CONTENIDO
• La privatización de la política, Jaime Lopera Gutiérrez.
• La curiosidad no mató a este gato, Amy Goodman.
• Otra fuente de riqueza: la creatividad, Ariel Armony.
• Una loable iniciativa, Amylkar Acosta Medina.
• ¿Infiltrada mata videos?, Juan Manuel López Caballero.
• Las 10 compañías de semillas más importantes del mundo, Ecoportal.
• Bien por Antioquia, Ramón Elejalde Arbeláez.
• ¿Por qué Ud. piensa lo que piensa?, Manuel Cruz.
• Holomodor en Ucrania, Oleksandr Nykonenko.
• La nueva factura petrolera, José Antonio Rojas Nieto.
• ¿Nueva guerra fría? ¿Y el gas?, Antonio Gershenson.
• Cambio climático: América Latina pasa cuenta al mundo rico, Mario Osava.
• Qué lástima, Octavio Quintero.
• Iván Marulanda y el enfrentamiento Uribe-Chávez.
• Quien gana en la guerra contra la droga, Juan Gabriel Tokatlian.
• La verdad, Presidente; Rafael Guarín.
• Leer refresca, César González Muñoz.
Jaime Lopera/ LA PRIVATIZACION DE LA POLÍTICA
Desde el gobierno de la señora Thatcher en Gran Bretaña y la caída del muro de Berlín en adelante, un maremoto invisible se ha venido causando en el mundo bajo el nombre de globalización, y todas sus secuelas, en los diversos ámbitos de nuestras sociedades.
En efecto, la privatización se instituyó como una especie de alianza entre el Estado y el sector privado para sacar adelante varios problemas con los cuales las políticas públicas ya no podían bregar. Por ejemplo, como los costos del trabajo amenazaban los beneficios de las empresas, surgió el argumento de la flexibilización laboral para matizar la cuestión.
Pero el nuevo capitalismo del presente milenio, adornado con una tecnología de comunicaciones eficaz y veloz, que impregna a todos los países, reclama más competitividad para avanzar en esa privatización que opaca el peso de los intereses públicos. Por lo tanto, los lemas de esta época (eficiencia y competitividad) son hoy incontrovertibles, permitiendo que el Estado se quede atrás observando como se entregan parcelas de su gestión para que los privados las administren mejor (v.g., concesión de vías y colegios).
Como era inevitable, este movimiento finisecular ha tocado a la política. La compra de votos es el más elocuente símbolo de la competitividad. Como las ideologías se han vuelto gaseosas, y el pragmatismo siempre está a la caza de resultados, surge la consigna de que el fin justifica los medios, una máxima maquiavélica que solo se aplicaba a las competencias comerciales entre los venecianos y los genoveses italianos.
La compra de votos es el epítome de la privatización de la política. De ahora en adelante, la tarea del político consiste en recuperar sus gastos (al precio que sea), rivalizando con peripecias inimaginables y corrupciones fáciles. Como la ideología era el escudo protector de tales desafueros, y ya no existe, le queda fácil al actor suprimir sus fundamentos morales y lanzarse al ejercicio de la política: un diputado decía que renunciaba a su reelección en la Asamblea porque en el Concejo eran mejores los negocios.
Eso es lo que nos espera en los próximos años. Como los intereses se confunden entre los que están adelante y los que están detrás de las ventanillas, cada uno pujando en su favor en competencia por los mejores beneficios, la privatización de la política será en adelante el más indecente modelo de gobernabilidad.
La curiosidad no mató a este gato
Publicado el 13 de Noviembre de 2007, Amy Goodman, Democracy Now.
"He sido más o menos reconocido por haber honrado las vidas de aquellos de nosotros que no han sido honrados; por dar voz a una cara entre la multitud”. Esa es la frase con la que comienzan las esperadas memorias de Studs Terkel, tituladas “Touch and Go” (Nada es Seguro). Hice una peregrinación hasta Chicago para ver a Studs Terkel, uno de los mejores periodistas, entrevistadores y narradores del siglo XX.
Después de escribir una decena de libros, ganar el Premio Pulitzer, producir una obra de teatro en Broadway, ganar la Medalla de la Fundación Nacional del Libro por su Distinguida Contribución a las Letras Estadounidenses, ser reconocido con el Premio a la Trayectoria George Polk y con la Medalla Presidencial Nacional de Humanidades, y después de presentar durante casi medio siglo un programa de radio diario en la emisora WFMT de Chicago, Studs ha escrito sus memorias a los 95 años de edad. “Grabo, luego existo”, escribe. “Grabo, luego existen. ¿Quiénes son ellos, los etcéteras de la historia, raramente merecedores de una nota a pie de página? ¿Quiénes son aquellos a los que rara vez los poetas han cantado?”
Aunque ganó su Pulitzer por “The Good War” (La Guerra Buena), su historia oral sobre la Segunda Guerra Mundial, afirma que hay una generación mejor:
“Fue en los años 60, era el momento del movimiento por los derechos civiles, esa generación floreció, al menos por un tiempo, y hubo un auge, un resurgimiento, era el momento del feminismo; los gays y lesbianas salieron a la luz como personas libres. Esa fue, creo yo, la mejor generación”.
A pesar de que es un hombre del siglo XX, sigue escribiendo sobre el siglo XXI. De hecho, acaba de demandar a AT&T por colaborar con el gobierno en las escuchas telefónicas ilegales.
Terkel asegura que esto no es nuevo. Fue víctima de espionaje en la década del 50, durante la era McCarthy. Sobre los espías del gobierno y sus aliados en las empresas de telecomunicaciones, los anteriores y los actuales, Terkel dice:
R20;Son antiestadounidenses. Thomas Paine, el más elocuente visionario de la Revolución Estadounidense, habla sobre un país en el que cualquier ciudadano común puede mirar a un rey y decirle: ‘¡Piérdete!’ He conocido esto antes, porque mi teléfono fue intervenido en los días en los que la palabra clave era ‘comunista’”.
A causa de sus opiniones, Terkel apareció en las listas negras y perdió su programa, “Stud’s Place” (El sitio de Stud). Entonces, la legendaria cantante afroestadounidense de gospel Mahalia Jackson insistió en que Stud fuera contratado como presentador de su programa. La CBS exigió que Terkel firmara un juramento de lealtad. Cuando se negó a hacerlo, amenazaron con despedirlo. Ella les dijo: “Miren, si despiden a Studs, búsquense a otra Mahalia Jackson”. La CBS se echó atrás. Studs recuerda lo sucedido: “¿Sabes qué pasó? Nada. Tienes que hacerles frente hasta que se echen atrás”.
Terkel es un feroz crítico de la administración Bush, pero también de la falta de conocimiento del contexto histórico de la sociedad estadounidense, que ha permitido a este gobierno persistir en su comportamiento, atacar Irak, planear un ataque contra Irán:
“¿Cómo puede ser que al final de la Segunda Guerra Mundial fuéramos la nación poderosa más respetada del mundo? ‘Respetada’ es la palabra clave. Hoy somos la más despreciada. ¿Cómo es posible? El propio pueblo estadounidense no tiene memoria del pasado. Gore Vidal usa la expresión ‘Estados Unidos de Amnesia’. Yo digo “Estados Unidos de Alzheimer”. ¿Qué es lo que sabemos sobre por qué estamos en Irak? Ellos dicen: “cuando atacan nuestra política, están atacando a nuestros soldados”. Al contrario, se trata de defenderlos. Darles la bienvenida cuando vuelvan a casa con sus familias. La guerra se construyó sobre una mentira obscena. Eso lo sabemos ahora. Esta falta de conocimiento de la historia se nos ha negado”.
Uno de los grandes oyentes del siglo pasado, Studs Terkel, está perdiendo su capacidad auditiva. Studs me dijo: “Cuando Robert Browning escribió ‘Ven y envejece junto a mí, lo mejor está aún por llegar’, estaba mintiendo descaradamente. Pero lo que sí puedes conservar es la memoria”. Su memoria casi fotográfica es igualada únicamente por su continuo y apasionado interés por la vida de la gente y los movimientos que consiguen mejorar esas vidas. Studs bromea: “Mi epitafio ya ha sido escrito: La curiosidad no mató a este gato”. Ya está trabajando en su próximo libro.
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Amy Goodman es la presentadora de Democracy Now! (www.democracynow.org), noticiero internacional diario emitido por más de 500 estaciones de radio y televisión en Estados Unidos y el mundo.
© 2007 Amy Goodman
Otra fuente de riqueza: la creatividad
Ariel C. Armony, LA NACION, Buenos Aires, noviembre 22 de 2007.
El ingenio popular es una fuente de riqueza. El desmerecido “lo atamos con alambre,” muchas veces una solución original a un problema cotidiano, puede transformarse en la semilla de miles de pequeñas y medianas empresas. La “receta de la abuela” puede ser la base de una gama de productos en el multimillonario mercado de la salud o la alimentación.
Este mundo de ideas no nace en los laboratorios de investigación científica, las aulas universitarias o las oficinas de las multinacionales. Esta creatividad surge de los pueblitos del Noroeste, los barrios humildes del conurbano bonaerense y las comunidades indígenas del Sur, entre muchos otros lugares “marginales” en la economía creativa del siglo XXI.
La mayoría de las estrategias para generar desarrollo y aliviar la pobreza se basan en un modelo jerárquico que percibe a la población con escasos recursos económicos como un receptáculo para la beneficencia.
Se suele asumir que la capacidad productiva de este amplio segmento social reside únicamente en sus brazos y manos. Sin embargo, transformaciones revolucionarias en los mercados y nuevas ideas sobre el valor del conocimiento han abierto la puerta a posibilidades de desarrollo inimaginables unos pocos años atrás. Si queremos comprender esta dimensión de la globalización necesitamos explicar dos procesos clave.
Para entender el primero es útil pensar en La biblioteca de Babel, relato en el que Borges, en realidad, anticipó Amazon.com.
La biblioteca es la combinación de tres elementos que hoy definen un nuevo modelo económico: selección ilimitada, infinitos anaqueles y disponibilidad absoluta. El único problema con la biblioteca de Borges es su deficiente coordinación de la oferta y la demanda. Según el principio de Pareto, es razonable estimar que el 80 por ciento de la actividad de la biblioteca procedería del 20 por ciento de los libros en el catálogo. Frente a tal distribución, ¿cómo justificar esa gigantesca estructura? ¿Cómo hacer para que millones de libros oscuros encuentren al menos un lector de vez en cuando?
Compañías como Amazon, iTunes o eBay han resuelto el problema. En sus plataformas, las búsquedas son sencillas, ayudadas por recomendaciones basadas en algoritmos. Las obras inútiles siempre encuentran un lector, melómano o coleccionista. El sistema de distribución y venta online basado en el principio del “inventario total” nos ha liberado de la tiranía de los éxitos. Vivimos en un mundo en el que el lector del comentario del evangelio gnóstico de Basílides tiene, como consumidor, tanto poder como el entusiasta de Paulo Coelho.
Chris Anderson, en un famoso artículo en Wired, llamó a este fenómeno la “cola larga”. Se trata de una curva de demanda cuya “cabeza” representa algunos productos de gran popularidad (los éxitos) y una larga “cola” que desciende rápidamente con productos mucho menos populares (los olvidados). El volumen de la oferta disponible y los bajos costos de distribución (sobre todo en el mundo digital) hacen que la combinación de suficientes olvidados pueda generar un mercado tan grande como el de los éxitos. Como dice Anderson, hoy en día el secreto está en vender poco para ganar mucho.
Lo fascinante de este nuevo modelo es su relevancia para el segundo proceso que está gestándose a nivel mundial. Intelectuales y activistas en países del Sur vienen sosteniendo que los pobres en recursos económicos son ricos en conocimiento. En la India, por ejemplo, una red ha recolectado más de 50.000 invenciones y prácticas de conocimiento tradicional. Esta base de datos contiene innovaciones en herramientas y maquinaria agrícola, usos renovables de la energía, medios de transporte y medicinas naturales, entre muchas otras ideas. Todas provienen de individuos y comunidades con exiguos recursos económicos, limitado acceso al sistema educativo formal y ningún apoyo tecnológico por parte del gobierno, de las ONG ni del sector privado.
De acuerdo con el fenómeno de la cola larga, si agregamos el número extraordinario de pequeñas innovaciones surgidas de los sectores menos privilegiados, el resultado podría ser una fuerza global de enormes proporciones. Lo atractivo de esta visión es que plantea una estrategia de desarrollo construida a partir del conocimiento popular, tanto a nivel individual como comunitario. Este modelo de inclusión social alienta el potencial creativo de los usuarios y es sostenible en el largo plazo porque se regenera constantemente y transforma eficientemente lo negativo (la falta de infraestructura y recursos) en innovación tecnológica, institucional, educativa y sociocultural.
Sin embargo, la comercialización del conocimiento de base, así como el intercambio de innovaciones entre comunidades (sin la mediación del mercado), enfrenta una serie de obstáculos complejos. El sistema internacional que regula los derechos de propiedad intelectual impone barreras muy altas para el registro de ideas cuando se tienen pocos recursos. Mientras el microcrédito se ha convertido en un boom de escala mundial, el capital de riesgo disponible para emprendimientos innovadores en la pequeña escala es prácticamente inexistente. La incubación de innovaciones de base es costosa y requiere el apoyo de redes extensas. Las asimetrías en la información perjudican a los sectores de menos recursos, sobre todo porque la comunicación horizontal entre ellos es deficitaria y segmentada.
Estos obstáculos pueden superarse. Activistas en la India, China, Brasil y Sudáfrica están trabajando en la construcción de una red global para el desarrollo de innovaciones de base. Varios países del sudeste asiático están explorando el papel que el Estado puede asumir para promover esta agenda. En los últimos dos años han aparecido plataformas virtuales que posibilitan la ayuda financiera de persona a persona, creando un modelo viable que puede adaptarse al terreno de las innovaciones. La idea es conectar a un inventor en Fortaleza con un inversor en Boston y un empresario en Tokio.
Sería interesante que la Argentina se sumara a este tipo de esfuerzos. Las universidades, sobre todo en el interior del país, tendrían un papel vital en la creación de redes destinadas a la recolección, protección e incubación de innovaciones. El Gobierno podría explorar estrategias de apoyo, tales como la creación de un fondo nacional para la adquisición de insumos tecnológicos, una forma de poner la creatividad local a disposición de la pequeña empresa. Los planes de asistencia podrían reestructurarse con el objetivo de promover el capital creativo de los sectores con menos recursos económicos. Si el Gobierno, empresarios e intelectuales tienen un genuino compromiso con la Argentina profunda, éste es el momento de embarcarse en una agenda real de innovación. Las ideas y condiciones están esperando.
El autor es profesor del Colby College, Estados Unidos.
UNA LOABLE INICIATIVA
Amylkar D. Acosta M
El gobierno nacional presentó una iniciativa de la mayor importancia al Congreso de la República para su trámite, se trata del Proyecto de Ley “mediante la cual se crea un mecanismo de ahorro con los recursos de que trata el artículo 360 d la Constitución Política correspondientes a los departamentos, distritos y municipios y se dictan otras disposiciones”. Nos parece que este Proyecto está bien encaminado y está plenamente justificado, dada la conveniencia y la oportunidad de tomar medidas tendientes a conjurar situaciones críticas en las finanzas territoriales, que pueden presentarse en la medida en que las reservas remanentes, especialmente de crudo, ya traspasaron su punto de inflexión y están en franca declinación. El objetivo fundamental del mismo es establecer un ahorro forzoso de un porcentaje de las regalías directas percibidas por las entidades territoriales por todo concepto, el cual oscilaría entre el 8% y el 12%, “siempre y cuando el respectivo ingreso mensual de la entidad territorial por cada recurso natural no renovable sea igual o superior a 200 salarios mínimos legales mensuales vigentes (SMLMV)” . Con ello, se busca diferir en el tiempo la inversión de parte de las regalías “ahorrando en las épocas de vacas gordas y, de paso, apalancando financieramente el acometimiento de proyectos de largo aliento, perdurables” , como ya nos habíamos anticipado a plantearlo.
Los recursos que se capten por esta vía irán a parar a cuentas individuales de depósito administradas por la Financiera de Desarrollo Territorial S. A (FINDETER), “permitiendo la estabilidad fiscal” de las entidades territoriales en el largo plazo. Se calcula que en el transcurso de los próximos diez años, contados a partir de 2008, se podrán ahorrar $2.49 billones, aproximadamente, de los cuales $1.81 billones corresponderán a regalías provenientes de la explotación de hidrocarburos, $0.63 billones más por concepto de carbón, $40.000 millones de níquel y $10.000 millones correspondientes a metales preciosos. Estos recursos están llamados a “garantizar financiación e impacto en el largo plazo, en sectores que se consideren prioritarios para el desarrollo regional” . La mera existencia de este Fondo, les abriría las puertas para que pudieran acceder “tanto a recursos de cooperación internacional como a los recursos de créditos blandos con las entidades multilaterales, tales como el BID o el Banco Mundial” . El propio Proyecto de Ley le ofrece un mecanismo que, además de expedito resulta muy favorable para las entidades territoriales destinatarias; nos referimos “a las líneas de redescuento ofrecidas por FINDETER a través de instituciones financieras vigiladas por la Superintendencia Financiera de Colombia, podrán tener tasa de redescuento preferencial. Este beneficio se aplicará hasta el monto ahorrado por la entidad territorial” .
No puede ser mejor el momento para tramitar y aprobar tan loable iniciativa, para que esos recursos extraordinarios, que ya se están recibiendo no se los vayan a festinar. No obstante lo plausible de la iniciativa, nos atrevemos a decir que se queda corta, pues a nuestro juicio el porcentaje previsto a descontar por parte de las entidades recaudadoras no consultan ni el precio del recurso ni los volúmenes extraídos, dos parámetros fundamentales a la hora de establecer el plus de ingresos percibidos susceptibles de ahorrar por parte de las entidades territoriales. Por ello, estamos proponiendo que se ahorren los mayores recursos que se reciban por concepto de regalías a partir de un determinado nivel de precio y de producción, pudiendo complementarse con una norma que establezca que, en todo caso, el ahorro no podrá ser inferior al 8% aludido. El Congreso de la República tiene la última palabra. Y una coletilla final: el gobierno nacional debería ser más coherente en su política fiscal, pues resulta inexplicable que mientras promueve el ahorro por parte de las entidades territoriales, por su parte, a través del Plan Nacional de Desarrollo Estado Comunitario: Desarrollo para todos 2006 – 2010 dispuso desahorrar los recursos del Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (FAEP) para financiar el déficit recurrente de las finanzas del gobierno central.
Riohacha, noviembre 19 de 2007
www.amylkaracosta.net
¿Infiltrada mata videos?
Juan Manuel López Caballero.
La noticia a la cual dieron despliegue los medios de comunicación en los últimos días fue la de una ‘infiltrada’ en un curso de Generales.
Las ‘trascendentales’ declaraciones del Ministro Juan Manuel Santos, explicando que la ciudadanía podía estar tranquila porque esa persona no había podido tener acceso a ninguna información secreta que pudiera afectar la ‘seguridad nacional’, y las historias de dónde y con quién había tenido contacto la Mata Hari colombiana cumplieron el propósito de acaparar los noticieros; pero en el fondo igual podría verse como tomadura del pelo o ironía, puesto que a nadie se le ocurre que existe una información secreta que pone en peligro la seguridad nacional, o que en la práctica existe alguna ‘información secreta’ -cuando se sabe que todos los órganos e instituciones tiene infiltrados de todas las corrientes (paras, guerrilla, narcos, Dea, etc)-, y porque los ciudadanos colombianos no creen que su tranquilidad depende de la reserva que supone existir alrededor de los secretos de las Fuerzas Armadas (no por coincidencia los Estados Unidos pide en extradición a quienes vendieron los planes de los movimientos de sus barcos en aguas colombianas).
Al hacer este despliegue minimizaron ante la opinión pública la que podría ser noticia bastante más significativa si dependiera de su peso propio y no del manejo mediático.
En efecto no es poco el significado que tiene la revelación de la asistencia del entonces candidato Uribe a una manifestación del Senador Clavijo –hoy rindiendo cuentas a la Justicia por acusaciones de paramilitarismo- justo 30 días después de que el Comandante paramilitar Baez lo proclamara públicamente como candidato del paramilitarismo, y de la ex representante Rocío Arias, confesa hoy de pertenecer a esos grupos.
A menos que alguien (tipo José Obdulio) quiera proponer que el Dr. Uribe se estaba era infiltrando en esos movimientos para poder desmantelarlos después, ésta sería la confirmación plena de que, además de la empatía con los casi 50 congresistas Uribistas llamados por la Justicia , Uribe concientemente acepto ser respaldado por las supuestas ‘autodefensas’ y que también él a su turno les daba apoyo político.
Pero si al nivel de noticia se logró bajar la importancia a esto, a nivel de la presión que se esta cerrando sobre le Mandatario tiene un significado que seguramente en lo interno los debe preocupar.
Es obvio que el video divulgado por el Polo no fue grabado por alguno de sus miembros. Y si no había aparecido antes es porque quienes lo tenían no habían considerado usarlo (ni siquiera en campañas políticas).
La explicación más plausible es que con su publicación se está enviando un mensaje al Presidente.
Y lo paradójico –y lo que debe tener pensando al Gobierno- es que puede ser de cualquiera de los que son sus aliados, pero que entre ellos están en extremos opuestos.
Lo natural es que los mismos gestores de la manifestación hicieron tal grabación; y lo probable es que también la DEA lo haya hecho o haya tenido acceso a quienes la hicieron.
O sea que el mensaje puede ser de los paramilitares y parapolíticos anunciándole que si su proceso de amnistía no resulta él también puede quedar enredado; o de las autoridades antinarcóticos americanas que esperan la extradición de los capos solicitados y le hacen sentir pasos de animal grande para forzarlo a hacerla.
Las 10 compañías de semillas más importantes del mundo - 2006
20-11-07, No. 324 Ecoportal.
Según sus ingresos en 2006, las 10 compañías más grandes controlaron el 57% del mercado de semillas comerciales, con valor de $13 014 millones de dólares. Las tres compañías principales -Monsanto, Dupont y Syngenta- lograron controlar el 39% del mercado.
Según sus ingresos en 2006, las 10 compañías más grandes controlaron el 57% del mercado de semillas comerciales, con valor de $13 014 millones de dólares. Las tres compañías principales -Monsanto, Dupont y Syngenta- lograron controlar el 39% del mercado, con valor de $9 000 millones de dólares. Las cuatro principales compañías controlaron el 44% del mercado global de semillas comerciales
Monsanto -la empresa de semillas más grande del mundo- tiene la quinta parte (20%) del mercado mundial de semillas comerciales.
La tendencia a la concentración continúa: Según cálculos proporcionados por Context Network, analistas de la industria, el valor total de las ventas de semillas fue de $22 900 millones de dólares en 2006 (incluyendo semillas que se comercian para los programas públicos de fitomejoramiento) (1). En contraste, hace solamente dos años, el Grupo ETC reportó que las 10 compañías más grandes controlaban el 49% del mercado mundial de semillas. En 1996, —hace diez años— las primeras 10 lograban solamente el 37% del mercado mundial, y Monsanto no estaba en esa lista.
Mercado de semillas con patente: La porción del mercado que se adjudican estas 10 compañías es incluso más grande si vemos el mercado de semillas patentadas (las semillas con marca registrada, sujetas a la propiedad intelectual). Según Context Network, el mercado de semillas patentadas tuvo un valor de $19 600 millones de dólares en 2006.
* En 2006, las 10 compañías más grandes controlaron el 66% del mercado de semillas patentadas, con valor de $13 014 millones de dólares.
* Monsanto –la empresa de semillas más grande del mundo— tiene el 23% del mercado mundial de semillas de patente.
* Las tres compañías principales —Monsanto, Dupont y Syngenta— logran controlar el 46% del mercado de semillas de patente, con valor de $9 000 millones de dólares.
* Las cuatro principales compañías controlan más que la mitad (el 51%) del mercado de semillas patentadas, con valor de $10 035 millones de dólares.
Nota: Takii es una empresa privada de semillas con sede en Japón que se especializa en semillas vegetales. La empresa tiene el derecho a no revelar sus ganancias anuales por venta de semillas. Con base en la información disponible, calculamos que los ingresos por venta de semillas de Takii fueron de $425 millones en 2006. www.ecoportal.net
Compañía / Valor de las ventas en 2006 (Millones de dólares)
1. Monsanto (EEUU) + Delta & Pine Land (pro forma) / $ 4 476
2. Dupont (EEUU) / $ 2 781
3. Syngenta (Suiza) / $ 1 743
4. Groupe Limagrain (Francia) / $ 1 035
5. Land O`Lakes (EEUU) / $ 756
6. KWS AG (Alemania) / $ 615
7. Bayer Crop Science (Alemania) / $ 430
8. Takii (Japón) estimación* / $ 425
9. Sakata (Japón) / $ 401
10. DLF-Trifolium (Dinamarca) / $ 352
Biodiversidad en América Latina
www.biodiversidadla.org
¡Bien por Antioquia!
Ramón Elejalde Arbeláez.
Colombia Líder, una institución fundada y patrocinada por importantes entidades gubernamentales, medios de comunicación y representantes de la sociedad civil, decidió crear un premio o reconocimiento a los mejores alcaldes y a los mejores gobernadores del país y entregarlo este año por primera vez. Magnífica la idea, pues reconoce la gestión de funcionarios que hacen de la función pública un verdadero servicio a las comunidades que gobiernan.
Aníbal Gaviria, gobernador de Antioquia; Sergio Fajardo, alcalde de Medellín, y Luis Fernando Ortiz, alcalde de Girardota, merecidamente reciben tan honrosa distinción, que es el reconocimiento a administraciones que han revolucionado el servicio público: la politiquería ya no es la imperiosa actividad de los administradores del Estado, y el manejo de la burocracia para saciar apetitos clientelistas ha dejado de ser el punto central de la actividad de los gobernantes.
Aníbal Gaviria, continuador de la labor de su hermano Guillermo, consolidó proyectos verdaderamente revolucionarios como el programa alimentario de Maná, que en tres años disminuyó la desnutrición en el Departamento en un porcentaje cercano al 90%, pero además cortó la tenebrosa racha de muertes de niños por desnutrición. No podemos olvidar que Antioquia tenía un record poco edificante de un niño muerto por desnutrición cada cuarenta y ocho horas. El programa VIVA es otra revolución pacífica en nuestro medio. Entre gobernación, municipios y beneficiarios se están terminando de construir ciento quince mil viviendas nuevas en Antioquia, en este cuatrienio. Dato impresionante, que demuestra el compromiso del Gobernador por lograr la equidad en su Departamento. Otro aspecto evaluado por los jurados es la otra transformación que la administración Gaviria Correa realizó: Pasamos de veinticuatro municipios con agua potable a noventa y seis y en algunas veredas y corregimientos se instalaron o vienen instalándose plantas de tratamiento.
He escuchado de algunos críticos del gobierno Gaviria, que son pocos, pero existen, sostener un adefesio sin sonrojarse: “Aníbal fue un excelente administrador, pero un regular político”. ¡Qué poco saben de lo que es política! Política es proponer, política es realizar, política es trabajar por la comunidad, política es vender ideas para después realizar en el gobierno. En ese orden de ideas Aníbal Gaviria es un excelente político y un inigualable administrador.
El reconocimiento al alcalde de Medellín, doctor Sergio Fajardo, es otro acierto de los jurados de Colombia Líder. La construcción de cinco parques bibliotecas y de diez colegios en lugares deprimidos de la Ciudad le dio puntos valiosos al momento de seleccionar al mejor alcalde de ciudades superiores a quinientos mil habitantes. Sergio Fajardo se ha comprometido en consolidar la paz en Medellín, haciendo importantes inversiones en las comunas y en los barrios pobres de la Ciudad. Las bibliotecas y los colegios son cómodas, técnicas y hermosas obras que les van a permitir a los desposeídos tener lugares dignos y con la más moderna tecnología, para recibir una educación y una formación igual a la que reciben los hijos de la oligarquía antioqueña.
Luis Fernando Ortíz, alcalde de Girardota, es otro ejemplo de buen administrador. Debe servir su premio para que muchos administradores locales se pellizquen y entiendan que el servicio público es algo más que enriquecerse o esquilmar el erario. Encontró un Municipio endeudado hasta más no poder y logró con el apoyo ciudadano salir adelante y realizar obras de progreso para esta dinámica ciudad del Valle de Aburrá.
Tres ejemplos que les marcan a los sucesores y a los demás alcaldes electos de Antioquia, un punto muy alto y una obligación de superarlos. Es necesario señalar también, que en Aníbal Gaviria y en Sergio Fajardo tiene Antioquia un par de líderes que van a jugar en las grandes ligas y que muy pronto la nación entera se ocupará de sus nombres. Son, merecidamente, las esperanzas de la región para la Presidencia de la República.
Notícula. A raíz del debate sobre la cifra repartidora y el voto preferente, un distinguido amigo distribuyó las curules de la Asamblea de Antioquia por el sistema del cuociente electoral y el resultado fue idéntico al de la cifra repartidora, excepto que el Polo Democrático ganaba un segundo escaño y lo perdía Cambio Radical.
¿Por qué piensa usted lo que piensa?
Manuel Cruz, LA NACION, Buenos Aires, noviembre 22 de 2007.
Hace unos días, en el programa radiofónico en el que colaboro de manera habitual, me preguntaron: “Las ideologías, ¿nacen o se hacen?”, La respuesta inmediata, espontánea, no podía ser otra que ésta: “Las ideologías se hacen, claro está; no nacen como florecillas en el campo, sino que son productos culturales y, precisamente por ello, elaboraciones humanas”.
Cosa distinta y, a mi modo de ver, mucho más interesante, sería preguntarse por los mecanismos por medio de los cuales un individuo, en un momento dado de su vida, opta por un determinado discurso u opción (especialmente política, aunque también podríamos referirnos a otras, de considerable trascendencia en la vida de cada cual).
Una primera respuesta a esta reformulación de la pregunta es la que localiza en estructuras materiales (desde neurofisiológicas a socioeconómicas) la instancia decisiva para entender las opciones que, en el campo de las ideas, van tomando los sujetos. Hace escasas semanas, diferentes diarios españoles informaban que los autores de un trabajo publicado recientemente en la revista Nature Neuroscience aseguraban haber hallado diferencias en el funcionamiento de un cerebro liberal frente a otro conservador.
La sustancia de su tesis era bastante sencilla: el primero reacciona mejor ante los cambios, mientras que el segundo es más rígido. Dudo que ningún lector medianamente culto se sobresaltara –o ni tan siquiera se sorprendiera– ante semejante tipo de tesis. De hecho, desde hace bastante más de cien años venimos oyendo parecidas cantilenas. Todos los cientificismos (biologismo, economicismo, sociologismo…), que estallan en el siglo XIX a raíz del extraordinario desarrollo de las diferentes ramas del conocimiento, creen disponer de la clave de bóveda del edificio del saber y, en la misma medida, se sienten en condiciones de dictaminar qué elemento de la realidad (que suele coincidir, nada casualmente, con el objeto de su propia disciplina) es el que explica de manera más convincente la totalidad de lo que hay.
No quisiera que parezca, en ningún caso, que simplifico unas posiciones que sin duda vienen apoyadas en sólidas investigaciones y que, por añadidura, suelen estar más matizadas de como se las acostumbra a presentar en los medios de comunicación. Pero como los formatos obligan a una cierta rotundidad, habrá que decir que si efectivamente los elementos básicos para entender las diferentes posiciones políticas se encuentran en los cerebros, distintos, de los respectivos individuos, no se comprenden entonces del todo bien las variaciones que experimentan sus opciones políticas a lo largo del tiempo (a no ser que supongamos que sus cerebros experimentan paralelas variaciones, que explicarían, pongamos por caso, los cambios en el sentido de su voto).
Otro argumento análogo puede ser: si la raíz de los comportamientos públicos tiene semejante origen, de una solidez científicamente contrastada, tanto partidos como administraciones y grandes corporaciones podrían establecer, con los medios de que disponen, predicciones de alta fiabilidad acerca de las preferencias y decisiones de los ciudadanos.
En el fondo, tanto éstos como cualesquiera otros argumentos apuntan en una misma dirección, a saber, la de llamar la atención sobre el hecho de que todos estos “ismos” parecen poner en entredicho la autonomía del sujeto, a la hora de tomar sus propias decisiones (en este caso, en el ámbito de las ideas).
Que esa autonomía nunca será una autonomía absoluta, una soberanía sin restricciones, parece fuera de toda duda. Todos somos hijos de nuestro tiempo y de nuestra circunstancia, y no es ésta una afirmación meramente retórica, sino vinculante. O, lo que viene a ser lo mismo, una afirmación que desarrolla unas consecuencias teóricas de alcance.
Probablemente, deberíamos empezar, si asumimos una tal premisa, por renunciar a formulaciones de máximos (y de máximos era sostener que todo –ideología incluida– es cuestión de sensibilidad neurocognitiva), en beneficio de posiciones más ponderadas; del tipo: no nos inventamos por completo, sino que, en el mejor de los casos, nos modelamos. O: no nos creamos de la nada, sino que nos vamos construyendo con unos materiales que no tuvimos la oportunidad de elegir. Somos, como propusiera en su momento el filósofo español Javier Muguerza, preferidores racionales. Imperfectamente racionales, puestos a ponderar todavía un poco más la posición.
Lo que equivale a afirmar que dibujamos nuestras preferencias utilizando todas aquellas herramientas y criterios que nos han sido dados, atribuyéndoles un orden o una prioridad que –ella sí– está en nuestra mano determinar. Podemos abandonarnos a nuestras pulsiones inmediatas (y acogernos a la más liviana e inconsistente de las justificaciones: ¡es que yo soy así!, decimos en tales situaciones) o podemos apostar por una jerarquía de las motivaciones.
Es lo que hacen quienes distinguen, pongamos por caso, entre intereses y razones. La distinción abre una vía sugestiva hacia los comportamientos éticos en todas las esferas de la vida, pero, en particular, en la política. Hace unos años, a una variante de estos comportamientos se les denominaba desclasamiento (podríamos considerar como uno de los padres fundadores de la categoría al propio Karl Marx, consagrado por entero a aportar doctrina emancipatoria a una clase social que no era la suya de origen). Hoy, en que podría resultar ilusorio confiar en la proliferación de actitudes tan generosas, todavía podemos encontrar a nuestro alrededor pequeños gestos que las recuerdan vagamente.
No seremos del todo aquello que venimos obligados a ser por nuestra biología, nuestra cultura o nuestra posición de clase, mientras seamos capaces de anteponer los ideales a los intereses, los valores a las conveniencias.
¿Palabrería grandilocuente? ¿Frase rotunda para intentar rematar con un poco de brillo el artículo? No. Me refiero a eso que hacen tantos ciudadanos cuando apoyan a una fuerza política que no les favorece especialmente (o quizás incluso les perjudica en algún campo concreto), pero que consideran que defiende un modelo de sociedad más justo o más solidario. Sencillo, ¿verdad?
El autor es catedrático de filosofía en la Universidad de Barcelona. Su último libro es Cómo hacer cosas con recuerdos. (Katz Editores)
Holodomor en Ucrania
Oleksandr Nykonenko, LA NACION, Buenos Aires, noviembre 24 de 2007.
¿Con qué y cómo se puede comparar la más grande hambruna maquinada en la historia de la humanidad, que quitó más de siete millones de vidas durante el Holodomor (que significa ‘muerte masiva por hambre’) en Ucrania durante los años 1932 y 1933? ¿Con el bien conocido Holocausto judío, con la matanza masiva de armenios o con las pérdidas humanas de las dos grandes guerras mundiales?
Se trató del exterminio consciente de una de las más grandes naciones europeas, ejecutado en tiempos de paz, en la Unión Soviética, que, para muchos, era el ejemplo de humanismo e igualdad social.
Los motivos de la política del régimen totalitario, que ocasionó el masivo Holodomor extienden sus raíces hasta los acontecimientos que ocurrieron como resultado de la Primera Guerra Mundial: la proclamación de la República Popular de Ucrania, en 1918. Dicho sea de paso, Ucrania fue reconocida por la República Argentina, junto con otros países.
La breve existencia del Estado ucraniano independiente, derribado en 1921 por las bayonetas del gobierno bolchevique, dejó tras de sí un recuerdo entre la clase gobernante soviética en Moscú. El gobierno moscovita estaba interesado en mantener el mayor control posible sobre la región económicamente más desarrollada de la URSS, que era, en aquel entonces, precisamente Ucrania.
Allí vivía la capa más pudiente de la pequeña y mediana burguesía (pequeños y medianos productores), principal opositor a la aplicación de la política gubernamental, la llamada industrialización y colectivización de la economía soviética y, en otras palabras, la forzosa nacionalización de la propiedad privada, que fue el argumento principal para la ejecución de la depredadora política de confiscación de granos, de ganado y de todo tipo de productos alimenticios durante el otoño de 1932 y la primavera de 1933.
El momento culminante del Holodomor se produjo en la primavera de 1933. Entonces, en Ucrania morían de hambre 17 personas por minuto, más de mil por hora, casi 25.000 por día…
Según datos de científicos y expertos, debido al Holodomor la población de Ucrania disminuyó entre ocho y diez millones de personas.
Los criminales siempre piensan, en primer lugar, en cómo esconder su crimen, conscientes del riguroso castigo que les espera si son descubiertos. El Holodomor de 1932 y 1933 en Ucrania fue una acción bien planificada. Los iniciadores y ejecutores entendían perfectamente lo antijurídico de sus actos y por ello se cuidaban de que cualquier prueba sobre ellos desapareciera para siempre o de que fuera bien guardada.
Pero nuestra historia común no puede desaparecer, como no puede desaparecer la humanidad. La real dimensión del Holodomor de 1932-1933 se está incorporando a la conciencia de la sociedad internacional, con el único objeto –puesto que la Unión Soviética, lo mismo que el régimen estalinista, hace mucho que no existen– de rendir un justiciero y sentido homenaje a los muertos y dejar para siempre en la memoria de las generaciones futuras la justa verdad sobre la trágica historia de la nación ucraniana.
Esa historia fue causada por la ancestral aspiración del pueblo ucraniano de vivir de acuerdo con sus tradiciones, de dar a luz y criar sus hijos en un Estado libre y próspero, sin miedo por el mañana.
La masiva destrucción de la población por hambre artificialmente provocada, en los confines de un territorio –ya que las fronteras administrativas de Ucrania eran vigiladas en la primavera de 1933 por el ejército regular y cuerpos de servicio especiales, con el objeto de evitar que la población recibiera ayuda del exterior–, está comprendida, sin duda alguna, en la definición de “genocidio” acordada en la Convención de la ONU de 1948, “Sobre la advertencia del crimen de genocidio y el castigo correspondiente”. Estoy convencido de que denunciar ante la opinión pública mundial y condenar el terrible exterminio de la nación ucraniana, que responde a las características de genocidio, es un sagrado deber de todo consciente ciudadano del planeta, sea ucraniano o argentino. Por ello me es muy grato dejar constancia, con profundo agradecimiento, de que el Congreso de la Nación, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los parlamentos provinciales de Chaco y Misiones, y el Concejo Deliberante de la ciudad de Berisso, ciudad que fue cuna de los primeros inmigrantes ucranianos en la provincia de Buenos Aires, se adhirieron al apoyo solidario de varios países, tales como los Estados Unidos, Canadá, Australia, Georgia, Estonia, Lituania, Polonia, Hungría. Ese apoyo fue extendido también por países latinoamericanos como Perú, Paraguay y Ecuador, por iniciativa del presidente Victor Yushchenko, para obtener, por parte de la comunidad mundial, el reconocimiento del Holodomor, acto de genocidio contra Ucrania. Es que nos guiamos por la conciencia de la rectitud de nuestras acciones, como lo hemos hecho en Nuremberg, condenando a los culpables de la Segunda Guerra Mundial, como hoy condenamos el terrorismo en todos sus aspectos y luchamos por la consolidación de las generalmente aceptadas garantías de seguridad de los derechos del hombre, denunciando nuevos hechos históricos de su violación
El autor es embajador de Ucrania en la Argentina.
VIVA LA MUERTE (2)
MAURICIO CABRERA GALVIS, Cali, Noviembre 25 de 2007
A propósito del artículo de la semana pasada algunos amables lectores me han preguntado sobre la historia del grito de “Viva la Muerte” y por qué lo asocio a la actual situación colombiana. Esta consigna fue inventada por el general Millán-Astray, fundador de la Legión Extranjera española, donde tuvo bajo sus ordenes a Francisco Franco, y posteriormente uno de los aliados más incondicionales del dictador durante la guerra civil y los primeros años de la dictadura.
Millán-Astray se hizo famoso por su osadía en los campos de batalla, donde perdió un ojo y un brazo, por lo que se ganó el apodo del “glorioso mutilado”, pero también por su necrofilia y el desprecio a la vida con el que adoctrinaba a sus soldados hasta convertirlos en máquinas de matar, en autómatas capaces de obedecer las órdenes sin cuestionarlas. A los nuevos reclutas los recibía diciéndoles “habéis venido aquí a morir”, y afirmaba que sus legionarios eran “los novios de la muerte”.
Como dice uno de sus biógrafos, Millán-Astray y Franco imbuyeron a la Legión de implacable salvajismo y los trataban brutalmente, a cambio de lo cual se les permitía dar rienda suelta a su sed de sangre y no ponían límites a las atrocidades cometidas en las aldeas árabes. Otro contemporáneo del general contaba que “Cuando atacaba, la Legión no reconocía límites a su venganza; cuando abandonaba un pueblo, no quedaba más que incendios y los cadáveres de hombres, mujeres y niños”. Parece que estuviera describiendo una de las tantas masacres de los paramilitares colombianos.
Pero el episodio más conocido con esta consigna es el enfrentamiento del general con el gran intelectual español Miguel de Unamuno en la celebración del 12 de Octubre de 1936 en la Universidad de Salamanca donde Unamuno era el rector. Después de apasionados discursos contra los republicanos, los catalanes y los vascos, el auditorio se llena con las consignas falangistas, el grito de Viva la Muerte y los brazos en alto con el saludo fascista. El gran historiador de la guerra civil española, Hugo Thomas, relata así el episodio y las palabras del filósofo:
"Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio. A veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia…. Pero ahora acabo de oír el necrófilo e insensato grito "¡Viva la muerte!" y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán-Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes . Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor."
En ese momento Millán-Astray exclama irritado "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte.(…)
Pero Unamuno continuó: "Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho."
Cada quien podrá interpretar estas palabras a su manera, pero creo que son muy relevantes para la espiral de violencia que nos azota donde también parece inútil pedirle a varios de los actores, a ambos lados del conflicto, que piensen en Colombia.
La nueva factura petrolera
José Antonio Rojas Nieto, rojasags@yahoo.com.mx, La Jornada, México, noviembre 25 de 2007.
Este viernes las cotizaciones internacionales del petróleo cerraron a su valor en moneda corriente más alto de la historia: 98.18 dólares por barril para el caso del marcador West Texas Intermédiate (WTI). El promedio del mes de noviembre promete ser uno de los más altos de la historia: 95 dólares actuales por barril para el WTI.
Anualmente se puede esperar un precio de 72 dólares para este petróleo, cotización que –en moneda anual real calculada con el deflactor anual del producto estadunidense– lo ubicaría en 11 dólares por debajo del precio de 1980, 13 por ciento menos. Sí, el precio medio anual actual todavía es inferior al de 1980. Y lo que el mundo gastará este año en petróleo será mucho menor que lo que gastó en ese mismo año de 1980. ¿Cómo calcular este gasto o esa factura petrolera? Una operación aparentemente simple nos permite hacerlo. Basta multiplicar el volumen diario de crudo por el precio diario de éste y el resultado, a su vez, multiplicarlo por los 365 días del año.
Pero dije aparentemente simple, porque el volumen diario es, apenas, un estimado de datos que proporcionan los países. Y de estos estimados uno puede encontrar varios. Menciono tres de los más importantes: 1) el de la Agencia Internacional de Energía de la OCDE (IEA, por sus siglas en inglés); 2) el del Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE, también por sus siglas en inglés); 3) finalmente el de la OPEP. Y a éstos se agregan otras estimaciones de empresas y organismos especializados de consulta. Algunos de ellos, considerados como referencia, como por ejemplo la del anuario energético de la empresa British Petroleum. Para el año pasado, por ejemplo, las estimaciones de los tres primeros ejemplos fueron, respectivamente, de 84.70, 84.66 y 84.50 millones de barriles al día.
Si uno analiza su evolución anual, se muestra bastante coherencia entre ellas. Por otro lado hay que decir que también el llamado precio mundial del petróleo es un estimado, entre otras cosas porque todos los días, en cada país se consume un petróleo distinto. ¿Cuántos tipos de petróleo hay? La verdad nunca los he contado. Las publicaciones de referencia (Platts, por ejemplo) dan razón de no menos de 300 cotizaciones correspondientes a diferentes tipos de petróleo, que van del preciadísimo ligero de Arabia (Arabian Light) hasta uno de los más pesados y azufrosos, pero también muy solicitado, Maya mexicano.
¿Cómo estimar el precio mundial? Con la selección de una canasta de crudos. Una buena aproximación es, por ejemplo, la canasta de crudos importados por Estados Unidos. Provienen de cerca de 100 países distintos aunque, efectivamente, actualmente las importaciones principales son de Canadá (18 por ciento), Arabia Saudita y México (12 por ciento, cada uno), Venezuela (11 por ciento) y Nigeria (9 por ciento). Este procedimiento u otro similar nos conducirían a números también similares y a una sola conclusión: en 2007 el mundo pagará por su factura petrolera cerca del 4 por ciento de su producto.
Así, de un producto mundial de 48.5 trillones de dólares (estadunidenses, es decir, billones nuestros), el gasto anual por adquisición de petróleo será de dos trillones de dólares. ¿Cuánto gastó el mundo en 1980 y 1981? Cerca del 7 por ciento del producto mundial de aquellos años del boom petrolero, equivalente a 1.7 trillones de dólares actuales. ¿Qué significa esto? Que el mundo multiplicó por cuatro el valor de su producto anual. Pero que su consumo de petróleo apenas creció 40 por ciento. Y dado que los precios anuales promedio están 13 por ciento por debajo de aquellos años, el mundo paga relativamente menos, mucho menos que entonces. Técnicamente esto significa que hoy el petróleo es menos importante –mucho menos– que entonces, al menos globalmente. Sin embargo, para algunos sectores resulta imprescindible. Por ello, la demanda de petróleo se ve menos afectada por la elevación de precios.
Los balances mundiales de energía demuestran que la mayor parte del petróleo que se consume cotidianamente en el mundo se destina al transporte de personas y mercancías (55 por ciento). Y, en segundo lugar, a la transformación industrial petroquímica (15 por ciento). Este 70 por ciento del consumo no puede sustituirse. Al menos por ahora. Por ello esa débil reacción al precio. En 1980 el transporte de personas y mercancías dependía menos del petróleo. Mucho menos. Por eso, combatir el precio alto significaría, suspender o aminorar el ritmo de los actuales circuitos de transporte de tierra, de aire y de mar. Y eso –créanmelo– es más difícil que pagar un precio que –en todo caso– lleve la factura petrolera mundial a lo que ya llegó en 1980 y 1981.
¿Con qué precio se alcanza esa factura? Para 2008 con un precio medio anual superior a los 100 dólares: cerca de 105 por barril. Este es, sin duda, uno de los mayores absurdos a los que nos han conducido, entre otras cosas, nuestros patrones actuales de transporte. Y de eso se aprovechan no sólo los productores de petróleo y los gobiernos y las sociedades –como los nuestros– que cobran jugosísimos derechos de extracción, sino los especuladores y rentistas. Ni más ni menos. Lamentablemente.
¿Nueva guerra fría? ¿Y el gas?
Antonio Gershenson, gershen@servidor.unam.mx, La Jornada, México, noviembre 25 de 2007.
La respuesta política más reciente de Rusia ante la anunciada instalación de bases militares estadunidenses en Polonia y la República Checa está a la vista. Primero, la llamada cámara baja del parlamento acordó ratificar un acuerdo del gobierno ruso en el sentido de suspender temporalmente la vigencia del Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa, dado que otros no lo ratificaban. Hace unos días la cámara alta hizo lo mismo.
En el plano de las declaraciones, se habla de que Rusia podría desplegar sus nuevos cohetes Iskander de corto alcance en Belarus, de común acuerdo con el gobierno de ese país, frente a los posibles sitios de la base o bases estadunidenses en Polonia.
Sin embargo, tal vez tenga más trascendencia, en otro plano, lo que sucede con un gran proyecto relacionado con el gas natural. Se trata, primero, de un enorme yacimiento, el Shtokman. Se encuentra en el mar de Barents, que a su vez es parte del océano Ártico, al norte de las costas noroccidentales de Rusia y las de Noruega. Esta acumulación de hidrocarburos está a más de 500 kilómetros de las costas rusas a las que llegaría el gas natural, que es el principal activo. Hay también condensados de gas, pero ésos no inciden en este proyecto.
Una comparación de las reservas de Shtokman, que se ha publicado para dar idea de su magnitud, señala que equivalen al consumo de toda Europa durante siete años. Se estableció que el recurso natural, el gas, es propiedad de la empresa pública del ramo, Gazprom. Y que ésta, como socio mayoritario, se asociaría, para desarrollar el proyecto, con empresas que pudieran aportar recursos y tecnología. Éstas se elegirían entre cinco ya preseleccionadas: dos estadunidenses, dos noruegas y la francesa Total. Ya en la fase final quedaron sólo tres. Las dos noruegas se fusionaron en StatoilHydro. Una de Estados Unidos, Exxon, quedó fuera, y sólo quedó la otra, ConocoPhillips.
Cabe un comentario que ayuda a explicar por qué esta última quedó de finalista, cuando en algunos medios es casi desconocida en comparación con “las grandes”. Exxon era y sigue siendo la mayor. Pero ConocoPhillips le empieza a quitar el segundo lugar a Chevron. Cabe mencionar el crecimiento que tuvieron sus activos en 2006 en relación con el año anterior: 56.7 por ciento. En la producción mundial de líquidos (principalmente petróleo crudo), Chevron sigue en segundo lugar entre las que tienen su sede en Estados Unidos. Pero en la producción mundial de gas, ese segundo lugar ya lo ocupa ConocoPhillips. Esto último en especial ayuda a explicar por qué quedó de finalista.
Las tensiones políticas aumentaban. Podemos decir que hubo o no relación con el plano político, pero la empresa estadunidense fue la única que quedó fuera. Gazprom quedó con 51 por ciento de las acciones de la Compañía de Desarrollo Shtokman, la francesa Total con 25 por ciento y StatoilHydro con 24, totalizando el cien por ciento. Se había hablado de repartir 49 por ciento de las acciones entre las tres finalistas no rusas, pero esto no pasó. Las dos ganadoras tienen en su favor haber desarrollado el campo gasero de Snohvit, Noruega, único que ya está en producción en el mar de Barents. En Noruega se dio al caso un primer plano en la información, con la idea de que al estar ese país en un proyecto tan grande, con muchas empresas, eso reactivaría su economía.
El proyecto Shtockman es parte de otro mucho más grande. El gasoducto del mismo, una vez llegado a tierra, tendría, desde Teribyorka hasta Vyborg, mil 400 kilómetros de largo y doble tubería de 1.42 metros de diámetro. Y de esta última ciudad y puerto, casi en la frontera rusa con Finlandia, saldrá otro gasoducto, también de doble tubería, pero ya internacional: Nord Stream (corriente del norte), que iría por el fondo del mar en el Golfo de Finlandia, de Vyborg, en Rusia, hasta Greifswald, en Alemania. Está proyectado que, además de surtir redes locales, vaya a Harlingen en Holanda y luego, bajo el Canal de la Mancha, hasta Bacton en la Gran Bretaña. Abastecería también a Francia. La empresa a cargo de esta obra y su operación, Nord Stream AG, constituida en Suiza, tiene un accionista mayoritario, la misma Gazprom. Son, hasta el momento, accionistas minoritarios, las alemanas BASF (química y petroquímica, usaría el gas como materia prima) y E.On (la mayor en el área de servicio público de energía eléctrica, usaría el gas como combustible), y la holandesa Gasunie. Llama la atención que la mayoría de la producción de gas de este proyecto ya está vendida, es decir, ya está contratada para determinados años.
Como está previsto que Shtockman entre en operación hasta el año 2013, y la primera tubería de Nord Stream entraría en operación en 2010 y la segunda en 2011, hay otro proyecto gigante. Se aprovechan gasoductos de redes ya operando e infraestructura de yacimientos ya produciendo. Se agregan principalmente dos elementos: al principio del camino un nuevo yacimiento, en la zona ya productiva de Novio Urengoy: Yuzhnoye Russkoye, que tiene también petróleo, pero en este caso interesa por su abundancia de gas natural. Las perforaciones ya están en curso, y estaría produciendo cuando entre en operación el gasoducto Nord Stream.
Al final del camino, se agrega otro gasoducto a la red existente. En la región de Vólogda, colindante con la de Leningrado, el punto de conexión de las nuevas obras es Gryázovets, un elemento clave del gasoducto que ya pasa, desde hace tiempo, por ahí. Las obras, iniciadas en varios puntos, llevan más de un año y tendrán que encontrarse con las de la parte marina del gasoducto, Nord Stream, en Vyborg, en la región de Leningrado. Serán 917 kilómetros de nuevo gasoducto en tierra.
Este enorme sistema va a jugar un papel importante en el abasto de energía a Europa. Por lo pronto, Estados Unidos quedó al margen. Y si bien una y el otro son aliados políticamente, en la OTAN, en lo económico son competidores. Y la energía abundante y barata es un elemento importante de competitividad.
Por si fuera poco lo anterior, en junio pasado la ENI, principal petrolera y gasera de Italia, firmó una carta de intención con Gazprom, para construir la South Stream, la corriente del sur. Firmaron, como testigos, representantes de los dos gobiernos. Se acaba de firmar un nuevo convenio para dar otros pasos. Un gasoducto por el fondo del Mar Negro, que llegaría primero a Bulgaria. De ahí se alimentarían países europeos del sur, incluso Italia. Y se acaba de anunciar que en enero se firma el acuerdo entre Bulgaria y Rusia.
CAMBIO CLIMÁTICO:
América Latina pasa la cuenta al mundo rico
Mario Osava*, Tierramérica, noviembre 26 de 2007.
No habrá definiciones cruciales en la reunión sobre cambio climático de Indonesia, donde América Latina insistirá en pasarle la cuenta al mundo rico por el incontenible recalentamiento.
RÍO DE JANEIRO, 26 nov (Tierramérica).- Los gobiernos latinoamericanos reclaman mayores compromisos de los países industriales en la mitigación del cambio climático y en el apoyo para soportar sus efectos.
Con esa disposición participarán en la XIII Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco sobre Cambio Climático, que se celebrará entre el 3 y el 14 de diciembre en Bali, Indonesia.
Las naciones industriales prometieron contribuir al fondo especial para la adaptación, pero “nada aportaron hasta ahora”, se quejó José Domingos Miguez, secretario de la Comisión Interministerial de Cambios del Clima de Brasil y uno de los representantes de este país en la COP.
Se acordó que al fondo le tocaría el equivalente a dos por ciento de los recursos negociados en el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), pero hay divergencias sobre el organismo que se encargaría de gestionar esos recursos.
El MDL es uno de los instrumentos previstos en el Protocolo de Kyoto sobre Cambio Climático para ayudar a los países industriales a cumplir sus obligaciones de reducción de gases de efecto invernadero mediante inversiones en proyectos limpios en el mundo en desarrollo.
Como “máximo responsable” del calentamiento global, el mundo industrial tiene “la obligación moral de financiar los planes y acciones de adaptación de los países en desarrollo”, en especial de los más vulnerables, como los pequeños estados insulares, subrayó Omar Rivera, experto del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba, que también estará en Bali.
Muchas islas desaparecerán o perderán buena parte de sus tierras y playas, ante la elevación del nivel del mar por el derretimiento de los glaciares, que también reducirá el agua dulce disponible en las zonas que dependen del hielo de las montañas, como muchos pueblos andinos.
El financiamiento y soporte para enfrentar los disturbios son "una prioridad a defender" para Perú, “un país altamente vulnerable”, corroboró Vanesa Vereau, presidenta de la no gubernamental Asociación Unidos por el Cambio Climático, que además reclama de Lima una “posición firme” a favor de mayores compromisos de reducir los gases invernadero, considerados responsables del recalentamiento.
Hacer efectivo el principio de “responsabilidades comunes pero diferenciadas”, consagrado en la Convención, es una posición que comparten las autoridades consultadas por Tierramérica en la región.
En consecuencia, Brasil se niega a fijar metas para abatir sus emisiones, pese a las presiones de ambientalistas y expertos de este país, que está entre los cinco mayores emisores de gases debido a la deforestación de la Amazonia.
Por iniciativa de un diputado ecologista, se tramita en el parlamento un proyecto de ley que obligaría a reducir, hasta 2012, las emisiones de gases invernadero a volúmenes cuatro por ciento menores a los de 1990, poco menos que el 5,2 por ciento fijado por el Protocolo de Kyoto para las naciones industriales.
“Brasil debe asumir metas, aunque voluntarias”, opinó José Marengo, meteorólogo del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales y miembro del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), que reúne a miles de científicos de todo el mundo.
Los dramáticos informes divulgados desde febrero por el IPCC --destacando las tragedias que el mundo sufrirá si no se adoptan fuertes medidas para reducir la contaminación atmosférica-- despertaron esperanzas de que la conferencia de Bali cristalice decisiones que aclaren el futuro de la humanidad.
Pero la expectativa es “desproporcionada”, porque no habrá avances sin la adhesión de Estados Unidos, que “no está en condiciones de avanzar”, sentenció el embajador Raúl Estrada Oyuela, que acaba de dejar la Dirección de Asuntos Ambientales de la cancillería argentina, pero estará en Bali como miembro del Comité de Control de Cumplimiento del Protocolo de Kyoto, cuyo equipo de redacción presidió hace 10 años.
El Protocolo de Kyoto es el único tratado internacional que establece obligaciones de reducción de gases invernadero, procedentes sobre todo de la quema de combustibles fósiles, la deforestación y la ganadería.
Estados Unidos repudió los compromisos del Protocolo --firmado en 1997 y en vigor apenas desde 2005-- argumentando que afectaría su economía y arrojando dudas sobre la responsabilidad humana en el recalentamiento.
Además, la COP no abordará cuestiones “sustantivas”, pues estará volcada a definir el proceso, la agenda y el cronograma de las negociaciones hasta 2009, sobre “un segundo período de Kyoto”, señaló Miguez.
El brasileño rechaza la expresión “post Kyoto”, pues no se trata de un nuevo proceso, sino de una continuación bajo principios ya acordados. El mundo industrial deberá cumplir nuevas metas obligatorias, “con los países en desarrollo ayudando mediante el MDL”, sostuvo.
Brasil, sin embargo, trata de mostrar sus avances, como haber disminuido a la mitad el ritmo de deforestación amazónica en los tres últimos años y desarrollado una matriz energética sobre todo renovable, con energía hidroeléctrica y combustibles agrícolas.
Sus propuestas apuntan a la creación de mecanismos, “en el ámbito de la Convención” y no del Protocolo, que incentiven políticas públicas de reducción de gases, como el combate a la deforestación y el desarrollo de la bioenergía, como un fondo voluntario para remunerar los países que frenen la pérdida de bosques.
Pese a la actitud negativa de Estados Unidos y de países como Japón, Australia y Canadá, que quieren sustituir Kyoto por otro acuerdo, Miguez es optimista sobre definir un proceso de negociación antes de 2009.
Un fracaso dejaría el mundo a la deriva por un lapso que podría ser fatal, considerando que insumió 13 años poner en vigencia el Protocolo de Kyoto, desde la firma de la Convención en 1992, advirtió.
Estrada Oyuela alimenta alguna esperanza porque China e India, que se convirtieron en grandes emisores de gases por su rápido crecimiento económico y sus enormes poblaciones, “están un poco más receptivas para hacer cambios” en favor del clima.
Sin Brasil, China e India, “ningún esfuerzo será efectivo”, opinó Suzana Kahn, otra integrante brasileña del IPCC, experta en energía y transporte.
Por su peso ambiental, “no pueden dejar de jugar un papel activo en las negociaciones internacionales”, dijo Kahn, quien, como superintendenta de Clima y Mercado de Carbono del gobierno del estado de Río de Janeiro, coordinó un plan pionero para mitigar y adaptarse al cambio climático, que será presentado en Bali.
Si no asume compromisos, Brasil pierde fuerza para ejercer liderazgo en las negociaciones, según ambientalistas como Fabio Feldman, quien dirigió el Foro Brasileño de Cambios Climáticos y fue secretario de Ambiente del sureño estado de São Paulo. Este país podría cumplir metas con sólo hacer efectiva una de sus políticas, la de reducir la deforestación, responsable de 75 por ciento de las emisiones nacionales de gases, se arguye.
Pero las obligaciones para los países en desarrollo solo serán aceptables una vez que el mundo rico cumpla las suyas, fijadas en Kyoto para 2012, y asuma otras “mucho más significativas de reducción de sus emisiones en el nuevo régimen a ser negociado”, concluyó el cubano Rivera.
* Con aportes de Marcela Valente (Buenos Aires), Patricia Grogg (La Habana) y Milagros Salazar (Lima).
¡QUÉ LÁSTIMA!
OCTAVIO QUINTERO
La lengua de los presidentes Uribe y Chávez nos han metido en un lío bien complicado. De ninguna manera se puede justificar que tan apresuradamente el presidente Uribe hubiera relevado al presidente Chávez de la intermediación en el acuerdo humanitario y que, algo que no se ha valorado en su alcance, lo hubiera ofendido cuando dijo que las Farc lo estaban utilizando de “idiota útil” en este episodio. Pero resultó más inaudita la respuesta del mandatario venezolano: simplemente fue insolente y atrevida al sindicarlo públicamente de “mentiroso” y de paso llamarlo “indigno”.
No por dármelas, pero siempre consideré que Chávez era un peligro, más inminente en el caso colombiano, frente a un presidente frío y calculador como el nuestro, que teje de manera muy sutil sus estrategias y siempre, hasta el momento, ha salido victorioso.
Esta mañana he encontrado a todo el mundo rodeando al presidente Uribe. Y es lógico. Aquí ya no se trata de ejercer una oposición sino de fijar una posición porque, mírese como sea y desde el ángulo que se quiera, Chávez se nos metió de manera descarada al rancho. Por eso mismo es que nosotros, los de la oposición, rechazamos tajantemente la política de Uribe frente a Estados Unidos: por su forma descarada de permitir que el “gringo” este permanente ahí. El hecho cierto de que Chávez no sea “gringo”, y de que en buena parte de la oposición a Uribe se le haya estado mirando con simpatía su política social, no significa que ahora vayamos a permitir que tan agresivamente haya metido baza en nuestros asuntos internos.
Es una lástima porque entre Chávez y las Farc van a atornillar más al presidente Uribe en el poder.
Y pobre de Piedad. Si es cierto, como lo dice el Cónsul que la acompañó a la entrevista con Simón Trinidad en la cárcel de Estados Unidos, que dijo que había que trabajar por instalar un gobierno de “transición” en Colombia, está metida en la grande.
Y al decir esto, presiento que los espíritus en la sombra que rodean a Uribe deben estar muertos de risa: han puesto al país entero contra Chávez; han encerrado a piedad en jaque-mate; han puesto a toda la comunidad internacional a respaldar a Colombia, o al menos a mantenerse neutral, como serían los casos de los países suramericanos, pues, no creo que gobiernos como los de Brasil y Argentina, y ni siquiera Ecuador o Bolivia, vayan a secundar a Chávez en sus insolentes ataques a Uribe; ni tampoco el de Francia que en Europa era abiertamente partidario de que Chávez continuara con su gestión mediadora.
Y para finalizar, no creo que las Farc, a las que nunca les he reconocido estrategia política en procura de tumbar el régimen, estén muy tranquilas, pues, saben, si es que todavía tienen algún olfato de supervivencia, que la metida de pata de Chávez ha dejado a Uribe más fuerte que nunca y con más ganas que nunca de matarlos a la primera oportunidad. Y es probable que de aquí en adelante se le presenten más ocasiones que antes, y con la mayor justificación.
Qué lástima por los secuestrados… Qué lástima por sus familiares, amigos y conocidos; qué lástima por el país… ¡QUÉ LASTIMA!
COMUNICADO DE IVÁN MARULANDA SOBRE LAS DIFICULTADES QUE PRESENTAN LAS ACTUALES RELACIONES DE COLOMBIA CON VENEZUELA
Rionegro 2007-11-26
Considero que el Partido Liberal tiene el deber de respaldar al Presidente de Colombia en la difícil situación que presentan sus relaciones con el Presidente de Venezuela. El Primer Mandatario de los colombianos merece respeto. Así lo hemos reiterado en las reuniones de “Liberales Plan B”.
No dudo que ha habido equivocaciones del Presidente Uribe en el manejo del Acuerdo Humanitario y de la política exterior, pero deben ser motivo de examen y debate en los escenarios apropiados de la democracia colombiana.
El Partido Liberal está obligado a tener sus propias posiciones sobre las cuestiones públicas, porque tiene su propia historia, que es relevante por ejemplo en materia de política internacional. Pero en este caso, pienso que debe salir en defensa de la dignidad del Presidente de los colombianos.
El PL no es el Polo Democrático, ni es la U, ni es Cambio Radical, ni puede resignarse al papel que se le viene dando de ser “comodín” de estas fuerzas políticas para fines electorales y burocráticos. El liberalismo construye desde hace cerca de 160 años la política exterior de Colombia. En cambio, aquellos otros partidos apenas empiezan su recorrido y no tienen la autoridad que da la historia. Incluso, no es seguro que todos ellos superen el estado embrionario en que se encuentran.
Apoyar la institución presidencial no significa apoyar al gobierno. Es apoyar a Colombia y su democracia. El liberalismo está en la oposición, es verdad, pero no para destruir sino para construir. El PL tiene el deber de empoderarse de nuevo para ocupar su sitio como partido reformador de clara vocación social. Pero no puede ser a costa de debilitar a la nación. Es por lo que estoy seguro que jugará el papel que le corresponde en el manejo de la presente crisis.
Quién gana en la guerra contra la droga
Juan Gabriel Tokatlian, LA NACION, Buenos Aires, noviembre 27 de 2007.
De acuerdo con el último informe de Naciones Unidas, entre la población de entre 15 y 64 años, existen unos 200 millones de consumidores de drogas, ya sea de base natural o sintética. Si se toma la población mundial en esa escala etaria, tal cifra representa casi el 0,6%, y si se considera la población total, corresponde a un 0,38%. Si, a su vez, se calcula que unos 158,8 millones son consumidores de marihuana, entonces el porcentaje de los que usan drogas más duras, en comparación con el total mundial de habitantes, es aún mucho menor.
Si se observa, por ejemplo, la "cadena de valor" que involucra la producción, procesamiento, tráfico y uso de drogas, el dato es impresionante. El caso de la evolución del precio de la cocaína resulta elocuente: tomando el valor de la hoja de coca en el Chapare, Bolivia, pasando por Colombia (para su procesamiento) y México (para su tráfico), y llegando a Nueva York, para su consumo como cocaína, la variación del precio es, según un reciente estudio de Cornelius Grauber, del 1532%. Esto confirma quiénes lucran más y dónde se obtienen las mayores ganancias con el negocio de las drogas.
Si se analiza la erradicación de las plantaciones con defoliantes, según datos publicados por el Departamento de Estado de EE.UU., la conclusión es penosa. En 1990 se erradicaron, en América latina, 23.080 hectáreas de coca, amapola y marihuana; en 2006, el total erradicado de esos cultivos fue de 280.694 hectáreas. En 17 años, 20.316 kilómetros cuadrados de cultivos fueron destruidos; un área equivalente a cuatro veces el Estado norteamericano de Delaware.
Si se evalúa el proceso de desplazamiento y expansión de cultivos ilícitos, el resultado es decepcionante. En el caso de la marihuana, Estados Unidos presionó a México, a mediados de los años 70, para que llevara a cabo una política más contundente. La llamada Operación Cóndor de la época se presentó como un éxito. En esa dirección, Washington demandó una práctica similar en Jamaica. Otro triunfo fue la Operación Bucanero. A fines de los 70, Colombia se convirtió en el principal productor de marihuana. Estados Unidos comenzó a exigirle que siguiera el procedimiento aplicado por mexicanos y jamaiquinos. Así ocurrió con la Operación Fulminante. En los ochenta, la potente variedad de marihuana sin semilla se comenzó a cultivar en Estados Unidos. En 1992, Colombia, México y Jamaica produjeron un total de 9708 toneladas de marihuana y, en 2005, México tuvo una producción de 10.100. En 2006, Estados Unidos alcanzó la cifra de 10.000 toneladas y se transformó en el primer productor mundial de marihuana.
Respecto de la coca el proceso fue similar. Washington exigió, en los años 80, a Bolivia, Colombia y Perú una política de mano dura. En 1992, el total de hectáreas cultivadas entre los tres países fue de 211.700 y, en 2005, fue de 208.500. En 13 años, el total de hectáreas cultivadas de coca apenas se redujo en un 1,6%, por lo que se reconfiguró el área respectiva de cada nación y se elevaron los plantíos en el país que tuvo la política más coercitiva: Colombia. Con la heroína sucedió lo mismo en México, Guatemala y Colombia. En 1992, México era el mayor productor de la región con 40 toneladas. En la última parte de los años 90, creció la producción en Colombia, que llegó a 75 toneladas en 1999. En la primera década del siglo XXI, la producción parece volver a concentrarse en la parte norte de América: en 2005 llegó a 75 toneladas, repartidas entre México (71) y Guatemala (4). Algo semejante a lo vivido en la región sucedió en el plano mundial con los opiáceos. El total de toneladas de heroína en Asia llegó, en 1992, a 3349 (815 del Sudoeste y 2534 del Sudeste) y, en 2006, alcanzó a 6462,1 (6138,6 del sudoeste de Asia y 323,5 del Sudeste). El caso más dramático es Afganistán: en 2001-en el último año de gobierno talibán- la producción de heroína fue de 74 toneladas; en 2006 -en el quinto año de ocupación estadounidense con su "coalición de voluntarios"-la producción de heroína fue de 6100 toneladas.
También ha ocurrido lo mismo con las drogas sintéticas. Las presiones sobre los productores periféricos permitieron que hoy Holanda y Bélgica se convirtieran en los mayores productores mundiales de éxtasis.
Si se examina el fenómeno de las drogas desde una perspectiva organizativa, el corolario es alarmante. Las tácticas aplicadas para desmantelar los conglomerados mafiosos han generado organizaciones criminales más sofisticadas, influyentes, recursivas y virulentas. La criminalidad transnacional ya no constituye una clase emergente, sino que se ha transformado, en muchos casos, en una clase dominante. Hace unos años, el asunto del narcotráfico era un hecho criminológico; hoy es una cuestión sociológica: o se coexiste, con inestabilidad y violencia, con una nueva clase social criminal, o se la asimila y domestica, como sucedió en países como Estados Unidos entre los años 20 y 50, o se la desarticula (con un activo concurso de la sociedad civil) o esa nueva clase se torna hegemónica (como está ocurriendo en el plano local, provincial y regional de muchos países). No hay muchas más opciones.
Si se estudia la militarización de la lucha contra las drogas -la participación de las fuerzas armadas en labores básicamente policiales- el producto ha sido desafortunado. El efecto de la participación militar en las acciones antinarcóticos incidió negativamente en las relaciones cívico-militares, los derechos humanos y los grados de corrupción. El papel directo y activo de las fuerzas armadas en tareas de erradicación, interdicción y persecución no significaron un avance promisorio en la dirección de eliminar, o siquiera reducir, el fenómeno de las drogas. Cada cierto tiempo, según el país de turno, se anuncian triunfos trascendentales gracias al despliegue represivo militar: al cabo de algunos años, comparando las situaciones históricas y las existentes, se puede concluir que apenas se trataba de victorias pírricas. En ese proceso, las fuerzas armadas, como corporación, se han vuelto adeptas a la "guerra contra las drogas": se nutren de recursos internos y externos, ganan influencia doméstica y reciben el consentimiento de Estados Unidos.
Ante estos hechos cabe preguntar: ¿se justifica seguir con la fallida "guerra contra las drogas" para superar un problema que bien podría enfrentarse con otra racionalidad? Los datos mundiales muestran que la prohibición de drogas ha resultado un fracaso. Sin embargo, nada parece detener la cruzada prohibicionista. La dificultad para terminar con la lógica de la "guerra contra las drogas" proviene de un hecho cultural: en realidad se trata de una kulturkampf, un combate cultural. Esto lleva, a su vez, a una pregunta esencial que debe hacerse al abordar el fenómeno de las drogas, cui bono : quién gana más, quién se beneficia más con la permanencia de las actuales políticas antinarcóticos.
En la Argentina hay muchos sectores ansiosos de sumarse a la "guerra contra las drogas". Unos conscientemente, otros por exasperación y muchos por desconocimiento exigen una estrategia más punitiva. Esto es un despropósito. Lo que el país necesita es abordar y resolver los problemas estructurales que permiten que el negocio de los narcóticos prospere y se expanda. El papel del Estado en este sentido es esencial. Mientras tanto, la sociedad debe informarse más y mejor sobre el tema y procurar la generación de coaliciones internas e internacionales que ayuden a repensar las costosas e improductivas políticas vigentes.
Decía Jorge Luis Borges en El jardín de senderos que se bifurcan : "Preveo que el hombre se resignará cada día a empresas más atroces; pronto no habrá sino guerreros y bandoleros".
Ese presentimiento se hará efectivo si finalmente la prohibición se impone nacional y globalmente.
El autor es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.
La Verdad, Presidente
RAFAEL GUARÍN.
''Sus palabras, sus actitudes dan la impresión de que usted no está interesado en la paz de Colombia sino en que Colombia sea víctima de un gobierno terrorista de las FARC'', respondió Alvaro Uribe a la decisión de Hugo Chávez de congelar las relaciones en represalia por la decisión de finiquitar su papel en un acuerdo humanitario.
Como lo escribimos en esta columna, la verdad, presidente Chávez, es que su intervención siempre estuvo atravesada por la pretensión de expandir la revolución bolivariana y de una doble agenda que comprendía el apoyo al plan estratégico de las FARC. Era ingenuo pensar que se trataba de un acto de humanidad al margen de la construcción del ''bloque regional de poder'' que requiere el socialismo del siglo XXI. Más que la liberación de los secuestrados usted vio una oportunidad de construir las condiciones propicias para que su modelo se abriera paso en Colombia.
Desde un comienzo la puesta en escena se confeccionó con mentiras humanitarias. Una fue su encuentro en Miraflores con las FARC. ¡No fue un encuentro, fue un reencuentro! Raúl Reyes dijo al diario La Jornada de México el 3 de septiembre pasado que lo conocía y que habría ''muchas veces más para estar personalmente'' con usted, además que es un hombre ''afable''. Qué bueno que le cuente al mundo ¿cuántas veces se han reunido? ¿Dónde? ¿Acaso en el campamento de las FARC en Venezuela, del cual le informó el gobierno colombiano hace varios meses? ¿Con qué propósito? ¿Será todo esto resultado de su afabilidad?
Uribe no podía tomar una decisión distinta. Usted se dedicó a mostrarlo como el obstáculo para el acuerdo humanitario, desconoció su propia palabra al omitir informar sobre la reunión con el delegado de la guerrilla y violar la confidencialidad de las conversaciones. Pero el límite se cruzó al evidenciarse que con la senadora Piedad Córdoba se dedicó a tejer un cerco de presión internacional sobre Uribe, que a la postre significaría el quiebre de la política de seguridad democrática, una victoria para las FARC y un avance en su reconocimiento de beligerancia.
No hubo ni un solo progreso concreto a favor de los secuestrados, en cambio sí muchos para las FARC. En vez de trabajar con prudencia y sigilo, presidente Chávez, se esmeraron por dar carácter político a ese grupo, al punto de pedir al mandatario francés su exclusión de la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea.
También consiguieron que éste se comprometiera a pedir a Bush que apoyara la exigencia de las FARC de una reunión entre Marulanda y usted, con la asistencia del mismo Sarkozy, posibilidad que había sido enfáticamente negada por el gobierno. Es decir, convirtieron la mediación humanitaria en el brazo diplomático de las FARC y en un instrumento con el que buscaban arrodillar a Uribe y a Colombia entera.
Además, trascendió que para las FARC el ''intercambio tiene que confluir en un proceso de paz a través de una Asamblea Constituyente'', lo que patenta que el acuerdo no tiene nada de humanitario pero sí mucha importancia dentro del plan estratégico de la guerrilla que incluye un gobierno tran-
sitorio, del cual su obsecuente mensajera habló con el guerrillero Simón Trinidad, preso en Estados Unidos.
Asimismo, presidente Chávez, las pruebas de supervivencia prometidas no llegaron, aunque con seguridad aparecerán ''inocentemente'' en manos de Córdoba cuando las FARC crean que son más efectivas para erosionar y constreñir al gobierno, incluso, en esa lógica, es predecible la liberación de algunos secuestrados, a lo que Uribe se anticipó con la bienvenida a gestos unilaterales.
Tampoco, teniente coronel, nada se adelantó en cuanto al despeje de Florida y Pradera. Las FARC lo exigen para negociar el acuerdo y reclamarán probablemente desmilitarizar nuevos territorios para efectuar la liberación. Igualmente, se conserva la demanda de excarcelar a todos los guerrilleros para que vuelvan a delinquir, nada más ni nada menos que 1,656 criminales, según datos del INPEC.
Uribe erró, o tal vez calculó mejor. Es factible que sabiendo que su participación tarde o temprano era inevitable, prefirió que se diera ahora y no como usted hubiera querido: 6 meses antes de la elección presidencial del 2010. La verdad, camarada Chávez, queda claro que no fue una ''tonta'' excusa ni una ''traición'' la que produjo su retiro como mediador, sino transformar un acto humanitario en una plataforma de guerra política de las FARC.
Leer Refresca
César González Muñoz
Creo que sería muy útil para los economistas y científicos sociales la lectura en esta próxima temporada de un par de libros publicados este año por la Universidad de Harvard. Uno de ellos, “The Self Awakened”, del filósofo de origen brasilero Roberto M. Unger, es un ventarrón de ideas que exhiben el poder de la mente, del pensamiento y de la filosofía para empujar la carreta de la historia y para darles sentido a los logros y los ideales del mundo de hoy. Este trabajo es de lectura fácil y hasta apasionante: “El pragmatismo ha llegado a ser la filosofía de esta era por la vía del encogimiento. En manos de muchos de sus devotos, se ha convertido en otra versión de la senilidad disfrazada de sabiduría. Ellos creen que han crecido. De hecho, han sufrido una caída. Como hemos perdido confianza en los grandes proyectos –ya sea de la teoría o de la política- se nos ha enseñado cómo vivir sin ellos, en vez de cómo recobrarlos y rehacerlos con otros perfiles más promisorios. Esta doctrina del encogimiento, de la retirada a trincheras más defendibles, del esperar a ver qué pasa, de cantar entre nuestras cadenas, es la filosofía dominante de nuestro tiempo, expresada en los escritos de los profesores así como en el clima de la discusión pública educada. Y muchas de sus formulaciones más influyentes usan el rótulo de “pragmatismo.” ”
¿Suena algún timbre cercano?
El otro trabajo, “One Economics, Many Recipes” es del economista turco Dani Rodrik de la escuela neoclásica. Este libro es igualmente inspirador, es serio y modesto y construye una poderosa crítica a todas las “cartillas”, a todas las Verdades Universales, a todos los falsos Consensos, a todos los “Pensamientos Únicos” en materia de teoría y política del desarrollo económico. Las comunidades académicas muestran su valor agregado en este caso: Unger y Rodrik son colegas y contertulios muy cercanos en Harvard. De hecho, Rodrik ha escrito que “Roberto y yo hemos discutido intensamente estos temas durante varios años, hemos enseñado juntos y lo tengo como una de las dos mayores influencias (el otro es Ricardo Hausmann)”
Ciertos economistas han planteado grandes principios, visiones cuasi-religiosas, formulas mágicas, arquitecturas auto-contenidas que actúen como la dínamo de milagros que saque de sus miserias a las comunidades pobres. De esa clase de enfoque está cubierta la teoría del desarrollo, desde el “Gran Empujón” de Rosenstein-Rodin hasta el “Consenso de Washington”, pasando por el “Crecimiento Balanceado” de Ragnar Nurkse y las “Reformas de Segunda Generación” también Washingtonianas. Cada escuela que ha estado en boga se ha convertido en la mono-economía del desarrollo durante algún tiempo.
Esta obra de Rodrik es, que yo sepa, la mejor crítica hecha desde la “corriente principal” del pensamiento económico a todas las mono-economías, a todos los Pensamientos Únicos en el campo del desarrollo.
“La lección clave de los últimos cincuenta años es que los hacedores de política pública tienen que ser estratégicos, en vez de pretender abarcarlo todo para seguir la receta completa. Deben hacer lo mejor que puedan con lo que tienen en vez de ilusionarse con que pueden transformar sus sociedades en bloque y al por mayor.” Estas son palabras de Rodrik en el discurso de aceptación del primer Premio Albert Hirschmann, entregado por el Consejo de Estados Unidos para la Investigación en Ciencias Sociales. El libro de Rodrik esclarece una cosa: el hombre merece llevar esta condecoración. Hirschmann, cuyo pensamiento es hoy tan válido como nunca, solía azotar a los devotos de las recetas con un argumento preciso: Si un país fuera capaz de poner en marcha las recetas completas, entonces de entrada no era pobre ni “subdesarrollado”.
jueves, 29 de noviembre de 2007
domingo, 25 de noviembre de 2007
INVITACIÓN.
El Director Nacional del Liberalismo Dr. César Gaviria Trujillo y el Presidente de la Academia Liberal de Historia Dr. Rodrigo Llano Isaza, invitan al acto de conmemoración de los 60 años del fallecimiento del ilustre jefe Liberal Médico Gabriel Turbay Abinader.
Fecha: Martes, noviembre 28 de 2007, 12 del día, en la sede de la Dirección Nacional Liberal, Avenida Caracas No. 36-01.
Escucharemos la conferencia del Dr. Eduardo Durán Gómez sobre tan ilustre hijo de Santander, exministro, parlamentario y Excandidato presidencial.
El Director Nacional del Liberalismo Dr. César Gaviria Trujillo y el Presidente de la Academia Liberal de Historia Dr. Rodrigo Llano Isaza, invitan al acto de conmemoración de los 60 años del fallecimiento del ilustre jefe Liberal Médico Gabriel Turbay Abinader.
Fecha: Martes, noviembre 28 de 2007, 12 del día, en la sede de la Dirección Nacional Liberal, Avenida Caracas No. 36-01.
Escucharemos la conferencia del Dr. Eduardo Durán Gómez sobre tan ilustre hijo de Santander, exministro, parlamentario y Excandidato presidencial.
miércoles, 21 de noviembre de 2007
CONTENIDO
• Proyecto de ley para replantear la política social del Estado, Cecilia López Montaño.
• Empujón Demócrata, Rafael Guarín.
• Burocracia y revolución, Alberto Muller Rojas.
• Que no ganó el Liberalismo, Alvaro Forero tascón.
• Sobre la cifra repartidora, Ramón Elejalde.
• Viva la muerte, Mauricio Cabrera Galvis.
• Golpes de la naturaleza, Andrés Piedragil Gálvez.
• Bolivia: La revolución del eufemismo, Aítor Iraeguí.
• Pobreza y medio ambiente, Humberto tobón.
• Las otras violencias, José María Tortosa.
• Se asoma la primavera social, Octavio Quintero.
• La decadencia de las cumbres de jefes de Estado, Héctor Gómez Paniagua.
• Cerrarle el paso a la intolerancia, Clara López Obregón.
• Judith Faride o el TLC, César González Muñoz.
• La nueva España, Jorge Mario Eastman Vélez.
• Ballenas: El camino de regreso, Alejandro Nadal.
Proyecto de ley propone replantear a fondo
la política social del Estado
Su autora es la senadora Cecilia López Montaño y tiene el respaldo de la bancada libera. La propuesta servirá como modelo en América Latina
El primero de tres proyectos de ley encaminados a dotar al Estado de una nueva política y herramientas para llevar los beneficios del desarrollo a todos los ciudadanos fue presentado hoy por la senadora Cecilia López Montaño, con el respaldo pleno de la bancada y del director del Partido Liberal.
Se trata de una ley estatutaria que plantea que, a la par con la necesaria transformación productiva, desarrollar una transformación social, a partir de tres elementos básicos: una decisión política de eliminar las barreras que frenan el acceso de los sectores débiles y de las clases medias a los beneficios de las políticas públicas; en segundo lugar, la redefinición de las estrategias sociales con el propósito de que se orienten a construir capital humano y capital social, sin renunciar a las redes de protección; en tercer lugar, el reconocimiento de que la política macroeconómica del Estado debe identificar con antelación su contenido social, otorgar prioridad a aquellas acciones oficiales con impacto social positivo y tomar las medidas necesarias frente a las que produzcan efectos negativos.
En la argumentación sobre la necesidad de dotar al Estado de una ley de transformación social, como ya lo han hecho otras naciones que se han insertado en la globalización, la senadora López sostiene que “es evidente que no obstante el nivel de gasto social, en Colombia es una realidad que los pobres reciben una salud y educación pobre, y que el esfuerzo estatal que se dirige a este sector del país es fundamentalmente asistencial. Se alivia la pobreza, pero no se resuelve”.
Se trata, también, de una iniciativa que se enmarca dentro de los postulados liberales de reivindicación y aplicación de los derechos de los ciudadanos y de un escalón intermedio entre la Constitución y las políticas públicas que fija un marco al Estado para la aplicación de dichas políticas dijo la senadora.
Aspectos centrales:
El proyecto de ley contiene entre otros aspectos:
Obligaciones de las autoridades frente a los derechos sociales. A la luz de la Constitución y a los tratados internacionales, las autoridades tienen el deber de respetar, proteger y realizar los derechos sociales. Eso impone a dichas autoridades evitar las medidas que obstaculicen o impidan el disfrute del derecho social respectivo.
Derecho al mínimo vital. Una persona tiene derecho a que el Estado le garantice una vida digna y eso obliga a que se tomen las medidas necesarias para que una persona tenga unas condiciones básicas de vida comida, vivienda, salud, por ejemplo, sobre los cuales no se pueden imponer obstáculos.
Derecho a la educación. Comprenderá como elementos mínimos, la garantía de condiciones materiales necesarias para la adecuada prestación del servicio de educación con calidad; disponibilidad de recursos humanos y físicos suficientes para prestarla. También comprende como elemento mínimo, la garantía progresiva del acceso al servicio educativo y permanencia en el mismo, en los niveles de enseñanza preescolar, media vocacional y superior. El Estado deberá ampliar el acceso progresivamente hasta asegurar el ingreso de los menores desde los tres años de edad.
Derecho a la salud. Comprenderá como elemento mínimo, la exigibilidad de niveles de atención dignos. La política pública en el componente de salud girará alrededor del reconocimiento del derecho a programas y servicios de calidad dirigidos tanto a la prevención como al tratamiento en salud física y mental.
Derecho a la seguridad social. Comprenderá como elemento mínimo el pago oportuno de las prestaciones de seguridad social, así como la asistencia social, no pudiendo argüir los particulares que administren fondos de pensiones, ni el Estado, razones presupuestales para su incumplimiento. Su componente se dirigirá a extender progresivamente la cobertura de la seguridad social a todas las personas, de tal suerte que exista una protección efectiva y oportuna frente a los riesgos sociales.
Derecho al trabajo. Comprenderá como elementos mínimos el pago oportuno de salarios, licencias por incapacidad laboral o de maternidad, o de los honorarios derivados de los contratos de prestación de servicios. Este derecho implica que toda persona que preste su fuerza laboral bajo la modalidad de contrato de trabajo, de prestación de servicios o similares, debe contar con la oportunidad de proveer a sí misma y a su familia un sustento en condiciones de seguridad, equidad y dignidad.
Derecho a la alimentación adecuada. Comprenderá, como mínimo, el acceso a los alimentos, cuando el deber de proveerlos recaiga directamente en el Estado y hasta tanto la persona pueda proveerse a sí misma los los alimentos. Este derecho debe maximizarse a través de acciones encaminadas a la eliminación de condiciones de hambre y malnutrición.
Derecho a la vivienda digna. Comprenderá como mínimo, la exigibilidad de la garantía material de la vivienda cuando el deber de proveerla recaiga directamente en el Estado y hasta tanto la persona pueda proveerse a si misma la vivienda que requiere. Implica que la vivienda de todas las personas debe cumplir con condiciones de higiene, intimidad, tranquilidad, acceso a servicios públicos y seguridad.
Bogotá, noviembre 15 de 2007
Empujón demócrata
RAFAEL GUARIN, el Nuevo Herald, Miami, noviembre 17 de 2007.
Alguien imagina una estrecha alianza entre Alvaro Uribe y Hugo Chávez? Al comentar esa posibilidad a un reconocido dirigente de la oposición venezolana la calificó de impensable, pero cuando repliqué que una fuente muy cercana a la Casa de Nariño me informó que ''existían voces que sugerían que se evaluara por intereses de Estado y estabilidad del país'', no pudo disimular el desconcierto. No es para menos. A mí me pasó exactamente lo mismo.
Es difícil concebirla. Uribe desprecia los debates ideologizados, reconoce las ventajas del libre mercado y pretende profundizar los vínculos con Estados Unidos, mientras el teniente coronel se empeña en edificar un bloque regional de poder sustentado en el ''socialismo del siglo XXI'', una integración latinoamericana ''antiyanqui'' y la eliminación de las bases de la democracia liberal. Pero por sorprendente que sea, lo cierto, como lo asevera Rubén Sánchez David, profesor de relaciones internacionales, es que ``es un escenario no totalmente descartable si se piensa en términos estratégicos''.
Quienes lo plantean coinciden con un reciente artículo titulado La agonía de Alvaro Uribe, publicado por la revista Foreign Affairs, que señala que ''la política de Estados Unidos hacia Colombia ha llegado a su punto de inflexión''. En otras palabras, creen que el deterioro de la relación amenaza con agudizarse en un gobierno demócrata. Finalmente, así parece indicarlo el rechazo de Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards a un Tratado de Libre Comercio con Colombia y las reiteradas críticas de su bancada, encabezadas por Nancy Pelosi.
Hillary, por ejemplo, dice estar ''muy preocupada por la historia de violencia contra los líderes sindicales'', a lo que otros suman reclamos por derechos humanos, garantías laborales y lazos del paramilitarismo con políticos próximos al gobierno. Todas cuestiones que deben observarse en su contexto.
A pesar de persistentes problemas los avances durante los últimos cinco años son enormes. La ayuda estadounidense contribuyó a revertir la adversa situación militar, retomar el control de territorios dominados por grupos armados ilegales y defender la población del terrorismo. Se desmovilizaron más de 30,000 paramilitares y cerca de 40 congresistas están presos o ad portas de serlo por complicidad con estas organizaciones.
La lucha contra el narcotráfico está dando resultados. Se extraditaron 567 traficantes y de acuerdo con Karen Tandy, directora de la DEA, la cocaína escasea en las calles de 37 ciudades, su pureza se redujo en 15% y su costo es 44% superior al de comienzo de año.
Por otro lado, en el 2002 murieron asesinados 123 sindicalistas y 6 únicamente de enero a octubre del 2007, sin ser clara la causa de tales crímenes. Actualmente hay 1,630 sindicalistas beneficiados directamente con medidas de protección por parte del gobierno. Los homicidios anuales disminuyeron en 11,358 entre el 2002 y el 2006 y los secuestros de 2,883 a 394 en este año. Estos logros explican por qué Uribe califica la situación como ``una imperdonable incomprensión con Colombia''.
Esa incomprensión obvia que Colombia es fundamental para construir la ''patria grande'' y Uribe su principal obstáculo. Una alianza le permitiría a Chávez jugar en un tablero al cual no tiene suficiente acceso, además de serle útil en su principal hipótesis de guerra consistente en una intervención estadounidense que involucre territorio colombiano.
De la orilla de Uribe semejante alternativa en principio resulta improbable, rompe la coalición de gobierno, convierte en detractores a sectores del establecimiento, afecta la cooperación norteamericana y favorece las pretensiones totalitaristas de Chávez y las FARC. Empero, no hay que olvidar su pragmatismo y el amplio margen de maniobra que le da la fuerza de su liderazgo y el sólido respaldo ciudadano.
En todo caso, la equivocación demócrata empuja a Colombia a manos de Chávez. Sin el TLC Uribe se obliga a aprovechar el creciente comercio con Venezuela, lo que no implica un alineamiento con la revolución bolivariana pero sí una creciente dependencia. ¿Qué podría hacer Colombia si Miraflores reconoce beligerancia a las FARC cuando su economía está su-
bordinada al mercado venezolano?
Y segundo, los demócratas terminan acogiendo el discurso del chavismo enquistado en el Polo Democrático y en facciones populistas del Partido Liberal que buscan en el 2010, bajo un nuevo gobierno, unirse al proyecto revolucionario, desmontar la política de seguridad democrática y reconocer beligerancia a las FARC, propósitos en que concuerdan, consciente o inconscientemente, con la guerra política de las narcoguerrillas. ¡El camarada Chávez debe estar feliz!
Burocracia y Revolución
Alberto Müller Rojas, colaboración enviada desde Caracas por nuestro amigo bolivariano Alvaro Másmela.
Hoy no es el imperialismo el principal enemigo de la revolución venezolana. Ni siquiera la oposición que sigue líneas fascistas puede perturbar el avance del poder popular que removió las bases de la democracia consensual sustentada en el Pacto de Punto Fijo (1958). Esta última no podría avanzar sin el apoyo del primero, pues carece del poder (medios físicos + voluntad) suficiente para contener el movimiento social generado el 27/2/89. Y ese imperio, y su base de poder, hoy esta arrinconado en el espacio norteamericano, pero su alcance global esta cuestionado en la medida como enfrenta los desafíos y pruebas provenientes de los poderes ascendentes en todas partes del mundo. En ese contexto el más peligroso adversario que confrontan las fuerzas de cambio venezolanas, después de la revolución política ocurrida el 6 de diciembre de 1998 con la convocatoria del poder constituyente, es la burocracia que se ha originado para ejercer la “gerencia pública”.
Como todo aparato de este tipo, público o privado, su papel consiste en enmascarar el “poder real” que controla los recursos materiales que permiten la dinámica social frente a las críticas y la resistencia de los gobernados: los ciudadanos, dentro del estado; y, la fuerza laboral dentro de la empresa. Pero esa burocracia tiende a ser autónoma, pues se convierte en un poder, dada su capacidad de decisión, hasta neutralizar los verdaderos amos del poder real. La burocracia gubernamental y la de los partidos secuestran la voluntad de la clase hegemónica dentro del Estado. La burocracia militar, representada por los Estados Mayores, lo hace igual con los jefes naturales castrenses. Del mismo modo que la empresarial, expresada en las juntas directivas lo realiza con los dueños del capital. Y su poder se deriva de la ley que ella misma hace, de donde la autoridad que ejerce pasa a ser “el gobierno de las leyes” y no él de la gente. La burocracia se ha convertido así en una nueva clase social que vive de los impuestos que recauda el Estado y de los intereses que obtiene el capital. De allí el fetichismo creado con las leyes, que hace ver que los problemas sociales y administrativos se resuelven con ellas, las cuales pueden actuar como referencias en situaciones conflictivas, pero en ningún caso reemplazan a la acción. Esta es el mecanismo cierto para lograr la construcción de cualquier proyecto estructural (físico) o superestructural (inmaterial)
De modo que la construcción de la sociedad socialista, que es el resultado de la visión humanista de la vida social, se tiene que erigir con el liderazgo político que surja de las propias comunidades, en una acción dialéctica que oponga a las fuerzas innovativas a las de la inercia conservadora existentes en toda población. La acción mediante la cual compiten las burocracias divididas por concepciones ideológicas en el sentido que le dio Marx al término, como diría Rosa de Luxemburgo, solo enfrenta al hombre común con el hombre común, mientras aquellas negocian, explícita o tácitamente, para llegar a armisticios, como el Tratado de Coche que le puso fin a la guerra federal, en los cuales logran acuerdos donde ambas ganan. En ese marco el poder popular sólo queda como una fuerza telúrica generadora de explosiones sociales, que como los terremotos o los huracanes, tienen un poder devastador cuando las fallas teutónicas, o las diferencias de presión, o las tensiones sociales, los desencadenan.
Qué no ganó el liberalismo
EL ESPECTADOR, tomado de Columnistas Libres. sábado, 17 de noviembre de 2007.
Con ayuda mediática, la coalición de gobierno ha presentado el balance de las pasadas elecciones como desfavorable para los partidos de oposición, cuando en realidad lo fue para el oficialismo.
Álvaro Forero Tascón
Con ayuda mediática, la coalición de gobierno ha presentado el balance de las pasadas elecciones como desfavorable para los partidos de oposición, cuando en realidad lo fue para el oficialismo. Para tapar el sol con las manos, habilidosamente ha comparado los resultados del liberalismo con los de hace cuatro años.
Pero esa comparación no es válida, porque el liberalismo enfrentó las
pasadas elecciones con dos tercios menos de los recursos políticos con que contaba en 2004. Con posterioridad a esas elecciones, y
aprovechando el extremismo de Horacio Serpa, Álvaro Uribe decapitó el bipartidismo con el fin de sonsacar a los caciques liberales. La
comparación de los resultados liberales con las elecciones de 2004, y
no con las de 2006, pretende soslayar que los partidos oficialistas no
pudieron reemplazar completamente al liberalismo y terminaron
derrotados por éste, a pesar de la profunda desventaja en que se
encontraba, huérfano del inmenso poder clientelista dispensado por el
Ejecutivo a sus aliados.
La realidad es que a pesar del embate feroz del Gobierno contra la
oposición, ésta no sólo aguantó, sino que creció, mientras que el
oficialismo tuvo grandes, graves y humillantes derrotas. La más
grande, la pérdida de las alcaldías de las principales ciudades del
país, con la excepción de Barranquilla. La más grave, la pérdida de la
alcaldía de Bogotá frente al Polo Democrático. Y la más humillante, la
pérdida de la Gobernación del Atlántico por parte de José Name, el
mayor símbolo del viejo liberalismo y del actual poderío uribista, a
manos de un nuevo liberalismo.
Pero más que el resultado en su conjunto, lo preocupante para el
oficialismo son los hechos y tendencias que se consolidaron el pasado
28 de octubre. Éstos no sólo explican la lógica de la hecatombe, sino
que parecen hacerla inevitable.
El primero es la pérdida del control político sobre los principales
centros urbanos, que representan más de un tercio de la población, y
que corrobora las limitaciones del uribismo para captar el voto de
opinión. Aunque las dinámicas electorales locales son diferentes de
las nacionales, es indudable que se interrelacionan. El 25% de la
votación presidencial por el Polo no habría sido posible sin el
triunfo previo de ese partido en las elecciones locales en Bogotá.
El segundo es que la sombra de la parapolítica sigue empañando la
coalición de Gobierno. El uribismo no utilizó esta oportunidad
electoral para evitar que los parapolíticos mantuvieran el poder en
sus regiones, mientras enarbolaban las banderas gobiernistas.
El tercero es que el Presidente no logró concretar políticamente el
momento favorable que vive en las encuestas, avanzando
significativamente frente a la oposición, a pesar de la inmejorable
coyuntura económica.
Y cuarto, y más importante, es la dispersión de la coalición de
Gobierno. La consolidación de los conflictos políticos locales entre
los diferentes partidos de la coalición cimentó la división en materia
de candidaturas presidenciales. La derecha está sufriendo la
enfermedad endémica de la izquierda --el divisionismo--.
En buena parte, la fragmentación política es producto del esmero
político de Uribe por dividir para reinar. Pero a diferencia de la
primera reelección, en esta ocasión puede no sólo imposibilitar el
triunfo de un ahijado político suyo, sino su propia reelección. Si la
tendencia a la fragmentación se mantiene, el oficialismo estaría
trágicamente dirigido a la hecatombe. La oposición podría ganar con
sello, si sectores como el de Germán Vargas se oponen a la segunda
reelección en el Congreso. Y con cara, si no hay candidato de unidad
del oficialismo. Ya es tarde para reversar la fragmentación, y el
Presidente lo sabe. Sólo queda la vieja técnica de voltear
parlamentarios para aprobar la reelección, utilizando prebendas
burocráticas y la puerta que deja abierta la reforma política en
trámite.
Pero esa puerta es de doble vía y para algunos parlamentarios puede
resultar más atractivo regresar al Partido Liberal, aspirando a un
triunfo mayor: derrotar a sus enemigos locales, aprovechando el poder que ha labrado silenciosamente el liberalismo --ser el primer partido político, la alternativa de centro a una derecha dividida y una
izquierda minoritaria, y el único capaz de captar votos de ambos
sectores en una segunda vuelta.
Sobre la cifra repartidora
Ramón Elejalde Arbeláez
En su columna de opinión del pasado miércoles, en este mismo periódico, el doctor Jorge Mejía señalaba que “La cifra repartidora es la perversa”. Contiene también una descalificación al “voto preferente” y a mi leal saber y entender confundió los dos temas, cuando en realidad son asuntos totalmente distintos. Lo hizo, seguramente, para darle contundencia a sus argumentos.
Pero además vienen sosteniendo los periodistas y algunos políticos, que en Colombia tenemos senadores de siete mil votos y que al Concejo de Medellín van a llegar concejales de dos mil quinientos sufragios, quedando por fuera aspirantes de cinco mil ochocientos electores. Eso no es cierto. Primero es necesario aclarar los términos. El voto preferente es la opción que tiene el elector, como su nombre lo indica, de preferir a alguno de la lista, así se encuentre en el último lugar. El elector también puede escoger la opción de no preferir a ninguno y votar simplemente por el partido. Este ciudadano está aceptando la decisión de los que optaron por preferir. El voto preferente es importante simplemente para reordenar la lista. Un ejemplo nos lleva a entender el tema: El Partido Verde del municipio de Llano Chiquito, obtuvo para el Concejo nueve mil votos de los diez mil que depositaron los electores de ese municipio. Los sufragantes del Partido Verde decidieron no preferir a ninguno de los aspirantes, pudiéndolo hacer por tratarse de una lista con voto preferente y más bien votaron masivamente por el Partido, aceptando la lista como fue inscrita. No me podrá decir mi amigo Jorge Mejía, ni los políticos o periodistas que repiten a diario este error, que en Llano Chiquito elegimos concejales sin votos. No. El Partido Verde fue el que más votos obtuvo, sacó el 90% de los sufragios y lógicamente, el que más concejales eligió y eso se debe respetar, lo que pasa fue que nadie prefirió a ningún candidato. Si en el ejemplo de marras el segundo partido que obtuvo mil votos, todos los aspirantes sacaron votos preferentes superiores a cien sufragios, no se podrá decir que lo lógico es que esta lista sea la que ponga los concejales porque sus aspirantes tienen votos preferentes superiores a los del partido Verde, donde ninguno obtuvo voto preferente. ¿Cuál democracia existe en la teoría de Jorge Mejía, cuando deja por fuera a un partido que obtuvo el 90% de la votación?
El otro término descalificado por el columnista en comento, fue la cifra repartidora o método D’Hont que es el sistema más cercano a la elección justa, todos los elegidos lo son por el mismo número de votos. Es el sistema electoral que se impone en el mundo moderno. La votación es del partido y no de los candidatos. No existe la operación avispa, evidentemente que con el voto preferente, como fue concebido, trasladamos este nefasto sistema al interior de la lista, en esto no deja de tener razón mi amigo Jorge. La filosofía de la cifra repartidora es premiar la agrupación y castigar la dispersión. Si los críticos del sistema analizan con lápiz y calculadora su aplicación, entenderán que fortalece a los partidos grandes y los beneficia en la repartición de curules. Tal es el caso que cita Mejía en su columna sobre Enrique Peñaloza, que conformó un partido, inscribió una lista al senado y no obtuvo el umbral requerido. Lamentablemente, amigo Jorge, el liberalismo dejó de ser ese partido inmensamente mayoritario y pasó a ser uno igual a los otros. Es obvio que el liberalismo aumentó votación, pero los demás también y en mayor proporción. Eso se ve reflejado en la adjudicación de las curules.
Ahora lo importante no es, como lo añora Jorge Mejía, volver a los personalismos, lo importante es perfeccionar el sistema para que cada día los partidos sean más fuertes y éstos dependan menos del caciquismo. Una opción sería acabar con el voto preferente y exigirles a los partidos procesos democráticos para conformar las listas. Otra opción, que personalmente defendí en el Congreso cuando se debatía el acto legislativo de la reforma política de 2003, consistente en sumarle los votos del partido, es decir, los que no prefirieron a ninguno, al orden que trae la lista. Pero jamás puede pensarse en el retroceso de volver al sistema del cuociente electoral, tan nefasto para los partidos y para la democracia. Un sistema que le permite a cualquiera crear su propio partido o acudir a la operación avispa para atomizar las organizaciones políticas, no es lo ideal. Eso sería un terrible retroceso.
Obvio que el sistema es medianamente complejo y tanto el periodismo, como la clase dirigente debemos estudiar y comprender estas reformas para poderles hacer críticas lógicas y consecuentes.
¿VIVA LA MUERTE?
AURICIO CABRERA GALVIS, Cali, Noviembre 18 de 2007
La noticia pasó casi inadvertida en medio de tantas ejecuciones similares. El Tiempo la publicó con cierto despliegue hace más de un mes pero no se volvió a hablar de ella ni suscitó ningún comentario. El titular a tres columnas en una página interior era escalofriante: “Para tener 5 días libres, militares mataron a campesino de 19 años”; y el subtítulo no lo era menos: “Soldado confesó que hicieron una ‘vaca’ para comprar la escopeta que le pusieron entre las manos, lo pararon en un puente y le dispararon”.
Cuando apareció el muerto junto con la escopeta, la versión oficial del Ejército dijo que se trataba de un subversivo que trataba de volar un puente en El Peñol (Antioquia) y que murió en enfrentamiento con las tropas regulares. La verdad se pudo conocer porque la familia del campesino asesinado no se resignó, denunció el hecho y logró que la justicia civil condenara a los culpables, un suboficial y tres soldados que, para ganarse el premio que el Ejército les ofrece a quienes maten guerrilleros, armaron con frialdad el falso positivo.
Las reacciones ante un hecho abominable como este son predecibles. Unos dirán que se trata de un caso aislado, de manzanas podridas que no comprometen a las Fuerzas Armadas, mientras que en el otro extremo se dirá que son tantos los casos de falsos positivos que ya forman parte de la estrategia de la Seguridad Democrática. Unos dirán que es un ejemplo del buen funcionamiento de las instituciones, en este caso la Fiscalía y la Justicia ordinaria, que no dejaron impune el crimen, mientras que otros pensarán que es la excepción que confirma la regla de las arbitrariedades que debe soportar la población civil en las zonas de conflicto.
Pero más allá de los debates políticos alrededor del caso hay una pregunta que debemos respondernos como sociedad: ¿qué está en la mente y en el corazón de unos jóvenes colombianos de 20 o 25 años, como debían tener estos soldados, que los lleva a menospreciar la vida de otro muchacho como ellos a tal punto que están dispuestos a sacrificarla a cambio de una miserable recompensa de 5 días de permiso y, tal vez, algo de plata? Aquí no hay motivaciones políticas ni ideológicas; no se trata de desaparecer a un sospechoso de colaborar con la guerrilla, ni de silenciar a un opositor incomodo. Es solo el afán del premio material.
Se pueden intentar explicaciones psico-sociales, como buscar antecedentes de violencia o abuso infantil en los familias de esos soldados, o atribuirlo a un comportamiento gregario, de pandilla, al que son tan susceptibles los adolescentes, o pensar en la mentalidad del sicario que con un escapulario en la mano se persigna antes de disparar a su víctima solo para ganarse unos cuantos pesos. En algo contribuyen estas hipótesis u otras similares a entender este tipo de comportamientos cuando son de personas independientes, pero no del todo cuando se repiten dentro de una institución como el Ejército que se supone debe controlar esas conductas individuales.
Tal vez el problema radique en el esquema de incentivos que se ofrece como fruto de una visión en la que predominan los medios (matar guerrilleros) sobre el fin (alcanzar la paz). Cuando a un joven soldado sin mayor formación y, posiblemente, criado en un ambiente de violencia le ofrecen premios por dar de baja a los enemigos de la patria, es grande la tentación de empezar a inventarse enemigos para ganarse los premios, porque entonces la muerte puede llegar a convertirse en un objetivo en si mismo como lo fue en la guerra civil española donde se impuso el grito de “Viva la Muerte”, consigna del nefasto general Millán-Astray fundador de la Legión Extranjera de ese país.
La tradición democrática del Ejército colombiano lo aleja por naturaleza de estos extremos porque su misión constitucional es garantizar la convivencia en paz de todos los colombianos, pero vale la pena revisar si el esquema de incentivos adoptado es útil para estos propósitos.
Golpes de la naturaleza
Andrés Piedragil Gálvez, Ciudad de México, revista América Economía No. 350.
Humberto Salazar regresó hace poco a la caótica y contaminada Ciudad de México. Ahí lee la información sobre el reciente paso del huracán Dean, que durante su travesía por la Península de Yucatán –en la frontera con Centroamérica– causó daños por más de US$ 180 millones. Las noticias le recuerdan algo: hace dos años el huracán Wilma lo expulsó del paraíso donde pretendía pasar el resto de su vida: Cancún, la joya de la Riviera Maya. Su pequeña empresa, que prestaba servicios de limpieza y fumigación a hoteles del área, debió cerrar sus operaciones, liquidando sus sueños caribeños.
Y es que la naturaleza ha querido que América Latina sea un escenario especial para violentos tornados, inundaciones y terremotos. Según cifras de la Organización de Estados Americanos (OEA), entre 1996 y 2005, de 6.417 desastres globales, 1.262 afectaron directamente a la región. El problema es que los latinoamericanos no son muy asiduos a los seguros. Estadísticas de la aseguradora española Mapfre señalan que la región destina 0,9% del Producto Interno Bruto a seguros de vida y 1,4% a pólizas de no vida; lejos de los respectivos 4,4% y 3% que figuran en el promedio mundial.
Según la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas de México (CNSF) –uno de los países más acostumbrados a este tipo de desastres–, el 42% de las pólizas del mercado de seguros (que en 2007 manejará primas por US$ 16.300 millones) corresponde a vida y pensiones, el 24,5%, a autos, el 17,2% a accidentes y enfermedades, y sólo el 16,3% a daños.
En el país, proteger un hogar o empresa implica contratar, en la práctica, dos pólizas: la de un seguro que incluya primas por riesgos catastróficos –incendios, huracanes o sismos– y una cobertura para pérdidas financieras, renta, caída en ventas o suspensión de sueldos (primas consecuenciales). Un asunto que dispara los precios y que no tiene un costo promedio definido. “Son coberturas complejas, que pasan por negociaciones específicas entre asegurador y cliente, y cuyo costo depende de factores muy particulares”, afirma Gianco Abundis, director general de Consultoría y Estadística Actuarial y experto en temas del ámbito asegurador.
El fenómeno tiene un motivo claro: los altos costos de los desastres naturales. El huracán Dean, de agosto, causó daños –según la reaseguradora alemana Munich Re– por entre US$ 1.000 millones y US$ 2.000 millones por su paso por República Dominicana, Jamaica y otras islas del Caribe. Lejos de la devastación de Katrina en Centroamérica: daños por US$ 50.000 millones, según la misma compañía, que metieron en dificultades a las aseguradoras. En 2005, Wilma generó pérdidas por más de US$ 8.000 millones en la Península de Yucatán, en México, donde están los principales destinos turísticos de la Riviera Maya. Y el terremotó que azotó a Perú y el 15 de agosto dejó daños que exigirán 18 meses de reconstrucción y una inversión de US$ 200 millones. Además de 500 muertos, 85.000 familias damnificadas, más de 300 personas desaparecidas, 52.200 viviendas destruidas, 23.600 espacios habitacionales severamente afectados.
Aprender “por las malas”
Para las aseguradoras, la situación tampoco es sencilla. Los costos de mantener cerrada la empresa del cliente pueden superar los del daño físico. Durante el paso de Wilma por México, compañías de seguros como Zurich y Royal & SunAlliance debieron hacerse cargo de negocios turísticos cuyas “primas consecuenciales” triplicaban el monto que representaba el daño directo.
A partir de esa lección, las aseguradoras optaron por vivir tranquilas. En las zonas mexicanas de alto riesgo de huracán, inundación o terremoto optaron por sólo ofrecer coberturas ante sucesos catastróficos y aumentar el monto de las “primas consecuenciales” por sobre el 35%. En zonas con riesgo alto, como el sureste, incluso lo hicieron por sobre el 1.000%. “Las empresas inflaron el costo de estas primas para desincentivar su venta”, dice un vocero de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) que prefirió no ser identificado.
Otro factor que desalienta la contratación de pólizas ante desastres es el hecho de que la gran mayoría de los mexicanos considera que el gobierno debe asumir las tareas y los costos de reconstrucción en una catástrofe natural. Luciano Devars, director técnico del área de Seguros del banco BBVA Bancomer, reconoce que el Estado debe proteger a las poblaciones vulnerables, pero considera que “se ha generado un exceso de paternalismo que se traduce en un limitado interés en cuidar un patrimonio que el Estado, se cree, tiene la obligación de restituir ante un desastre natural.
La revolución del eufemismo
Aitor Iraegui Balenziaga, colaborción enviada desde La Paz, por el Exministro Hugo Carvajal.
Es en el populismo donde el eufemismo logra su expresión más pura, su plasmación más radiante y convincente. Si toda la política abusa de la manipulación de las palabras, de su estiramiento y conversión, el populismo hace de la práctica arte y de la coyuntura permanencia.
Para el populismo, la palabra es la principal arma de lucha. Del mismo modo que los dictadores se atrincheran tras la violencia y los demócratas se refugian en la norma y en la confianza en lo verificable, los populistas prefieren la pirueta lingüística, el salto al vacío discursivo, el malabarismo metafórico.
El gobierno boliviano, del que a estas alturas ya nadie duda su entusiasta vocación populista, es también un amante seguidor de lo eufemístico. El Presidente Morales ha demostrado que, para practicar el arte de llamar a las cosas por lo que no son, basta con una buena dosis de astucia política y un mediano conocimiento de la naturaleza humana. Ambas cualidades (aunque es justo reconocer que también algunas más) sobran en ese gobierno que, más que transformar la realidad boliviana, ha decidido cambiar el curso de las palabras con las que los bolivianos se reconocen a sí mismos.
Así, su política de reformas, muchas veces erráticas, se ha convertido, por obra y gracia de la prestidigitación discursiva, en una “revolución democrática y cultural”, la readecuación de los contratos petroleros en una “verdadera nacionalización”, la creciente dependencia de gobiernos foráneos se convierte en “cooperación entre gobiernos amigos” y la algarada en zonas enteras del país que protestan contra el exceso andino-centrismo de las políticas estatales, se transforma en “manifestaciones reducidas de grupos oligarcas”.
Igual que el mago extrae palomas de su chistera, el gobierno boliviano saca “reformas históricas” y “transformaciones profundas” de los lugares más improbables. Tal como el espectador del circo se sobresalta por el revoltijo de plumas que surgen del sombrero de fieltro, el ciudadano boliviano se maravilla y se ilusiona ante la avalancha de cambios venideros.
El gobierno de Evo Morales ha logrado democratizar un sistema político marginador y endogámico y eso se le agradece. Millones de bolivianos excluidos (y en eso coincide también la esencia del populismo) han encontrado en el MAS una plataforma para acceder a la política. Pero el gobierno tiene que comprender, si puede, que el país no se construye sobre la base de hiperbolizar, sino a partir de trabajar, de proyectar, de mirar hacia delante.
POBREZA Y MEDIO AMBIENTE
Humberto Tobón y Tobón [1]
Uno de los grandes debates ambientales gira en torno al nivel de responsabilidad de la pobreza en la devastación de los recursos naturales y en la contaminación del entorno. La tesis más generalizada es que la pobrería busca en los bosques la madera para levantar sus viviendas, tener fuego y ganar terreno para la siembra de alimentos. Este tipo de comportamientos acelera los procesos erosivos e incrementa los niveles de riesgo por deslizamientos de tierra e inundaciones. Sus excretas y los residuos sólidos y líquidos que se originan en su vida cotidiana van a parar especialmente a las fuentes superficiales de agua, que son utilizadas para su propia ingesta, con lo cual se crea un círculo de contaminación y enfermedad que desmejora la calidad de vida de las personas y obliga a múltiples inversiones públicas en saneamiento básico y atención hospitalaria.
A esto se agrega que el sector productivo de los países subdesarrollados contribuye a que el círculo de la pobreza no tenga fin, pues se niega a invertir en tecnologías limpias y prefieren seguir enviando sus desechos a los ríos, al aire y a los botaderos de residuos a cielo abierto, que son precisamente los espacios que lindan con las comunidades más pobres y marginadas. El impacto ambiental de las acciones industriales iguala, e incluso supera la dimensión del problema que ocasionan las comunidades pobres, y los efectos más próximos se observan en la tierra arrasada por el uso de técnicas contaminantes; disminución de especies de flora; eliminación de bosques para propósitos agrícolas y pecuarios; desaparición de fuentes de agua y déficit en el inventario de biodiversidad. Esta contaminación de origen industrial, no es exclusiva de los países pobres, también se observa en las naciones ricas, y sus impactos, incluso, son mucho más drásticos, por ejemplo, con el uso excesivo de gases de efecto invernadero.
De este análisis de entorno surge una pregunta muy precisa «¿Cómo se puede pedir menos pobreza sin pedir a la vez menos población?» [2] Y la respuesta es que el crecimiento poblacional por sí mismo no es el causante de la pobreza, pues para que esta se consolide deben entrar en juego otras circunstancias como la desigualdad en la distribución de los recursos, la obsolescencia tecnológica, la falta de políticas productivas, la poca inversión en investigación, el desempleo estructural, la mínima atención frente a la ocurrencia de enfermedades mortales y el mal uso de los recursos naturales. Muchos países altamente poblados combaten las variables que conducen a la pobreza y se erigen como naciones desarrolladas, tal es el caso de China, que en las últimas dos décadas disminuyó en 42 puntos porcentuales el número de pobres [3].
Claro que cuando un país es pobre y mantiene un acelerado nivel de crecimiento demográfico, sin aumentos significativos de su riqueza, es muy probable que se reproduzca la pobreza con todas sus secuelas. Mientras que un país rico con modelos de contención poblacional incrementará el nivel de vida de sus habitantes y presionará una mejor distribución de la riqueza.
Lo que sí es claro es que existe una acción contaminante y depredadora tanto entre los pobres como entre los ricos. Aquellos lo hacen porque esquilman los recursos naturales para poder subsistir y porque sus tecnologías son inadecuadas y estos porque tienen un exceso de consumo que copan la capacidad de autorregeneración del ambiente.
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[1] Consultor de entidades públicas y privadas en Colombia
[2] La pregunta fue formulada por el profesor Sartori, titular de la cátedra Albert Schweitzer en Humanidades de la Columbia University de New York y profesor emérito de la Universidad de Florencia.
[3] Reducción de la pobreza y crecimiento: Círculos virtuosos y círculos viciosos. Naciones Unidas, 2006
LAS OTRAS VIOLENCIAS
Es poco realista confiar en la fuerza para resolver los problemas de la violencia. Esta opción se basa en un diagnóstico equivocado por reduccionista y su efecto puede ser el de empeorar las cosas. Las diversas violencias son siempre fenómenos complejos y deben ser tratados reconociendo esa complejidad, lo que incluye estudiar sus diversas causas y legitimaciones. El no hacerlo así podría significar, en algunos casos, la presencia de otro tipo de intereses ajenos a los de resolver dichos problemas.
José María Tortosa, Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz, Universidad de Alicante, España. PNUD.
La violencia tiene muchas formas. Existe la violencia llamada guerra, sea entre Estados o sea guerra civil dentro de un Estado, cuando los enfrentados son ejércitos más o menos regulares. Está la violencia llamada guerrilla, cuando por lo menos uno de los actores no es ejército en sentido estricto, aunque esté organizado y actúe como si lo fuese, pero cuyo carácter regular es más que discutible. Y existen muchas más formas de violencia, desde la que el individuo ejerce contra sí mismo, que eso es al fin y al cabo el suicidio, a la que individuos o grupos practican contra otros individuos o grupos: asesinato, homicidio, agresión, pandillismo, sicariato y demás formas de violencia llamada criminal. Finalmente, hay una forma de violencia relativamente reciente, hasta el punto de que ha sido llamada “guerra de cuarta generación”, en la que las fronteras estatales quedan desdibujadas y el agresor (es) y agredido (s) adquiere un carácter transnacional. Aunque no se reduce al fenómeno del terrorismo transnacional, es obvio que en éste tiene su ejemplo más comentado.
Violencias engañosas
Es evidente la fascinación que estas diferentes violencias ejercen sobre los humanos. Algunas son fomentadas por un sistema educativo que ensalza las batallas, los héroes y, en su caso, las victorias sobre enemigos “qui viennent jusque dans nos bras, égorger nos fils et nos compagnes” como canta la Marsellesa. Los llamados himnos nacionales suelen ser un buen ejemplo de esta exaltación, pero la literatura y la historia colaboran en este empeño. Otras violencias (a veces, las mismas) son presentadas con detalle en los medios de comunicación de manera que es fácil ver programas de crónica de la violencia mientras que los programas de noticias puedan llamarse programas de violencias. Finalmente, y como denunciaba el informe de Amnistía Internacional de 2007, hay un uso político de la violencia no sólo mediante la amenaza de la misma sino, sobre todo, generando estados de temor e inseguridad que fomenten la sumisión acrítica de los ciudadanos a las políticas -por otro lado discutibles- de los respectivos gobernantes.
Sin embargo, la violencia no está tan extendida como estas fuentes pueden hacer creer, ni siquiera en sociedades supuestamente muy violentas. El número de guerras interestatales e intraestatales, además, está disminuyendo a escala mundial y los llamados “conflictos etnopolíticos” también presentan una frecuencia y mortalidad menguante. Es difícil saber de la evolución de la violencia criminal, pero los datos disponibles parecen indicar una relativa estabilidad en los últimos años. Lo único que ciertamente ha crecido ha sido el número de ataques del terrorismo internacional y el número de muertes provocados por el mismo, sobre todo a partir de la ocupación de Afganistán y de Iraq, según reconoce el Departamento de Estado de los Estados Unidos en su informe anual sobre el tema. Los casos del 11 de septiembre (Estados Unidos), 11 de marzo (España) y 7 de julio (Reino Unido) podrían hacer pensar que se trata de un “choque de civilizaciones”, pero los mucho más importantes atentados de Somalia, Kenia, Tanzania, Yemen, Arabia Saudita, Marruecos, Túnez, Indonesia, Pakistán, Egipto, Turquía, Jordania y Argelia muestran la dificultad de entender este fenómeno según los viejos parámetros de las viejas guerras.
Sabiendo que en el caso del terrorismo transnacional la mayor parte de ataques y muertes se produce dentro del mundo de mayoría musulmana y viendo las causas, diferentes en cada suceso, que subyacen en cada uno de ellos, la pregunta no es por qué hay tanta violencia sino por qué hay tan poca o por qué disminuye habiendo factores que la fomentan.
Las raíces
Un comienzo de respuesta se obtiene sabiendo que el ser humano no es, por naturaleza, violento y que tiene particulares dificultades para matar a sus semejantes en cualquiera de los contextos reseñados anteriormente. Eso lo saben bien los que entrenan a los soldados, guerrilleros, sicarios o paramilitares en cualquier parte del mundo. De hecho, la repugnancia instintiva a matar se supera actuando sobre cuatro elementos: proponiendo una autoridad legítima desde el punto de vista del individuo; introduciéndole en un grupo que le apoye, le absuelva y le acepte; condicionando su comportamiento mediante mecanismos de estímulo-respuesta ante las órdenes y utilizando cualquiera de los desinhibidores disponibles (drogas legales –alcohol- o ilegales) y, finalmente, etiquetando a la víctima de forma conveniente, sea como subhumano indigno de vivir, sea como esos enemigos a los que se refiere la Marsellesa o sea como alguien que antes hizo algo contra “nosotros” y del que hay que vengarse o al que hay que odiar. Estas consideraciones, de todos modos, no excluyen la existencia de desórdenes de la personalidad que llevan al comportamiento violento en sus diversas formas “anormales” (asesinatos en serie, sadismo, fobias violentas etcétera).
El entrenamiento del individuo “normal” para que mate y persista cuantas veces la autoridad o el grupo estimen necesario es cambiante a lo largo del tiempo y de las instituciones y no tiene los mismos efectos en todas las sociedades. Por enumerar rápidamente algunas componentes sociales que afectarían a este entrenamiento, hay que recordar el papel que el enemigo exterior (real o ficticio, no importa, lo que interesa es que sea creído como tal) tiene en la cohesión del grupo o de la nación. Los líderes con problemas internos buscan, con relativa frecuencia, enemigos externos para proyectar los odios y rabias de los propios o para que sean el chivo expiatorio que los absuelva. Obviamente, depende de coyunturas políticas que los líderes recurran o no a este mecanismo. Después, las mentalidades cambian de país a país y también las circunstancias pueden ser divergentes: no es lo mismo largos años de enfrentamientos armados para resolver las diferencias políticas que haber tenido, desde el primer momento, otro enfoque menos violento.
La respuesta violenta se aprende, como se aprende la noviolenta, aunque ésta sea la más humana. Este aprendizaje, esta transmisión de valores, normas, actitudes aceptables y comportamientos esperables, es lo que llamamos cultura. En este caso, cultura de la violencia. Finalmente, a efectos presentes y sin ánimo de agotar la lista de diferencias, está la cuestión de la desigualdad y la pobreza. No es, de todos modos, el nivel de desigualdad el que va a incidir, “ambientalmente”, en el incremento de la violencia practicada, sino el cambio en los niveles de desigualdad percibidos por la población. Si la población cree que la desigualdad está aumentando, la probabilidad de encontrar aumentos de la violencia por causas “ambientales” puede acrecentarse.
Hay un punto que conviene resaltar si lo que se quiere es entender algunos problemas contemporáneos relativos a la violencia. Como es sabido, la frustración genera agresividad y la agresividad puede resolverse en agresión, sea hacia el exterior (violencia de diversos tipos) o hacia el interior (depresión, una de las más importantes enfermedades a escala mundial y que, probablemente, cause más muertes que la violencia entre individuos). Nuestras sociedades son ahora sociedades frustrantes sea porque las desigualdades se están acrecentando, sea porque lo que ofrecen las publicidades no son cosas siempre alcanzables o sea porque los fines que propone la sociedad para la vida humana son fines imposibles... o inexistentes. Estos problemas afectan, en particular, a las clases medias, inseguras y temerosas de caer en la pobreza o de ser objeto de las distintas formas de violencia que, a su parecer, ejercen los pobres, los extraños o los diferentes. Y afectan al comportamiento de las masas, con el añadido caldo de cultivo de los Estados débiles.
Las combinaciones posibles entre todos estos factores (individuales y ambientales) podrían explicar los cambios en los comportamientos violentos observables tanto hacia uno mismo como hacia los demás (¿a más depresión, menos violencia externa?), tanto como individuo como en términos de grupo o de estado y hasta de supuesta “civilización”.
El tratamiento
Con la violencia podemos quedar fascinados, podemos -convenientemente entrenados- dedicarnos a ella, podemos manipular a la opinión pública mediante el miedo y la inseguridad (la “guerra contra el terror” es un buen ejemplo) o podemos intentar reducirla y, eventualmente, eliminarla. Eso supone pasar del diagnóstico que se acaba de hacer a un diagnóstico algo más preciso. Porque también aquí hay varias opciones.
El primer paso consiste en reconocer (o no) que todas estas violencias serían incomprensibles y, por tanto, intratables si no se considerase otro tipo de violencias que algunos autores llaman violencia cultural y violencia estructural. Otros autores prefieren hablar en singular y referirse únicamente a la violencia directa, física. Suelen argüir que ampliar dicho concepto lo haría inasequible a un estudio científico. No parece un argumento concluyente si se tiene en cuenta la heterogeneidad que ya se incluye bajo la palabra violencia: no es lo mismo, efectivamente, un suicidio depresivo, una agresión racista, un atentado suicida, el terrorismo de Estado, la guerra civil o una guerra mundial. Hay, pues que distinguir entre los diferentes agentes y receptores de la misma (el individuo, grupos diversos, el Estado): son muchas violencias distinguibles.
Además, guste o no, las violencias directas, los conflictos y contradicciones que manifiestan y las legitimaciones que las apuntalan forman parte de un todo, no es tan sencillo separarlas. Esos conflictos y contradicciones se podrían llamar violencia estructural o violencia institucional (opresión, represión, marginación, explotación) mientras que las legitimaciones de estas violencias y de las violencias físicas se llamarían violencia cultural o, en su caso, violencia simbólica.
Para muchos autores, esta inclusión de nuevos problemas no sólo impide su análisis sino que dificulta su resolución. Desde la escala de lo local a la escala de lo transnacional dirán que lo que hace falta es más policía, más disuasión y más ejército; que el análisis de las causas es irrelevante y que todas las violencias son iguales, en particular las llamadas “terroristas”. La violencia, acabarán diciendo, se cura con violencia. Es la opción del cirujano a quien no preocupa para nada qué ha causado el cáncer sino que sólo quiere extirparlo. Pero la comparación no debería convertirse en un argumento. No lo es, aunque se podría mantener reconociendo las enfermedades iatrogénicas, producidas por la misma intervención.
La opción más razonable si lo que se quiere es reducir, limitar o eliminar la violencia es la de tener ante ella una perspectiva integral. Por supuesto no es el caso si lo que se quiere es seguir en el poder usando el señuelo de las distintas violencias. Pero desde el punto de vista de la ciudadanía, interesada en que dicha amenaza por lo menos disminuya, no hay más remedio que afrontar simultáneamente las tres “violencias”. Sin duda que la violencia directa demanda policía y ejército, aunque, a veces, con aumentar la iluminación es suficiente. Pero puede aceptarse esa necesidad y más en casos de exaltación colectiva e inercia de la organización violenta. Sin embargo, tanto a corto como a largo plazo se precisan acciones en pro de una cultura de paz que sustituya a la dominante cultura de la violencia. Y, sobre todo, es indispensable preguntarse qué conflictos, frustraciones e injusticias subyacen a los comportamientos violentos. No todo comportamiento violento es reducible a estas violencias estructurales. Como se ha dicho, hay desórdenes de la personalidad (incluida la de los gobernantes, que no por serlo están exentos) y puede haber voluntad de permanencia por parte de las organizaciones violentas (regulares o irregulares, ejércitos o guerrillas, bandas armadas, bandidos etcétera) que hagan necesario buscar otras medidas. Pero no es exagerado afirmar que sin conocer las causas (por ejemplo, del terrorismo transnacional) difícilmente conoceremos los remedios eficaces y duraderos: un cáncer de laringe no se cura igual que una faringitis.
Hechos del Callejón es una serie periodística del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), auspiciada por la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (ASDI) y la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD). Sus artículos pueden ser reproducidos parcial o totalmente citando la fuente.
Se asoma la primavera social
… Y Colombia, ay, con el gringo ahí
OCTAVIO QUINTERO
Varias veces he citado esta anécdota que tuve hace años con el entonces ministro de Hacienda colombiano, Rodrigo Botero, quien, jactándose de mantener una buena liquidez en el mercado monetario, yo, de ‘inteligente’ le pregunté: “Pero, ministro: ¿entonces dónde está la plata?”, a lo que rápidamente me respondió con tajante lógica e incuestionable afirmación: “La tienen los ricos”.
Esto quiero decir que la masa monetaria de un país dado, y del mundo en general es (o debe ser), proporcionalmente igual a su nivel de desarrollo. Me explico: no podría ser, por ejemplo, que todos nos volviéramos ricos de un momento a otro con sólo echar a andar las máquinas impresoras de los bancos emisores, lo cual, por demás, sería muy fácil. La riqueza es, por ende, la sumatoria de lo que producimos. Es decir, para que un país sea cada vez más próspero tiene que producir cada vez más, y que esa riqueza, por supuesto, se quede en el país y la disfrute la mayor cantidad de gente posible.
Hasta ahí creo que vamos de acuerdo.
Ahora bien, como los medios de producción pertenecen a los ricos, y esos ricos se apropian (se roban, mejor dicho) la plusvalía de la mano de obra, tenemos que, cada vez que el desarrollo económico se expande, lo que se genera al otro lado de la moneda es mayor riqueza de los ricos que, como lo dijo el ex ministro Botero en esa anécdota que les cuento, son los dueños de la plata.
Creo que seguimos de acuerdo.
Por eso, esta mañana de lunes 19 de noviembre me sorprendió que periodistas tan incisivos como los de la Doble W, e “inquisidores”, según les espectó al aire un parapolítico, se quedarán callados cuando el ex presidente mexicano, Vicente Fox, les dijo que la única forma de acabar con la pobreza era generando riqueza.
Ese es un cuento ya trillado del neoliberalismo que, en sus albores latinoamericanos, los ‘Chicago boys’ de Milton Friedman, cuyo precursor en Colombia fue precisamente el ex ministro de marras, valga decir el gobierno del finado López Michelsen, trajeron de los cabellos la teoría del ‘efecto derrame’ sugiriendo malévolamente que si se rebosaba la tasa de los ricos, pues, el dinero sobrante tenía necesariamente que llegar a la totuma de los pobres.
La realidad es tozuda. Al cabo de 15 largos años neoliberales lo que se dio fue cada vez más pobres y más pobreza; y al otro lado de la moneda, más concentración de la riqueza.
No hay que abundar en más razones que teórica y empíricamente muestran el fracaso del modelo neoliberal. Lo que se debe señalar ahora es… ¿Cómo nos seguimos tragando el cuento?... Cómo hace el señor Uribe en Colombia para mantener una imagen, la última bordeando el 80% de admiración nacional, cuando ya no contiene revelación ni mérito señalarlo como el principal responsable de la precarización laboral con sus reformas laborales y de la mercantilización de la salud con su reforma de la Ley 100?.
No me sorprende, por supuesto, la ignorancia del colombiano medio en este campo sino la ignorancia de periodistas que cubren un basto campo de la opinión popular con su trabajo, al dejar pasar afirmaciones tan ligeras de neoliberales como el ex presidente mexicano en el sentido de que la única forma de acabar con la pobreza es generando riqueza, afirmación que por contener una verdad a medias termina siendo una mentira completa porque, si a la generación de riqueza usted no le agrega una mejor distribución de la riqueza, entonces, usted lo que está haciendo es metiendo más dinero al bolsillo de los dueños de la plata.
Resulta difícil también, y es justo reconocer, que en un tipo de periodismo a mano alzada, como es el radial, un periodista que no tenga mediana información sobre asuntos económicos, pueda refutar a un ex presidente mentiroso como Fox quien sí tiene por qué saber que el Banco Mundial en su informe de 2004 sobre México (es decir cuando él ya llevaba cuatro años de gobierno), afirmaba que la pobreza en ese país “se mantenía en niveles inaceptablemente altos (…) similares a los registrados a comienzos de los años 90”, hecho que indujo al propio Banco Mundial ha sostener en ese mismo informe que (…) “los últimos l5 años han sido una pérdida en combatir esa condición que afecta a más del 50 por ciento de los 104 millones de mexicanos, debido en gran medida a la gran desigualdad en los ingresos que se mide en la estadística de que la décima parte mas rica de la población captura más del 40 por ciento de los ingresos totales, mientras la décima parte mas pobre sólo obtiene 1.1 por ciento”.
Se asoma la primavera social
Y antes de cerrar este comentario, quería alertar a los analistas sobre la muy posible victoria que empezará a cantar el neoliberalismo cuando quiera apropiarse del último informe de CEPAL según el cual (…) “en el 2006 salieron de la pobreza (en Latinoamérica) 15 millones de personas y 10 millones dejaron de ser indigentes. De esta forma, las cifras indican que en 2006, un 36,5% de la población de la región se encontraba en situación de pobreza (194 millones), mientras que la pobreza extrema o indigencia abarcó al 13,4% de los habitantes (71 millones). Se trata de la primera vez desde 1990 (agrega el informe), en que el número de personas pobres en la región desciende por debajo de los 200 millones”.
En conclusión, se pueden afirmar dos hechos contundentes: que entre 1990 y 2005 (los años dorados del neoliberalismo), la pobreza e indigencia latinoamericana estuvo en constante aumento, o en el mejor de los casos, no disminuyó por el socorrido ‘efecto derrame’; y que esa disminución que registra la CEPAL en 2006, con el consiguiente pronóstico de que (…) “para el año de 2007 se espera que los habitantes en situación de pobreza e indigencia sigan disminuyendo hasta alcanzar alrededor de 190 los primeros y 69 los segundos, coinciden con los cambios de modelo en Venezuela, Brasil y Argentina; y más tarde en Bolivia, que seguramente se verán reforzados por las políticas de mayor contenido social que también han empezado a darse en Ecuador y Nicaragua.
Y Colombia, ay, con el gringo ahí.
oquinteroefe@yahoo.com
19-11-07
LA DECADENCIA DE LAS CUMBRES DE JEFES DE ESTADO.
Héctor Gómez Paniagua
La Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado llegó a la edición tan esperada en que demostraría la necesidad de modificar su estructura, preparación, objetivos y, sobre todo, de que en el futuro debe aprobar solo conclusiones finales con decisiones viables y concretas que ayuden a resolver los ingentes y crecientes problemas de América Latina.
La preparación se llevó a cabo bajo la dirección de Enrique Iglesias desde su Secretaría General Iberoamericana, que a todo lo largo de 2.007 ha realizado una gran actividad con la colaboración de todos los gobiernos, los gremios empresariales, parlamentos y entidades cívicas. Pero el Programa de Acción termina repitiendo ordenadamente los contenidos anteriores, y llega a parecerse tanto a la Cumbre de Montevideo del 5 de junio de 2.006 , que uno se pregunta sobre el criterio vacío de los gobiernos que firman documentos de compromiso internacional sin rubor alguno y a sabiendas de que su contenido servirá como propaganda mediática pero sin beneficio para sus pueblos.
Es recomendable leer los documentos finales de la Cumbre, porque creo que nunca se habrá escrito en una reunión internacional un repertorio tan completo de todas las acciones públicas y privadas que tendrían que llevarse a cabo para la solución definitiva de toda la problemática de una región, incluyendo los hechos coyunturales imprevisibles y políticas multilaterales de amplio espectro. Lo novedoso es que incluye el marco conceptual tan actual de la Cohesión Social, aplicado a la política social y la convivencia universal, que pretende construir con diálogo y participación ciudadana , un compromiso de todas las fuerzas políticas sociales y económicas. Casi nada. La cohesión social fue el principal pretexto esgrimido por el presidente Chávez, que aunque firmó el documento, descalificó por inútiles las Cumbres de Jefes de Estado. El argumento es válido: si no hay cohesión dentro de los países y América Latina es la región con mayores desigualdades del mundo, hay que dar otro sentido a las políticas.
Un tema que desapareció de la Cumbre fue la condena de la CORRUPCIÓN, que es el problema capital que resume y compendia todo lo negativo del presente y futuro de la región, y que es causa de la pobreza, el retraso y la ignorancia. No se dieron cuenta los gobiernos que sin acabar con la corrupción, todas las demás acciones están neutralizadas, porque las actuaciones aprobadas requieren de mucho dinero y de administraciones transparentes que optimicen los recursos. No se entiende su ausencia después de mencionarla con énfasis en casi todas las anteriores Cumbres. Con solo haber aprobado un estatuto coercitivo de condena de la corrupción y la creación del espacio libre de corruptos de Iberoamérica, se hubiera salvado esta Cumbre con creces.
Aparte del repetido Programa de Acción y como proyecto concreto muy estudiado y preparado es el Convenio Iberoamericano de la Seguridad Social, que pretende nada menos que establecer un mecanismo multilateral de los 22 gobiernos para que se reconozcan las aportaciones que hayan hecho los trabajadores en diferentes países. Este es le proyecto mas utópico que se haya pensado en los 17 años, si se toma nota de que Colombia y España han tardado 10 años en negociar un convenio bilateral, y aunque ya ratificado, le falta la reglamentación y recursos. Es absolutamente impensable un acuerdo entre la Seguridad Social boyante de España y 21 de escasos recursos, además de la complejidad de la negociación y de su funcionamiento.
Un proyecto importante y que puede echar a andar con la ayuda de otros organismos financieros, es el de la propagación del agua potable, para el cual España aportará € $1.500 millones en 5 años, que aunque es importante, solo sería el capital semilla apara las necesidades de la región, en donde cerca de 80 millones de personas no disfrutan del servicio del agua. El agua, el saneamiento , del que no disponen 100 millones de personas, la educación , la formación profesional, las comunicaciones, la erradicación de la pobreza, la atención de desastres, financiación de viviendas, financiación de la tecnología de la información, etc, son cada uno un problema de tal envergadura que no hay fondos suficientes en toda la región para resolverlos siquiera a largo plazo.
La participación del Rey de España ha sido un elemento aglutinante que ha permitido la asistencia récord en todas sus ediciones, a pesar de la insatisfacción general de la opinión pública por el resultado de cada reunión, pero no deja de ser inconveniente por su condición política tan especial y el demasiado protagonismo que ejerce. Esto hacía presumir que los países mas inconformes de la región acabarían fomentando un sentimiento de rebeldía, que se patentó con el grave enfrentamiento provocado por el Presidente Chávez. Posiblemente el mandatario venezolano tenía previsto disentir. pero no sospechaba que al interrumpir al Presidente Zapatero iba a haber una fuerte reacción del Rey, muy justificada, pero no adecuada a las normas internacionales, lo que al final le beneficiaría y le daría argumentos para utilizar en su campaña electoral. Su discurso victimista y reivindicatorio va a proliferar en el futuro entre los partidos de izquierda y especialmente en aquellos países que piden mas protagonismo de la población indígena.
Un inconveniente de las Cumbres es que sus plenarias son públicas, con el riesgo de debates y controversias fácilmente manipulables políticamente. Si. como acontece en la Unión Europea fueran cerradas, el rifirafe no hubiera trascendido y se hubiera evitado esta confrontación que todavía no se sabe las consecuencias que tendrá. Lo que si ya se ha oído es una iniciativa muy extendida de que las Cumbres se celebren cada dos años.
De todas formas, se suponía de antemano que el enfrentamiento actual de dos corrientes políticas en la región y la necesidad de actuaciones de impacto por parte de Chávez iban a generar algún gesto discordante, pero nadie imaginaba que sería la Cumbres de los conflictos, con los problemas de Uruguay y Argentina, de Chile y Bolivia, de fuertes críticas a la acción de los empresarios españoles en la región, y como fatídico final el enfrentamiento entre el Rey de España y el Presidente Venezolano. Todos debieran reflexionar sobre lo que representa de negativo el resultado de esta Cumbre y decidir volver al lenguaje de la unidad, de la cooperación y del respeto mutuo, orientando todos sus esfuerzos a resolver conjuntamente los enormes problemas de la región, no volver a repetir este tipo de declaraciones retóricas y utópicas, sino con la selección a través de la Secretaría General de unos pocos proyectos viables y razonables. De lo contrario, estaremos asistiendo a la decadencia definitiva de las Cumbres.
Madrid, noviembre de 2.007
CERRARLE EL PASO A LA INTOLERANCIA
Clara López Obregón *
La tolerancia con las opiniones ajenas es requisito indispensable de la convivencia democrática en una sociedad pluralista donde el conflicto es la regla y no la excepción. Por ello preocupan tanto las crecientes manifestaciones de intolerancia frente a quienes no comulgan con la verdad oficial. Dos incidentes aislados pero con rasgos comunes inconfundibles deben prender las alertas de la sociedad toda.
Me refiero al ataque físico de que fue objeto el senador Gustavo Petro en un afamado restaurante a donde acuden los jóvenes gomelos bogotanos. Allí, a pesar de la prudencia del senador, un joven comensal lo sujetó mientras otro le sacó el aire con un puñetazo, no sin antes proferirle toda suerte de epítetos destemplados: "guerrillero", "comunista" y demás.
El segundo caso lo refiere el ex presidente de la Corte Constitucional, José Gregorio Hernández en su columna de El Nuevo Siglo. Cuenta cómo por los mismos días asistió a una reunión social en casa de unos amigos. Cuando dos invitados criticaron la posibilidad de una segunda reelección del Presidente Uribe, unos jóvenes enfurecidos por la posición política esgrimida agredieron a puños al autor de las críticas al punto que la reunión tuvo que suspenderse.
Tan reprensible intemperancia en jóvenes provenientes de estamentos con acceso a la cultura y el privilegio llama poderosamente la atención. De una parte, es sintomática de que persiste en las esferas privilegiadas de la sociedad una actitud prepotente frente a quienes representan o plantean el cambio. De la otra, que el instrumento elegido para dirimir las diferencias sigue siendo la violencia, tanto verbal como física, en lugar de la controversia civilizada.
Pareciera que una vez más, en este terreno fértil para la violencia interpartidista, estuviéramos a punto de iniciar otro genocidio político, azuzado por la intolerancia oficial con la disidencia a la declarada bondad de sus planes y políticas. Debemos aprender de la historia. Las ideas no se imponen a la fuerza. El unanimismo no es una opción viable, ni posible. Es hora de decir ¡basta ya! para romper este ciclo de animadversiones con las que se pretende justificar conductas incivilizadas que ubican a Colombia en la lista de países fallidos.
Debemos sin demora, desde todas las orillas partidistas y sociales emprender un proceso de terapia y aprendizaje colectivo en tolerancia y perdón con el objetivo conciente de aclimatar la reconciliación entre todos los colombianos. Directorios de todas las agrupaciones políticas, organizaciones civiles, las iglesias, ojala fuera con el impulso de los altos círculos del poder gubernamental, deberíamos concretar un plan de acción que le permita a todos los sectores del país asumir la verdad judicial e histórica y enfrentar constructivamente la responsabilidad que nos corresponda.
De lo contrario, estos brotes por ahora aislados de intolerancia violenta, darán paso a conductas generalizadas y a la repetición de la historia por nuestra incapacidad de aprender de ella.
Judith Faride o el TLC
César González Muñoz
El viernes de la semana pasada asesinaron en Santa Marta a Judith Faride Álvarez Hernández, funcionaria de la Fiscalía. La institución ha informado que ella trabajaba en la Sección de Análisis Criminalístico “manejando la variable de derechos humanos y justicia y paz”. Su trabajo consistía en investigar y combatir judicialmente a los paramilitares reciclados del Magdalena. Otro servidor de la Fiscalía, Jaime Ómar Colobón, había sido asesinado en septiembre en Cúcuta mientras hacía idénticas tareas con otras “bandas emergentes”.
Esta es la punta del témpano. Decenas de funcionarios de la Fiscalía han sido asesinados en los últimos diez años. Muchos más han sido vejados, amenazados, desterrados, separados a sangre y fuego de su trabajo. La lista de servidores del Estado víctimas de las organizaciones criminales (y de la violencia desorganizada) es inmensa. El daño infligido a la Rama Judicial del Poder Público es una herida profunda que sólo podría sanar cuando la sociedad colombiana haya reconocido su fratricidio colectivo. Mantener viva esta memoria es un bote salvavidas.
El problema es que la comunidad colombiana no da muestras de indignación alguna por crímenes como éstos (“se perdió la capacidad de asombro”, es la vieja fórmula ceremonial). Tampoco hay expresiones colectivas de temor frente a las grietas que se abren en el edificio institucional con cada crimen que se comete contra servidores públicos, armados y desarmados. La conciencia colombiana de lo colectivo, de lo público, de lo estatal, es sumamente leve. La gente está harta de la violencia como generadora de inseguridad física y patrimonial, pero a escala de la familia y de los amigos cercanos. Y no percibe de igual manera el daño que la violencia les causa a las instituciones, es decir a los factores que aseguran la supervivencia colectiva.
Por su lúgubre y admirable oficio, por su modesto lugar en la comunidad, quizás por su origen, Judith Faride no ha sido objeto de notas luctuosas, ni su asesinato ha sido visto en los medios como un atentado contra las instituciones. No es un magnicidio, ni su muerte ha sido la de una “prestante dama de la sociedad samaria”. Las crónicas hacen énfasis en su condición de madre cabeza de familia. Pero sus hijas y demás deudos no son las únicas víctimas del crimen de “esta mujer”, como la califica la crónica de El Tiempo. La agresión ha sido contra la sociedad entera. Significativamente, la Fiscalía se limita a relatar escuetamente las circunstancias del asesinato, y a anunciar que hay una bolsa de recompensa a informantes. Sombrío valor de cambio: veinte millones de pesos, más cuatro millones que aporta la Policía del Magdalena.
Hay otra crónica que debe ser contada reiteradamente. La Fiscalía ha abierto 229 procesos relacionados con 445 homicidios cometidos presuntamente por miembros de la fuerza pública durante los últimos cinco años. Por otra parte, una Misión Internacional de Observación sobre ejecuciones extrajudiciales, apoyada por Naciones Unidas, ha hecho referencia a casi un millar de asesinatos cometidos en este mismo periodo por servidores públicos armados. Los incentivos ofrecidos por el gobierno a los militares por la “bajas” causadas a la guerrilla son factores importantes en esta tragedia institucional. El semanario El Espectador trae muy buena información sobre el tema en su último número. Pero los titulares que usa son indignantes: Para ese medio, los abusos cometidos con armas del Estado, que provocan indignación en muchos sectores de la llamada comunidad internacional, y que estremecen a los defensores de los derechos humanos, son simplemente “otro tormento”, “otro palo en la rueda” de la aprobación del TLC con Estados Unidos. Así pues, la víctima de estos crímenes no es la sociedad colombiana, sino un acuerdo comercial con los gringos.
La nueva España
Jorge Mario Eastman Vélez - Ex ministro delegatario y ex embajador en E.U. Portafolio, noviembre 21 de 2008.
Joaquín Estefanía es uno de los analistas españoles con mayor y bien ganada reputación. Su magisterio en el ámbito universitario y periodístico, lo mismo que su pensamiento político son fuente obligada de consulta para descifrar y entender la España de hoy. Especialmente, desde que sobre el cementerio de más de un millón de muertos que arrojó la guerra civil (1936-39) una nueva generación decidió ponerle oído a la sentencia de Ortega y Gasset, cuando en 1919 sostuviera, ante la sordera de los fundamentalistas de la época, que "España era el problema y Europa la solución".
Un reciente ensayo suyo intitulado 'La larga marcha' esclarece muchos interrogantes y sirve para confiar en el porvenir de una nación instalada ya como país desarrollado, gracias a la visión universal de líderes como Felipe González y Rodríguez Zapatero. Su lectura demuestra que a él, como lo expresará el canciller Mackmilan sobre la Inglaterra que le tocó en suerte gobernar, "nunca nos ha ido tan bien como ahora". Refiriéndose a la España del presente, afirma que desde el punto de vista geopolítico-económico el último siglo comenzó en 1959 y todavía no ha terminado.
En efecto, no se requiere ser un especialista para comprobar que España pasó a ser una sociedad abierta al dejar atrás el subdesarrollo a través de su liberación de los esquemas autárquicos y cerrados impuestos por la dictadura franquista. Además, que sus gobiernos han sabido aprovechar los efectos de una globalización bien aplicada y garantizado el disfrute, desde la transición, de tres décadas de libertades, imperio de la Constitución y normalidad democrática.
Estefanía es un europeísta convencido que sabe resaltar, con sólidos argumentos y cifras, la trascendencia de un viejo continente unido que, al fin, optó por negociar en vez de combatir y "no volver a matarse como Caín y Abel". Es decir, 500 millones de habitantes acatando una nueva realidad política sin conflagraciones bélicas de por medio, con valores cada día más afincados tales como la tolerancia, la inclusión, la cohesión social y territorial, la solidaridad y los derechos humanos. Un modelo fruto, sin duda, de la combinación afortunada de estrategias socialdemócratas y democristianas.
En esta nueva España el autor distingue cuatro grandes etapas. La primera, los años del desarrollo, que va de 1959 a 1975, cuando muere Franco. La segunda, la indispensable transición política (1976 a 1985), en la que se fragua la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE), antecedente de la actual Unión Europea (UE). La tercera, la más corta y seguramente la menos estudiada, comprende los años del 'eurooptimismo' (1986-1991): es el tiempo en que los españoles, luego de esperar tanto para ingresar al selecto club continental, empiezan a sentirse más europeos que nadie y la economía y la política apuntan hacia arriba en el 'sismograma' virtual. La cuarta y última es la de la normalidad (desde 1992 hasta hoy) que contempla "picos de sierra, encefalogramas planos, momentos de éxtasis, y pesimismo y mucho aburrimiento, pero sin grandes sobresaltos".
En síntesis, estamos ante un país muy diferente a esas 'dos Españas' que denunciara poética y patéticamente Antonio Machado. El episodio caricaturesco ocurrido en Chile, promovido por Chávez, no empaña para nada la marcha hacia adelante dentro de su proyecto continental irreversible.
Adenda: El ilustre profesor Emilio Robledo Uribe acaba de coronar la cima de 100 años de vida, con plena lucidez intelectual y espiritual, viéndose rodeado de la admiración y el respeto unánimes de sus compatriotas de bien. Cinco generaciones han contado con el privilegio de recibir sus sabias enseñanzas y la sociedad de aprovechar su ejemplo de ciudadano sin tacha.
Ballenas: el camino de regreso
Alejandro Nadal, La Jornada, México, noviembre 21 de 2007.
La industria ballenera japonesa comenzó ayer la cacería para la temporada 2007-2008. Desde el puerto de Shimonoseki zarpó la flota de un barco fábrica y seis arponeros para, desafiando a la opinión pública mundial, reiniciar la “pesca con fines científicos” de ballenas. A pesar de una moratoria internacional en la cacería de cetáceos, Japón mantiene esta modalidad de pesca en los mares del sur y el Pacífico norte.
Desde que la Comisión Internacional Ballenera (CIB) impuso una moratoria sobre pesca comercial de ballenas en 1986, se han cazado 25 mil ejemplares, la mayoría al amparo de un hueco legal que permite la pesca con fines científicos. Este año la flota japonesa espera cazar mil 35 ballenas, duplicando la cuota de hace 10 años. Lo peor es que para este 2007 se incluye a la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) y el rorcual común (Balaenoptera physalus), segundo en tamaño después de la azul. La cacería de ballena jorobada no se reanudaba desde hace 40 años, cuando esta especie estuvo al borde de la extinción.
El lobby de la industria ballenera japonesa, bien conocido por la compra de votos al interior de la CIB, justifica esta carnicería con tres argumentos. El primero es que esta investigación científica permite determinar los niveles de una pesca sustentable, identificando rutas de migración y los hábitos de las diferentes especies. Ese argumento es falso, pues no se necesita matarlas para determinar las variables de las que depende su supervivencia. El segundo es que la población de ballenas ya se recuperó y es posible reiniciar la pesca comercial. Por ejemplo, Japón sostiene que la población existente de 40 mil ballenas jorobadas revela un robusto restablecimiento de la especie. Pero muchos centros de investigación del mundo no están de acuerdo y colocan el umbral de una población saludable en 250 mil ejemplares.
La tercera defensa a su favor es que es legítimo conservar una tradición cultural y que muchos regímenes regulatorios permiten a comunidades esquimales cazar algunas ballenas por esta razón. Pero esa analogía carece de fundamento. Aunque se pueden encontrar referencias a la ballena en poesías y cuadros antiguos japoneses, lo cierto es que nunca fue la pieza central de la cultura pesquera o culinaria en ese país. Es evidente que su cacería no es indispensable para la supervivencia cultural del país del sol naciente.
La economía de la industria ballenera japonesa es absurda. La mayor parte de la carne obtenida en esta “pesca científica” se mantiene congelada largo tiempo por falta de demanda. Al final, mucha termina en asilos de ancianos y en desayunos para niños pobres en algunas prefecturas, lejos del principal puerto ballenero. Algunos estudios revelan altos contenidos de PCB y mercurio en esa carne, componentes químicos particularmente dañinos para la niñez. Las ganancias de la flota ballenera provienen de un enredado sistema de subsidios en el que la transparencia brilla por su ausencia.
El método de cacería sigue siendo de una crueldad inaudita: el arpón está dotado de una granada explosiva diseñada para detonar en el interior de la ballena, causando el mayor daño posible. Aun así, tarda hasta una hora en morir, en medio de una atroz agonía. Tal parece que los humanos tenemos dificultades para descifrar el mensaje que los ecosistemas del mundo nos están enviando. Estamos provocando una extinción masiva de especies, y nuestra misma capacidad para sobrevivir peligra. Pero aun así, preferimos imponer el castigo más cruel a otras especies si se interponen en nuestra persecución de lucro sin fin.
El fósil de ballena más antiguo, Himalayacetus subathuensis, fue encontrado recientemente en el norte de India. Ese hallazgo permite recorrer el récord fósil sobre ballenas hasta unos 53 millones de años y confirma una enseñanza importante. Los primeros vertebrados terrestres son descendientes de especies que salieron del mar y fueron ocupando nichos de ecosistemas en humedales y esteros. Pero la ballena es un ejemplo de vertebrados de sangre caliente que regresó a la vida acuática y emprendió, por así decirlo, una evolución de regreso, de un hábitat terrestre hacia el mar. El récord fósil y estudios a nivel molecular revelan que las ballenas comparten un ancestro común (los artiodáctilos) con mamíferos como venados, vacas e hipopótamos.
Los paleontólogos que descubrieron el fósil de Himalayacetus señalan con razón que su hallazgo confirma que la evolución es un proceso complejo que avanza en cualquier dirección y no es determinista. Quizás la ballena nos podría enseñar a nosotros, los humanos, que existe un camino de regreso y que la destrucción del planeta no tiene por qué ser nuestro destino. Pero ¿estaremos todavía aquí para escuchar la lección?
La reanudación de la ciega cacería de cetáceos obliga a recordar con escalofrío las palabras que Mayakovski escribiera sobre los humanos: “sólo Dios, de verdad todopoderoso, sabía que se trataba de mamíferos de una raza distinta”.
• Proyecto de ley para replantear la política social del Estado, Cecilia López Montaño.
• Empujón Demócrata, Rafael Guarín.
• Burocracia y revolución, Alberto Muller Rojas.
• Que no ganó el Liberalismo, Alvaro Forero tascón.
• Sobre la cifra repartidora, Ramón Elejalde.
• Viva la muerte, Mauricio Cabrera Galvis.
• Golpes de la naturaleza, Andrés Piedragil Gálvez.
• Bolivia: La revolución del eufemismo, Aítor Iraeguí.
• Pobreza y medio ambiente, Humberto tobón.
• Las otras violencias, José María Tortosa.
• Se asoma la primavera social, Octavio Quintero.
• La decadencia de las cumbres de jefes de Estado, Héctor Gómez Paniagua.
• Cerrarle el paso a la intolerancia, Clara López Obregón.
• Judith Faride o el TLC, César González Muñoz.
• La nueva España, Jorge Mario Eastman Vélez.
• Ballenas: El camino de regreso, Alejandro Nadal.
Proyecto de ley propone replantear a fondo
la política social del Estado
Su autora es la senadora Cecilia López Montaño y tiene el respaldo de la bancada libera. La propuesta servirá como modelo en América Latina
El primero de tres proyectos de ley encaminados a dotar al Estado de una nueva política y herramientas para llevar los beneficios del desarrollo a todos los ciudadanos fue presentado hoy por la senadora Cecilia López Montaño, con el respaldo pleno de la bancada y del director del Partido Liberal.
Se trata de una ley estatutaria que plantea que, a la par con la necesaria transformación productiva, desarrollar una transformación social, a partir de tres elementos básicos: una decisión política de eliminar las barreras que frenan el acceso de los sectores débiles y de las clases medias a los beneficios de las políticas públicas; en segundo lugar, la redefinición de las estrategias sociales con el propósito de que se orienten a construir capital humano y capital social, sin renunciar a las redes de protección; en tercer lugar, el reconocimiento de que la política macroeconómica del Estado debe identificar con antelación su contenido social, otorgar prioridad a aquellas acciones oficiales con impacto social positivo y tomar las medidas necesarias frente a las que produzcan efectos negativos.
En la argumentación sobre la necesidad de dotar al Estado de una ley de transformación social, como ya lo han hecho otras naciones que se han insertado en la globalización, la senadora López sostiene que “es evidente que no obstante el nivel de gasto social, en Colombia es una realidad que los pobres reciben una salud y educación pobre, y que el esfuerzo estatal que se dirige a este sector del país es fundamentalmente asistencial. Se alivia la pobreza, pero no se resuelve”.
Se trata, también, de una iniciativa que se enmarca dentro de los postulados liberales de reivindicación y aplicación de los derechos de los ciudadanos y de un escalón intermedio entre la Constitución y las políticas públicas que fija un marco al Estado para la aplicación de dichas políticas dijo la senadora.
Aspectos centrales:
El proyecto de ley contiene entre otros aspectos:
Obligaciones de las autoridades frente a los derechos sociales. A la luz de la Constitución y a los tratados internacionales, las autoridades tienen el deber de respetar, proteger y realizar los derechos sociales. Eso impone a dichas autoridades evitar las medidas que obstaculicen o impidan el disfrute del derecho social respectivo.
Derecho al mínimo vital. Una persona tiene derecho a que el Estado le garantice una vida digna y eso obliga a que se tomen las medidas necesarias para que una persona tenga unas condiciones básicas de vida comida, vivienda, salud, por ejemplo, sobre los cuales no se pueden imponer obstáculos.
Derecho a la educación. Comprenderá como elementos mínimos, la garantía de condiciones materiales necesarias para la adecuada prestación del servicio de educación con calidad; disponibilidad de recursos humanos y físicos suficientes para prestarla. También comprende como elemento mínimo, la garantía progresiva del acceso al servicio educativo y permanencia en el mismo, en los niveles de enseñanza preescolar, media vocacional y superior. El Estado deberá ampliar el acceso progresivamente hasta asegurar el ingreso de los menores desde los tres años de edad.
Derecho a la salud. Comprenderá como elemento mínimo, la exigibilidad de niveles de atención dignos. La política pública en el componente de salud girará alrededor del reconocimiento del derecho a programas y servicios de calidad dirigidos tanto a la prevención como al tratamiento en salud física y mental.
Derecho a la seguridad social. Comprenderá como elemento mínimo el pago oportuno de las prestaciones de seguridad social, así como la asistencia social, no pudiendo argüir los particulares que administren fondos de pensiones, ni el Estado, razones presupuestales para su incumplimiento. Su componente se dirigirá a extender progresivamente la cobertura de la seguridad social a todas las personas, de tal suerte que exista una protección efectiva y oportuna frente a los riesgos sociales.
Derecho al trabajo. Comprenderá como elementos mínimos el pago oportuno de salarios, licencias por incapacidad laboral o de maternidad, o de los honorarios derivados de los contratos de prestación de servicios. Este derecho implica que toda persona que preste su fuerza laboral bajo la modalidad de contrato de trabajo, de prestación de servicios o similares, debe contar con la oportunidad de proveer a sí misma y a su familia un sustento en condiciones de seguridad, equidad y dignidad.
Derecho a la alimentación adecuada. Comprenderá, como mínimo, el acceso a los alimentos, cuando el deber de proveerlos recaiga directamente en el Estado y hasta tanto la persona pueda proveerse a sí misma los los alimentos. Este derecho debe maximizarse a través de acciones encaminadas a la eliminación de condiciones de hambre y malnutrición.
Derecho a la vivienda digna. Comprenderá como mínimo, la exigibilidad de la garantía material de la vivienda cuando el deber de proveerla recaiga directamente en el Estado y hasta tanto la persona pueda proveerse a si misma la vivienda que requiere. Implica que la vivienda de todas las personas debe cumplir con condiciones de higiene, intimidad, tranquilidad, acceso a servicios públicos y seguridad.
Bogotá, noviembre 15 de 2007
Empujón demócrata
RAFAEL GUARIN, el Nuevo Herald, Miami, noviembre 17 de 2007.
Alguien imagina una estrecha alianza entre Alvaro Uribe y Hugo Chávez? Al comentar esa posibilidad a un reconocido dirigente de la oposición venezolana la calificó de impensable, pero cuando repliqué que una fuente muy cercana a la Casa de Nariño me informó que ''existían voces que sugerían que se evaluara por intereses de Estado y estabilidad del país'', no pudo disimular el desconcierto. No es para menos. A mí me pasó exactamente lo mismo.
Es difícil concebirla. Uribe desprecia los debates ideologizados, reconoce las ventajas del libre mercado y pretende profundizar los vínculos con Estados Unidos, mientras el teniente coronel se empeña en edificar un bloque regional de poder sustentado en el ''socialismo del siglo XXI'', una integración latinoamericana ''antiyanqui'' y la eliminación de las bases de la democracia liberal. Pero por sorprendente que sea, lo cierto, como lo asevera Rubén Sánchez David, profesor de relaciones internacionales, es que ``es un escenario no totalmente descartable si se piensa en términos estratégicos''.
Quienes lo plantean coinciden con un reciente artículo titulado La agonía de Alvaro Uribe, publicado por la revista Foreign Affairs, que señala que ''la política de Estados Unidos hacia Colombia ha llegado a su punto de inflexión''. En otras palabras, creen que el deterioro de la relación amenaza con agudizarse en un gobierno demócrata. Finalmente, así parece indicarlo el rechazo de Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards a un Tratado de Libre Comercio con Colombia y las reiteradas críticas de su bancada, encabezadas por Nancy Pelosi.
Hillary, por ejemplo, dice estar ''muy preocupada por la historia de violencia contra los líderes sindicales'', a lo que otros suman reclamos por derechos humanos, garantías laborales y lazos del paramilitarismo con políticos próximos al gobierno. Todas cuestiones que deben observarse en su contexto.
A pesar de persistentes problemas los avances durante los últimos cinco años son enormes. La ayuda estadounidense contribuyó a revertir la adversa situación militar, retomar el control de territorios dominados por grupos armados ilegales y defender la población del terrorismo. Se desmovilizaron más de 30,000 paramilitares y cerca de 40 congresistas están presos o ad portas de serlo por complicidad con estas organizaciones.
La lucha contra el narcotráfico está dando resultados. Se extraditaron 567 traficantes y de acuerdo con Karen Tandy, directora de la DEA, la cocaína escasea en las calles de 37 ciudades, su pureza se redujo en 15% y su costo es 44% superior al de comienzo de año.
Por otro lado, en el 2002 murieron asesinados 123 sindicalistas y 6 únicamente de enero a octubre del 2007, sin ser clara la causa de tales crímenes. Actualmente hay 1,630 sindicalistas beneficiados directamente con medidas de protección por parte del gobierno. Los homicidios anuales disminuyeron en 11,358 entre el 2002 y el 2006 y los secuestros de 2,883 a 394 en este año. Estos logros explican por qué Uribe califica la situación como ``una imperdonable incomprensión con Colombia''.
Esa incomprensión obvia que Colombia es fundamental para construir la ''patria grande'' y Uribe su principal obstáculo. Una alianza le permitiría a Chávez jugar en un tablero al cual no tiene suficiente acceso, además de serle útil en su principal hipótesis de guerra consistente en una intervención estadounidense que involucre territorio colombiano.
De la orilla de Uribe semejante alternativa en principio resulta improbable, rompe la coalición de gobierno, convierte en detractores a sectores del establecimiento, afecta la cooperación norteamericana y favorece las pretensiones totalitaristas de Chávez y las FARC. Empero, no hay que olvidar su pragmatismo y el amplio margen de maniobra que le da la fuerza de su liderazgo y el sólido respaldo ciudadano.
En todo caso, la equivocación demócrata empuja a Colombia a manos de Chávez. Sin el TLC Uribe se obliga a aprovechar el creciente comercio con Venezuela, lo que no implica un alineamiento con la revolución bolivariana pero sí una creciente dependencia. ¿Qué podría hacer Colombia si Miraflores reconoce beligerancia a las FARC cuando su economía está su-
bordinada al mercado venezolano?
Y segundo, los demócratas terminan acogiendo el discurso del chavismo enquistado en el Polo Democrático y en facciones populistas del Partido Liberal que buscan en el 2010, bajo un nuevo gobierno, unirse al proyecto revolucionario, desmontar la política de seguridad democrática y reconocer beligerancia a las FARC, propósitos en que concuerdan, consciente o inconscientemente, con la guerra política de las narcoguerrillas. ¡El camarada Chávez debe estar feliz!
Burocracia y Revolución
Alberto Müller Rojas, colaboración enviada desde Caracas por nuestro amigo bolivariano Alvaro Másmela.
Hoy no es el imperialismo el principal enemigo de la revolución venezolana. Ni siquiera la oposición que sigue líneas fascistas puede perturbar el avance del poder popular que removió las bases de la democracia consensual sustentada en el Pacto de Punto Fijo (1958). Esta última no podría avanzar sin el apoyo del primero, pues carece del poder (medios físicos + voluntad) suficiente para contener el movimiento social generado el 27/2/89. Y ese imperio, y su base de poder, hoy esta arrinconado en el espacio norteamericano, pero su alcance global esta cuestionado en la medida como enfrenta los desafíos y pruebas provenientes de los poderes ascendentes en todas partes del mundo. En ese contexto el más peligroso adversario que confrontan las fuerzas de cambio venezolanas, después de la revolución política ocurrida el 6 de diciembre de 1998 con la convocatoria del poder constituyente, es la burocracia que se ha originado para ejercer la “gerencia pública”.
Como todo aparato de este tipo, público o privado, su papel consiste en enmascarar el “poder real” que controla los recursos materiales que permiten la dinámica social frente a las críticas y la resistencia de los gobernados: los ciudadanos, dentro del estado; y, la fuerza laboral dentro de la empresa. Pero esa burocracia tiende a ser autónoma, pues se convierte en un poder, dada su capacidad de decisión, hasta neutralizar los verdaderos amos del poder real. La burocracia gubernamental y la de los partidos secuestran la voluntad de la clase hegemónica dentro del Estado. La burocracia militar, representada por los Estados Mayores, lo hace igual con los jefes naturales castrenses. Del mismo modo que la empresarial, expresada en las juntas directivas lo realiza con los dueños del capital. Y su poder se deriva de la ley que ella misma hace, de donde la autoridad que ejerce pasa a ser “el gobierno de las leyes” y no él de la gente. La burocracia se ha convertido así en una nueva clase social que vive de los impuestos que recauda el Estado y de los intereses que obtiene el capital. De allí el fetichismo creado con las leyes, que hace ver que los problemas sociales y administrativos se resuelven con ellas, las cuales pueden actuar como referencias en situaciones conflictivas, pero en ningún caso reemplazan a la acción. Esta es el mecanismo cierto para lograr la construcción de cualquier proyecto estructural (físico) o superestructural (inmaterial)
De modo que la construcción de la sociedad socialista, que es el resultado de la visión humanista de la vida social, se tiene que erigir con el liderazgo político que surja de las propias comunidades, en una acción dialéctica que oponga a las fuerzas innovativas a las de la inercia conservadora existentes en toda población. La acción mediante la cual compiten las burocracias divididas por concepciones ideológicas en el sentido que le dio Marx al término, como diría Rosa de Luxemburgo, solo enfrenta al hombre común con el hombre común, mientras aquellas negocian, explícita o tácitamente, para llegar a armisticios, como el Tratado de Coche que le puso fin a la guerra federal, en los cuales logran acuerdos donde ambas ganan. En ese marco el poder popular sólo queda como una fuerza telúrica generadora de explosiones sociales, que como los terremotos o los huracanes, tienen un poder devastador cuando las fallas teutónicas, o las diferencias de presión, o las tensiones sociales, los desencadenan.
Qué no ganó el liberalismo
EL ESPECTADOR, tomado de Columnistas Libres. sábado, 17 de noviembre de 2007.
Con ayuda mediática, la coalición de gobierno ha presentado el balance de las pasadas elecciones como desfavorable para los partidos de oposición, cuando en realidad lo fue para el oficialismo.
Álvaro Forero Tascón
Con ayuda mediática, la coalición de gobierno ha presentado el balance de las pasadas elecciones como desfavorable para los partidos de oposición, cuando en realidad lo fue para el oficialismo. Para tapar el sol con las manos, habilidosamente ha comparado los resultados del liberalismo con los de hace cuatro años.
Pero esa comparación no es válida, porque el liberalismo enfrentó las
pasadas elecciones con dos tercios menos de los recursos políticos con que contaba en 2004. Con posterioridad a esas elecciones, y
aprovechando el extremismo de Horacio Serpa, Álvaro Uribe decapitó el bipartidismo con el fin de sonsacar a los caciques liberales. La
comparación de los resultados liberales con las elecciones de 2004, y
no con las de 2006, pretende soslayar que los partidos oficialistas no
pudieron reemplazar completamente al liberalismo y terminaron
derrotados por éste, a pesar de la profunda desventaja en que se
encontraba, huérfano del inmenso poder clientelista dispensado por el
Ejecutivo a sus aliados.
La realidad es que a pesar del embate feroz del Gobierno contra la
oposición, ésta no sólo aguantó, sino que creció, mientras que el
oficialismo tuvo grandes, graves y humillantes derrotas. La más
grande, la pérdida de las alcaldías de las principales ciudades del
país, con la excepción de Barranquilla. La más grave, la pérdida de la
alcaldía de Bogotá frente al Polo Democrático. Y la más humillante, la
pérdida de la Gobernación del Atlántico por parte de José Name, el
mayor símbolo del viejo liberalismo y del actual poderío uribista, a
manos de un nuevo liberalismo.
Pero más que el resultado en su conjunto, lo preocupante para el
oficialismo son los hechos y tendencias que se consolidaron el pasado
28 de octubre. Éstos no sólo explican la lógica de la hecatombe, sino
que parecen hacerla inevitable.
El primero es la pérdida del control político sobre los principales
centros urbanos, que representan más de un tercio de la población, y
que corrobora las limitaciones del uribismo para captar el voto de
opinión. Aunque las dinámicas electorales locales son diferentes de
las nacionales, es indudable que se interrelacionan. El 25% de la
votación presidencial por el Polo no habría sido posible sin el
triunfo previo de ese partido en las elecciones locales en Bogotá.
El segundo es que la sombra de la parapolítica sigue empañando la
coalición de Gobierno. El uribismo no utilizó esta oportunidad
electoral para evitar que los parapolíticos mantuvieran el poder en
sus regiones, mientras enarbolaban las banderas gobiernistas.
El tercero es que el Presidente no logró concretar políticamente el
momento favorable que vive en las encuestas, avanzando
significativamente frente a la oposición, a pesar de la inmejorable
coyuntura económica.
Y cuarto, y más importante, es la dispersión de la coalición de
Gobierno. La consolidación de los conflictos políticos locales entre
los diferentes partidos de la coalición cimentó la división en materia
de candidaturas presidenciales. La derecha está sufriendo la
enfermedad endémica de la izquierda --el divisionismo--.
En buena parte, la fragmentación política es producto del esmero
político de Uribe por dividir para reinar. Pero a diferencia de la
primera reelección, en esta ocasión puede no sólo imposibilitar el
triunfo de un ahijado político suyo, sino su propia reelección. Si la
tendencia a la fragmentación se mantiene, el oficialismo estaría
trágicamente dirigido a la hecatombe. La oposición podría ganar con
sello, si sectores como el de Germán Vargas se oponen a la segunda
reelección en el Congreso. Y con cara, si no hay candidato de unidad
del oficialismo. Ya es tarde para reversar la fragmentación, y el
Presidente lo sabe. Sólo queda la vieja técnica de voltear
parlamentarios para aprobar la reelección, utilizando prebendas
burocráticas y la puerta que deja abierta la reforma política en
trámite.
Pero esa puerta es de doble vía y para algunos parlamentarios puede
resultar más atractivo regresar al Partido Liberal, aspirando a un
triunfo mayor: derrotar a sus enemigos locales, aprovechando el poder que ha labrado silenciosamente el liberalismo --ser el primer partido político, la alternativa de centro a una derecha dividida y una
izquierda minoritaria, y el único capaz de captar votos de ambos
sectores en una segunda vuelta.
Sobre la cifra repartidora
Ramón Elejalde Arbeláez
En su columna de opinión del pasado miércoles, en este mismo periódico, el doctor Jorge Mejía señalaba que “La cifra repartidora es la perversa”. Contiene también una descalificación al “voto preferente” y a mi leal saber y entender confundió los dos temas, cuando en realidad son asuntos totalmente distintos. Lo hizo, seguramente, para darle contundencia a sus argumentos.
Pero además vienen sosteniendo los periodistas y algunos políticos, que en Colombia tenemos senadores de siete mil votos y que al Concejo de Medellín van a llegar concejales de dos mil quinientos sufragios, quedando por fuera aspirantes de cinco mil ochocientos electores. Eso no es cierto. Primero es necesario aclarar los términos. El voto preferente es la opción que tiene el elector, como su nombre lo indica, de preferir a alguno de la lista, así se encuentre en el último lugar. El elector también puede escoger la opción de no preferir a ninguno y votar simplemente por el partido. Este ciudadano está aceptando la decisión de los que optaron por preferir. El voto preferente es importante simplemente para reordenar la lista. Un ejemplo nos lleva a entender el tema: El Partido Verde del municipio de Llano Chiquito, obtuvo para el Concejo nueve mil votos de los diez mil que depositaron los electores de ese municipio. Los sufragantes del Partido Verde decidieron no preferir a ninguno de los aspirantes, pudiéndolo hacer por tratarse de una lista con voto preferente y más bien votaron masivamente por el Partido, aceptando la lista como fue inscrita. No me podrá decir mi amigo Jorge Mejía, ni los políticos o periodistas que repiten a diario este error, que en Llano Chiquito elegimos concejales sin votos. No. El Partido Verde fue el que más votos obtuvo, sacó el 90% de los sufragios y lógicamente, el que más concejales eligió y eso se debe respetar, lo que pasa fue que nadie prefirió a ningún candidato. Si en el ejemplo de marras el segundo partido que obtuvo mil votos, todos los aspirantes sacaron votos preferentes superiores a cien sufragios, no se podrá decir que lo lógico es que esta lista sea la que ponga los concejales porque sus aspirantes tienen votos preferentes superiores a los del partido Verde, donde ninguno obtuvo voto preferente. ¿Cuál democracia existe en la teoría de Jorge Mejía, cuando deja por fuera a un partido que obtuvo el 90% de la votación?
El otro término descalificado por el columnista en comento, fue la cifra repartidora o método D’Hont que es el sistema más cercano a la elección justa, todos los elegidos lo son por el mismo número de votos. Es el sistema electoral que se impone en el mundo moderno. La votación es del partido y no de los candidatos. No existe la operación avispa, evidentemente que con el voto preferente, como fue concebido, trasladamos este nefasto sistema al interior de la lista, en esto no deja de tener razón mi amigo Jorge. La filosofía de la cifra repartidora es premiar la agrupación y castigar la dispersión. Si los críticos del sistema analizan con lápiz y calculadora su aplicación, entenderán que fortalece a los partidos grandes y los beneficia en la repartición de curules. Tal es el caso que cita Mejía en su columna sobre Enrique Peñaloza, que conformó un partido, inscribió una lista al senado y no obtuvo el umbral requerido. Lamentablemente, amigo Jorge, el liberalismo dejó de ser ese partido inmensamente mayoritario y pasó a ser uno igual a los otros. Es obvio que el liberalismo aumentó votación, pero los demás también y en mayor proporción. Eso se ve reflejado en la adjudicación de las curules.
Ahora lo importante no es, como lo añora Jorge Mejía, volver a los personalismos, lo importante es perfeccionar el sistema para que cada día los partidos sean más fuertes y éstos dependan menos del caciquismo. Una opción sería acabar con el voto preferente y exigirles a los partidos procesos democráticos para conformar las listas. Otra opción, que personalmente defendí en el Congreso cuando se debatía el acto legislativo de la reforma política de 2003, consistente en sumarle los votos del partido, es decir, los que no prefirieron a ninguno, al orden que trae la lista. Pero jamás puede pensarse en el retroceso de volver al sistema del cuociente electoral, tan nefasto para los partidos y para la democracia. Un sistema que le permite a cualquiera crear su propio partido o acudir a la operación avispa para atomizar las organizaciones políticas, no es lo ideal. Eso sería un terrible retroceso.
Obvio que el sistema es medianamente complejo y tanto el periodismo, como la clase dirigente debemos estudiar y comprender estas reformas para poderles hacer críticas lógicas y consecuentes.
¿VIVA LA MUERTE?
AURICIO CABRERA GALVIS, Cali, Noviembre 18 de 2007
La noticia pasó casi inadvertida en medio de tantas ejecuciones similares. El Tiempo la publicó con cierto despliegue hace más de un mes pero no se volvió a hablar de ella ni suscitó ningún comentario. El titular a tres columnas en una página interior era escalofriante: “Para tener 5 días libres, militares mataron a campesino de 19 años”; y el subtítulo no lo era menos: “Soldado confesó que hicieron una ‘vaca’ para comprar la escopeta que le pusieron entre las manos, lo pararon en un puente y le dispararon”.
Cuando apareció el muerto junto con la escopeta, la versión oficial del Ejército dijo que se trataba de un subversivo que trataba de volar un puente en El Peñol (Antioquia) y que murió en enfrentamiento con las tropas regulares. La verdad se pudo conocer porque la familia del campesino asesinado no se resignó, denunció el hecho y logró que la justicia civil condenara a los culpables, un suboficial y tres soldados que, para ganarse el premio que el Ejército les ofrece a quienes maten guerrilleros, armaron con frialdad el falso positivo.
Las reacciones ante un hecho abominable como este son predecibles. Unos dirán que se trata de un caso aislado, de manzanas podridas que no comprometen a las Fuerzas Armadas, mientras que en el otro extremo se dirá que son tantos los casos de falsos positivos que ya forman parte de la estrategia de la Seguridad Democrática. Unos dirán que es un ejemplo del buen funcionamiento de las instituciones, en este caso la Fiscalía y la Justicia ordinaria, que no dejaron impune el crimen, mientras que otros pensarán que es la excepción que confirma la regla de las arbitrariedades que debe soportar la población civil en las zonas de conflicto.
Pero más allá de los debates políticos alrededor del caso hay una pregunta que debemos respondernos como sociedad: ¿qué está en la mente y en el corazón de unos jóvenes colombianos de 20 o 25 años, como debían tener estos soldados, que los lleva a menospreciar la vida de otro muchacho como ellos a tal punto que están dispuestos a sacrificarla a cambio de una miserable recompensa de 5 días de permiso y, tal vez, algo de plata? Aquí no hay motivaciones políticas ni ideológicas; no se trata de desaparecer a un sospechoso de colaborar con la guerrilla, ni de silenciar a un opositor incomodo. Es solo el afán del premio material.
Se pueden intentar explicaciones psico-sociales, como buscar antecedentes de violencia o abuso infantil en los familias de esos soldados, o atribuirlo a un comportamiento gregario, de pandilla, al que son tan susceptibles los adolescentes, o pensar en la mentalidad del sicario que con un escapulario en la mano se persigna antes de disparar a su víctima solo para ganarse unos cuantos pesos. En algo contribuyen estas hipótesis u otras similares a entender este tipo de comportamientos cuando son de personas independientes, pero no del todo cuando se repiten dentro de una institución como el Ejército que se supone debe controlar esas conductas individuales.
Tal vez el problema radique en el esquema de incentivos que se ofrece como fruto de una visión en la que predominan los medios (matar guerrilleros) sobre el fin (alcanzar la paz). Cuando a un joven soldado sin mayor formación y, posiblemente, criado en un ambiente de violencia le ofrecen premios por dar de baja a los enemigos de la patria, es grande la tentación de empezar a inventarse enemigos para ganarse los premios, porque entonces la muerte puede llegar a convertirse en un objetivo en si mismo como lo fue en la guerra civil española donde se impuso el grito de “Viva la Muerte”, consigna del nefasto general Millán-Astray fundador de la Legión Extranjera de ese país.
La tradición democrática del Ejército colombiano lo aleja por naturaleza de estos extremos porque su misión constitucional es garantizar la convivencia en paz de todos los colombianos, pero vale la pena revisar si el esquema de incentivos adoptado es útil para estos propósitos.
Golpes de la naturaleza
Andrés Piedragil Gálvez, Ciudad de México, revista América Economía No. 350.
Humberto Salazar regresó hace poco a la caótica y contaminada Ciudad de México. Ahí lee la información sobre el reciente paso del huracán Dean, que durante su travesía por la Península de Yucatán –en la frontera con Centroamérica– causó daños por más de US$ 180 millones. Las noticias le recuerdan algo: hace dos años el huracán Wilma lo expulsó del paraíso donde pretendía pasar el resto de su vida: Cancún, la joya de la Riviera Maya. Su pequeña empresa, que prestaba servicios de limpieza y fumigación a hoteles del área, debió cerrar sus operaciones, liquidando sus sueños caribeños.
Y es que la naturaleza ha querido que América Latina sea un escenario especial para violentos tornados, inundaciones y terremotos. Según cifras de la Organización de Estados Americanos (OEA), entre 1996 y 2005, de 6.417 desastres globales, 1.262 afectaron directamente a la región. El problema es que los latinoamericanos no son muy asiduos a los seguros. Estadísticas de la aseguradora española Mapfre señalan que la región destina 0,9% del Producto Interno Bruto a seguros de vida y 1,4% a pólizas de no vida; lejos de los respectivos 4,4% y 3% que figuran en el promedio mundial.
Según la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas de México (CNSF) –uno de los países más acostumbrados a este tipo de desastres–, el 42% de las pólizas del mercado de seguros (que en 2007 manejará primas por US$ 16.300 millones) corresponde a vida y pensiones, el 24,5%, a autos, el 17,2% a accidentes y enfermedades, y sólo el 16,3% a daños.
En el país, proteger un hogar o empresa implica contratar, en la práctica, dos pólizas: la de un seguro que incluya primas por riesgos catastróficos –incendios, huracanes o sismos– y una cobertura para pérdidas financieras, renta, caída en ventas o suspensión de sueldos (primas consecuenciales). Un asunto que dispara los precios y que no tiene un costo promedio definido. “Son coberturas complejas, que pasan por negociaciones específicas entre asegurador y cliente, y cuyo costo depende de factores muy particulares”, afirma Gianco Abundis, director general de Consultoría y Estadística Actuarial y experto en temas del ámbito asegurador.
El fenómeno tiene un motivo claro: los altos costos de los desastres naturales. El huracán Dean, de agosto, causó daños –según la reaseguradora alemana Munich Re– por entre US$ 1.000 millones y US$ 2.000 millones por su paso por República Dominicana, Jamaica y otras islas del Caribe. Lejos de la devastación de Katrina en Centroamérica: daños por US$ 50.000 millones, según la misma compañía, que metieron en dificultades a las aseguradoras. En 2005, Wilma generó pérdidas por más de US$ 8.000 millones en la Península de Yucatán, en México, donde están los principales destinos turísticos de la Riviera Maya. Y el terremotó que azotó a Perú y el 15 de agosto dejó daños que exigirán 18 meses de reconstrucción y una inversión de US$ 200 millones. Además de 500 muertos, 85.000 familias damnificadas, más de 300 personas desaparecidas, 52.200 viviendas destruidas, 23.600 espacios habitacionales severamente afectados.
Aprender “por las malas”
Para las aseguradoras, la situación tampoco es sencilla. Los costos de mantener cerrada la empresa del cliente pueden superar los del daño físico. Durante el paso de Wilma por México, compañías de seguros como Zurich y Royal & SunAlliance debieron hacerse cargo de negocios turísticos cuyas “primas consecuenciales” triplicaban el monto que representaba el daño directo.
A partir de esa lección, las aseguradoras optaron por vivir tranquilas. En las zonas mexicanas de alto riesgo de huracán, inundación o terremoto optaron por sólo ofrecer coberturas ante sucesos catastróficos y aumentar el monto de las “primas consecuenciales” por sobre el 35%. En zonas con riesgo alto, como el sureste, incluso lo hicieron por sobre el 1.000%. “Las empresas inflaron el costo de estas primas para desincentivar su venta”, dice un vocero de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) que prefirió no ser identificado.
Otro factor que desalienta la contratación de pólizas ante desastres es el hecho de que la gran mayoría de los mexicanos considera que el gobierno debe asumir las tareas y los costos de reconstrucción en una catástrofe natural. Luciano Devars, director técnico del área de Seguros del banco BBVA Bancomer, reconoce que el Estado debe proteger a las poblaciones vulnerables, pero considera que “se ha generado un exceso de paternalismo que se traduce en un limitado interés en cuidar un patrimonio que el Estado, se cree, tiene la obligación de restituir ante un desastre natural.
La revolución del eufemismo
Aitor Iraegui Balenziaga, colaborción enviada desde La Paz, por el Exministro Hugo Carvajal.
Es en el populismo donde el eufemismo logra su expresión más pura, su plasmación más radiante y convincente. Si toda la política abusa de la manipulación de las palabras, de su estiramiento y conversión, el populismo hace de la práctica arte y de la coyuntura permanencia.
Para el populismo, la palabra es la principal arma de lucha. Del mismo modo que los dictadores se atrincheran tras la violencia y los demócratas se refugian en la norma y en la confianza en lo verificable, los populistas prefieren la pirueta lingüística, el salto al vacío discursivo, el malabarismo metafórico.
El gobierno boliviano, del que a estas alturas ya nadie duda su entusiasta vocación populista, es también un amante seguidor de lo eufemístico. El Presidente Morales ha demostrado que, para practicar el arte de llamar a las cosas por lo que no son, basta con una buena dosis de astucia política y un mediano conocimiento de la naturaleza humana. Ambas cualidades (aunque es justo reconocer que también algunas más) sobran en ese gobierno que, más que transformar la realidad boliviana, ha decidido cambiar el curso de las palabras con las que los bolivianos se reconocen a sí mismos.
Así, su política de reformas, muchas veces erráticas, se ha convertido, por obra y gracia de la prestidigitación discursiva, en una “revolución democrática y cultural”, la readecuación de los contratos petroleros en una “verdadera nacionalización”, la creciente dependencia de gobiernos foráneos se convierte en “cooperación entre gobiernos amigos” y la algarada en zonas enteras del país que protestan contra el exceso andino-centrismo de las políticas estatales, se transforma en “manifestaciones reducidas de grupos oligarcas”.
Igual que el mago extrae palomas de su chistera, el gobierno boliviano saca “reformas históricas” y “transformaciones profundas” de los lugares más improbables. Tal como el espectador del circo se sobresalta por el revoltijo de plumas que surgen del sombrero de fieltro, el ciudadano boliviano se maravilla y se ilusiona ante la avalancha de cambios venideros.
El gobierno de Evo Morales ha logrado democratizar un sistema político marginador y endogámico y eso se le agradece. Millones de bolivianos excluidos (y en eso coincide también la esencia del populismo) han encontrado en el MAS una plataforma para acceder a la política. Pero el gobierno tiene que comprender, si puede, que el país no se construye sobre la base de hiperbolizar, sino a partir de trabajar, de proyectar, de mirar hacia delante.
POBREZA Y MEDIO AMBIENTE
Humberto Tobón y Tobón [1]
Uno de los grandes debates ambientales gira en torno al nivel de responsabilidad de la pobreza en la devastación de los recursos naturales y en la contaminación del entorno. La tesis más generalizada es que la pobrería busca en los bosques la madera para levantar sus viviendas, tener fuego y ganar terreno para la siembra de alimentos. Este tipo de comportamientos acelera los procesos erosivos e incrementa los niveles de riesgo por deslizamientos de tierra e inundaciones. Sus excretas y los residuos sólidos y líquidos que se originan en su vida cotidiana van a parar especialmente a las fuentes superficiales de agua, que son utilizadas para su propia ingesta, con lo cual se crea un círculo de contaminación y enfermedad que desmejora la calidad de vida de las personas y obliga a múltiples inversiones públicas en saneamiento básico y atención hospitalaria.
A esto se agrega que el sector productivo de los países subdesarrollados contribuye a que el círculo de la pobreza no tenga fin, pues se niega a invertir en tecnologías limpias y prefieren seguir enviando sus desechos a los ríos, al aire y a los botaderos de residuos a cielo abierto, que son precisamente los espacios que lindan con las comunidades más pobres y marginadas. El impacto ambiental de las acciones industriales iguala, e incluso supera la dimensión del problema que ocasionan las comunidades pobres, y los efectos más próximos se observan en la tierra arrasada por el uso de técnicas contaminantes; disminución de especies de flora; eliminación de bosques para propósitos agrícolas y pecuarios; desaparición de fuentes de agua y déficit en el inventario de biodiversidad. Esta contaminación de origen industrial, no es exclusiva de los países pobres, también se observa en las naciones ricas, y sus impactos, incluso, son mucho más drásticos, por ejemplo, con el uso excesivo de gases de efecto invernadero.
De este análisis de entorno surge una pregunta muy precisa «¿Cómo se puede pedir menos pobreza sin pedir a la vez menos población?» [2] Y la respuesta es que el crecimiento poblacional por sí mismo no es el causante de la pobreza, pues para que esta se consolide deben entrar en juego otras circunstancias como la desigualdad en la distribución de los recursos, la obsolescencia tecnológica, la falta de políticas productivas, la poca inversión en investigación, el desempleo estructural, la mínima atención frente a la ocurrencia de enfermedades mortales y el mal uso de los recursos naturales. Muchos países altamente poblados combaten las variables que conducen a la pobreza y se erigen como naciones desarrolladas, tal es el caso de China, que en las últimas dos décadas disminuyó en 42 puntos porcentuales el número de pobres [3].
Claro que cuando un país es pobre y mantiene un acelerado nivel de crecimiento demográfico, sin aumentos significativos de su riqueza, es muy probable que se reproduzca la pobreza con todas sus secuelas. Mientras que un país rico con modelos de contención poblacional incrementará el nivel de vida de sus habitantes y presionará una mejor distribución de la riqueza.
Lo que sí es claro es que existe una acción contaminante y depredadora tanto entre los pobres como entre los ricos. Aquellos lo hacen porque esquilman los recursos naturales para poder subsistir y porque sus tecnologías son inadecuadas y estos porque tienen un exceso de consumo que copan la capacidad de autorregeneración del ambiente.
________________________________________
[1] Consultor de entidades públicas y privadas en Colombia
[2] La pregunta fue formulada por el profesor Sartori, titular de la cátedra Albert Schweitzer en Humanidades de la Columbia University de New York y profesor emérito de la Universidad de Florencia.
[3] Reducción de la pobreza y crecimiento: Círculos virtuosos y círculos viciosos. Naciones Unidas, 2006
LAS OTRAS VIOLENCIAS
Es poco realista confiar en la fuerza para resolver los problemas de la violencia. Esta opción se basa en un diagnóstico equivocado por reduccionista y su efecto puede ser el de empeorar las cosas. Las diversas violencias son siempre fenómenos complejos y deben ser tratados reconociendo esa complejidad, lo que incluye estudiar sus diversas causas y legitimaciones. El no hacerlo así podría significar, en algunos casos, la presencia de otro tipo de intereses ajenos a los de resolver dichos problemas.
José María Tortosa, Instituto Universitario de Desarrollo Social y Paz, Universidad de Alicante, España. PNUD.
La violencia tiene muchas formas. Existe la violencia llamada guerra, sea entre Estados o sea guerra civil dentro de un Estado, cuando los enfrentados son ejércitos más o menos regulares. Está la violencia llamada guerrilla, cuando por lo menos uno de los actores no es ejército en sentido estricto, aunque esté organizado y actúe como si lo fuese, pero cuyo carácter regular es más que discutible. Y existen muchas más formas de violencia, desde la que el individuo ejerce contra sí mismo, que eso es al fin y al cabo el suicidio, a la que individuos o grupos practican contra otros individuos o grupos: asesinato, homicidio, agresión, pandillismo, sicariato y demás formas de violencia llamada criminal. Finalmente, hay una forma de violencia relativamente reciente, hasta el punto de que ha sido llamada “guerra de cuarta generación”, en la que las fronteras estatales quedan desdibujadas y el agresor (es) y agredido (s) adquiere un carácter transnacional. Aunque no se reduce al fenómeno del terrorismo transnacional, es obvio que en éste tiene su ejemplo más comentado.
Violencias engañosas
Es evidente la fascinación que estas diferentes violencias ejercen sobre los humanos. Algunas son fomentadas por un sistema educativo que ensalza las batallas, los héroes y, en su caso, las victorias sobre enemigos “qui viennent jusque dans nos bras, égorger nos fils et nos compagnes” como canta la Marsellesa. Los llamados himnos nacionales suelen ser un buen ejemplo de esta exaltación, pero la literatura y la historia colaboran en este empeño. Otras violencias (a veces, las mismas) son presentadas con detalle en los medios de comunicación de manera que es fácil ver programas de crónica de la violencia mientras que los programas de noticias puedan llamarse programas de violencias. Finalmente, y como denunciaba el informe de Amnistía Internacional de 2007, hay un uso político de la violencia no sólo mediante la amenaza de la misma sino, sobre todo, generando estados de temor e inseguridad que fomenten la sumisión acrítica de los ciudadanos a las políticas -por otro lado discutibles- de los respectivos gobernantes.
Sin embargo, la violencia no está tan extendida como estas fuentes pueden hacer creer, ni siquiera en sociedades supuestamente muy violentas. El número de guerras interestatales e intraestatales, además, está disminuyendo a escala mundial y los llamados “conflictos etnopolíticos” también presentan una frecuencia y mortalidad menguante. Es difícil saber de la evolución de la violencia criminal, pero los datos disponibles parecen indicar una relativa estabilidad en los últimos años. Lo único que ciertamente ha crecido ha sido el número de ataques del terrorismo internacional y el número de muertes provocados por el mismo, sobre todo a partir de la ocupación de Afganistán y de Iraq, según reconoce el Departamento de Estado de los Estados Unidos en su informe anual sobre el tema. Los casos del 11 de septiembre (Estados Unidos), 11 de marzo (España) y 7 de julio (Reino Unido) podrían hacer pensar que se trata de un “choque de civilizaciones”, pero los mucho más importantes atentados de Somalia, Kenia, Tanzania, Yemen, Arabia Saudita, Marruecos, Túnez, Indonesia, Pakistán, Egipto, Turquía, Jordania y Argelia muestran la dificultad de entender este fenómeno según los viejos parámetros de las viejas guerras.
Sabiendo que en el caso del terrorismo transnacional la mayor parte de ataques y muertes se produce dentro del mundo de mayoría musulmana y viendo las causas, diferentes en cada suceso, que subyacen en cada uno de ellos, la pregunta no es por qué hay tanta violencia sino por qué hay tan poca o por qué disminuye habiendo factores que la fomentan.
Las raíces
Un comienzo de respuesta se obtiene sabiendo que el ser humano no es, por naturaleza, violento y que tiene particulares dificultades para matar a sus semejantes en cualquiera de los contextos reseñados anteriormente. Eso lo saben bien los que entrenan a los soldados, guerrilleros, sicarios o paramilitares en cualquier parte del mundo. De hecho, la repugnancia instintiva a matar se supera actuando sobre cuatro elementos: proponiendo una autoridad legítima desde el punto de vista del individuo; introduciéndole en un grupo que le apoye, le absuelva y le acepte; condicionando su comportamiento mediante mecanismos de estímulo-respuesta ante las órdenes y utilizando cualquiera de los desinhibidores disponibles (drogas legales –alcohol- o ilegales) y, finalmente, etiquetando a la víctima de forma conveniente, sea como subhumano indigno de vivir, sea como esos enemigos a los que se refiere la Marsellesa o sea como alguien que antes hizo algo contra “nosotros” y del que hay que vengarse o al que hay que odiar. Estas consideraciones, de todos modos, no excluyen la existencia de desórdenes de la personalidad que llevan al comportamiento violento en sus diversas formas “anormales” (asesinatos en serie, sadismo, fobias violentas etcétera).
El entrenamiento del individuo “normal” para que mate y persista cuantas veces la autoridad o el grupo estimen necesario es cambiante a lo largo del tiempo y de las instituciones y no tiene los mismos efectos en todas las sociedades. Por enumerar rápidamente algunas componentes sociales que afectarían a este entrenamiento, hay que recordar el papel que el enemigo exterior (real o ficticio, no importa, lo que interesa es que sea creído como tal) tiene en la cohesión del grupo o de la nación. Los líderes con problemas internos buscan, con relativa frecuencia, enemigos externos para proyectar los odios y rabias de los propios o para que sean el chivo expiatorio que los absuelva. Obviamente, depende de coyunturas políticas que los líderes recurran o no a este mecanismo. Después, las mentalidades cambian de país a país y también las circunstancias pueden ser divergentes: no es lo mismo largos años de enfrentamientos armados para resolver las diferencias políticas que haber tenido, desde el primer momento, otro enfoque menos violento.
La respuesta violenta se aprende, como se aprende la noviolenta, aunque ésta sea la más humana. Este aprendizaje, esta transmisión de valores, normas, actitudes aceptables y comportamientos esperables, es lo que llamamos cultura. En este caso, cultura de la violencia. Finalmente, a efectos presentes y sin ánimo de agotar la lista de diferencias, está la cuestión de la desigualdad y la pobreza. No es, de todos modos, el nivel de desigualdad el que va a incidir, “ambientalmente”, en el incremento de la violencia practicada, sino el cambio en los niveles de desigualdad percibidos por la población. Si la población cree que la desigualdad está aumentando, la probabilidad de encontrar aumentos de la violencia por causas “ambientales” puede acrecentarse.
Hay un punto que conviene resaltar si lo que se quiere es entender algunos problemas contemporáneos relativos a la violencia. Como es sabido, la frustración genera agresividad y la agresividad puede resolverse en agresión, sea hacia el exterior (violencia de diversos tipos) o hacia el interior (depresión, una de las más importantes enfermedades a escala mundial y que, probablemente, cause más muertes que la violencia entre individuos). Nuestras sociedades son ahora sociedades frustrantes sea porque las desigualdades se están acrecentando, sea porque lo que ofrecen las publicidades no son cosas siempre alcanzables o sea porque los fines que propone la sociedad para la vida humana son fines imposibles... o inexistentes. Estos problemas afectan, en particular, a las clases medias, inseguras y temerosas de caer en la pobreza o de ser objeto de las distintas formas de violencia que, a su parecer, ejercen los pobres, los extraños o los diferentes. Y afectan al comportamiento de las masas, con el añadido caldo de cultivo de los Estados débiles.
Las combinaciones posibles entre todos estos factores (individuales y ambientales) podrían explicar los cambios en los comportamientos violentos observables tanto hacia uno mismo como hacia los demás (¿a más depresión, menos violencia externa?), tanto como individuo como en términos de grupo o de estado y hasta de supuesta “civilización”.
El tratamiento
Con la violencia podemos quedar fascinados, podemos -convenientemente entrenados- dedicarnos a ella, podemos manipular a la opinión pública mediante el miedo y la inseguridad (la “guerra contra el terror” es un buen ejemplo) o podemos intentar reducirla y, eventualmente, eliminarla. Eso supone pasar del diagnóstico que se acaba de hacer a un diagnóstico algo más preciso. Porque también aquí hay varias opciones.
El primer paso consiste en reconocer (o no) que todas estas violencias serían incomprensibles y, por tanto, intratables si no se considerase otro tipo de violencias que algunos autores llaman violencia cultural y violencia estructural. Otros autores prefieren hablar en singular y referirse únicamente a la violencia directa, física. Suelen argüir que ampliar dicho concepto lo haría inasequible a un estudio científico. No parece un argumento concluyente si se tiene en cuenta la heterogeneidad que ya se incluye bajo la palabra violencia: no es lo mismo, efectivamente, un suicidio depresivo, una agresión racista, un atentado suicida, el terrorismo de Estado, la guerra civil o una guerra mundial. Hay, pues que distinguir entre los diferentes agentes y receptores de la misma (el individuo, grupos diversos, el Estado): son muchas violencias distinguibles.
Además, guste o no, las violencias directas, los conflictos y contradicciones que manifiestan y las legitimaciones que las apuntalan forman parte de un todo, no es tan sencillo separarlas. Esos conflictos y contradicciones se podrían llamar violencia estructural o violencia institucional (opresión, represión, marginación, explotación) mientras que las legitimaciones de estas violencias y de las violencias físicas se llamarían violencia cultural o, en su caso, violencia simbólica.
Para muchos autores, esta inclusión de nuevos problemas no sólo impide su análisis sino que dificulta su resolución. Desde la escala de lo local a la escala de lo transnacional dirán que lo que hace falta es más policía, más disuasión y más ejército; que el análisis de las causas es irrelevante y que todas las violencias son iguales, en particular las llamadas “terroristas”. La violencia, acabarán diciendo, se cura con violencia. Es la opción del cirujano a quien no preocupa para nada qué ha causado el cáncer sino que sólo quiere extirparlo. Pero la comparación no debería convertirse en un argumento. No lo es, aunque se podría mantener reconociendo las enfermedades iatrogénicas, producidas por la misma intervención.
La opción más razonable si lo que se quiere es reducir, limitar o eliminar la violencia es la de tener ante ella una perspectiva integral. Por supuesto no es el caso si lo que se quiere es seguir en el poder usando el señuelo de las distintas violencias. Pero desde el punto de vista de la ciudadanía, interesada en que dicha amenaza por lo menos disminuya, no hay más remedio que afrontar simultáneamente las tres “violencias”. Sin duda que la violencia directa demanda policía y ejército, aunque, a veces, con aumentar la iluminación es suficiente. Pero puede aceptarse esa necesidad y más en casos de exaltación colectiva e inercia de la organización violenta. Sin embargo, tanto a corto como a largo plazo se precisan acciones en pro de una cultura de paz que sustituya a la dominante cultura de la violencia. Y, sobre todo, es indispensable preguntarse qué conflictos, frustraciones e injusticias subyacen a los comportamientos violentos. No todo comportamiento violento es reducible a estas violencias estructurales. Como se ha dicho, hay desórdenes de la personalidad (incluida la de los gobernantes, que no por serlo están exentos) y puede haber voluntad de permanencia por parte de las organizaciones violentas (regulares o irregulares, ejércitos o guerrillas, bandas armadas, bandidos etcétera) que hagan necesario buscar otras medidas. Pero no es exagerado afirmar que sin conocer las causas (por ejemplo, del terrorismo transnacional) difícilmente conoceremos los remedios eficaces y duraderos: un cáncer de laringe no se cura igual que una faringitis.
Hechos del Callejón es una serie periodística del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), auspiciada por la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (ASDI) y la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD). Sus artículos pueden ser reproducidos parcial o totalmente citando la fuente.
Se asoma la primavera social
… Y Colombia, ay, con el gringo ahí
OCTAVIO QUINTERO
Varias veces he citado esta anécdota que tuve hace años con el entonces ministro de Hacienda colombiano, Rodrigo Botero, quien, jactándose de mantener una buena liquidez en el mercado monetario, yo, de ‘inteligente’ le pregunté: “Pero, ministro: ¿entonces dónde está la plata?”, a lo que rápidamente me respondió con tajante lógica e incuestionable afirmación: “La tienen los ricos”.
Esto quiero decir que la masa monetaria de un país dado, y del mundo en general es (o debe ser), proporcionalmente igual a su nivel de desarrollo. Me explico: no podría ser, por ejemplo, que todos nos volviéramos ricos de un momento a otro con sólo echar a andar las máquinas impresoras de los bancos emisores, lo cual, por demás, sería muy fácil. La riqueza es, por ende, la sumatoria de lo que producimos. Es decir, para que un país sea cada vez más próspero tiene que producir cada vez más, y que esa riqueza, por supuesto, se quede en el país y la disfrute la mayor cantidad de gente posible.
Hasta ahí creo que vamos de acuerdo.
Ahora bien, como los medios de producción pertenecen a los ricos, y esos ricos se apropian (se roban, mejor dicho) la plusvalía de la mano de obra, tenemos que, cada vez que el desarrollo económico se expande, lo que se genera al otro lado de la moneda es mayor riqueza de los ricos que, como lo dijo el ex ministro Botero en esa anécdota que les cuento, son los dueños de la plata.
Creo que seguimos de acuerdo.
Por eso, esta mañana de lunes 19 de noviembre me sorprendió que periodistas tan incisivos como los de la Doble W, e “inquisidores”, según les espectó al aire un parapolítico, se quedarán callados cuando el ex presidente mexicano, Vicente Fox, les dijo que la única forma de acabar con la pobreza era generando riqueza.
Ese es un cuento ya trillado del neoliberalismo que, en sus albores latinoamericanos, los ‘Chicago boys’ de Milton Friedman, cuyo precursor en Colombia fue precisamente el ex ministro de marras, valga decir el gobierno del finado López Michelsen, trajeron de los cabellos la teoría del ‘efecto derrame’ sugiriendo malévolamente que si se rebosaba la tasa de los ricos, pues, el dinero sobrante tenía necesariamente que llegar a la totuma de los pobres.
La realidad es tozuda. Al cabo de 15 largos años neoliberales lo que se dio fue cada vez más pobres y más pobreza; y al otro lado de la moneda, más concentración de la riqueza.
No hay que abundar en más razones que teórica y empíricamente muestran el fracaso del modelo neoliberal. Lo que se debe señalar ahora es… ¿Cómo nos seguimos tragando el cuento?... Cómo hace el señor Uribe en Colombia para mantener una imagen, la última bordeando el 80% de admiración nacional, cuando ya no contiene revelación ni mérito señalarlo como el principal responsable de la precarización laboral con sus reformas laborales y de la mercantilización de la salud con su reforma de la Ley 100?.
No me sorprende, por supuesto, la ignorancia del colombiano medio en este campo sino la ignorancia de periodistas que cubren un basto campo de la opinión popular con su trabajo, al dejar pasar afirmaciones tan ligeras de neoliberales como el ex presidente mexicano en el sentido de que la única forma de acabar con la pobreza es generando riqueza, afirmación que por contener una verdad a medias termina siendo una mentira completa porque, si a la generación de riqueza usted no le agrega una mejor distribución de la riqueza, entonces, usted lo que está haciendo es metiendo más dinero al bolsillo de los dueños de la plata.
Resulta difícil también, y es justo reconocer, que en un tipo de periodismo a mano alzada, como es el radial, un periodista que no tenga mediana información sobre asuntos económicos, pueda refutar a un ex presidente mentiroso como Fox quien sí tiene por qué saber que el Banco Mundial en su informe de 2004 sobre México (es decir cuando él ya llevaba cuatro años de gobierno), afirmaba que la pobreza en ese país “se mantenía en niveles inaceptablemente altos (…) similares a los registrados a comienzos de los años 90”, hecho que indujo al propio Banco Mundial ha sostener en ese mismo informe que (…) “los últimos l5 años han sido una pérdida en combatir esa condición que afecta a más del 50 por ciento de los 104 millones de mexicanos, debido en gran medida a la gran desigualdad en los ingresos que se mide en la estadística de que la décima parte mas rica de la población captura más del 40 por ciento de los ingresos totales, mientras la décima parte mas pobre sólo obtiene 1.1 por ciento”.
Se asoma la primavera social
Y antes de cerrar este comentario, quería alertar a los analistas sobre la muy posible victoria que empezará a cantar el neoliberalismo cuando quiera apropiarse del último informe de CEPAL según el cual (…) “en el 2006 salieron de la pobreza (en Latinoamérica) 15 millones de personas y 10 millones dejaron de ser indigentes. De esta forma, las cifras indican que en 2006, un 36,5% de la población de la región se encontraba en situación de pobreza (194 millones), mientras que la pobreza extrema o indigencia abarcó al 13,4% de los habitantes (71 millones). Se trata de la primera vez desde 1990 (agrega el informe), en que el número de personas pobres en la región desciende por debajo de los 200 millones”.
En conclusión, se pueden afirmar dos hechos contundentes: que entre 1990 y 2005 (los años dorados del neoliberalismo), la pobreza e indigencia latinoamericana estuvo en constante aumento, o en el mejor de los casos, no disminuyó por el socorrido ‘efecto derrame’; y que esa disminución que registra la CEPAL en 2006, con el consiguiente pronóstico de que (…) “para el año de 2007 se espera que los habitantes en situación de pobreza e indigencia sigan disminuyendo hasta alcanzar alrededor de 190 los primeros y 69 los segundos, coinciden con los cambios de modelo en Venezuela, Brasil y Argentina; y más tarde en Bolivia, que seguramente se verán reforzados por las políticas de mayor contenido social que también han empezado a darse en Ecuador y Nicaragua.
Y Colombia, ay, con el gringo ahí.
oquinteroefe@yahoo.com
19-11-07
LA DECADENCIA DE LAS CUMBRES DE JEFES DE ESTADO.
Héctor Gómez Paniagua
La Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado llegó a la edición tan esperada en que demostraría la necesidad de modificar su estructura, preparación, objetivos y, sobre todo, de que en el futuro debe aprobar solo conclusiones finales con decisiones viables y concretas que ayuden a resolver los ingentes y crecientes problemas de América Latina.
La preparación se llevó a cabo bajo la dirección de Enrique Iglesias desde su Secretaría General Iberoamericana, que a todo lo largo de 2.007 ha realizado una gran actividad con la colaboración de todos los gobiernos, los gremios empresariales, parlamentos y entidades cívicas. Pero el Programa de Acción termina repitiendo ordenadamente los contenidos anteriores, y llega a parecerse tanto a la Cumbre de Montevideo del 5 de junio de 2.006 , que uno se pregunta sobre el criterio vacío de los gobiernos que firman documentos de compromiso internacional sin rubor alguno y a sabiendas de que su contenido servirá como propaganda mediática pero sin beneficio para sus pueblos.
Es recomendable leer los documentos finales de la Cumbre, porque creo que nunca se habrá escrito en una reunión internacional un repertorio tan completo de todas las acciones públicas y privadas que tendrían que llevarse a cabo para la solución definitiva de toda la problemática de una región, incluyendo los hechos coyunturales imprevisibles y políticas multilaterales de amplio espectro. Lo novedoso es que incluye el marco conceptual tan actual de la Cohesión Social, aplicado a la política social y la convivencia universal, que pretende construir con diálogo y participación ciudadana , un compromiso de todas las fuerzas políticas sociales y económicas. Casi nada. La cohesión social fue el principal pretexto esgrimido por el presidente Chávez, que aunque firmó el documento, descalificó por inútiles las Cumbres de Jefes de Estado. El argumento es válido: si no hay cohesión dentro de los países y América Latina es la región con mayores desigualdades del mundo, hay que dar otro sentido a las políticas.
Un tema que desapareció de la Cumbre fue la condena de la CORRUPCIÓN, que es el problema capital que resume y compendia todo lo negativo del presente y futuro de la región, y que es causa de la pobreza, el retraso y la ignorancia. No se dieron cuenta los gobiernos que sin acabar con la corrupción, todas las demás acciones están neutralizadas, porque las actuaciones aprobadas requieren de mucho dinero y de administraciones transparentes que optimicen los recursos. No se entiende su ausencia después de mencionarla con énfasis en casi todas las anteriores Cumbres. Con solo haber aprobado un estatuto coercitivo de condena de la corrupción y la creación del espacio libre de corruptos de Iberoamérica, se hubiera salvado esta Cumbre con creces.
Aparte del repetido Programa de Acción y como proyecto concreto muy estudiado y preparado es el Convenio Iberoamericano de la Seguridad Social, que pretende nada menos que establecer un mecanismo multilateral de los 22 gobiernos para que se reconozcan las aportaciones que hayan hecho los trabajadores en diferentes países. Este es le proyecto mas utópico que se haya pensado en los 17 años, si se toma nota de que Colombia y España han tardado 10 años en negociar un convenio bilateral, y aunque ya ratificado, le falta la reglamentación y recursos. Es absolutamente impensable un acuerdo entre la Seguridad Social boyante de España y 21 de escasos recursos, además de la complejidad de la negociación y de su funcionamiento.
Un proyecto importante y que puede echar a andar con la ayuda de otros organismos financieros, es el de la propagación del agua potable, para el cual España aportará € $1.500 millones en 5 años, que aunque es importante, solo sería el capital semilla apara las necesidades de la región, en donde cerca de 80 millones de personas no disfrutan del servicio del agua. El agua, el saneamiento , del que no disponen 100 millones de personas, la educación , la formación profesional, las comunicaciones, la erradicación de la pobreza, la atención de desastres, financiación de viviendas, financiación de la tecnología de la información, etc, son cada uno un problema de tal envergadura que no hay fondos suficientes en toda la región para resolverlos siquiera a largo plazo.
La participación del Rey de España ha sido un elemento aglutinante que ha permitido la asistencia récord en todas sus ediciones, a pesar de la insatisfacción general de la opinión pública por el resultado de cada reunión, pero no deja de ser inconveniente por su condición política tan especial y el demasiado protagonismo que ejerce. Esto hacía presumir que los países mas inconformes de la región acabarían fomentando un sentimiento de rebeldía, que se patentó con el grave enfrentamiento provocado por el Presidente Chávez. Posiblemente el mandatario venezolano tenía previsto disentir. pero no sospechaba que al interrumpir al Presidente Zapatero iba a haber una fuerte reacción del Rey, muy justificada, pero no adecuada a las normas internacionales, lo que al final le beneficiaría y le daría argumentos para utilizar en su campaña electoral. Su discurso victimista y reivindicatorio va a proliferar en el futuro entre los partidos de izquierda y especialmente en aquellos países que piden mas protagonismo de la población indígena.
Un inconveniente de las Cumbres es que sus plenarias son públicas, con el riesgo de debates y controversias fácilmente manipulables políticamente. Si. como acontece en la Unión Europea fueran cerradas, el rifirafe no hubiera trascendido y se hubiera evitado esta confrontación que todavía no se sabe las consecuencias que tendrá. Lo que si ya se ha oído es una iniciativa muy extendida de que las Cumbres se celebren cada dos años.
De todas formas, se suponía de antemano que el enfrentamiento actual de dos corrientes políticas en la región y la necesidad de actuaciones de impacto por parte de Chávez iban a generar algún gesto discordante, pero nadie imaginaba que sería la Cumbres de los conflictos, con los problemas de Uruguay y Argentina, de Chile y Bolivia, de fuertes críticas a la acción de los empresarios españoles en la región, y como fatídico final el enfrentamiento entre el Rey de España y el Presidente Venezolano. Todos debieran reflexionar sobre lo que representa de negativo el resultado de esta Cumbre y decidir volver al lenguaje de la unidad, de la cooperación y del respeto mutuo, orientando todos sus esfuerzos a resolver conjuntamente los enormes problemas de la región, no volver a repetir este tipo de declaraciones retóricas y utópicas, sino con la selección a través de la Secretaría General de unos pocos proyectos viables y razonables. De lo contrario, estaremos asistiendo a la decadencia definitiva de las Cumbres.
Madrid, noviembre de 2.007
CERRARLE EL PASO A LA INTOLERANCIA
Clara López Obregón *
La tolerancia con las opiniones ajenas es requisito indispensable de la convivencia democrática en una sociedad pluralista donde el conflicto es la regla y no la excepción. Por ello preocupan tanto las crecientes manifestaciones de intolerancia frente a quienes no comulgan con la verdad oficial. Dos incidentes aislados pero con rasgos comunes inconfundibles deben prender las alertas de la sociedad toda.
Me refiero al ataque físico de que fue objeto el senador Gustavo Petro en un afamado restaurante a donde acuden los jóvenes gomelos bogotanos. Allí, a pesar de la prudencia del senador, un joven comensal lo sujetó mientras otro le sacó el aire con un puñetazo, no sin antes proferirle toda suerte de epítetos destemplados: "guerrillero", "comunista" y demás.
El segundo caso lo refiere el ex presidente de la Corte Constitucional, José Gregorio Hernández en su columna de El Nuevo Siglo. Cuenta cómo por los mismos días asistió a una reunión social en casa de unos amigos. Cuando dos invitados criticaron la posibilidad de una segunda reelección del Presidente Uribe, unos jóvenes enfurecidos por la posición política esgrimida agredieron a puños al autor de las críticas al punto que la reunión tuvo que suspenderse.
Tan reprensible intemperancia en jóvenes provenientes de estamentos con acceso a la cultura y el privilegio llama poderosamente la atención. De una parte, es sintomática de que persiste en las esferas privilegiadas de la sociedad una actitud prepotente frente a quienes representan o plantean el cambio. De la otra, que el instrumento elegido para dirimir las diferencias sigue siendo la violencia, tanto verbal como física, en lugar de la controversia civilizada.
Pareciera que una vez más, en este terreno fértil para la violencia interpartidista, estuviéramos a punto de iniciar otro genocidio político, azuzado por la intolerancia oficial con la disidencia a la declarada bondad de sus planes y políticas. Debemos aprender de la historia. Las ideas no se imponen a la fuerza. El unanimismo no es una opción viable, ni posible. Es hora de decir ¡basta ya! para romper este ciclo de animadversiones con las que se pretende justificar conductas incivilizadas que ubican a Colombia en la lista de países fallidos.
Debemos sin demora, desde todas las orillas partidistas y sociales emprender un proceso de terapia y aprendizaje colectivo en tolerancia y perdón con el objetivo conciente de aclimatar la reconciliación entre todos los colombianos. Directorios de todas las agrupaciones políticas, organizaciones civiles, las iglesias, ojala fuera con el impulso de los altos círculos del poder gubernamental, deberíamos concretar un plan de acción que le permita a todos los sectores del país asumir la verdad judicial e histórica y enfrentar constructivamente la responsabilidad que nos corresponda.
De lo contrario, estos brotes por ahora aislados de intolerancia violenta, darán paso a conductas generalizadas y a la repetición de la historia por nuestra incapacidad de aprender de ella.
Judith Faride o el TLC
César González Muñoz
El viernes de la semana pasada asesinaron en Santa Marta a Judith Faride Álvarez Hernández, funcionaria de la Fiscalía. La institución ha informado que ella trabajaba en la Sección de Análisis Criminalístico “manejando la variable de derechos humanos y justicia y paz”. Su trabajo consistía en investigar y combatir judicialmente a los paramilitares reciclados del Magdalena. Otro servidor de la Fiscalía, Jaime Ómar Colobón, había sido asesinado en septiembre en Cúcuta mientras hacía idénticas tareas con otras “bandas emergentes”.
Esta es la punta del témpano. Decenas de funcionarios de la Fiscalía han sido asesinados en los últimos diez años. Muchos más han sido vejados, amenazados, desterrados, separados a sangre y fuego de su trabajo. La lista de servidores del Estado víctimas de las organizaciones criminales (y de la violencia desorganizada) es inmensa. El daño infligido a la Rama Judicial del Poder Público es una herida profunda que sólo podría sanar cuando la sociedad colombiana haya reconocido su fratricidio colectivo. Mantener viva esta memoria es un bote salvavidas.
El problema es que la comunidad colombiana no da muestras de indignación alguna por crímenes como éstos (“se perdió la capacidad de asombro”, es la vieja fórmula ceremonial). Tampoco hay expresiones colectivas de temor frente a las grietas que se abren en el edificio institucional con cada crimen que se comete contra servidores públicos, armados y desarmados. La conciencia colombiana de lo colectivo, de lo público, de lo estatal, es sumamente leve. La gente está harta de la violencia como generadora de inseguridad física y patrimonial, pero a escala de la familia y de los amigos cercanos. Y no percibe de igual manera el daño que la violencia les causa a las instituciones, es decir a los factores que aseguran la supervivencia colectiva.
Por su lúgubre y admirable oficio, por su modesto lugar en la comunidad, quizás por su origen, Judith Faride no ha sido objeto de notas luctuosas, ni su asesinato ha sido visto en los medios como un atentado contra las instituciones. No es un magnicidio, ni su muerte ha sido la de una “prestante dama de la sociedad samaria”. Las crónicas hacen énfasis en su condición de madre cabeza de familia. Pero sus hijas y demás deudos no son las únicas víctimas del crimen de “esta mujer”, como la califica la crónica de El Tiempo. La agresión ha sido contra la sociedad entera. Significativamente, la Fiscalía se limita a relatar escuetamente las circunstancias del asesinato, y a anunciar que hay una bolsa de recompensa a informantes. Sombrío valor de cambio: veinte millones de pesos, más cuatro millones que aporta la Policía del Magdalena.
Hay otra crónica que debe ser contada reiteradamente. La Fiscalía ha abierto 229 procesos relacionados con 445 homicidios cometidos presuntamente por miembros de la fuerza pública durante los últimos cinco años. Por otra parte, una Misión Internacional de Observación sobre ejecuciones extrajudiciales, apoyada por Naciones Unidas, ha hecho referencia a casi un millar de asesinatos cometidos en este mismo periodo por servidores públicos armados. Los incentivos ofrecidos por el gobierno a los militares por la “bajas” causadas a la guerrilla son factores importantes en esta tragedia institucional. El semanario El Espectador trae muy buena información sobre el tema en su último número. Pero los titulares que usa son indignantes: Para ese medio, los abusos cometidos con armas del Estado, que provocan indignación en muchos sectores de la llamada comunidad internacional, y que estremecen a los defensores de los derechos humanos, son simplemente “otro tormento”, “otro palo en la rueda” de la aprobación del TLC con Estados Unidos. Así pues, la víctima de estos crímenes no es la sociedad colombiana, sino un acuerdo comercial con los gringos.
La nueva España
Jorge Mario Eastman Vélez - Ex ministro delegatario y ex embajador en E.U. Portafolio, noviembre 21 de 2008.
Joaquín Estefanía es uno de los analistas españoles con mayor y bien ganada reputación. Su magisterio en el ámbito universitario y periodístico, lo mismo que su pensamiento político son fuente obligada de consulta para descifrar y entender la España de hoy. Especialmente, desde que sobre el cementerio de más de un millón de muertos que arrojó la guerra civil (1936-39) una nueva generación decidió ponerle oído a la sentencia de Ortega y Gasset, cuando en 1919 sostuviera, ante la sordera de los fundamentalistas de la época, que "España era el problema y Europa la solución".
Un reciente ensayo suyo intitulado 'La larga marcha' esclarece muchos interrogantes y sirve para confiar en el porvenir de una nación instalada ya como país desarrollado, gracias a la visión universal de líderes como Felipe González y Rodríguez Zapatero. Su lectura demuestra que a él, como lo expresará el canciller Mackmilan sobre la Inglaterra que le tocó en suerte gobernar, "nunca nos ha ido tan bien como ahora". Refiriéndose a la España del presente, afirma que desde el punto de vista geopolítico-económico el último siglo comenzó en 1959 y todavía no ha terminado.
En efecto, no se requiere ser un especialista para comprobar que España pasó a ser una sociedad abierta al dejar atrás el subdesarrollo a través de su liberación de los esquemas autárquicos y cerrados impuestos por la dictadura franquista. Además, que sus gobiernos han sabido aprovechar los efectos de una globalización bien aplicada y garantizado el disfrute, desde la transición, de tres décadas de libertades, imperio de la Constitución y normalidad democrática.
Estefanía es un europeísta convencido que sabe resaltar, con sólidos argumentos y cifras, la trascendencia de un viejo continente unido que, al fin, optó por negociar en vez de combatir y "no volver a matarse como Caín y Abel". Es decir, 500 millones de habitantes acatando una nueva realidad política sin conflagraciones bélicas de por medio, con valores cada día más afincados tales como la tolerancia, la inclusión, la cohesión social y territorial, la solidaridad y los derechos humanos. Un modelo fruto, sin duda, de la combinación afortunada de estrategias socialdemócratas y democristianas.
En esta nueva España el autor distingue cuatro grandes etapas. La primera, los años del desarrollo, que va de 1959 a 1975, cuando muere Franco. La segunda, la indispensable transición política (1976 a 1985), en la que se fragua la entrada de España en la Comunidad Económica Europea (CEE), antecedente de la actual Unión Europea (UE). La tercera, la más corta y seguramente la menos estudiada, comprende los años del 'eurooptimismo' (1986-1991): es el tiempo en que los españoles, luego de esperar tanto para ingresar al selecto club continental, empiezan a sentirse más europeos que nadie y la economía y la política apuntan hacia arriba en el 'sismograma' virtual. La cuarta y última es la de la normalidad (desde 1992 hasta hoy) que contempla "picos de sierra, encefalogramas planos, momentos de éxtasis, y pesimismo y mucho aburrimiento, pero sin grandes sobresaltos".
En síntesis, estamos ante un país muy diferente a esas 'dos Españas' que denunciara poética y patéticamente Antonio Machado. El episodio caricaturesco ocurrido en Chile, promovido por Chávez, no empaña para nada la marcha hacia adelante dentro de su proyecto continental irreversible.
Adenda: El ilustre profesor Emilio Robledo Uribe acaba de coronar la cima de 100 años de vida, con plena lucidez intelectual y espiritual, viéndose rodeado de la admiración y el respeto unánimes de sus compatriotas de bien. Cinco generaciones han contado con el privilegio de recibir sus sabias enseñanzas y la sociedad de aprovechar su ejemplo de ciudadano sin tacha.
Ballenas: el camino de regreso
Alejandro Nadal, La Jornada, México, noviembre 21 de 2007.
La industria ballenera japonesa comenzó ayer la cacería para la temporada 2007-2008. Desde el puerto de Shimonoseki zarpó la flota de un barco fábrica y seis arponeros para, desafiando a la opinión pública mundial, reiniciar la “pesca con fines científicos” de ballenas. A pesar de una moratoria internacional en la cacería de cetáceos, Japón mantiene esta modalidad de pesca en los mares del sur y el Pacífico norte.
Desde que la Comisión Internacional Ballenera (CIB) impuso una moratoria sobre pesca comercial de ballenas en 1986, se han cazado 25 mil ejemplares, la mayoría al amparo de un hueco legal que permite la pesca con fines científicos. Este año la flota japonesa espera cazar mil 35 ballenas, duplicando la cuota de hace 10 años. Lo peor es que para este 2007 se incluye a la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) y el rorcual común (Balaenoptera physalus), segundo en tamaño después de la azul. La cacería de ballena jorobada no se reanudaba desde hace 40 años, cuando esta especie estuvo al borde de la extinción.
El lobby de la industria ballenera japonesa, bien conocido por la compra de votos al interior de la CIB, justifica esta carnicería con tres argumentos. El primero es que esta investigación científica permite determinar los niveles de una pesca sustentable, identificando rutas de migración y los hábitos de las diferentes especies. Ese argumento es falso, pues no se necesita matarlas para determinar las variables de las que depende su supervivencia. El segundo es que la población de ballenas ya se recuperó y es posible reiniciar la pesca comercial. Por ejemplo, Japón sostiene que la población existente de 40 mil ballenas jorobadas revela un robusto restablecimiento de la especie. Pero muchos centros de investigación del mundo no están de acuerdo y colocan el umbral de una población saludable en 250 mil ejemplares.
La tercera defensa a su favor es que es legítimo conservar una tradición cultural y que muchos regímenes regulatorios permiten a comunidades esquimales cazar algunas ballenas por esta razón. Pero esa analogía carece de fundamento. Aunque se pueden encontrar referencias a la ballena en poesías y cuadros antiguos japoneses, lo cierto es que nunca fue la pieza central de la cultura pesquera o culinaria en ese país. Es evidente que su cacería no es indispensable para la supervivencia cultural del país del sol naciente.
La economía de la industria ballenera japonesa es absurda. La mayor parte de la carne obtenida en esta “pesca científica” se mantiene congelada largo tiempo por falta de demanda. Al final, mucha termina en asilos de ancianos y en desayunos para niños pobres en algunas prefecturas, lejos del principal puerto ballenero. Algunos estudios revelan altos contenidos de PCB y mercurio en esa carne, componentes químicos particularmente dañinos para la niñez. Las ganancias de la flota ballenera provienen de un enredado sistema de subsidios en el que la transparencia brilla por su ausencia.
El método de cacería sigue siendo de una crueldad inaudita: el arpón está dotado de una granada explosiva diseñada para detonar en el interior de la ballena, causando el mayor daño posible. Aun así, tarda hasta una hora en morir, en medio de una atroz agonía. Tal parece que los humanos tenemos dificultades para descifrar el mensaje que los ecosistemas del mundo nos están enviando. Estamos provocando una extinción masiva de especies, y nuestra misma capacidad para sobrevivir peligra. Pero aun así, preferimos imponer el castigo más cruel a otras especies si se interponen en nuestra persecución de lucro sin fin.
El fósil de ballena más antiguo, Himalayacetus subathuensis, fue encontrado recientemente en el norte de India. Ese hallazgo permite recorrer el récord fósil sobre ballenas hasta unos 53 millones de años y confirma una enseñanza importante. Los primeros vertebrados terrestres son descendientes de especies que salieron del mar y fueron ocupando nichos de ecosistemas en humedales y esteros. Pero la ballena es un ejemplo de vertebrados de sangre caliente que regresó a la vida acuática y emprendió, por así decirlo, una evolución de regreso, de un hábitat terrestre hacia el mar. El récord fósil y estudios a nivel molecular revelan que las ballenas comparten un ancestro común (los artiodáctilos) con mamíferos como venados, vacas e hipopótamos.
Los paleontólogos que descubrieron el fósil de Himalayacetus señalan con razón que su hallazgo confirma que la evolución es un proceso complejo que avanza en cualquier dirección y no es determinista. Quizás la ballena nos podría enseñar a nosotros, los humanos, que existe un camino de regreso y que la destrucción del planeta no tiene por qué ser nuestro destino. Pero ¿estaremos todavía aquí para escuchar la lección?
La reanudación de la ciega cacería de cetáceos obliga a recordar con escalofrío las palabras que Mayakovski escribiera sobre los humanos: “sólo Dios, de verdad todopoderoso, sabía que se trataba de mamíferos de una raza distinta”.
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