proyectos carboneros. Cerrejón ha invertido US$500 millones en los últimos tres años y para 2007 tiene inversiones programadas por US$350 millones. Drummond invertirá en los próximos dos años cerca de US$1.100 millones en la apertura de las minas de El Descanso, Rinconhondo, Similoa y la Jagua; en la ampliación del puerto a 70 millones de toneladas y en la construcción de la segunda línea férrea de Fenoco, donde es socio mayoritario. Coalcorp, el recién llegado, tiene un presupuesto de US$400 millones para empezar a explorar y hacer crecer la producción en La Francia y la Caypa. Además, este año hizo una alianza con BHP Billiton para explorar nuevas zonas en Boyacá, Cesar y Santander. BHP Billiton va a invertir US$15 millones en los próximos tres años para la exploración de esas minas. Ante el crecimiento de la demanda mundial, las compañías mineras tienen ambiciosos planes de crecimiento. Cerrejón, que produjo 27,5 millones de toneladas el año pasado, va a producir 31,5 millones este año, y 32 millones en 2008. Drummond, por su parte, pasará de 22 millones de toneladas a 26 ó 28 millones este año, dependiendo de si es posible iniciar las obras en la mina de El Descanso, que está pendiente de recibir la licencia ambiental. Glencore espera mover 11,5 millones de toneladas en 2009 y 14,4 millones en 2010, entre su producción directa y la comercialización de otras minas. La carrera por el crecimiento se aprecia en los múltiples cambios de propiedad en el sector desde que se inició la explotación en gran escala en Colombia. Ninguno de los socios que empezaron el negocio carbonero en el país permanece. El consorcio conformado por las tres compañías mineras más grandes del mundo —la australiano-inglesa BHP Billiton, la sudafricana Angloamerican y la suiza Glencore (que en 2006 fue sustituida por la también suiza Xtrata)— compró Carbocol en 2000 e Intercor en 2002. Además, se desarrolló la minería a cielo abierto en el Cesar, donde la estadounidense Drummond entró en 1989 y la suiza Glencore abrió la mina de Calenturitas en 2004. Glencore compró en 2005 en el Cesar la mina de la Jagua de Ibirico por US$110 millones al Grupo Empresarial Antioqueño, y en 2006 adquirió la mina Consorcio Mineros Unidos. Por su parte, el grupo canadiense Americoal adquirió a finales de ese año Carbones del Cesar, y el también canadiense Coalcorp compró el 7 de febrero de 2006 la mina La Francia en el Cesar, y la Caypa en la Guajira. Los márgenes del negocio dependen del tipo de minería, la constitución del yacimiento, el tipo de tecnología y la eficiencia y productividad que se logren. Uno de los factores que más afecta la competitividad es el costo del transporte. La tonelada de carbón puesta en puerto colombiano puede costar US$50, pero puesta en Rotterdam alcanza los US$70 por el transporte marítimo. Internamente, el costo de movilización puede estar entre US$10 y US$15 por tonelada, lo que significa que casi la mitad del costo se lo está llevando el transporte. La pelea por los compradores es a muerte y en ella, el precio es decisivo. Las compañías están en una carrera permanente por aumentar la productividad y la eficiencia en todo el proceso. La demanda internacional Esta acelerada expansión ocurre en respuesta a las tendencias del mercado internacional. La nueva dinámica de los países en desarrollo se refleja en la fuerte expansión esperada de la demanda de energía hacia el mediano y largo plazo. El carbón se beneficia de esta tendencia, pues es competitivo frente al petróleo por los altos precios de este último y por las políticas que buscan diversificar el origen de los energéticos en los países desarrollados. Y también tiene ventajas frente al gas, porque es un combustible más eficiente y porque hay importantes restricciones logísticas para llegar con el gas hasta los sitios de consumo en muchos países. La demanda de carbón tiene un crecimiento acelerado. De acuerdo con la Energy Information Agency, de Estados Unidos, mientras que la demanda global creció 12% entre 1990 y el año 2003, se estima que el crecimiento será de 44% entre 2003 y 2015. Para el año 2030, el consumo de carbón en el mundo será el doble del de hoy. El principal factor que explica el actual dinamismo de precios es la fuerte demanda de los países asiáticos. El comercio internacional de carbón movió unos 550 millones de toneladas el año pasado, un crecimiento de 19,5% frente a 2005, según las empresas del sector. De esta suma, los países asiáticos demandaron 340 millones de toneladas, 17% más de lo que compraban dos años atrás. Tan solo Japón importó 110 millones de toneladas. Por otra parte, el mercado de Estados Unidos se ha dinamizado recientemente, porque las plantas de generación de energía, que estaban usando gas, se han volcado al carbón. Aunque este país es un gran productor de carbón, tiene problemas logísticos para conectar sus centros de producción con los de demanda. Colombia se ha beneficiado de ese nuevo mercado. Este año, por ejemplo, el 20% de las ventas totales de Cerrejón se dirigió a Estados Unidos, mientras que hace 5 años le vendían menos del 5%. Y la compañía estima que en 2 ó 3 años, Estados Unidos será el destino de cerca del 30% de sus ventas. El gran obstáculo para consolidar las posibilidades del carbón en el mercado global en el largo plazo es su impacto sobre el ambiente. Las plantas eléctricas de carbón producen casi el doble de las emisiones de CO2 que las plantas de gas natural. A medida que aumenten las presiones en el mundo para limitar el calentamiento global, será necesario introducir tecnologías que limiten las emisiones de CO2. Estas tecnologías van desde el lavado del carbón antes de utilizarlo en la planta hasta la captura y almacenamiento del CO2 para impedir que se mezcle con el aire del ambiente. Estas tecnologías implican incrementos en costos que podrían reducir la ventaja del carbón frente a otros combustibles. Por su parte, la presión política para limitar el calentamiento global está aumentando con rapidez. Estados Unidos ha sido el país desarrollado más reacio a asumir el problema del calentamiento global. Sin embargo, el clima político ha cambiado. A finales de enero, se supo que 10 de las más grandes compañías de Estados Unidos, entre las que se encuentran Alcoa, General Electric y Lehman Brothers, han presionado al presidente George W. Bush para que tome acciones más agresivas en el cambio climático. En su discurso del Estado de la Unión, Bush anunció que una de sus banderas iba a ser aumentar la investigación de energías limpias y que haría una mayor inversión en plantas de carbón con cero emisión, energía solar y energía nuclear segura. El propósito es reducir con esas tecnologías la importación de combustibles del Medio Oriente. En el Congreso de Estados Unidos se espera un buen número de iniciativas destinadas a reducir el calentamiento global. Nancy Pelosi, la nueva líder de la Cámara de Representantes, ha dispuesto la creación de un comité para analizar el calentamiento global. Este semestre, distintos congresistas demócratas presentarán proyectos de ley que incluyen medidas para la reducción de emisiones de CO2. Entre los nombres que respaldan estos proyectos están John McCain, republicano que ha sido candidato a presidencial, y Barack Obama y Hillary Clinton, los dos principales candidatos por el partido Demócrata a la presidencia en 2008. Las propuestas incluyen desde límites a las emisiones que las empresas pueden realizar, hasta impuestos sobre el uso del carbón. Todas estas ideas se reflejarían en reducciones en la demanda en el largo plazo. Tensión local En Colombia, la producción de carbón también ha generado varias polémicas en relación con el medio ambiente. Una de ellas se debe al transporte del carbón del Cesar en camiones hasta el puerto de Santa Marta, ya que hasta el año pasado Drummond era la única empresa que podía usar el transporte por vía férrea. "El transporte de carbón se ha convertido en un tremendo problema de inseguridad y de contaminación. La entrada a Santa Marta se ha convertido en un garaje de tractomulas, llanterías, cambio de aceite, todos los negocios que trae ese tipo de operación, lo cual es absurdo para el turismo", afirma Alfredo Diazgranados, presidente de la Cámara de Comercio de Santa Marta. Esta problemática estaría pronta a resolverse, ya que todas las compañías carboneras del Cesar se hicieron a la conexión férrea hasta el puerto, mediante la compra de Fenoco y están invirtiendo para mejorarla. Por ahora, se aumentó la capacidad de transporte férreo de 22-25 millones toneladas a 35 millones de toneladas. Sin embargo, mientras se termina de ampliar la vía y se construye la segunda línea (que demanda una inversión de US$350 millones), por un tiempo, las compañías diferentes a Drummond continuarán enviando su carbón al puerto en camiones. El problema candente en este momento, y para el cual no se ha llegado a una solución, es el efecto que sobre el turismo tiene el transporte del carbón en barcazas desde el muelle hasta los buques que lo llevan a los mercados de destino. Hoy operan tres muelles carboneros; uno en inmediaciones del aeropuerto en Santa Marta (Prodeco), y dos en Ciénaga, el de Drummond y el de Cementos Argos. Como la bahía es poco profunda, los buques tienen que anclar lejos de la costa y el carbón es llevado en barcazas hasta ellos, a diferencia de lo que sucede en la Guajira, donde la profundidad del puerto permite el cargue directo. Esto genera problemas de contaminación por emisiones y también de contaminación visual. Para contrarrestar la primera, en el momento de verter el carbón sobre estas embarcaciones se riega abundantemente con agua para impedir que el polvillo se escape durante la travesía. "La percepción es que el impacto de la contaminación es más bajo en comparación con el que se tenía hace 4 años", señala Alfredo Diazgranados. En cuanto a la contaminación visual, no hay nada qué hacer: desde la bahía, las barcazas se ven como grandes bloques negros, ya que el carbón va al aire libre. Esto tiene un significativo impacto porque les resta atractivo a las playas de Santa Marta como destino turístico. El gobierno, como lo ha expresado el presidente Uribe, tiene como objetivo que las empresas carboneras se trasladen rápidamente al cargue directo. Esto implicaría hacer obras de profundización del calado o construir muelles de unos 5 kilómetros para llegar directamente a los buques. "El gobierno nacional siente que en Santa Marta hay un fuerte deseo de impulsar el turismo en esa región. Los puertos carboneros tienen que coexistir con esa otra vocación. La decisión del gobierno es que tiene que haber cargue directo y se está hablando con los concesionarios para optimizar esos puertos", dice enfáticamente Beatriz Uribe, directora de minas del Ministerio de Minas y Energía. El objetivo es que haya pocos puertos carboneros (ojalá uno solo) más grandes, más eficientes y que tengan menor impacto ambiental y mayor compatibilidad con la industria turística. Las concesiones que se han entregado para la explotación autorizan el uso de barcazas. En la medida en que las concesiones vencen, sería posible introducir la nueva obligación de construir muelles o profundizar el calado del puerto para llegar directamente a los buques. Sin embargo, las concesiones tienen distintas fechas de vencimiento, de modo que unas empresas enfrentarían la obligación de hacer estas cuantiosas inversiones antes que otras. De hecho, la concesión de Glencore expira en 2009 y tendría que renovarla bajo las nuevas condiciones y asumiendo las inversiones antes que sus competidores. Algunos consideran que, si las demás compañías no van rápidamente a cargue directo, se estaría generando competencia desleal basada en regulaciones gubernamentales. No obstante, funcionarios del gobierno sostienen que esto no es así, porque son dos situaciones distintas, y todas las empresas tendrán que cambiar las condiciones de cargue, tarde o temprano. El único cargue directo en la zona es en la Sociedad Portuaria de Santa Marta, que junto con Carbosan acaba de invertir US$20 millones en dragado y mejoramiento de muelles, y ya eliminó las barcazas. En noviembre, recibió la certificación ISO14000, por parte de SGS International. Ese puerto mueve 2,4 millones de toneladas de carbón. "Nosotros presentamos un proyecto al Mintransporte de un puerto con capacidad de hasta 30 millones de toneladas, para prestar el servicio de cargue directo", explica Mauricio Suárez, gerente de la Sociedad Portuaria. Es prioritario llegar a un acuerdo sobre el cargue directo, porque la incertidumbre podría aplazar las decisiones de inversión en los puertos. Si no hay humo blanco sobre el tema este año, se generaría un nuevo cuello de botella para el crecimiento de las exportaciones, que según el gobierno deben rondar los 100 millones de toneladas en 2019. Para algunos analistas, si bien las inversiones que se requieren para el cargue directo son cuantiosas, su viabilidad dependerá de cómo se negocie con el gobierno, ya que un aumento en el período de la concesión podría compensar el esfuerzo actual. Todavía hay otro punto de polémica regional, alrededor de la ubicación del puerto, pues Santa Marta y Ciénaga se disputan las regalías. El mayor puerto carbonero (el de Drummond) está en Ciénaga, pero si se opta por una sola terminal, ambas ciudades van a pelear por ser las escogidas. De hecho, Santa Marta cree que si se pagan regalías en Ciénaga por el puerto, se deberían pagar regalías en Santa Marta porque el cargue a los buques se hace en aguas territoriales de la ciudad. Santa Marta ya obtuvo una regalía por el paso de los camiones cargados con carbón por su territorio. Entretanto, en las minas, el trabajo sigue. Las instalaciones funcionan 24 horas, en turnos de 12 horas, de domingo a domingo, incluso los festivos, 362 ó 364 días al año, dependiendo de la compañía. Los descansos para almorzar son de media hora. No se puede parar. El carbón ha convertido a Colombia en un jugador estratégico en uno de los mercados energéticos más importantes del mundo, en un momento de crecimiento acelerado de la economía global. El potencial está ahí, pero para alcanzarlo se requiere redoblar los esfuerzos y superar retos que nunca se vivieron en el pasado.

[1] Ex presidente del Congreso de la República